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CUBA:
EL CAMBIO QUE NO LLEGA
Por Bertrand
De la Grange
Especial para Infolatam
La Habana
Infosearch:
Fidel Nuñez
Analista
Jefe de Buró
Latinoamérica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Febrero 15, 2008
..."Los
más pesimistas piensan que Raúl Castro y su equipo
seguirán ganando tiempo gracias al petróleo venezolano
y a unas pocas reformas (...) Los optimistas, en cambio, confían
en que la propia dinámica de los cambios en la cúpula
llevará a una democratización paulatina de las instituciones.
Mientras, los cubanos siguen huyendo ilegalmente de la isla a un
ritmo que no se había visto desde la crisis de los balseros
de 1994, cuando 32.000 personas se echaron al mar para ir a Estados
Unidos".
¿Ha cambiado
realmente algo en Cuba desde que Fidel Castro entregara interinamente
la dirección del Estado a su hermano Raúl, hace ahora
18 meses? ¿Ha ocurrido algo significativo, más allá
de la presentación en la televisión nacional de la
película Fresa y Chocolate, la autorización
de montar una obra de teatro de Antón Arrufat o las declaraciones
del ministro de Cultura, Abel Prieto, a favor de la legalización
del matrimonio homosexual? Estas pequeñas incidencias, entre
muchas otras, han sido infladas por la prensa internacional, pero
el cubano de a pie no ha visto ningún cambio en su vida perra
y sigue privado de todas las libertades básicas, tanto políticas
como económicas.
La semana pasada
fue pletórica en supuestas señales de cambio. El cantautor
Silvio Rodríguez, de 61 años, se descolgó con
una declaración en contra de las restricciones que limitan
el derecho de los cubanos de viajar fuera de la isla y alojarse
en los hoteles nacionales reservados para los turistas. El artista,
que nunca tuvo problemas para recorrer el mundo, se sube ahora al
barco del cambio propiciado por el propio Raúl Castro, que
había señalado, en diciembre pasado, el exceso
de prohibiciones y medidas legales, que hacen más daño
que beneficio.
Simultáneamente,
empezó a circular en la isla un vídeo donde varios
estudiantes se quejan de las múltiples prohibiciones y piden
cambios de fondo. La filmación, organizada por la Universidad
de Ciencias Informáticas (UCI), no habría suscitado
tanto interés si no hubiera sido por la presencia en la reunión
de uno de los más altos dirigentes de la revolución,
Ricardo Alarcón, que sale muy mal parado por su incapacidad
de aportar respuestas coherentes a las preguntas del público.
Los estudiantes
de la UCI, creada en 2002 por Fidel Castro y mimada por él,
no son ningunos contrarrevolucionarios y tampoco son disidentes,
sino todo lo contrario. En sus peticiones para poder viajar al extranjero,
hablan de ir a Bolivia donde cayó el Che, para homenajearle.
Y cuando piden el derecho de entrar libremente en Internet, Google
o Yahoo, es porque quieren tener acceso al conocimiento universal
y mejorar así su contribución a la revolución.
Tenían también preguntas más políticas
sobre las listas únicas de diputados, impuestas desde arriba
para las elecciones legislativas del pasado 20 de enero, y sobre
el sistema aberrante de las dos monedas que circulan en Cuba, una
muy débil para pagar los salarios, y otra, inaccesible para
la mayoría de la población, para hacer las compras
de la canasta básica. Esas inquietudes, presentadas en tono
muy respetuoso por los estudiantes, recibieron respuestas evasivas
de Alarcón, que se escaqueó al declarar que él
era un perfecto ignorante en varios de los temas tratados
y que, además, no sabía todavía cuál
iba a ser la nueva línea desde arriba.
Este incidente
lleva a varias reflexiones. Revela, primero, que los propios dirigentes
de la revolución no saben muy bien qué hacer y están
a la defensiva. Segundo, los estudiantes revolucionarios, los únicos
que pueden expresarse, empiezan a desconfiar de sus líderes
y quieren cambios concretos para que Cuba salga del agujero. Y,
tercer punto, Raúl Castro podría haber dado una señal
de su intención de prescindir de algunos miembros de la cúpula,
empezando por Ricardo Alarcón, que preside la Asamblea Nacional
del Poder Popular (Parlamento) y pertenece al Buró Político
del Partido Comunista. Se sospecha que la difusión del vídeo
no se debe a una filtración incontrolada, sino a una orden
desde arriba, con el doble objetivo de presentar a la comunidad
internacional una prueba de la existencia de un debate democrático
y, de paso, quemar a Alarcón, cuyas cuyas intromisiones en
el proceso de transición molestan a Raúl Castro desde
hace tiempo.
Los cambios
no han empezado, pero se acercan las purgas, en previsión
de la designación, por la Asamblea Nacional, de los máximos
dirigentes del país, lo que ocurrirá el próximo
24 de febrero. Ese día se sabrá si Fidel Castro, de
81 años y en el poder desde 1959, quiere ser reelecto presidente
o si está dispuesto a dejar los puestos de dirección
a las nuevas generaciones. Cualquiera que sea su decisión,
habrá todavía mucho trabajo para los castrólogos,
que se dan a la tarea de interpretar los datos, declaraciones y
gestos más nimios de la cúpula política y de
los intelectuales orgánicos, como lo hicieron durante décadas
los kremlinólogos con la antigua URSS. Los más pesimistas
piensan que Raúl Castro y su equipo seguirán ganando
tiempo gracias al petróleo venezolano y a unas pocas reformas,
algunas cosméticas y, quizá, otras más concretas
en el sector agrícola para mejorar la alimentación.
Los optimistas, en cambio, confían en que la propia dinámica
de los cambios en la cúpula llevará a una democratización
paulatina de las instituciones. Mientras, los cubanos siguen huyendo
ilegalmente de la isla a un ritmo que no se había visto desde
la crisis de los balseros de 1994, cuando 32.000 personas se echaron
al mar para ir a Estados Unidos.
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