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CAVIAR
EN SOMALIA
Por Luis Cino
La Habana
Cubanet
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Abril 3, 2008
Un signo de interrogación
flota sobre Cuba. La ansiedad es tan palpable que se pudiera cortar
con un cuchillo.
La inmensa
mayoría de los cubanos vive hoy pendiente de los cambios.
No del
Cambio (con mayúscula y todas sus implicaciones) porque sería
mucho pedir
en su desconsolada e indefensa resignación. Presienten que,
aunque sea
inevitable, todavía les llevará cierto tiempo. Pero
al menos, porque dicen
que la esperanza es lo último que se pierde, aguardan por
"los cambios
dentro del socialismo" que anunció la nueva (vieja)
dirigencia.
Las expectativas
crecen, pero los prometidos cambios no se materializan.
Por el contrario, las señales indican escasa voluntad de
los gobernantes a
hacer transformaciones mayores al interior del sistema.
Luego de las
asambleas de lamentaciones, la tan llevada y traída por los
pelos "revolución dentro de la revolución"
amenaza con reducirse a zurcido
y maquillaje. Una vieja con colorete que trata de ganar tiempo.
Cal,
parches y remiendos en la deteriorada fachada. Como en Centro Habana,
más
apuntalamientos para evitar derrumbes.
Los anuncios
oficiales de que se empezarían a levantar "prohibiciones
absurdas" puso a los cubanos a devanarse los sesos tratando
de adivinar,
con tantas prohibiciones como hay, a cuáles de ellas se referían:
al
alojamiento en los hoteles, las licencias de los trabajadores por
cuenta
propia, la navegación por Internet o las tarjetas blancas
del Ministerio
del Interior que autorizan las salidas del país.
Se rumoraba
que desaparecería la libreta de abastecimiento. Algunos se
alegraron y otros se preocuparon por los de menor poder adquisitivo.
Se
decía que acabarían con la dualidad monetaria. Hubo
colas y aglomeraciones
en las casas de cambio. La gente se cansó de vender sus cuc,
y viceversa.
Algunos confiaban
que de la reunión del canciller Pérez Roque con un
grupo
de emigrados brotaría cierta flexibilización en la
cuestión de los viajes.
La reunión fue sólo un combativo encuentro del canciller
con sus
disciplinados soldados en el exterior. Nada más.
En cuanto a
liberaciones de presos políticos y la puesta en práctica
de
los pactos de derechos humanos firmados por Cuba en la ONU, ¿usted
sabe
algo? Nosotros, no. Tal vez en la Unión Europea o Monseñor
Bertone, en el
Vaticano, sepan.
No hay milagros
a la vista. La moraleja oficial, dicha de un modo u otro,
es que hay que trabajar más. Elevar la productividad y la
eficiencia. Tener
confianza en la revolución. No hay otro arreglo posible.
Ya lo dijo quien
lo dijo en el periódico Granma (lo encomendaron debidamente
para decirlo):
no se puede hipotecar el futuro. Ni hablar del asunto. A llorar
al parque.
O a la próxima asamblea que convoque el Partido.
No hay que
dejarse vencer por el pesimismo. He aquí que autorizaron
la
venta de teléfonos celulares. Y aunque sin confirmar, también
de DVD,
computadoras, tostadoras y hornos micro onda.
¿Serán
acaso esas las prohibiciones absurdas que iban a levantar?
En casa de
un amigo, debido a su mala suerte con las fosforeras, usan una
vieja tostadora americana de los años 50, no para tostar
el pan único de
cada día por la libreta, sino para encender los cigarros.
Su mujer y él,
que no tienen dinero para costear un celular, comprar un ordenador
o un
equipo de DVD, esperaban aumentos de salario, un % en cuc, que rebajaran
los precios en las tiendas y poder pasar su luna de miel en un hotel
luego
de 18 años de matrimonio.
Con tantas prohibiciones, carencias y problemas acumulados durante
casi
medio siglo, autorizar la venta de estos costosos cacharros que
muy pocos
cubanos tienen dinero para comprar, es como un chiste de humor negro.
Es
mentar la soga en casa del ahorcado. O repartir caviar en Somalia.
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