|
EL SISTEMA
CREADO POR JOMEINI
AFRONTA NUEVOS DESAFIOS INTERNOS
Por Amir Taheri
Colaboraciones nº 964
31 de Mayo de 2006
Infosearch:
Celso Sarduy Agüero
Jefe de Buró
Cono Sur/Sudamérica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Mayo 31, 2006
Hable con cualquier
"especialista en Irán" acerca de la oposición
al presidente del régimen y es probable que escuche que es
marginal, que existe sobretodo en el exilio y que comprende segmentos
de las clases medias, especialmente estudiantes, en Teherán
principalmente.
La conclusión, por tanto, es que el sistema encabezado hoy
por el Presidente Mahmoud Ahmadinejad está firmemente establecido
sin un desafío creíble que se avecine en el horizonte.
Sin embargo, esa imagen, bastante exacta durante gran parte de las
dos últimas décadas, podría estar a punto de
cambiar al afrontar nuevos desafíos el sistema creado por
el difunto ayatolá Jomeini.
Estos desafíos nuevos proceden de diversas fuentes.
La primera, y probablemente la más importante, es la clase
urbana trabajadora que acaba de empezar a poner a prueba su fuerza
política. La semana pasada mostraba su fuerza con la mayor
manifestación del 1 de Mayo nunca vista en Oriente Medio.
Gritando eslóganes anti-régimen y pidiendo específicamente
la dimisión del nuevo Ministro de Trabajo Alí Jahromi,
decenas de miles de manifestantes tuvieron cuidado en concentrarse
en exigencias relacionadas con el trabajo. Pero, hablando con periodistas,
reporteros extranjeros en especial, los participantes no hicieron
un secreto del hecho de que estaban descontentos con el sistema
jomeinista en bloque.
En un momento dado, Alí Rabi'ee, un consejero de trabajo
del ex Presidente Mohammed Jatami, se dirigió a una multitud
de trabajadores en términos políticos inconfundibles.
Acusó a la nueva administración del Presidente Mahmoud
Ahmadinejad de intentar destruir el movimiento de los trabajadores
en Irán.
Lo que fue destacable del desfile del 1 de Mayo de este año
fue que incluyó delegaciones de trabajadores de todas las
treinta provincias de Irán.
Esta fue también la primera vez que no estuvo presente ninguno
de los ministros del gabinete o de los miembros de la Asamblea Consultiva
Islámica. Las sillas reservadas para ellos permanecieron
vacías y fueron destrozadas eventualmente por grupos de manifestantes
furiosos.
Las autoridades estaban aparentemente lo bastante enfurecidas como
para arrestar a los líderes de cinco [movimientos de] trabajadores
poco después del desfile, entre ellos Ibrahim Madadi, vicepresidente
del Sindicato de Empleados del Transporte.
A pesar del hecho de que los sindicatos independientes son ilegales
en la República islámica, las organizaciones de trabajo
informales han florecido en muchas industrias y llevado a docenas
a acciones de huelga, afectando a muchas vertientes de la vida cotidiana
a lo largo del último año o así. Las más
dramáticas huelgas de lejos en los últimos meses han
tenido que ver principalmente con los profesores escolares y conductores
de autobús y camioneros en Teherán.
Los agravios de los trabajadores se pueden resumir en tres exigencias.
La primera es el levantamiento del embargo sobre los sindicatos
y el reconocimiento del derecho de los trabajadores a llevar a cabo
acciones industriales. Bajo un protocolo firmado entre la Organización
Internacional de Trabajo (ILO) y la República islámica
durante la presidencia de Jatami, se suponía que esto iba
a ocurrir en el 2004, pero no sucedió.
La segunda exigencia es la enmienda del Código de Trabajo,
implementado bajo los mulás, con el fin de restaurar las
cláusulas pro trabajador contenidas en la legislatura pre
revolución. El presente Código de Trabajo permite
que los patronos contraten y despidan a los trabajadores virtualmente
según les apetece. Más del 85% de todos los empleados
urbanos son contratados mediante contratos temporales, a menudo
de menos de 40 días. Muchos patronos piden al futuro empleado
que firme una carta de dimisión sin fechar antes de ocupar
el trabajo.
