Hay que aguantar tanto desde que nos levantamos, que ya hemos dado por estéril, disentir. Pero hay veces que se rebosa la copa y aquí expongo algunos temas conducentes a ese estado de fatiga que nos lleva el diario devenir.
El libro de Hillary Rodham Clinton es un caso: decir la señora que tuvo deseos de ahorcar a su esposo cuando supo lo de Mónica, no se lo cree ni un retardado porque Clinton desde niño anduvo detrás de todo lo que tuviera faldas, menos los curas.
Sammy Sosa, que dicen lo acusan por negro y por latino; y no es verdad. Lo cogieron con las manos en la masa y el bate, que se le había acabado de romper, era el testigo mudo de que quiso hacer trampa. Le impusieron el castigo que le han dado a otros y a "otra cosa mariposa".
Todas esas apelaciones tardías no son más que hojarasca para enturbiar el paisaje. Metió "el delicado" y debe pagar por ello.
Pero lo más insoportable, lo peor, ha sido lo de los argentinos con el viejo déspota, en estado de descomposición.
Ese Presidente, de dudosa legitimidad y rostro de ave de presa, le puso la tapa al pomo. Queriendo molestar a los americanos que no le hacen caso y se niegan a que el FMI siga tirando millones en el pozo sin fondo de la Argentina, que ya debe la faraónica cantidad de 6 mil millones de dólares.
Quisieron congraciar a la turba de la extrema izquierda con el cadavérico personaje que es el representante que queda de la misma, y que habían utilizado Duhalde y el Justicialismo, para derribar a De LaRúa. Aquello fue un éxito que, se puede repetir si como todo hace presentir, Kirchner, fracasa en su gestión para la que fue votado por un escaso 20% del electorado.
Que se puede esperar de una nación que idolatró a Perón, hizo santa a Evita, Presidenta a Isabelita, que bailaba en el Cabaret del cubano Parra en Colón, Panamá, e ídolo de multitudes al "Pelusa" Maradona, con el pelo teñido de rubio y pasado de drogadicto. Este extraño y díscolo personaje, es el modelo a seguir por la juventud argentina.
Con esos antecedentes todo es posible, hasta que le den la medalla de Buenos Aires a un viejo asesino que lleva más tiempo torturando a su pueblo que Torquemada al suyo; y todo porque hay que contradecir a los americanos que no abren la bolsa para que la “Manga de Ladrones”, como la llamó Batlle, se siga llenando los bolsillos dejando bien establecido el título de los mayores ladrones de América Latina, ¡algo que no es fácil, si vamos a ver...!