Lo primero, no temerle a la enfermedad porque según las estadísticas --ya Borges había hablado de esa reincidencia democrática-- es más probable sacarse la lotería en la Florida que contagiarse con el ántrax.
Jugar mucho con los nietos y nunca regañarlos. Que lo hagan sus padres cuando se los lleven.
Si eres un cinefan, no alquilar videos; manejar hasta el cine y hacer la entretenida cola. A esa edad hay tiempo para cosas que antes no soportábamos. Para eso está la paciencia adquirida.
Leer mucho y no dejar que te manoseen la vista y los molares, esa gente que se anuncia por la TV.
Cualquier respuesta a una pregunta lacerante la encontrarás en el refranero español y en los escritores del Siglo de Oro. Sobre todo “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca cuando decía: “¿Qué es la vida?"
una ilusión. Un ardor, un frenesí; el todo bien es pequeño. Porque la vida es un sueño, y los sueños sueños son...”.
No hacerle caso a los “pastilleros” milagrosos, que dicen que ayudan a Occidente cuando venden en rebaja sus pócimas. No hay píldora de ésas que cuestan centavos su manufactura que se puedan comparar con una vida activa.
No escuches a los medios hispanos comentar la crisis porque, con contadas excepciones, no hacen otra cosa que disparatar, sumiendo a todo el mundo en una escalada depresiva.
Ver y oir un solo noticiero televisado. Lo demás dicen lo mismo --se copian. Escucha cosas graciosas y ríete a mandíbula batiente con cualquier provocación.
Cuando no tengas en el programa una salida, léete a Valle-Inclán, en sus cuatro sonatas; son deleitantes y tal parecen escritas para la posmodernidad.
No hablar de artritis y otras secuencias seniles, y hacerle “clic” a la Dra. “que está en todas partes”y sus homólogas, cuando empiezan a despotricar (Junto con los cicloneros, frustrados esta temporada) de enfermedades terminales.
Entre paréntesis, esta doctora fue muy amena la vez en que no anunció males incurables y sí hizo un comentario acerca de las dimensiones normales del pene masculino.
Con estas reglas y otras de tu propia imaginación, sobrellevarás la existencia en este país, en el que se pasan la vida metiéndole miedo a uno.
Y se me olvidaba lo más importante:
Ubicarse en la edad. Que no hay nada más patético que un viejo pretendiendo hacerse el sueco con el calendario. Además de que ese esfuerzo continuado acelera el deterioro.