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EL
PROGRAMA BRASILEÑO DE ETANOL:
LECCIONES PARA CUBA
Por Jorge
Hernández Fonseca
Asociación
para el Estudio de la Economía Cubana
ASCI
Infosearch:
José Cadenas
Analista
Jefe de Buró
E.U.
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Febrero 22, 2008
Brasil es actualmente
un país de casi 190 millones de habitantes, con un Producto
Interno Bruto que ya sobrepasa el millón de millones de dólares,
estando entre las 10 mayores economías del mundo.
Brasil es un
país de dimensiones continentales, tiene 8'547.402 Km2 con
sólo un 19% de su población viviendo en el área
rural. Posee un área agrícola estimada en 320 millones
de ha., de las cuales sólo hay 60.4 millones de ha. cultivadas
actualmente. De estas, 5.4 millones de ha. son dedicadas al cultivo
de la caña de azúcar, concentradas básicamente
al Centro-Sur del país, en el área de San Pablo, muy
lejos del Amazonas brasileño, sin amenazar este tesoro de
la biodiversidad mundial.
Brasil posee
336 centrales azucareros y en el 69% de ellos se produce una combinación
de azúcar y alcohol en proporciones que varían según
los centrales,
pasándose a llamar "Industria Sucro-Alcoholera"
en lugar de simplemente industria azucarera. Tiene 73 centrales
sucro-alcoholeros en construcción, de un plan que objetiva
disponer de 409 fábricas en operación para la zafra
2012-2013.
Brasil
producirá este año 2007, unos 31.3 millones de toneladas
de azúcar, junto a unos 20.2 mil millones de litros de alcohol,
pasando a ser el principal productor,
consumidor y exportador de ambos productos.
UNA BREVE HISTORIA
La producción
de alcohol procedente de la caña de azúcar en Brasil,
en los años 70, cuando comenzó el Plan del PROALCOHOL,
se hacía de igual manera que
en el resto del Continente. Se producía alcohol a partir
de las mieles finales, en instalaciones aledañas a los centrales
azucareros, pero sin ningún vínculo productivo, fuera
de intercambiar algunos insumos y energéticos.
En el año
1976, Brasil decidió hacer frente a la primera crisis petrolera
mundial provocada por los productores árabes, implantando
un ambicioso Plan llamado
PROALCOHOL, mediante el cual se programó ahorrar apreciables
cantidades de la gasolina usada en los vehículos automotores,
sustituyéndola por el alcohol procedente de la caña
de azúcar, un recurso al alcance de la sociedad brasileña.
El Plan del
PROALCOHOL implicó, además del desarrollo tecnológico
en los sistemas de producir alcohol a partir de la caña de
azúcar, el desarrollo paralelo
de motores de combustión interna, para que fueran capaces
de quemar alcohol sin los inconvenientes técnicos que esa
práctica trae aparejada.
De esa manera,
el Plan energético brasileño se desarrolló
en dos campos diferentes con relativo éxito: en la campo
de la producción del alcohol, como del uso eficiente del
mismo como carburante de vehículos automotores, resolviendo
el problema original que lo había provocado: incorporar el
alcohol procedente de la caña de azúcar, a la lista
de los combustibles usados en los automóviles.
Brasil rápidamente
se dio a la tarea de integrar la producción azucarera con
la producción de alcohol, en una simbiosis que no solamente
implicaba un intercambio
accesorio de algunos materiales, sino que la destilería
productora de alcohol pasó a ser considerada como una parte
importante dentro del central azucarero, integrados ambos dentro
de un balance de masas y energía. Nacía así
la industria Sucro-Alcoholera.
Estas decisiones
se apoyaron en el hecho de que Brasil desarrolló en paralelo,
una tecnología que le permitió producir alcohol usando
el jugo de caña procedente de los molinos, usando también
diversas cualidades de mieles, abandonando la práctica de
usar solamente miles finales para producir alcohol.
Los centrales
Sucro-Alcoholeros así preparados, podían definir en
muy poco tiempo, la producción de fracciones diversas de
azúcar o alcohol, como parte de un sistema productivo que,
además de tener ventajas técnicas y operativas (la
producción de mayores cantidades de alcohol implican disminuciones
del consumo energético de los centrales Sucro-Alcoholeros,
tanto de vapor como de energía eléctrica) lo que
convertía la operación en una proceso relativamente
flexible.
Sin embargo,
la principal ventaja de un sistema como el descrito fue de tipo
económico. Uno de los productos implicados en el sistema,
el alcohol, pasó a tener
su precio de venta vinculado a factores externos, que lo acercaban
al alto precio que la gasolina adquirió durante el período
de crisis, lo que parcialmente le ayudó a financiar la producción
de azúcar, permitiendo absorber mercados y no disminuir la
producción azucarera.
