Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

 

CAVIAR EN SOMALIA

Por Luis Cino
La Habana
Cubanet
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José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba

Abril 3, 2008


Un signo de interrogación flota sobre Cuba. La ansiedad es tan palpable que se pudiera cortar con un cuchillo.

La inmensa mayoría de los cubanos vive hoy pendiente de los cambios. No del
Cambio (con mayúscula y todas sus implicaciones) porque sería mucho pedir
en su desconsolada e indefensa resignación. Presienten que, aunque sea
inevitable, todavía les llevará cierto tiempo. Pero al menos, porque dicen
que la esperanza es lo último que se pierde, aguardan por "los cambios
dentro del socialismo" que anunció la nueva (vieja) dirigencia.

Las expectativas crecen, pero los prometidos cambios no se materializan.
Por el contrario, las señales indican escasa voluntad de los gobernantes a
hacer transformaciones mayores al interior del sistema.

Luego de las asambleas de lamentaciones, la tan llevada y traída por los
pelos "revolución dentro de la revolución" amenaza con reducirse a zurcido
y maquillaje. Una vieja con colorete que trata de ganar tiempo. Cal,
parches y remiendos en la deteriorada fachada. Como en Centro Habana, más
apuntalamientos para evitar derrumbes.

Los anuncios oficiales de que se empezarían a levantar "prohibiciones
absurdas" puso a los cubanos a devanarse los sesos tratando de adivinar,
con tantas prohibiciones como hay, a cuáles de ellas se referían: al
alojamiento en los hoteles, las licencias de los trabajadores por cuenta
propia, la navegación por Internet o las tarjetas blancas del Ministerio
del Interior que autorizan las salidas del país.

Se rumoraba que desaparecería la libreta de abastecimiento. Algunos se
alegraron y otros se preocuparon por los de menor poder adquisitivo. Se
decía que acabarían con la dualidad monetaria. Hubo colas y aglomeraciones
en las casas de cambio. La gente se cansó de vender sus cuc, y viceversa.

Algunos confiaban que de la reunión del canciller Pérez Roque con un grupo
de emigrados brotaría cierta flexibilización en la cuestión de los viajes.
La reunión fue sólo un combativo encuentro del canciller con sus
disciplinados soldados en el exterior. Nada más.

En cuanto a liberaciones de presos políticos y la puesta en práctica de
los pactos de derechos humanos firmados por Cuba en la ONU, ¿usted sabe
algo? Nosotros, no. Tal vez en la Unión Europea o Monseñor Bertone, en el
Vaticano, sepan.

No hay milagros a la vista. La moraleja oficial, dicha de un modo u otro,
es que hay que trabajar más. Elevar la productividad y la eficiencia. Tener
confianza en la revolución. No hay otro arreglo posible. Ya lo dijo quien
lo dijo en el periódico Granma (lo encomendaron debidamente para decirlo):
no se puede hipotecar el futuro. Ni hablar del asunto. A llorar al parque.
O a la próxima asamblea que convoque el Partido.

No hay que dejarse vencer por el pesimismo. He aquí que autorizaron la
venta de teléfonos celulares. Y aunque sin confirmar, también de DVD,
computadoras, tostadoras y hornos micro onda.

¿Serán acaso esas las prohibiciones absurdas que iban a levantar?

En casa de un amigo, debido a su mala suerte con las fosforeras, usan una
vieja tostadora americana de los años 50, no para tostar el pan único de
cada día por la libreta, sino para encender los cigarros. Su mujer y él,
que no tienen dinero para costear un celular, comprar un ordenador o un
equipo de DVD, esperaban aumentos de salario, un % en cuc, que rebajaran
los precios en las tiendas y poder pasar su luna de miel en un hotel luego
de 18 años de matrimonio.


Con tantas prohibiciones, carencias y problemas acumulados durante casi
medio siglo, autorizar la venta de estos costosos cacharros que muy pocos
cubanos tienen dinero para comprar, es como un chiste de humor negro. Es
mentar la soga en casa del ahorcado. O repartir caviar en Somalia.

 

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