Las revoluciones tienen su propio lenguaje. La mayoría de las veces generado por el terror. Al principio del suicidio colectivo cubano, proliferaron algunas frases que sentaron cátedra en el argot popular.
Se decía “lo siquitrillaron” cuando alguien era separado de sus bienes. La frase perdió vigencia cuando siquitrillaron a la Nación entera.
“Seguro que algo ha hecho”, comentario adjunto que aparecía cuando se llevaban preso a alguien del barrio o del pueblo y nadie sabía por qué.
Cuando comentabas con otro lo que a tu juicio era una injusticia justificante de una expropiación subsiguiente; ese otro te decía “A tí no te han tocado todavía”.
Hay más, pero estos tres ejemplos me vienen a la mente como un aperitivo para una frase que se hizo célebre en mi pueblo y que les cuento a continuación.
Había un laboratorista que trabajaba con un médico y que era, lo que se decía entonces, un buen muchacho: generoso, discreto, humano, afable, cordial y servicial, hasta la pared de enfrente. Pero este hombre tan noble dio un giro de 180 grados al advenimiento de la revolución. Lo nombraron alcalde y era un peligro letal para cualquiera que no estuviera de acuerdo con el poder emergente.
Este fenómeno se repitió un millón de veces en la Isla por lo que no es el motivo de la historia. Dio la casualidad que era su mujer, alma en pena deambulatoria por el pueblo, fingiendo un embarazo que la llevó a extremos de ponerse una almohadita debajo del vestido para aparecer con barriga, la autora del famoso decir que se hizo historia.
La pobre chiflada posrevolucionaria tuvo una función altruista durante aquel proceso en el que fusilaban a cualquiera, hasta por equivocación: fue motivo de hilaridad cuando todo el mundo se había vuelto serio.
La esposa estéril del opaco laboratorista devenido en Robespierre se encontró en algún lugar del pueblo con Evangelina (este es el nombre verdadero de la señora) que había sido siquitrillada concienzudamente por el moloch comunista, y después de las palabras rituales de dos damas tan distintas; la que no podía tener hijos le dijo a la despojada: “Evangelina que lindo es el comunismo”...
Hay distintas versiones de la reacción de Evangelina, escoja querido lector, la que le dicte su imaginación.