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ORDENO
EJECUTAR A DECENAS DE PERSONAS
EL CHE GUEVARA:
UNA VIOLENTA, SELECTIVA,
Y FRIA MAQUINA DE MATAR
(II de IV)
Por Alvaro Vargas Llosa *
Traducción: Mirta Rosenberg
La Nación
Argentina
Distribuye:
Celso Sarduy Agüero
© NotiCuba Edición Buenos Aires **
Argentina
La Nueva Cuba
Agosto 6, 2005
Es posible que el Che Guevara haya estado enamorado de su propia
muerte, pero mucho más enamorado estaba de la muerte de los
demás. En abril de 1967 resumió su idea homicida de
justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": "El
odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que
impulsa más allá de las limitaciones del ser humano
y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría
máquina de matar".
Sus escritos anteriores también están condimentados
con esta violencia retórica e ideológica. Aunque su
ex novia Chichita Ferreira dude de que la versión original
de sus diarios de viaje contengan la observación "siento
que mi nariz se dilata saboreando el olor acre de la pólvora
y la sangre del enemigo", Guevara compartió con [su
compañero en aquella aventura Alberto] Granado esta exclamación:
"¿Revolución sin disparar ni un tiro? Estás
loco".
En otros momentos los jóvenes bohemios parecían incapaces
de distinguir entre la frivolidad de la muerte como espectáculo
y la tragedia de las víctimas de una revolución. En
una carta a su madre, de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo
del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz,
escribió: "Aquí estuvo muy divertido con tiros,
bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía
en que vivía".
La disposición anímica de Guevara cuando viajó
con Fidel Castro desde México hacia Cuba a bordo del Granma
queda plasmada en una carta a su esposa escrita en 1957 y publicada
en el libro Ernesto: Una memoria del Che Guevara en Sierra Maestra:
"Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre".
Esa mentalidad había sido reforzada por su convicción
de que Arbenz había perdido por no haber ejecutado a sus
potenciales enemigos. En una carta dirigida a su ex novia Tita Infante
había observado: "Si se hubieran producido esos fusilamientos,
el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes".
No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego
de la entrada a La Habana, Guevara matara o supervisara la ejecución,
con juicio sumario, de decenas de enemigos del pueblo comprobados,
sospechosos y de todos aquellos que se encontraban en el lugar equivocado
en el momento equivocado.
En enero de 1957, como lo indica su diario de Sierra Maestra, Guevara
mató a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba pasando
información: "Acabé con el problema dándole
un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha? Sus pertenencias
pasaron a mi poder". Más tarde mató a Aristidio,
un campesino que expresó el deseo de abandonar la causa cuando
los rebeldes siguieron avanzando. Aunque se preguntó si esta
víctima "era de verdad suficientemente culpable como
para merecer la muerte", no tuvo reparos para ordenar la muerte
de Echavarría, hermano de uno de sus camaradas, a causa de
crímenes no especificados: "Tenía que pagar el
precio". En otros momentos simuló ejecuciones sin llevarlas
a cabo, como método de tortura psicológica.
"Ante la duda, mátalo"
Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores de Florida que trabajan
en un documental sobre Guevara, han conseguido el testimonio de
Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército
revolucionario conocido como "El Catalán", que
sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés,
quien más tarde se convertiría en ministro del Interior
de Cuba, fueron responsabilidad directa de Guevara, porque Valdés
estaba bajo sus órdenes en las montañas. "Ante
la duda, mátalo" eran las instrucciones del Che.
Según Costa, en vísperas de la victoria, el Che ordenó
la ejecución de dos decenas de personas en Santa Clara, en
el centro de Cuba, adonde había llegado su columna como parte
del ataque final sobre la isla. Algunos fueron fusilados en un hotel,
tal como ha escrito Marcelo Fernández Sayas, otro ex revolucionario
que se hizo periodista, y quien agregó que entre los ejecutados
había campesinos que se habían unido al ejército
sólo para escapar al desempleo.
