Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 


EL BALLET EN CUBA,
PASADO Y PRESENTE,
Y LA FUGA CONSTANTE
DE LOS BAILARINES CUBANOS


LOPETEGUI - EL GUAJIRITO







Por Célida P. Villalón
Artículo investigativo
Oakland Gardens
New York

E.U.
Colaboración

La Nueva Cuba

Abril 2, 2008



 

Cuba ha sido mayormente llamada tierra de "maracas, ron y sol". Últimamente, sin embargo, además de ser reconocida como Isla regida por una larga dictadura (de cerca de 50 años), la danza de escuela ocupa un importante espacio de cualquier conversación, cuando se invoca el nombre de la isla caribeña. No podemos resistir la tentación de hacer un poco de historia.

Poco se sabe de los primeros habitantes aborígenes de Cuba, llamados "taínos". De su música y de sus bailes no quedaron rastros; sólo sugerencias en melodías posteriores de algunos compositores de relevancia. Referencias específicas a bailes refinados, como la contra- danza, y a profesores que enseñaban el baile "serio", surgen en el Siglo XIII. Hay menciones de haberse presentado en La Habana en 1816, el ballet completo "La Fille Mal Gardée", con coreografía original de Jean Dauberval, y música de Hertel, y "Giselle", obra romántica por excelencia, vista en Cuba ocho años después de su estreno en París.

En 1841, la bailarina romántica Fanny Ellsler arrebataría a los criollos desde la escena del teatro Tacón (luego reconstruido y llamado Nacional, después de la constitución de la república en 1902, hoy conocido como García Lorca). La Ellsler regresó a Cuba en 1842, y volvió a dominar el ambiente artístico cuando interpretó el "zapateo criollo", que había aprendido de un "guajiro" (nombre dado al típico habitante de la campiña cubana).

Posteriormente, distintos artistas, de mayor o menor envergadura, continuaron visitando la Isla, principalmente La Habana. Entre éstos, el nombre de Anna Pavlova apareció en las carteleras capitalinas en tres distintas ocasiones: 1914, 1917 y 1918, acompañada de su conjunto.

Transcurriría un hiato largo, hasta que la danza clásica (o académica, como quieran llamarla), vuelve a tener repercusión en Cuba, Esto sucede cuando la benemérita Sociedad Pro-Arte Musical (fundada en diciembre de 1918, por María Teresa García Montes de Giberga, distinguida dama cubana, con una junta directiva formada totalmente por mujeres) inaugura su 1931 una Escuela de Ballet, primera de reconocida importancia en la isla.

La fundación de Pro-Arte, como se llamaba a la institución dentro y fuera de Cuba, daría continuidad a la vida artística de la capital. Desde el escenario del Auditórium (hoy conocido como teatro Amadeo Roldán), que la entidad construiría en el barrio de El Vedado - Calzada y D-- , en 1928, el público cubano tendría oportunidad de ver y oir a grandes concertistas, conjuntos orquestales y grupos de danza, así como corales. Nombrarlos a todos aquí haría este recuento demasiado extenso, pero unos pocos nombres darán al lector la idea de la importancia de las temporadas: Rachmaninoff, Prokofieff, Horowitz, Rubintein, Stern, Milstein, Tebaldi, Victoria de los Ángeles, Ballet Russe de Montecarlo, etc. etc. etc..

Con el inicio de su Escuela de Ballet, Pro-Arte no solo estaba introduciendo un arte relativamente nuevo para la cultura insular, sino que abría las puertas a una cantera inagotable de talentos nativos, además de promover la afición en la Isla por el ballet clásico.

El maestro ruso Nicolai Yavorsky, que había llegado a Cuba el año anterior como miembro de la Ópera Privé de París - presentada por Pro-Arte en su serie de conciertos--, se puso al frente de la escuela. La primera función de alumnos tuvo lugar en diciembre de ese mismo año 1931, con varios bailables con coreografía de Yavorsky. En uno de ellos, el gran Vals de "La Bella Durmiente", de Tchaikowsky, haría su primera aparición ante el público la pequeña Alicia Martínez del Hoyo (hoy conocida mundialmente como Alicia Alonso), de escasos 11 años de edad. Al año siguiente, Yavorsky escenificaría completo, en tres actos y un prologo, el conocido cuento infantil de la princesa dormida.

En 1933, aparecería entre el alumnado, totalmente femenino hasta entonces, el primer estudiante varón: Alberto Alonso Rayneri (1917-2007), Dos años después, Alberto (a quien llamaremos por su primer nombre, para evitar confusiones con los otros dos Alonso, que incluyen su hermano mayor Fernando (1914), sería invitado por el Cor. Vassily de Basil, director del Ballet Russe de Montecarlo, a unirse a la compañía en Europa, en un período de varios meses de prueba. Alberto permaneció con ese conjunto durante 6 años, como bailarín de carácter.

En 1936, Fernando, que animado por los triunfos de su hermano, había iniciado sus prácticas de ballet, tomó parte en la función de la Escuela junto a Alicia. En 1937, Fernando cambia el rumbo de sus intereses, y parte a Estados Unidos. Poco después Alicia se le une en Nueva York, y contraen matrimonio (de ahí el cambio de su apellido). Ese sería el comienzo de la carrera estelar de ambos, primero estudiando en la Escuela de Ballet Americana, y luego uniéndose a distintas compañías profesionales hasta llegar al Ballet Theatre (American Ballet Theatre o ABT en la actualidad), con el cual permanecerían por varios años.

