Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

LA HABANA
TRATO DE ESPIAR EN 1999
A LIDERES CUBANOAMERICANOS

Wilfredo Cancio Isla
El Nuevo Herald
Miami
E.U.
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba

Abril 7, 2008


Diplomáticos cubanos en Washington solicitaron en 1999 los servicios de un
prominente periodista y editor literario para espiar a ciudadanos
estadounidenses y personalidades de la comunidad exiliada, entre ellos los
congresistas Ileana Ros-Lehtinen, Lincoln Diaz-Balart y Robert Menéndez.


Según el testimonio de Robert Eringer, representantes de la Sección de
Intereses de Cuba trataron de utilizarlo para que obtuviera información
financiera de los tres legisladores cubanoamericanos y penetrara la
Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) a cambio de facilitarle
exclusivos contactos y oportunidades de negocios dentro de la isla.

El único problema era que Eringer trabajaba entonces como agente encubierto
del FBI.

Las revelaciones sobre la conexión cubana de Eringer aparecen en su libro
Ruse: Undercover with FBI Counterintelligence (Artimaña: Encubierto en la
Contrainteligencia del FBI), que aparecerá en las librerías estadounidenses
a mediados de este mes. El volumen --de 215 páginas-- lleva el sello de la
editorial Potomac Book, de Dulles, Virginia.


"Por supuesto, en el FBI se volvieron locos con el caso'', relató Eringer,
de 54 años, quien reside actualmente en Santa Barbara, California. "Un
oficial de la inteligencia cubana pidiéndome a mí, un ciudadano
estadounidense, que lo ayudara a espiar a ciudadanos de Estados Unidos en
el propio territorio estadounidense era algo totalmente incompatible con su
estatus diplomático''.


Además de los congresistas cubanoamericanos, la inteligencia cubana estaba
interesada en los pasos de directivos de la FNCA como Jorge Más Santos, Joe
García, Dannys Hays, Feliciano Foyo, Alberto Hernández Sarduy, José "Pepe''
Hernández, Ninoska Pérez Castellón, Kirk Menéndez y Abel Hernández, este
último residente en New Jersey.


También recabó la cooperación de Eringer para instrumentar una campaña en
los medios de comunicación de Estados Unidos con el propósito de lograr la
extradición a Cuba del militante anticastrista Luis Posada Carriles.


El principal contacto en Washington: Luis Mariano Fernández, segundo
secretario y portavoz de la misión cubana.


"Desconozco si el FBI usó mi información para expulsar diplomáticos
cubanos'', dijo el autor en una reciente entrevista con El Nuevo Herald.
"Lo que sí sé es que estuvieron pensando expulsar a Luis Fernández debido a
mis informes''.


Eringer, avalado por una larga trayectoria como periodista investigativo,
novelista, agente literario y consultor privado de inteligencia, trabajó
para el FBI entre 1993 y 2002 con la misión de capturar al legendario espía
Edward Lee Howard, un desertor de la CIA radicado en Moscú. Howard, quien
falleció en el 2002 en su dacha moscovita en circunstancias no
esclarecidas, viajó al menos seis veces a Cuba para encontrarse con
oficiales de la Dirección General de Inteligencia (DGI).


Bajo la cobertura de agente literario interesado en publicar las memorias
de Howard, Eringer lo contactó por teléfono en diciembre de 1993 y siete
meses después ambos se encontraron en Moscú para ultimar detalles sobre la
edición de Safe House (Casa Segura), que finalmente apareció en 1995.


Según cuenta Eringer, fue Howard quien intercedió ante representantes de
inteligencia cubana en la embajada de Moscú para permitir la entrada de su
"agente literario'' en Cuba a comienzos de 1999.


Eringer viajó entonces a La Habana para discutir la elaboración de una
posible guía de espionaje que debía llevar a Howard por varias capitales
europeas. La coartada debía servir para la captura del desertor de la CIA
durante una escala en un aeropuerto internacional, pero el plan fracasó a
última hora por temores del presidente Bill Clinton, quien consideró que la
operación podía enturbiar las relaciones con Rusia.


El encuentro en La Habana ocurrió a mediados de marzo de 1999 en el
vestíbulo del Hotel Nacional, donde el colaborador del FBI se hospedó por
recomendación personal de Howard.


En ese primer contacto, Howard le comentó que había pasado la mayor parte
del día detallando a oficiales de inteligencia cubano "los exámenes y
entrevistas que deben cumplirse para ser aceptado por la CIA''.


Howard viajó a La Habana por primera vez en julio de 1989 y regresó en
febrero del año siguiente como parte de una colaboración con los cubanos
sobre técnicas de espionaje de la CIA. Ambas visitas están mencionadas en
Safe House. Cuba le había propuesto irse a vivir con su familia a una
residencia en la barriada habanera de Miramar, pero su esposa, Mary Howard,
rechazó entonces el ofrecimiento.


Sus cuatro viajes posteriores a La Habana salen ahora a la luz en el libro
de Eringer.


El autor afirma que el interés de los cubanos hacia Howard en 1999 era
utilizar su información "para preparar a una persona de Miami con vistas a
infiltrarlo en la CIA''.


La inteligencia cubana estaba también tras la pista de una mujer lesbiana
con alto rango en la CIA, a quien pensaban comprometer y chantajear por sus
ocultas relaciones homosexuales. Los estadounidenses querían conocer qué
había sucedido con el operativo para entrampar a la oficial, pero Eringer
le dijo a El Nuevo Herald que desconocía tanto la identidad de la persona
como los detalles del caso.