Pero "la fría máquina de matar" no manifestó
todo el alcance de su rigor hasta que, inmediatamente después
de la caída del régimen de Batista, Castro lo puso
a cargo de la cárcel de La Cabaña. Era una fortaleza
de piedra usada para defender a La Habana de los piratas ingleses
en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en una barraca
militar. De una manera que recuerda de forma escalofriante a Lavrenti
Beria, Guevara fue responsable, durante la primera mitad de 1959,
de uno de los períodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor de la Universidad Interamericana
de Bayamón, en Puerto Rico, quien perteneció al cuerpo
que estaba a cargo de los procesos judiciales sumarios en La Cabaña,
me contó: "El Che dirigió la Comisión
Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra:
tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba
actuar con convicción. Es decir, con la convicción
de que todos eran asesinos y de que la forma revolucionaria de proceder
era ser implacables. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato.
Mi función era legalizar profesionalmente la causa y pasarla
al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes
a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco
después de que la sentencia fuera dictada y confirmada en
forma automática por el cuerpo de apelación. La noche
más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres".
Sin excepciones
Javier Arzuaga, el capellán vasco que daba consuelo a los
sentenciados a muerte y que presenció docenas de ejecuciones,
habló conmigo desde su hogar en Puerto Rico. Ex sacerdote
católico, ahora de 75 años, recordó que en
la cárcel de La Cabaña "había 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
periodistas, empresarios o comerciantes".
"El juez no tenía por qué ser hombre de leyes;
sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al
igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa
del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron
presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya
sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo
visitaba la «galera de la muerte», donde permanecían
los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió
la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para
el paredón y que por eso se daban tan fáciles las
cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara ordenó
que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera
presente. Asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo,
cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando.
Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo
de la Justicia. Lo llamábamos «el carnicero»
porque gozaba gritando «pelotón, atención, preparen,
apunten, fuego».
"Conversé varias veces con el Che para interceder por
determinadas personas. Recuerdo bien el caso de Ariel Lima, que
era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de
Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones.
Yo estaba muy traumatizado y a fines de mayo me sentía tan
mal que me ordenaron abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro
de cuyos límites se encontraba La Cabaña y donde yo
había celebrado misa en los últimos tres años.
Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedimos,
el Che Guevara me dijo: «Hemos fracasado los dos. Cuando nos
quitemos las caretas, seremos enemigos frente a frente»."
¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña?
Pedro Corzo calcula que alrededor de 200 personas, cifra similar
a la que da Armando Lago, un profesor de economía retirado
que compiló una lista de 179 nombres como parte de un estudio
de ocho años de duración sobre las ejecuciones en
Cuba. Vilasuso me dijo que fueron ejecutadas 400 personas entre
enero y fines de junio de 1959 (momento en el que el Che dejó
de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados
por la embajada estadounidense en La Habana al Departamento de Estado
en Washington hablaban de "más de 500".
Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos
de Guevara, un vasco católico simpatizante de la revolución,
el fallecido padre Iñaki de Aspiazu, habló de 700
víctimas. Félix Rodríguez, un agente de la
CIA que fue miembro del equipo que estuvo a cargo de la búsqueda
y persecución de Guevara en Bolivia, me dijo que, tras la
captura, interrogó a Guevara acerca de las "más
o menos 2000 ejecuciones" de las que había sido responsable
durante su vida. "Dijo que eran todos agentes de la CIA y no
cuestionó la cifra", recuerda Rodríguez.
El número más alto posiblemente incluye las ejecuciones
que se llevaron a cabo durante los meses posteriores al momento
en el que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Y eso nos lleva de vuelta a Carlos Santana y su muy chic remera
del Che. En una carta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo
de este año, el gran músico de jazz Paquito D´
Rivera criticó a Santana por su atuendo en la entrega de
los Oscar, y añadió: "Uno de esos cubanos fue
mi primo Bebo, preso allí por ser cristiano. El escuchaba
desde su celda los fusilamientos de muchos que morían gritando
«¡Viva Cristo Rey!»"
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*Alvaro Vargas
Llosa, periodista, escritor, ensayista, es el autor de "Liberty
for Latin America: How to Undo Five Hundred Years of Oppression
(Farrar, Straus and Giroux).
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