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¿CENSURA
EN ¨ENCUENTRO¨ ?
Han pasado
los años y no he dicho nada. Me he mantenido callada, en
principio por aquello de no darle "armas al enemigo",
como suelen repetir los oficiosos de Cuba. De este modo, he soportado
injurias y atropellos --y no estoy hablando de las que vienen del
gobierno de Cuba-- sino de un lugar tan cercano como el "exilio",
y en particular por parte de la Revista Encuentro y su subsidiaria,
Encuentro en la Red, que como todos saben se publica en España,
y pretende ser vocero oficial de "las dos orillas". No
hablo desde el resentimiento ni de la envidia, que lejos estoy de
querer estar donde no me sentiría nunca cómoda ni
querida. Pero como vine a este país en busca de la libertad
que me negaba el mío de orígen y durante casi tres
décadas he dedicado mi existencia y energías a promover
la cultura cubana en el exilio, creo necesario ahora, que se debate
en Cuba el tema de la censura y sus oprobios, decir por las claras
lo que a ojos vista es también resultado de lo mismo, pero
aquí.
Desde que Jesús
Díaz (que en paz descanse) inició en 1998 su revista
Encuentro, la cultura en el exilio tomó un rumbo distinto.
Muchos saludaron esperanzados lo que a todas luces era un proyecto
vital, y muchos pasaron por alto el pérfil político
de su director; su historial de militante comunista en activo; su
obra misma, plagada de lugares comunes y ataques al exilio, para
darse la mano con quien había logrado conseguir dólares
y apoyo de varios sitios y así permitirse el lujo de estar
en la lista de los privilegiados. Era un modo de rozar sus nombres
con las nuevas generaciones que desde la Isla, ansiosos de servir
a dos amos, veían con buenos ojos este aparente maridaje
de ideologías y sancochos.
( De izquierda a derecha: Heberto Padilla. Guillermo Rodriguez Rivera,
Anabel Rodríguez, directora de Encuentro en la Red, Jesús
Díaz; Madrid, principios de los años 90s )
Jesús
Díaz murió -- o hay quien dice que lo mataron--, pero
lo cierto es que antes de irse de este mundo se las ingenió
para continuar lo que en La Habana era ya práctica conocida,
la de vetar y eliminar a los que no eran de su bando. En Cuba, siempre
estuve en su lista negra, aunque nos conocíamos desde principios
de los sesenta. Y a su llegada al exilio, cuando se me invitó
a un Congreso en Suecia, decliné asistir porque no estaba
dispuesta a participar en nada donde estuviera él. Pero Heberto
Padilla, que sí fue, le dijo a Jesús las razones que
tuve para no hacer acto de presencia. Luego, cuando visitó
Miami, me envió un mensaje pidiéndome perdón.
Sin embargo,
en el invierno del 2000, a raíz de la muerte de Heberto,
la Revista Encuentro le dedicó un número "homenaje",
sin que por supuesto se me hubiera solicitado colaboración
alguna. En cambio, sí aparecieron siniestros personajillos
que ni fueron grandes amigos de Heberto, ni lo estimaban en lo personal.
Y para mi sorpresa, apareció allì una supuesta entrevista
a Heberto, donde ponían en boca suya insultos a mi persona,
y se daban datos y fechas equivocadas, que subrayaban aún
más la falsedad de la entrevista. Ni ése era Heberto,
ni por supuesto, era él capaz de hablar en esos términos
de mi persona y de nuestras relaciones. Para colmo de estulticia,
aparecía allí el artículo de una loca desenfrenada,
acusándome de haber yo robado el patrimonio (libros, papelería
y archivo) de Heberto Padilla, y que eran también parte de
toda una vida en común. Una revista que se respete y respete
las leyes sería incapaz de publicar algo así. Aquello
parecía no un homenaje a Heberto, sino un trabajo de descrédito
--(contra el y contra mí) organizado desde Cuba por la Seguridad
del Estado. Indignado, mi hijo Ernesto llamó a Jesús
Díaz a Madrid, y éste le respondió que yo podía
enviar una carta. Por supuesto, yo no mandé nada, porque
la carta hubiera sido impublicable.
Repito, han
pasado los años y me he mantenido callada. Hasta hace un
par de semanas, cuando harta de las manipulaciones de cierta gente,
escribí mi artículo "Guayabitos en la azotea"
y se lo envié a Encuentro en la Red, pues daba respuesta
a uno de Reina María Rodríguez aparecido allí.
Como era de esperar, ni se me acusó recibo, ni se publicó,
ni se me contestó un mensaje que más tarde les hice
llegar. Sin embargo, en este debate sobre la presencia de Luis Pavón
y los otros testaferros, no han faltado en Encuentro los discursos
de cuantos han abierto la boca en Cuba para dar su opinión
sobre el tema, sin que apenas se conozca la opinión de los
que aquí todavía tenemos voz y fuimos también
víctimas.
Encuentro y
sus directores no sirven a "las dos orillas", sino a una
piña muy acoplada que se cree con derecho a usar los dólares
de las instituciones norteamericanas, mientras a su vez ejercen
la censura y el "apartheid cultural"¨. Si no vives
en Cuba, si no respondes a sus intereses, no puedes publicar en
Encuentro. Los únicos enlaces que Encuentro en la Red tiene
son de instituciones oficiales de Cuba. Linden Lane Magazine no
existe para ellos, ni La Casa Azul, ni La Peregrina, ni los demás
esfuerzos del exilio. Y la web site que promueven es la de Nancy
Morejón, poetisa oficial, con alto cargo en La Casa de las
Américas.
¿Estoy
exagerando? En el nuevo libro de Rafael Rojas, uno de los directores
de Encuentro, Tumbas sin sosiego (Revolución, disidencia
y exilio del intelectual cubano) dedicado al análisis de
la cultura cubana dentro de la isla, y en el exilio, no aparece
mi nombre en sus 506 páginas, ni Linden Lane Magazine (con
venticinco años de existencia), ni ninguna referencia a mi
labor en este pedregoso exilio. ¿Cómo se puede hablar
del Caso Padilla sin mencionarme? ¿Dónde estaba él
entonces, que se permite escribir sobre la cultura cubana y borrar
mi nombre? No, ya estoy harta de los estos nuevos comisarios, llegados
al "exilio" para continuar su labor de zapa.
Sí, Encuentro
censura, discrimina, no le da cabida al quehacer de la cultura cubana
en el exilio. Duro es tener que alzar la voz cuando todos callan.
*
Belkis Cuza Malé, poeta, escritora y periodista, nació en Cuba, en
1942. Es la autora, entre otros, de El clavel y la rosa, una biografía
novelada de Juana Borrero (Madrid, 1984), y Woman On the Front Lines,
una selección bilingüe de sus poemas (North Carolina, 1986). Dirige
Linden Lane Magazine, un tabloide literario que fundó junto con el
poeta cubano Heberto Padilla (1932-2000), a los tres años de llegar
a Estados Unidos, en abril de 1979. Tras mudarse a Fort Worth, Texas,
fundó La Casa Azul, una institución cultural con galería de arte.
Recientemente la Colección Las Cuatro Estaciones de Término Editorial
publicó su libro de poemas Juego de damas. *
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