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La asimilación, la chinificación y la campaña
«desarrollar el este» son algunos de los pilares
de la estrategia neocolonialista de Beijing, además de
la represión. |
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Efectivos
del ejército chino
se desplegaron con un poder de fuego y armamentos tíipicos
de la política china de Represión MasivaTotal. |
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| Civiles
rogaron a las tropas que no dispararan... |
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| Saturación
represiva al 100%... |
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| Plaza
Central de Urumqi. |
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| Unidades
élites represivas... |
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| Armas
con municiones |
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| Tropas
chinas ocuparon incluso las mezquitas. |
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| Tianamen,
Tibet o Turkestán Oriental la estrategia es la misma:
atacar a civiles desarmados con la fuerza conque se enfrenta
un ejército. |
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| El
coraje de las mujeres fue inefectivo ante esos bárbaros. |
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| Civiles
chinos protegidos por sus tropas cruzan... |
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| los
cordones represivos y atacan a uigurs indefensos... |
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| Despliegues
masivos... |
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| de
combate contra civiles.. |
ANÁLISIS
TURKESTAN
ORIENTAL
NEOCOLONIALISMO CHINO-COMUNISTA
DEL SIGLO VEINTIUNO
DECADAS DE COLONIAJE REPRESIVO
Y ASIMILACION FORZOSA

Con
un tercio de las reservas chinas de petróleo
y dos tercios de las de carbón,
abundantes
depositos de minerales
y metales preciosos como el oro, uranio y cobre,
Turkestan
Oriental (Xinjiang) está estratégicamente
situada,
con fronteras con Rusia, Kazakhstan, Kirgystan,
Tajikistán, Afganistán, Pakistán, Tibet y la
India.
El
baño de sangre en Urumqi ha situado a los uigures
en el centro de la atención informativa
y de la comunidad internacional, pero la población uigur
lleva décadas defendiendo su derecho
a constituir su Estado propio, Turkestán Este,
una realidad que Beijing quiere ocultar.
Turkestán Este es la patria de los uigures y ocupa una extensión
tres veces mayor que el Estado francés. Actualmente, en la zona
ocupada por China, bautizada como Xinjiang (nueva tierra o nuevos territorios,
en chino), habitan cerca de veinte millones de personas, la mitad de
ellos uigures. Una cifra que contrastan con la del 95% que representaban
a finales de los años 40.
Aunque China mantiene que siempre ha sido una zona controlada por Beijing,
lo cierto es que desde la salida de la dinastía Tang, en el año
755, hasta su conquista, por parte de la dinastía Quina, en 1758,
el poder chino en Turkestán Este era inexistente. La ocupación
del siglo XVII dio lugar a la denominación de Xinjiang, cuya
traducción del chino evidencia esa realidad.
Muchos analistas tienden a presentar el conflicto como la consecuencia
directa de una especie de «choque de civilizaciones» (chinos
frente a musulmanes), poniendo el acento en la religión. Sin
embargo, más allá de estas lecturas simplistas, la clave
del enfrentamiento habría que buscarla en factores políticos
y económicos, donde la religión no sería más
que uno de esos componentes.
Esta conflictiva situación en torno a Turkestán Este ha
permanecido mucho tiempo alejada de las primeras planas, sin embargo,
a partir de los años 80, una serie de acontecimientos y la influencia
de la diáspora, han obligado a la comunidad internacional tenga
a prestarle mayor atención.
Para el Gobierno de Beijing, las demandas del pueblo uigur son «un
problema interno» y sus esfuerzos se encaminan a evitar cualquier
participación internacional en su resolución, así
como en identificar los enfrentamientos con el «terrorismo separatista»
y el «radicalismo islamista».
No obstante, las importantes manifestaciones estudiantiles de los años
80, con una clara caracterización uigur, y a las que siguió
una dura represión por parte el Gobierno de Beijing, fueron el
pistoletazo de salida para la nueva situación que se ha ido engendrando
desde entonces.
