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PUNTUALIZACIONES
EN TORNO AL ALMIRANTE CERVERA
Por
Angel Luis Cervera Fantoni
*
Colaboración
España
La Nueva Cuba
Septiembre 21, 2005
Hace tiempo un buen amigo mío me comentó que había
leído en "LA NUEVA CUBA" dos artículos en
torno a la memoria de mi bisabuelo, el Almirante Pascual Cervera
Topete.
La verdad es
que al leerlos sentí pena por quienes los habían escrito
("Los crímenes del Alférez Pascual Cervera y
Topete", de
Joaquín Sueiro Bonachea, y "La conspiración del
Almirante", de Juan González Febles). He dejado pasar
un tiempo razonable para contestar con tranquilidad y seriedad a
las mentiras -que no errores- se vierten en los citados artículos,
enviando una rectificación completa al diario digital, y
para comprobar si en LA NUEVA CUBA se pone en práctica la
libertad de expresión, que tanto critica que no se da en
la isla
Soy bisnieto
de Pascual Cervera Topete y nieto de Ángel Cervera Jácome
(su hijo), Teniente de Navío, y que estaba adscrito como
ayudante del Estado Mayor en la escuadra del Almirante Cervera el
3 de julio de 1898.
La tercera generación
por línea directa -Manuel Cervera Cabello- también
Almirante de la Armada Española, nieto de D. Pascual, contó
con toda la documentación no sólo de aquélla
efemérides, sino de toda su vida política, militar
y personal y ahora en cuarta generación me presento ante
Uds. para facilitarles una información totalmente veraz y
contrastada. En la actualidad me encuentro realizando el Doctorado
en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca
(España). Mi tema consiste en el estudio en profundidad de
la historia social que rodeó a Pascual Cervera Topete y evidentemente,
admito que juego con ventaja porque no tengo que ir a Bibliotecas
y Archivos, ya que mi bisabuelo y abuelo prepararon una documentación
extensísima sobre sus actividades.
Mi padre, cuando
yo era niño, me llevaba a una habitación de nuestra
casa solariega de Puerto Real (Cádiz) y en un gran armario
que llamaba "La Goleta" me enseñaba multitud de
documentos de su abuelo y con una sensibilidad que rozaba la veneración
me hizo conocer, querer y sentir, poco a poco, parte de la historia
(triste) de la España del siglo XIX. Todo aquello que veía
en las manos de mi padre, hace 40 años, la tengo hoy delante
de mí, presta a ser empleada en mi tesis doctoral. Por tanto,
todo lo que les voy a comentar no son referencias bibliográficas,
sino reales, escritas con el puño y letra de Pascual Cervera
Topete.
Voy a comenzar
a referirme al primero de los artículos: "La conspiración
del Almirante" (por Juan González Febles). Se
refiere a cómo Pascual Cervera Topete llegó a la playa
tras el combate naval del 3 de julio de 1898 y fue hecho prisionero
por las partidas mambisas de José Candelario Cebreco.
"Sus captores
le ofrecieron lo poco que tenían: miel, aguardiente, ropa
seca, y además, respeto y buen trato. Quizás el Almirante
esperaba lo peor. No era para menos. En 1873, hacía 25 años,
cuando era un ambicioso alférez de navío, participó
en un episodio muy poco edificante. Cumpliendo órdenes criminales
se vio involucrado en el fusilamiento de los expedicionarios del
Virginius".
Es triste ver
cómo quien redacta estas frases desconoce por completo la
historia. En 1873 Cervera era Capitán de Fragata (no Alférez)
y estuvo a las órdenes del Jefe de Armamentos del Arsenal
de la Carraca (Cádiz). En su hoja de servicios de aquel año
se dice: "Durante este último periodo ocurrió
el conato de movimiento abortado en el Arsenal y por los servicios
extraordinarios que de él se derivaron le concedieron la
Cruz de 2ª clase del Mérito Naval con distintivo blanco".
(Los incidentes a que se refiere la hoja son el intento de golpe
de mano de las tripulaciones de las fragatas "Numancia"
y "Prosperidad" que Cervera con habilidad y temple solucionó,
estando siempre al lado del gobierno).
El 2 de junio
de ese mismo año es destinado a Filipinas, donde pasaría
hasta octubre de 1876. Cervera, por consiguiente, no se vio envuelto
jamás en ninguna acción en Cuba tal y como se comenta
en el artículo. Y es que la historia, sin pruebas, es sólo
mentira.