Esta realidad,
aunada a la decisión del estado brasileño de apoyar
con créditos y subsidios a los productos envueltos en el
Plan del PROALCOHOL - así como a las investigaciones técnicas
y productivas que les eran afines - se creó una política
estatal que promovió de manera definitiva el éxito
del Plan hasta nuestros días.
En la actualidad
el Plan del PROALCOHOL no existe más y hace muchos años
las producciones de azúcar y alcohol están reguladas
en Brasil por las leyes del mercado, oferta y demanda, sin intervención
del estado, que solamente actúa a través de sus entidades
reguladoras cuando es necesario.
LA MATRIZ
ENERGÉTICA BRASILEÑA
Brasil es un
país de enormes dimensiones, que consume en su Matriz Energética
unos 220 millones de toneladas de petróleo equivalente, de
las cuales casi la mitad proviene de recursos renovables. Concentra
en su territorio el 18% del agua dulce del mundo, tales son las
dimensiones de sus caudalosos y extensos ríos, encabezados
por el Río Amazonas y sus gigantescos y múltiples
afluentes.
Esta riqueza
hidráulica permite que el 15% del total de la energía
consumida en Brasil sea de procedencia hidroeléctrica, producción
actualmente en expansión.
Brasil produce
solamente el 38% de su energía usando derivados del petróleo,
afectado por el hecho que más del 50% del uso vehicular es
en forma de petróleo
diesel. Brasil produce menos de un 7% de su energía procedente
del carbón y algo más de un 9% usando gas natural.
La participación
de los productos procedentes de la caña de azúcar
dentro de la matriz energética del gigante sudamericano es
del orden del 14%, casi igual que la energía generada en
sus gigantescas hidroeléctricas, las mayores del Mundo.
De esta manera,
Brasil produce el 45% de toda la energía que consume usando
fuentes renovables de energía, siendo mucho mayor que la
media mundial, de un 14%.
En este importante
punto la caña de azúcar juega un papel doble: el alcohol
combustible, importante vector de la Matriz Energética brasileña
global y la producción de energía eléctrica
con bagazo de caña, que ha llegado a alcanzar un 3% de la
energía renovable del coloso sudamericano durante la zafra.
USO DEL ETANOL
Desde la década
del 70 Brasil desarrolló motores a explosión que pueden
usar alcohol como combustible único. En este sentido, Brasil
tempranamente tomó una decisión importante, mezclar
toda la gasolina consumida en el país con cierto porcentual
de alcohol, mezcla que en la actualidad varía entre un 20
y un 25% de alcohol en la gasolina, según varíe la
oferta y la demanda.
De manera que,
en Brasil no existe consumo de gasolina pura. Todos los autos de
gasolina usan una mezcla que posee un importante % de alcohol, sin
que exista necesidad de hacer adaptaciones a los motores de los
vehículos convencionales proyectados para usar gasolina pura.
Existen también los autos que usan solamente alcohol, sin
mezclarlo con gasolina, y recientemente se han introducido los llamados
vehículos FLEX (o flexibles) que indistintamente pueden usar
gasolina pura, gasolina mezclada con alcohol, o alcohol puro, sin
adaptaciones previas al momento que el abastecimiento del auto lo
precise.
El alcohol que
se mezcla con la gasolina al 20-25% es un alcohol anhidro, es decir,
un alcohol al que se ha retirado toda el agua presente en el producto.
Cuando se abastece sólo con alcohol, este no tiene que ser
anhidro, es un alcohol de alta pureza, pero contiene determinado
% de agua en su composición física.
De manera que,
en Brasil se producen dos tipos de alcohol combustible: el alcohol
deshidratado, o alcohol anhidro, para uso en las mezclas con toda
la gasolina a ser usada en los autos, y el alcohol hidratado, que
abastece los autos que usan solamente alcohol como combustible,
o los autos del sistema FLEX.
El volumen total
de alcohol combustible que será consumido en Brasil en 2007,
es del orden de los 17 mil millones de litros. La Matriz Energética
Vehicular brasileña está conformada por un 17% de
alcohol, del cual la mitad es alcohol anhidro. La gasolina,
mezclada con este alcohol anhidro alcanza así el 34% de toda
la Matriz, que se complementa con un casi 3% de gas y un 54.5% de
petróleo diesel.
LA INDUSTRIA
AZUCARERA CUBANA DE HOY
Antes del desmantelamiento
de la industria azucarera cubana, la isla tenía 158 centrales
azucareros, muchos de ellos en estado de obsolescencia técnica,
pero con
una mayoría importante de fábricas remozadas por inversiones
anuales millonarias, realizadas en las décadas del 70 y del
80.
