ELIAN,
EL INVISIBLE

El niño balsero es hoy
un
discreto adolescente de 16 años
que estudia en la escuela militar
Milagros López
de Guereño
La Rioja
España
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Director
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Diciembre 7, 2009
La odisea de Elián González Brotons, el niño balsero
salvado milagrosamente de una muerte segura, fue durante meses portada
de periódicos y revistas de todo el mundo y centro de una de
las más enconadas batallas entre los gobiernos de Cuba y Estados
Unidos. Hoy su protagonista es un joven larguirucho que estudia en la
escuela militar Camilo Cienfuegos de Matanzas y tiene ya el carné
de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). En las escasas
fotos difundidas aparece siempre feliz, sin rastro de aquella aventura
que quizá sería mejor definir como tragedia: su madre,
Elisabeth, fue tragada por el mar junto a su novio y otros nueve compañeros
de la balsa en noviembre de 1999, cuando se fue a pique la embarcación
con la que ponían rumbo a Estados Unidos.
A Elián, que ayer mismo cumplió 16 años, lo salvaron
dos pescadores que lo llevaron a Florida y lo colocaron, sin pretenderlo,
en el epicentro de la actualidad mundial. Hoy, en cambio, Elián
se ha vuelto prácticamente invisible: casi no aparece en actos
oficiales, en un intento de mantenerlo al margen de la curiosidad y
permitirle llevar una vida más normal, que incluye salidas a
lugares frecuentados por otros jóvenes de su edad. Pero, a diferencia
de ellos, lleva guardaespaldas, como el resto de su familia. Su hogar,
donde descansa los fines de semana, también permanece custodiado.
Se trata de una edificación moderna de una planta, con las ventanas
y la puerta cerradas, donde dos jóvenes aseguran no saber nada
de Juan Miguel González. «No hay nadie y no sabemos cuándo
vendrá». Juan Miguel es el padre que viajó a Miami
para recuperar a su hijo tras la terrible muerte de su madre. Recibió
ofertas para quedarse a vivir en Estados Unidos pero regresó
a Cuba. Después se licenció en Turismo y es diputado nacional.
Sin embargo, no ha querido aceptar cargos de mayor responsabilidad en
el mundo empresarial.
Sigue trabajando como camarero en el Parque Josone, un espacio abierto
en el centro Varadero, donde hace unos años Elián correteaba
entre pavos con otros niños bajo la atenta mirada del guardaespaldas
que no dejaba acercarse a ningún adulto. El chaval viste hoy
uniforme militar en la escuela, tal vez un anticipo de la licenciatura
que elegirá. «Tiene la posibilidad de optar por una carrera
en lo civil, pero generalmente los estudiantes que optan por las preparatorias
militares es porque tienen perspectivas de seguir en las universidades
militares», explica Darna, guía del museo de la Batalla
de Ideas de Cárdenas.
La gente lo conoce como el museo de Elián. Se levanta en el antiguo
cuartel de Bomberos, fue inaugurado por Fidel Castro el 14 de julio
del 2001 y cuenta con una sala especial dedicada al niño balsero.
«Sólo se exhiben tres cuadernos de Elián. Sí
tenemos cosas suyas, ropa de cuando era chiquito, el teléfono
que usó Juan Miguel para hablar con él la primera vez,
cosas de la familia, pero sólo se sacan cuando hay muestras especiales».
La implicación personal de Fidel Castro y la machacona presión
frente a la representación diplomática de Estados Unidos
en la isla lograron que el gobierno de Bill Clinton permitiera el regreso
de Elián a Cuba en junio del 2000. Desde el mismo momento de
su llegada, tuvo un trato especial: llamaba «abuelito» a
Fidel Castro y celebró con él sus actos de graduación
y cumpleaños hasta julio del 2006, cuando una enfermedad intestinal
casi llevó a la tumba al líder cubano, hoy con 83 años.
Mercenarios a sueldo
El niño pasó los primeros días en un entorno infantil
especialmente elegido para su recuperación. Luego siguió
sus estudios en Cárdenas y en la Escuela de Secundaria Básica
Urbana (ESBU) Esteban Hernández, con la relativa 'normalidad'
que permite el ir siempre con un guardaespaldas. Jamás ha concedido
una entrevista. «La familia no quiere entrevistas» fue la
respuesta a todas las peticiones para conversar con su padre, su abuela,
algún profesor o algún amigo que pudiera contar cómo
es actualmente aquel 'balserito'.
En Cárdenas, a unos 160 kilómetros de La Habana, muchos
vecinos consideran lógico que Elián y su familia cuenten
con custodia policial. «Los de los derechos humanos de La Habana
pueden venir y atacarlo, porque él es un símbolo»,
asegura Marizta, que trabaja en el sector turístico de Varadero.
Los medios de comunicación cubanos, todos oficiales, insisten
en que el «imperio» planea agredir la isla y no descartan
que los disidentes, llamados «mercenarios a sueldo de Washington»,
provoquen disturbios. Recuerdan actos de sabotaje como la cadena de
atentados contra instalaciones turísticas de los 90, que dejó
un visitante italiano muerto en el Hotel Copacabana.
«Elián va a fiestas con sus amigos, hace una vida completamente
normal, como cualquier muchacho de esa edad, aunque, eso sí,
siempre tiene un custodio detrás», explica María
Eugenia, agente de seguros. A la salida de la antigua escuela, unas
chicas desconocen si tiene novia, quizá entre las compañeras
de la academia militar. Mery, una de las nuevas estudiantes, que conoce
a Elián de vista, aventura un análisis más profundo.
«No creo que se divierta mucho con todo lo que pasó».
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