Seguimos leyendo:
"En aquella ocasión (se refiere al 3 de julio de 1898)
enfrentó a una moderna flota norteamericana de 24 navíos.
Lo hizo con siete buques de guerra que no estaban en su mejor forma.
Pasó a la historia como el perdedor de la batalla naval de
Santiago de Cuba. Después de esto lo retiraron del servicio.
Vivió de las memorias porque glorias no tuvo. Concluyó
así una carrera militar hecha en gran parte contra los cubanos.
La Providencia se encargó de pasarle la cuenta".
La Escuadra
de Operaciones de las Antillas, que es como se llamaba, contaba
con seis unidades (no siete) el día del combate naval de
Santiago. Incluso en el Consejo de Guerra que tuvo que soportar
a su vuelta del cautiverio en Annapolis (EE.UU.) el fiscal militar
llegó a declarar: "El general Cervera que tenía
la firme convicción de su derrota ya saliera de día
ya de noche, al punto de que tan solo sale obligado por ineludibles
y terminantes órdenes superiores, no podía, no debía
sacrificar inútilmente centenares de vidas y así pues
marcha al sacrificio en puesto de honor, pero procurando aminorar
en lo posible la magnitud de la catástrofe necesaria"
(30 de junio de 1899). Cervera fue absuelto por el Tribunal con
todos los pronunciamientos favorables y cuando publicó el
libro "Colección de documentos referentes a la Escuadra
de Operaciones de las Antillas" recibió la comprensión
y admiración de cubanos, norteamericanos y españoles
de bien.
Es interesante
consignar que Cervera, a pesar de haber combatido frente a los EE.UU.
durante la guerra, recibiera infinidad de testimonios de adhesión
cuando se comenzaron a difundir los pormenores de su comportamiento
y el de los marinos de su Escuadra. En los EE.UU., donde el almirante
seguía gozando de gran respeto y popularidad, el gobierno
norteamericano ordenó editar oficialmente una tirada de 15.000
ejemplares, que distribuyó por centros navales y militares
de la nación.
El 12 de julio
de 1898, cuando Cervera ya se encontraba prisionero en Annapolis
(EE.UU.) el "New-York Herald" escribe:
SOBRE CERVERA
"La figura
más heroica de esta guerra, en lo que respecta a los españoles
es, sin duda, el almirante Cervera. Es buen marino, valiente y caballeroso.
En esta nación no hay para él más que respeto
y compasión. Fue ofrecido en sacrificio, y con su derrota
ha conquistado a su patria más honra que todos los políticos
y generales que formaban parte del Gabinete español. El almirante
Cervera es hoy un prisionero nominal sobre el suelo americano.
Ninguna injuria
oficial habrá de recibir, sino, por el contrario, se le recibirá
como merece su rango y su mérito, y su permanencia será
tan agradable en esta comarca como pueda serlo de una persona que
está como él bajo una inmensa depresión de
espíritu. Nosotros hubiésemos deseado que el Gobierno
español hubiese estado dirigido por hombres de espíritu
tan elevado y de tan innata cortesía como el suyo, y no hubiese
llegado el caso de la guerra
"
Por su parte,
el que fuera Comandante del buque insignia de la Escuadra de Cervera,
Víctor Concas, escribiría en diciembre de 1900:
"Cervera
fue un soldado, dispuesto a dar consejo mientras pudo y a obedecer
cuando se le mandó. Pero ni sentó plaza de mártir,
ni de suicida para seguir la extraña pretensión de
que conociendo que iba al desastre lo mejor era despachar pronto.
