El presidente cubano, Fidel Castro, fue
investido hoy "doctor"honoris causa" por la Universidad iraní
Tarbiate-Modarres, en el tercer día de su visita a Irán, país al que
puso como ejemplo de la defensa de la soberanía nacional y la
lucha contra el imperialismo.
Castro recibió el título honorífico de "Doctor emérito en Leyes y
Ciencias Políticas" en reconocimiento a su dedicación de por vida
"a la lucha contra la injusticia y la discriminación".
Cientos de jóvenes estudiantes asistieron posteriormente a un
discurso de Castro en el aula magna de la Universidad de
Teherán, donde fue recibido con grandes aplausos.
Su discurso estuvo centrado en las críticas a Estados Unidos y
las grandes desigualdades sociales entre las naciones ricas y los
países en vías en desarrollo, que el presidente cubano demostró,
en su estilo acostumbrado, con una apabullante cascada de cifras
comparativas.
"Tantas calamidades aburren", dijo el presidente cubano tras
enumerar los datos sobre deuda exterior, renta per cápita,
mortalidad infantil, o desempleo en los países ricos y en los
pobres.
"El nivel educativo y la conciencia política alcanzada durante 30
años por el pueblo cubano son las armas que permitieron el
milagro de la resistencia de la revolución", añadió ante una
audiencia juvenil entregada a un Castro vibrante, vestido de traje
oscuro y corbata roja.
Vaticinó la supervivencia de la revolución cubana y advirtió"a los
que esperaban nuestra caída, que la sigan esperando hasta más
allá del año 3.000".
También elogió la revolución islámica, cuyos logros calificó de
"proezas, que Cuba también conoce, especialmente en la parte
educativa de su pueblo".
Sobre Estados Unidos señaló que "la desgracia" de su proximidad
geográfica a Cuba "también es una suerte, porque nos ha
entrenado en la larga lucha contra la mayor superpotencia, que
con todas sus armas y recursos no logra aplastarnos".
Desde su llegada a Irán, el lunes por la noche, el líder cubano ha
recibido el tratamiento oficial exclusivo, reservado a las visitas
más ilustres, y las declaraciones de los portavoces de Cuba e Irán
rebosan halagos mutuos.
Ambos países presumen de revolucionarios, y no es de extrañar
que el propio Castro declarase ante los periodistas que se sentía
en Irán como en su propia casa.
Aunque las ideologías de la revolución cubana y de la islámica
presentan grandes diferencias, Cuba e Irán se sienten unidas en
su enfrentamiento a Estados Unidos, enemigo común que
mantiene un embargo económico y comercial contra ambos
países, a los que ve como patrocinadores del terrorismo.
El año pasado Washington aflojó sus sanciones económicas y
permitió la exportación de medicinas y productos
estadounidenses, así como las importaciones de alfombras y
caviar iraní.
El presidente iraní, Mohamed Jatami, que recibió a Castro en el
palacio Saadabad de Teherán, alabó la contribución de Cuba en el
reforzamiento de la cooperación de sur a sur entre los países en
vías de desarrollo.
"La resistencia de la nación cubana a las presiones y embargos
son un ejemplo para las naciones en vías de desarrollo que
anhelan la independencia y el progreso", dijo Jatami en una
comparecencia conjunta con Castro ante la prensa.
Uno de los actos más emotivos de la visita del Presidente Castro
tuvo lugar ayer tarde, cuando depositó una ofrenda floral en el
mausoleo del padre de la revolución iraní, el Imán (Ayatola Rujolá)
Jomeini, a las afueras de la ciudad de Quom, a unos 120
kilómetros al sur de Teherán.
Así lo reconoció hoy el propio líder cubano que confesó haberse
sentido impresionado cuando visitó la tumba del líder
revolucionario islámico, enemigo número uno de Estados Unidos
hasta su fallecimiento, hace 12 años.
Ante su audiencia universitaria, nacida en su mayoría después del
triunfo de la revolución islámica de 1979, Castro pidió"gloria eterna
a Jomeini, que puso sus ideas en un pueblo de inteligencia lúcida
y corazón fértil". EFE