A mediados de
los años 80, se llevó a cabo en Cuba un plan para
producir electricidad con bagazo de caña, para lo cual fueron
seleccionados 25 centrales
con molidas
superiores a las 6,000 Tons./día, que implicaban sistemas
de abastecimiento de bagazo desde los llamados "tributarios,"
totalizando unos 100 centrales envueltos en el plan de producir
unos 400 MW de energía eléctrica a la red nacional.
En la actualidad,
existen en la isla unos 80-90 centrales azucareros con potencial
de trabajo, de los cuales unos 60 hicieron la fracasada zafra 2006-2007.
La mayoría de los centrales que operaron, sumado a otros
que no operaron durante el 2007, se puede asumir que todavía,
a pesar del desmantelamiento de la industria azucarera decretada
en 2002, existe en la isla una capacidad importante de producir
azúcar y, según se plantea como estrategia económica,
producir también etanol.
Con respecto
al área agrícola de la agroindustria, existen en el
país tierra suficiente (sin necesidad de tomarla de otros
cultivos) que adecuadamente incentivadas,
producirían la caña que se necesite para un Plan de
Reanimación Azucarero en el período post- Castro.
Este Plan pudiera iniciarse con un proyecto para producir, usando
los 80 centrales existentes hoy en día, unos mil millones
de galones de etanol, más unos dos millones de toneladas
de azúcar, de inicio.
Según
informaciones actualizadas procedentes de los medios azucareros
cubanos, en la actualidad hay 318,769 hectáreas de tierras
que antes eran dedicadas a la producción azucarera y que
ahora están totalmente inactivas. En estas tierras, hoy cubiertas
por malas hierbas, podrían producirse 500 millones de galones
de etanol. En la isla hay además, sembradas de caña
de azúcar otras 488,267 hectáreas, en las cuales podría
producirse una mezcla de: otros 500 millones de galones de etanol
(completando mil millones de galones) más, entre 1 millón
700 mil y 2 millones de toneladas de azúcar, que es el doble
de lo que produce hoy el país.
ANÁLISIS
SOCIO-ECONÓMICO
Mil millones
de galones de alcohol, vendidos en el mercado norteamericano, podrían
alcanzar un valor, FOB en Cuba, superior a los 1,500 millones de
dólares por año, que sumado a la venta del azúcar
excedente producido, sobrepasaría los 2 mil millones de
dólares por año, con inversiones del orden de los
10 mil
millones de dólares totales, básicamente en refinerías
y sistemas energéticos.
El impacto económico
no sólo se circunscribe a la producción exportable,
que sería la locomotora del despegue económico de
la isla. Un plan inversionista de 10 mil millones de dólares
para modernizar la industria azucarera, dotándola de destilerías
y sistemas energéticos más eficientes y productores
de electricidad para la red nacional, traería aparejado una
generación de empleo y renta para millones de ciudadanos,
así como la activación de las industrias paralelas
a la azucarera, como la del transporte, la industria mecánica,
las empresas agrícolas, de fertilizantes, de
investigación y desarrollo, entre otras.
Es evidente
que para producir una combinación de producciones importantes
de alcohol y azúcar, resulta necesaria la privatización
de los centrales azucareros, muchos de los cuales serían
retomados por sus antiguos dueños. Otro factor importante
es la distribución de las tierras dedicadas al cultivo azucarero,
pasándolas a manos privadas, bien sea como propiedad de los
centrales, o como "colonos," que estarían vinculados
por contratos con los centrales a los que servirían como
suministradores.
En un plan a
medio plazo - y con la tierra existente - la producción de
alcohol en una Cuba post-Castro, pudiera llegar a producirse más
de dos millones de galones de etanol y entre dos a cuatro millones
de toneladas de azúcar, según los precios de
ambos productos.
Un plan azucarero
como el expuesto a grandes rasgos en este trabajo, posibilitaría,
tanto a EUA como a la UE, apoyar los esfuerzos productivos de la
isla, tanto ofreciendo capital productivo, como mercado para los
productos resultantes (azúcar y alcohol) sobre todo el alcohol,
que alcanza precios del orden del
70% de los precios de la gasolina, como sucede normalmente en Brasil
POSIBLE EXTRAPOLACIÓN
DE LA
EXPERIENCIA AZUCARERA BRASILEÑA A
LA CUBA POST-CASTRO
En Cuba se produce
alcohol hace muchos años. El principal problema para la producción
alcoholera en los últimos 50 años, ha sido el criterio
erróneo de la dirigencia
gubernamental, de que producir alcohol combustible usando la caña
de azúcar es un error conceptual.