Jamás estuvo dispuesto el Almirante, no ya al sacrificio
inútil, sino al servicio que entregaba a España a
merced del enemigo, y al hacerlo por orden de otra autoridad ha
borrado de su honrado nombre la triste nota de haber sido él
el que ha cerrado la historia colonial de España"
"Como soldados
no hicimos más que cumplir con nuestro deber, pero doliéndonos
como buenos patriotas que el sacrificio no sólo era estéril
sino completamente contrario a los intereses de España. Pero
el caso ocurrido a la escuadra española en Santiago puede
repetirse en más de una nación latina en que los políticos
se creen capaces de dirigirlo todo, y que apoyado por una opinión
pública completamente extraviada pone a los militares en
el terrible trance de desobedecer, o de llevar el país a
la ruina con la evidencia de que si Cervera hubiese vencido, se
hubiesen atribuido el vencimiento, y habiendo ocurrido lo contrario
cargan todo en la cuenta del noble almirante
" En
el segundo de los artículos, "Los crímenes del
Alférez Pascual Cervera y Topete (1839-1909)", de Joaquín
Sueiro Bonachea, existen errores y apreciaciones totalmente alejadas
de la realidad. Se dice, entre otras falsedades que
"el
busto de Cervera es obra del escultor Alberto Lescay" (se refiere
al busto que recientemente la familia Cervera ha donado al museo
militar del Castillo del Morro de Santiago de Cuba).
No se de dónde
se ha inventado semejante patraña. El busto que la familia
Cervera donó fue realizado por la escultora española
Paz Figares, y tengo la satisfacción de haberle proporcionado
numerosas fotografías del bisabuelo para que resultara lo
más real posible. Ella misma ha escrito: "el acto inaugural
fue para mí, no sólo emotivo, sino importante, por
el hecho de haber realizado un busto a un personaje tan admirable
como admirado, tanto por su estricto sentido del cumplimiento del
deber, como por su gran calidad humana".
Me duele leer
que un descendiente del general Ramón Leocadio Bonachea destile
tanto odio a Cervera, si de él no sabe absolutamente nada.
Sólo reproduce mentiras que ha leído, conecta el ventilador,
y ya está
Sobre Cuba
Nunca fue Cervera
enemigo de Cuba ni del pueblo cubano con el que se sentía
identificado. En buena parte de su correspondencia privada se expresan
opiniones sobre el futuro del país (Cuba) que podrían
parecer tendenciosas, pero que son más que un exponente del
realismo con que veía las cosas. Curiosamente en algunas
de estas opiniones coincide con las expuestas por el apóstol
del socialismo español, Pablo Iglesias, del que en otros
aspectos era totalmente antagónico.
Es interesante
que los lectores de LA NUEVA CUBA conozcan la verdad y algunos de
los pensamientos que Cervera tenía en torno a la cuestión
cubana.
"El error
principal -opinaba el almirante- estriba en negarse a reconocer
la independencia de Cuba, hay que reconocerla y pedir la inmediata
suspensión de hostilidades; cabe estipular los medios de
pacificar la isla, y entregarla al dominio y gobierno de los cubanos,
e impedir que otras fuerzas ajenas dirijan sus vidas".
Cervera se preguntaba
también si valía la pena una contienda que tantos
problemas causaría a España "por defender una
isla que fue nuestra y que ya no nos pertenece, porque aun cuando
no la perdiéramos de derecho con la guerra la tenemos perdida
de hecho y con ella toda nuestra riqueza y una enorme cifra de hombres
jóvenes, víctimas del clima y de las balas defendiendo
un ideal que ya sólo es romántico" (Carta de
Cervera al Ministro Bermejo, el 26 de febrero de 1898).
Sobre la guerra
Hay innumerables
citas y referencias de lo que opinaban sobre la guerra y sobre Cervera;
algunas de ellas sin ningún desperdicio, pero me gustaría
extraer algunas especialmente significativas.
" La primera
se refiere a algunos párrafos de la entrevista celebrada
con el Ministro Segismundo Moret y un redactor de Le Temps, tres
meses antes de que los Estados Unidos declarasen la guerra a España:
"¡La
guerra! No es posible que los Estados Unidos la deseen y, por nuestra
parte, bien sabe Dios que la aceptaríamos en último
extremo. ¡La cruz que soportamos es tan pesada! Hay que preverlo
todo; sin embargo, puede suceder que nos veamos compelidos a hacer
una locura, y si la hacemos, iremos hasta el fin. Somos un pueblo
especial, y los extranjeros apenas nos conocen, sobre todo los americanos
Sabemos
perfectamente que los Estados Unidos, que no tienen marina militar,
cuentan con muy pocos buque mercantes; ellos producen y los ingleses
transportan; pero sin embargo, podríamos hacerles un daño
mayor del que piensan. Una serie de ataques incesantes y aislados,
que bien pudieran durar diez, veinte años, porque nos costaría
menos caro que la campaña actual, había de entorpecer
su comercio. Quizás entonces la masa pensadora y seria de
la nación americana se apenaría de habernos empujado
a una resolución desesperada
" (17 de noviembre
de 1897).