En los 90 se intensificó el conflicto, al darse tres acontecimientos
que agravaron la situación. En 1990 se produjo un alzamiento
armado importante en Baren, cerca de Kashgar; unos años más
tarde, se sucedieron varios ataques con bomba contra diferentes objetivos,
y entre 1996 y 1997, el movimiento uigur articuló una campaña
de manifestaciones, ataques y protestas. La respuesta china en todos
los casos ha sido incrementar la represión, con centenares de
detenidos y muertos.
La asimilación, la chinificación y la campaña «desarrollar
el este» son algunos de los pilares de la estrategia de Beijing,
además de la represión. Lo que algunos han definido como
el imperialismo económico y político de los han sobre
el pueblo uigur sigue el guión clásico de cualquier proceso
colonizador. Turkestán Este es un país rico, con
un tercio de las reservas chinas de petróleo y dos tercios de
las de carbón. Abundan los minerales y los metales preciosos:
oro, uranio y cobre. Sin embargo, esa riqueza sólo ha generado
beneficios al Gobierno chino a sus colaboradores. De ahí que
no sea extraño que las mayores tasas de desempleo y pobreza recaigan
sobre la población uigur.
Utilizando la falsa imagen de que los uigures son «demasiado pobres
e ignorantes» para llevar a cabo cualquier desarrollo económico,
China sigue impulsando su estrategia, forjando en ocasiones lazos de
unión entre algunas élites locales y las élites
colonialistas.
El traslado masivo de ciudadanos chinos para desequilibrar la balanza
demográfica, la política de «hanhua» (algo
así como «hacerlos chinos»), está logrando
que la población local acabe siendo minoritaria en su propia
tierra y apartada de todos los resortes políticos, económicos
o sociales del poder.
Bajo la bandera de la supuesta «modernización», enmarcada
dentro de la pomposa frase de «desarrollar el Este», se
sigue una pormenorizada política de marginación hacia
los uigures y una planificada explotación de sus recursos naturales
y culturales (es el caso del plan para derribar el caso antiguo de Kasghar
y cederlo a empresas chinas para su explotación turística).
Hoy, el pueblo uigur sigue dando muestras de su voluntad por conseguir
la estatalidad. Y a lo largo de estos años las expresiones de
protesta han adquirido diferentes formas. Desde actos planificados hasta
manifestaciones e incidentes espontáneos. Pero sobre todo, se
observa un claro rechazo de la población uigur a los intentos
chinos de asimilación y dominación.
El mejor reflejo de ese rechazo popular a las políticas impuestas
por Beijing es el elevado número de personas que toman parte
en las manifestaciones, como se ha evidenciado en las más recientes.
La explotación de recursos naturales; la inmigración han;
el desempleo; las pruebas nucleares; el uso del agua en el desarrollo
urbanístico que requiere la expansión colonialista, dejando
en una difícil situación a la agricultura local; la discriminación;
el aumento de las desigualdades; la persecución de actividades
religiosas que para muchos uigures son parte de su vida cultural y social...
son algunos de los motivos que provocan la respuesta uigur al colonialismo
chino.
La diversidad organizativa del movimiento uigur es una de sus características,
con algunos grupos que defienden el carácter nacional de su pueblo
y demandan la consecución de un estado llamado Turkestán
Este, junto a otros donde predominan las tendencias panislamistas, e
incluso con esa «mayoría silenciosa» que en ocasiones,
y sin una organización estructural tan importante, sale a la
calle como hemos visto estos días.
En este sentido, la diáspora uigur, unida en torno al Congreso
Mundial Uigur, creado en 2004 en Munich, cobra fuerza y superar los
fracasos de sus predecesores (el Congreso Nacional de Turkestán
Este, creado en Turquía en 1992, y el Gobierno en el Exilio de
Turkestán Este, surgido en Washington en 2004).
Las comunidades en la diáspora mantienen sus asociaciones, preservando
la identidad colectiva de su pueblo, su cultura y su lengua, y promueven
las aspiraciones nacionales comunes, un Turkestán Este independiente.
El papel desempeñado por la diáspora estos años
han permitido que la situación de Turkestán Este y la
lucha de los uigures llegue a más lugares y que la resistencia
al colonialismo se conozca mejor.
Gabinete Vasco de Análisis Internacional
(GAIN)
Gara
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Máximo Tomás
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 12, 2009
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