Estas prácticas, limitadas inicialmente al sector privado,
se han extendido en los últimos años también
al sector público. Como resultado, se estima que 12 millones
de trabajadores de una mano de obra de alrededor de 25 millones
carecen virtualmente de protección social alguna, seguridad
social, o plan de pensiones.
Los patronos, incluyendo los del masivo sector público, saben
que un paro extendido, estimado oficialmente alrededor del 10,6%,
significa que siempre pueden tener acceso a una fuente abundante
de mano de obra vulnerable y barata. Esto se debe especialmente
a que la tasa de paro de los trabajadores de edades entre los quince
y los veinticinco años se estima en más del 40%.
La tercera exigencia hecha por los trabajadores iraníes es
el desarrollo de un mecanismo de consulta y negociación entre
los trabajadores, la industria y el gobierno.
"Ninguna sociedad puede progresar sin diálogo",
afirma Hassán Dehqan, un líder sindical. "No
podemos permitir que autoridades y patronos decidan nuestros destino
sin ni siquiera consultarnos".
Aparte de estos tres "imperativos", los trabajadores también
quieren que se libere a aquellos de sus colegas enviados a prisión
y que se readmita a los despedidos fulminantemente por tomar parte
en acciones industriales. Nadie sabe cuántos empleados se
encuentran encarcelados. Pero diversas fuentes describen la cifra
en "muchos cientos". La cifra de trabajadores despedidos
fulminantemente como forma de castigo se dice que alcanza los miles.
Los trabajadores también exigen que el gobierno intervenga
para garantizar que se les paga a tiempo. Según Massoud Cheraghi,
empleado de una papelera, a algunos empleados no se les ha pagado
en veintiséis meses.
¿Puede suponer el creciente movimiento del trabajador una
amenaza política para Ahmadinejad?
Algunos observadores creen que podría ser. Al contrario de
los estudiantes, cuyas huelgas anti régimen carecen de impacto
sobre la economía, el trabajador, si se organiza, podría
hacer tambalear enormes porciones de la economía con acciones
industriales bien encaminadas.
Con el fin de prepararse para tal eventualidad, Ahmadinejad ha desarrollado
una política de palo y zanahoria.
La parte de la zanahoria consiste en un plan bajo el cual más
de 5 millones de trabajadores recibirán acciones de centenares
de empresas propiedad del estado. Llamado "Igualdad de Justicia",
se supone que las acciones producen unos ingresos extra para los
trabajadores. El problema, sin embargo, es que la mayor parte de
las compañías aludidas o están en la práctica
bancarrota u operan con pérdidas.
La parte del palo del plan de Ahmadinejad consiste en un ejército
privado fiable de antidisturbios reclutados y entrenados para tratar
con empleados que se manifiestan.
El Ministro de Trabajo Jahromi, sin embargo, cree que el único
sector de la economía que importa realmente es la industria
petrolera. Su teoría es que mientras el petróleo continúe
fluyendo, la República Islámica tendrá suficiente
dinero para importar lo que sea necesario y para mantener movilizado
su núcleo de apoyo mediante generosos subsidios y entregas
de efectivo.
Este es el motivo por el que Jahromi ha trazado un plan para incrementar
el número de empleados del petróleo hasta los miles,
a reclutarse de entre "aquellos comprometidos con nuestra revolución".
La idea es que, a lo largo del tiempo, la mayor parte de los empleados
del petróleo será gente con vínculos especiales
con el régimen.
Los críticos del plan, incluyendo a Rabi'ee, afirman que
es la receta para fomentar la tensión perpetua entre trabajadores
y antidisturbios disfrazados de empleados.
"Nuestros empleados tienen problemas reales", dice. "La
respuesta es solucionar sus problemas, no crear problemas nuevos
generando centenares de campos de batalla donde algunos iraníes
lucharán contra otros iraníes".
Amir Taheri
es periodista iraní formado en Teherán. Era el editor
jefe del principal diario de Iran, el Kayhán, hasta la llegada
de Jomeini en 1979. Después ha trabajado en Jeune Afrique,
el London Sunday Times, el Times, el Daily Telegraph, The Guardian,
Daily Mail, el International Herald Tribune, The Wall Street Journal,
The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday y el The Washington
Post, entre otros. Actualmente trabaja en el semanario alemán
Focus, ha publicado más de una veintena de libros traducidos
a 20 idiomas, es miembro de Benador Associates y dirige la revista
francesa Politique Internationale.
|