Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 



UNA ALIANZA PARA LA DEMOCRACIA
(Washington y la Oposición Cubana)









Por Alfredo Cepero
Miami
Florida
E.U.
Distribuye:
Paul Echániz
La Nueva Cuba
Febrero 9, 2006




La lucha del pueblo cubano contra la tiranía ha estado plagada de errores. Pero el mayor de todos ha sido nuestro enfoque y nuestra percepción de la relación entre Washington y la oposición cubana tanto dentro como fuera de la isla. Desde un principio se ha hablado de nuestros "aliados" norteamericanos como si fueran benefactores que nada tuvieron que ver con el acceso del tirano al poder y ante quienes debemos asumir una actitud de reverencia que, en muchos casos, ha llegado a la obediencia ciega. La realidad es muy diferente y nos proponemos demostrarlo en el curso de este trabajo.

Partamos, sin embargo, reconociendo nuestras propias culpas. Nuestro ensayo democrático fué una mezcla de corrupción política e indiferencia ciudadana. Sobre todo en el período entre 1940 y 1952 en que, a pesar de contar con una constitución ejemplar, nos las arreglamos para facilitarle el camino a la puñalada trapera del 10 de marzo. Con nuestra acostumbrada incapacidad para el término medio, saltamos de la indiferencia al apasionamiento con aquel cartelito abyecto de "Fidel esta es tu casa" y le regalamos la república sin cuestionar su programa ni sus metas.

Pero si nos llegara desde las alturas la voz del Rabino de Judea lo escucharíamos decir: "Aquel que esté libre de pecado que lance la primera piedra". Y les aseguro que nadie lanzaría piedras contra la oposición cubana. Porque el aborto del primero de enero de 1959 tuvo entre sus padres al gobierno de Washington y a la prensa liberal norteamericana. Primero, el Embajador de los EEUU, Earl E.T. Smith, le dijo sin rodeos a Fulgencio Batista que debía entregar el poder y, más tarde, Washington le negó las armas para enfrentarse a las hordas comunistas. Por su parte, la prensa liberal norteamericana, con Herbert Mathews y el New York Times a la cabeza presentaron al barbudo desaliñado y sucio como un Robin Hood de la democracia y la justicia social.

Con esto propongo dejar atrás todo tipo de antagonismos y recriminaciones que sólo beneficiarían al tirano y prolongarían nuestra lucha contra la opresión. Propongo que tanto Washington como la oposición cubana nos situemos en este año del 2006 y marchemos juntos, sin protectores ni protegidos, hacia la reconquista de la libertad en Cuba y la consolidación de la democracia tanto en nuestra patria como el Continente Americano. Ambos bandos cometimos errores y ambos bandos nos beneficiaríamos de una Cuba en democracia. Nosotros, con una Cuba libre y ellos con una Cuba cuya democracia sería un antídoto al socialismo del Siglo XXI promovido por el payaso de Caracas y un ejemplo para las amenazadas democracias latinoamericanas. Pero, para esto, no hay tiempo que perder porque Cuba sufre, nuestra paciencia se agota y el continente está ardiendo ante la mirada indiferente del Gobierno de Washington.

Espero haber demostrado que el llamado "problema de Cuba" no ha sido responsabilidad única de los cubanos. Pero a aquellos que dicen que es de cobardes pedir ayuda les aclaro que no pedimos ayuda sino colaboración y que los Estados Unidos de Américan existen en la actualidad gracias a que Benjamín Franklin se fué a Paris en 1775 y logró que Luís XVI diera apoyo económico y militar a las colonias norteamericanas en su lucha contra George III y el todopoderoso Imperio Inglés. A quienes afirman que la libertad de Cuba no puede ser lograda con el luto de las madres norteamericanas les digo que, a diferencia de Corea, Vietnam, Bosnia e Iraq, para derrocar a la tiranía castristas no hace falta una invasión de los Estados Unidos. Basta con cerrarle el oxígeno para que el cadáver agonizante del régimen y el del delirante anciano tirano caigan bajo el peso de su decidia y de su maldad. El pueblo hará el resto.