Las producciones
de alcohol en Cuba eran casi exclusivamente concentradas en las
producciones de bebidas y rones y en la producción adicional
del alcohol combustible para uso doméstico, como auxiliar
de las cocinas de keroseno.
La principal
extrapolación tecnológica desde Brasil a ser implantada
en la Cuba post-Castro, seria la fabricación del alcohol
combustible partiendo del jugo de caña y de las mieles ricas,
dentro del proceso de fabricación de azúcar y no únicamente
a partir de las mieles finales, convirtiendo el central azucarero
en una central sucro-alcoholera, integrando la destilería
dentro de la fábrica, con la cual intercambia los diversos
insumos, materiales y energía.
En Brasil, la
caña molida es dedicada, casi exactamente,
45% a producir azúcar y 45% a producir alcohol,
dedicándose una cantidad menor (un 8-10%) a
la fabricación de bebidas y productos farmacéuticos.
La práctica
en Cuba, donde ya existe una industria
azucarera dedicada a la producción exclusivamente
de azúcar, sería integrar dentro de los 80 centrales
actuales, - sin afectar su capacidad de producir
azúcar - la destilería de alcohol con capacidad de
producción a ser decidida en cada caso, de manera a
producir cantidades de ambos productos (azúcar y
alcohol) dependiendo de los compromisos y de los
precios existentes en cada momento.
Aunque el mercado
interno cubano no es grande, sería importante decidir mezclar
toda la gasolina que se consume, con un % de alcohol combustible
del orden de los 20-25% (como en Brasil) porque este decisión,
a demás de garantizar el consumo de importantes cantidades
de alcohol, representa un papel regulador en los precios del alcohol,
sobre todo en el período entre zafras.
La práctica
brasileña ha demostrado que la producción de alcohol
dentro de los centrales, es el elemento que posibilitó financiar
la producción de azúcar durante los períodos
de bajos precios del mercado mundial, ganando mercados en todo el
mundo.
Otra experiencia
brasileña aprovechable por Cuba en un plan alcoholero de
esta magnitud, sería la instalación de sistemas energéticos
de alta presión y temperatura
en aquellos centrales donde sea factible, para producir importantes
cantidades de electricidad para la red nacional, en una isla que
tiene que producir toda su electricidad usando petróleo,
con cuyo ahorro financiaría adicionalmente estas inversiones.
CONCLUSIONES
Un plan sucro-alcoholero
como este para Cuba tendría las siguientes ventajas:
La existencia
en Brasil de un exitoso plan sucroalcoholero como el descrito, permite
programar para la Cuba post-Castro un plan similar, aprovechando
la experiencia azucarera cubana y la posible extrapolación
de la experiencia brasileña a
Cuba.
El capital que entraría en la isla bajo un plan estructurado
como el que se infiere de este trabajo, con las ventas de sus productos
a EUA asegurados y a precios del mercado mundial, permitiría
la generación de cientos de miles de puestos de trabajo bien
remunerados desde el principio del plan (durante las inversiones)
algo muy necesario durante el inicio del período de transición
en Cuba.
Este plan implicaría, además del crecimiento de la
industria sucro-alcoholera cubana, el desarrollo de otras industrias
asociadas a la fabricación de maquinaria, la mecánica
fabril y de transporte (manipulación, puertos, etc.), de
la creación de nuevas empresas agrícolas y sus insumos,
de los proyectos de ingeniería, así como de los centros
de investigación y desarrollo que les estarían asociados,
todos vinculados a esta agro-industria, empleadora de mano de obra
de dos tipos: intensiva y altamente calificada al mismo tiempo.
Las nuevas
inversiones en los centrales bajo un plan de este tipo, pudieran
asociarse a la modernización de la base energética
de la industria sucro alcoholera, para permitir producir electricidad
para la red nacional, reduciendo la dependencia del petróleo
importado en la generación eléctrica.
Tomando este plan del etanol con base estratégica de generación
de capital en divisas, se desarrollarían otros planes no
conflictantes con el expuesto en este trabajo, en las áreas
de la industria del turismo en la isla; para la producción
de alimentos agropecuarios, con fuertes respaldos en créditos
agrícolas para las producciones no cañeras; para la
explotación de la experiencia biotecnológica
y médica; para la reconstrucción y reanimación
de la infraestructura del país (viviendas, acueductos, vías,
etc.) que serían columnas económicas adicionales asociadas
al futuro despegue cubano en la era post Castro, con la ventaja
de que estos varios canales de desarrollo son independientes y podrían
poseer ventajas
competitivas internacionales, empleando, además de un volumen
grande fuerza de trabajo y un espectro amplio de personal calificado
y no calificado.
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