Durante su visita a Cuba, Eringer fue atendido por Juan Hernández, un
oficial de inteligencia que fue diplomático en Estados Unidos hasta su
expulsión por espionaje en 1995.


El periodista mostró interés en contactar para posibles libros al
empresario Robert Vesco, prófugo estadounidense y condenado en Cuba en 1996
por delitos económicos, y a Joanne Chesimard, fugitiva del FBI que vive en
la isla desde 1984. También le dijo a Hernández que le gustaría entrevistar
al gobernante Fidel Castro o a su hermano Raúl con el mismo propósito.


Hernández sólo le prometió hacer gestiones con Chesimard y enviarle el
texto de una presunta biografía de Fidel Castro para publicar en Estados
Unidos, pero ninguna de las dos promesas se materializaron.


Mientras, Howard le presentó allí a dos oficiales del Ministerio del
Interior (MININT), Rolando Salup y Salvador Pérez, quienes le propusieron
establecer una firma comercial en Panamá o México para realizar ventas a
Cuba sorteando los obstáculos del embargo.


Eringer reproduce la conversación con Pérez en los siguientes términos:
'Necesitamos cosas todos los días. Un día puede ser arroz, el próximo día
pintura, el día siguiente, algo más. Si podemos suplir las necesidades del
mercado, hacemos dinero. Yo te llamo, te digo qué necesitamos. Tú lo
encuentras y hacemos el trato''.


Las ventas de productos agrícolas y alimentos de compañías estadounidenses
a Cuba no se autorizaron hasta finales del 2000, cuando el Congreso levantó
la prohibición por razones humanitarias.


Tras su regreso a Estados Unidos, los diplomáticos cubanos en Washington
intensificaron sus contactos con Eringer.


En abril de 1999, durante una cena en el apartamento de Fernández en
Washington, Eringer conoció al diplomático cubano Luis Abierno, quien le
propuso publicar un libro sobre la red de agentes cubanos que penetró la
CIA hasta 1987. La red tuvo que desarticularse tras la deserción del mayor
de la inteligencia Florentino Azpillaga.


Fue en esta reunión que ambos diplomáticos le plantearon investigar a los
tres congresistas cubanoamericanos y descubrir sus "contribuciones
financieras no declaradas''.


"¿Nos puede ayudar con esto?", le preguntó Abierno, quien regresaría a La
Habana en junio de 1999 tras cumplir su misión.


"Posiblemente su país ya ha investigado a estos congresistas. Déme alguna
pista'', le respondió Eringer.


"Usted puede ir a Cuba''...[Allí] ellos le podrán decir algunas cosas'',
indicó Fernández, quien aseguraba que los tres legisladores estaban
financiados por una ''fuente misteriosa''.


Meses después, Fernández, cuyo nombre en clave para el FBI era Flakester,
acudió a Eringer para que lo ayudara a organizar una cena con periodistas
de Estados Unidos. El diplomático cubano quería hacer proselitismo sobre la
política de Washington hacia Cuba, que --según su versión-- estaba
controlada por una "pequeña minoría de cubanos de Miami contrarios a
Castro''.


A finales del 2000, Fernández llamó insistentemente a Eringer para pedirle
que asistiera a la inauguración de la sede de la FNCA en Washington, fijada
para el 6 de febrero del 2001, y luego le envió por correo electrónico la
lista de miembros de esa agrupación que debían ser "monitoreados'',
especialmente Dannys Hays y Joe García.


A mediados del 2000, García fue designado director ejecutivo de la FNCA y
Hays al frente de la oficina en Washington.


La operación de Eringer relacionada con Cuba fue asignada a la oficina del
FBI en Albuquerque, Nuevo México, y supervisada por la oficina central de
Washington.


Eringer no asistió a la recepción, no contactó a ningún miembro de la FNCA
y ni viajó a Cuba, a pesar de las numerosas insistencias que provenían de
La Habana.


La "conexión cubana'' se desarticuló en el 2001 tras la detención de Robert
Hanssen, quien admitió haber espiado para Moscú a cambio de dinero y
diamantes durante más de dos décadas. A partir de ese momento el FBI le
recomendó no viajar más a Rusia ni a Cuba.


Fernández nunca fue declarado persona non grata y terminó su misión en el
2002. Sin embargo, en los días de sus contactos con Eringer el FBI acusó de
espionaje al vicecónsul José Imperatori, quien fue expulsado en el 2000 por
sus vínculos con un funcionario de Inmigración en Miami.


Eringer archiva en su trayectoria como reportero investigativo la
infiltración del Ku Klux Klan y de grupos neonazis, fruto de exitosos
artículos en la prensa británica. Se le atribuye también la creación y
dirección del servicio de inteligencia del Príncipe Alberto II de Mónaco.


Sus servicios en el FBI también fueron determinantes en la extradición del
conocido activista antibélico Ira Einhorn en julio del 2002. Einhorn,
acusado de asesinato, escapó a Francia en 1981 y permaneció fugitivo desde
entonces, amparado por una identidad falsa.


Durante un "encuentro literario'' con Einhorn en un restaurante del poblado
de Saint-Claude, Francia, en enero del 2001, Eringer le contó de sus
andanzas en Cuba.


"Ese es el lugar donde mi abogado me aconseja irme, Cuba. El dice que puede
hacerme todos los arreglos. Todos mis amigos me han dicho que me vaya
allí'', le confesó Einhorn.


Eringer trató de persuadirlo de que no lo hiciera, considerando que su
captura se haría imposible si se refugiaba en la isla.


"Cuba es un desastre'', manifestó Eringer. "Tengo otra idea, que es mucho
mejor que morirse''.

 

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