" La segunda
se refiere a un juicio de Cervera (citado por el Capitán
de Navío norteamericano Mahan en un artículo publicado
a raíz de la guerra en el periódico inglés
The Times):
"Hace poco
más de un año (algo antes de estallar la guerra) visitamos
al general Cervera en La Carraca, arsenal de Cádiz, y le
dijimos: Parece que es usted el indicado por la opinión del
Cuerpo para mandar la escuadra, en caso de que se declarase la guerra.
En este caso -contestó- aceptaré, sabiendo, sin embargo,
que voy a un Trafalgar. Y ¿cómo se podría evitar
tamaño desastre? le dijimos. "Permitiéndome consumir
de antemano 50.000 toneladas de carbón y 10.000 proyectiles
en ejercicios. De otra manera, iremos a un Trafalgar; acuérdese
de lo que le digo".
Cervera, después
de regresar de su cautiverio en Annapolis, tuvo que pasar por el
doloroso trance de un Consejo de Guerra y, a pesar de que su causa
fuera sobreseída (tal y como comentaba anteriormente), no
le quedaba otro recurso que la de solicitar su pase a la reserva.
Sin embargo, cuando obtiene autorización real para la publicación
de su famosa colección de documentos en torno a la guerra
se produce un auténtico revulsivo en los medios de comunicación
y en la opinión pública.
Incluso en
los EE.UU., donde el almirante seguía gozando de gran respeto
y popularidad, el gobierno ordenó editar oficialmente una
tirada de 15.000 ejemplares, que distribuyó por centros navales
y militares de la nación.
De todas las
esferas sociales se produjeron reacciones y será un ilustre
aristócrata en desagravio a tantas ofensas pasadas quien
le escriba: "No se, mi general, cuando el hombre es más
digno de admiración, si cuando vence o cuando es vencido
más que por los extraños, por la impericia de sus
propios compatriotas. ¡Dios le dé la resignación
cristiana que haya menester, seguro que la patria ya ha hecho justicia
a su reconocido merito y valor!".
También
el diario La Época rompe una lanza a su favor: "Siempre
hemos defendido a los heroicos marinos de Santiago de Cuba de las
injustas acusaciones que con motivo de desgraciado combate del 3
de julio se les dirigió, sin tener en cuenta las desventajosísimas
condiciones en que tuvieron que aceptar el combate. Si en los primeros
momentos de la derrota nos encontramos solos para hacer la defensa
de los que con abnegación sublime expusieron sus vidas en
defensa de la patria, hoy son ya muchos los que van reconociendo
la injusticia con que han sido juzgados aquellos valerosos marinos".
Rehabilitado
y desagraviado, iba a coronar su carrera con nuevos destinos. Se
le nombra Jefe del Estado Mayor de la Armada, Capitán General
del Departamento Marítimo del Ferrol y Jefe de la Jurisdicción
Central de la Armada. Además, sería designado senador
vitalicio en 1903 por el Rey Alfonso XIII.
Pero su quebrada
salud le retira en Diciembre de 1907, falleciendo el 3 de abril
de 1909, rodeado de todo el calor familiar, y tras 56 años
de servicio efectivo en la Armada. En junio de 1916 sus restos mortales
emprenden una última singladura, esta vez rumbo al Panteón
de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz).
Podemos hablar
más alto, pero es difícil decirlo más claro.
La verdad debe resplandecer y si de algo se puede "acusar"
al Almirante Cervera es que fuera un visionario frente a la miopía
de los gobiernos de entonces y a la irresponsable actitud de la
prensa que manipuló la opinión pública a su
antojo conduciéndonos al precipicio...
Si quieren conocer
más acerca del trabajo que estoy llevando a cabo (con TVE
en Informe Semanal, en la expedición arqueológica
que busca los restos humanos de los marinos de la escuadra de Cervera
en las costas cubanas, etc.) me tienen a su disposición.
*
Angel Luis Cervera,
bisnieto del Almirante Pascual Cervera Topete y nieto de Teniente
de Navío Ángel Cervera Jácome (su hijo) y que
estaba adscrito como ayudante del Estado Mayor en la escuadra del
Almirante Cervera el 3 de julio de 1898. |