Lo que hace falta es que el Gobierno de Washington cumpla el compromiso contraído con la historia y rubricado con sangre cubana en las arenas de Girón después de la traición del Presidente Kennedy. Lo que hace falta no es sangre de soldados norteamericanos sino un caudal de coraje y de verguenza por parte de quienes formulan la política exterior de los Estados Unidos. Que dén pasos enérgicos para hacer realidad las promesas incumplidas de estos 47 años y tomen las medidas siguientes:

1- Aplicación total de la Ley Helms-Burton, incluídos sus títulos III y IV.

2- Prohibición de todo tipo de negocios de empresas norteamericanas con la tiranía.

3- Incremento de las transmisiones de Radio y TV Martí a Cuba.

4- Encausamiento de espías de Castro en territorio norteamericano.

5- Abolición del Pacto Migratorio de 1995.

6- Establecimiento de un sistema efectivo de evaluación de refugiados cubanos por el cual se otorgue prioridad a los perseguidos políticos.

7- Eliminación del término "migrantes" y restablecimiento del de "refugiados".

8- Suspensión de todo contacto artístico, deportivo o académico con la tiranía.

9- Apoyo financiero a la oposición al régimen tanto dentro como fuera de Cuba.

10- Creación de un Instituto de la Democracia y de la Libre Empresa para formar a los futuros dirigentes de la Nación Cubana.


Desde luego que ahora van a salir los politólogos y apologistas del Presidente con excusas y justificaciones por las cuales la Casa Blanca no puede cumplir con este Decálogo de la Dignidad. Dirán que el 9-11 cambió las prioridades en este país, que la guerra en Iraq, la amenaza nuclear de Irán y la inestabilidad en el Medio Oriente por el triunfo de Hamas en Palestina demandan considerable atención y recursos por parte de Washington. En fín que el miserable, hambriento y esclavo pueblo de Cuba tiene que seguir esperando por una oportunidad que no ha llegado en 47 años. A todos estos les digo que los cubanos tenemos, de una vez por todas, que dejar de ser mendigos de ayudas y convertirno en socios exigentes de nuestro derecho a la colaboración por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Que no estamos interesados en justificaciones dilatorias sino en medidas inmediatas que hagan realidad un régimen de justicia, democracia y libertad para Cuba. Aceptar algo menos que eso sería traicionar a nuestra patria.






* Alfredo M. Cepero nació en Cuba y desde muy temprana edad participó en las luchas por la libertad y la democracia contra la dictadura de Fulgencio Batista. Ostenta títulos de Periodista y de Licenciado en Derecho Diplomático y Consular y fué Secretario de Prensa de la Federación Estudiantil Universitaria, una organización a la vanguardia de la Revolución de 1959. Preocupado por la excesiva influencia del Partido Comunista en el nuevo gobierno, Cepero declinó un cargo en el Servicio Diplomático, formó filas en la oposición contra el régimen de Castro y se vió obligado a abandonar el país en noviembre de 1960, veintitres meses después del triunfo de la revolución. A su llegada a los Estados Unidos se unió a la Brigada 2506 que invadió Cuba el 17 de abril de 1961 y, más tarde, ingresó en el Ejército de los Estados Unidos. En los Estados Unidos, Cepero obtuvo títulos de Licenciado en Consultaría Financiera y Licenciado en Seguros en el Colegio Americano de Pennsylvania, así como Maestro en Administración de Negocios en la Universidad Americana, en Washington, D.C. En el curso de su labor profesional, Cepero fué corresponsal, escritor y Jefe de Redacción de la División de Idioma Español de la Voz de los Estados Unidos de América entre 1967 y 1978. Entre 1979 y 1982 fué Director de Noticias del Canal 23 de Miami, la estación local de la Cadena Univisión. Cepero es fundador del Partido Nacionalista Democrático de Cuba, con el objeto de estimular la participación ciudadana en la política de la Cuba pos-Castro a través de una dirigencia comprometida con principios de democracia y libre empresa puestos al servicio de las necesidades y las aspiraciones del pueblo de Cuba. El sitio cibernético del Partido es http://www.pndcuba.org y Cepero puede ser contactado en alfredocepero@bellsouth.net o su teléfono 305-322-7111. Su dirección postal es: 14603 S.W. 184 Avenida, Miami, Fl. 33196.
 

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