Yavorsky terminó sus labores al frente de la Escuela de Pro-Arte en 1938, siendo sustituido por el maestro búlgaro, Georges Milenoff. Bajo la dirigencia de este último, la Escuela, en 1940, intentaría un ballet "cubano", titulado "Dioné", que fue considerado como tal por tener música (Eduardo Sánchez de Fuentes) , escenografía y vestuario (Fico Villalba), así como intérpretes del patio -- con Alicia y Fernando en los roles principales --, junto a los alumnos de la Escuela de Ballet.

Al año siguiente, Milenoff cesó como director de la Escuela, siendo sustituído por Alberto Alonso, que por motivos de la segunda guerra mundial, había regresado de Europa en compañía de su flamante esposa, la canadiense, Patricia Denise Meyers, conocida en el ambiente del Ballet Russe, como Alexandra Denisova. También por esa época habían regresado a Cuba con carácter de permanencia, Fernando y Alicia, debido a los trastornos de desprendimiento de retina que Alicia había comenzado a padecer en los ojos.

La intensa labor de Alberto y Pat (como la llamaban sus amigos y alumnos) al frente de la escuela, pudiera decirse que dio lugar al comienzo de la "era de oro" de la danza en Cuba (según dijera José M. Valdés Rodríguez, en sus columnas del periódico El Mundo).

Desde el palco escénico del Auditórium, el público cubano pudo conocer y disfrutar de las coreografías más destacadas de figuras míticas de la danza, como Fokine, Massine, Lifar, George Balanchine, etc. Varios magníficos bailarines internacionales de aquellos tiempos, se daban también cita en la capital cubana, para compartir la escena con los alumnos adelantados. Entre la primera cosecha de bailarines nativos importantes, hay que recordar a Luis Trápaga, Elena del Cueto, Aníbal G. Navarro, Dulce Wohner (Anaya), Enrique Martínez, Lydia Díaz Cruz, Leonela González, etc., quienes compartían el estrellato con los magníficos bailarines internacionales contratados.

No obstante, la labor más importante de la Escuela hasta 1958. podría ser considerada en dos vertientes: la primera era formar una generación de bailarines que había comenzado con los tres Alonso, y continuado con los alumnos mencionados anteriormente; la segunda era acumular un repertorio impresionante de obras conocidas universalmente, junto a otras inéditas de Alberto Alonso. Entre estas últimas - "Concerto" de Bach, y "Orfeo" de Glück, las más importantes de las neo-clásicas - aparecerían otras creadas dentro de un nuevo componente autóctono, logrado a través del sincretismo de la danza de escuela, y el folclore afrocubano. La primera de esta categoría, "Antes del Alba", con música de Hilario González Iñiguez, y diseños de escenografía y vestuario de Carlos Enríquez, que data de 1947, no tuvo éxito. El libreto, original del español Francisco Martínez Allende, que hacía hincapié en las injusticias sociales, daría al traste con las buenas intenciones de la coreografía.

Alicia y Fernando Alonso regresaron al seno del BT en 1943, año en que Alicia consiguió su primer gran triunfo interpretativo en el ballet "Giselle", considerado hasta el presente como su obra máxima. En 1948, una crisis transitoria del BT, dejó a los dos Alonso sin contrato. Regresando a Cuba con otros bailarines que estaban en la misma situación que ellos, surgiría la idea de ofrecer una función de ballet para los miembros de Pro-Arte que titularon "Estrellas de Ballet", y pudiera decirse fue la precursora del Ballet Alicia Alonso (BAA).

El BAA llevaba a Fernando como director artístico; Alberto regiría como coreógrafo residente, y Alicia sería su estrella indiscutible. La primera función tuvo lugar en octubre de ese año, en el Auditórium. Dos años más tarde, en septiembre de 1950, Fernando establecería la Escuela del Ballet Alicia Alonso, precursora de la hoy llamada Escuela Cubana de Ballet. En 1955 el BAA cambiaría su nombre por Ballet de Cuba, y desde enero de 1959, ostenta el nombre de Ballet Nacional.

BAA contó desde el principio con la ayuda de Pro-Arte. Vestuarios, decorados, partituras musicales y salón de ensayos fueron puestos a la disposición de la compañía, sin ningunas restricciones. No obstante, en 1949, cuando el conjunto partió en su primera gira por Centro y Sur América, se suscribió un contrato entre P-A y el BAA, por medio del cual quedaba estipulado que la compañía pagaría a P-A $300.00 mensuales de alquiler, por el uso de sus pertenencias mientras estuviera en territorio extranjero.

La gira obtuvo grandes éxitos artísticos, pero no fue así económicamente, y por consecuencia, el BAA no pudo abonar ni un centavo a P-A según el contrato. Para saldar la deuda, P-A sugirió dos funciones gratis del BAA, para los socios de la entidad. Sobra decir que las relaciones entre ambas instituciones nunca más volvieron a ser cordiales.

El BAA continuó ofreciendo funciones en Cuba, y después de muchos intentos, consiguió una subvención oficial del gobierno de Carlos Prío Socarrás que duraría hasta 1956, bajo el último período gubernamental de Fulgencio Batista. Por esa época la subvención ascendía a $43,000 anuales.

En febrero de 1955, la compañía, con Alicia a la cabeza, presentaría un "Lago de Cisnes" completo, en la escena del Auditórium, en honor de las misiones extranjeras que habían venido a Cuba para festejar la toma de posesión del gobierno de Batista. PROGRAMA DEL BALLET

En agosto de 1956, Guillermo de Zéndegui, Director de Cultura del Ministerio de Educación, retiró la subvención al BAA, Contando solo con los fondos devengados de las funciones (muchas de ellas sin la presencia de su máxima estrella que cumplía contratos en el extranjero), la compañía cesó de funcionar, y existiría solamente a través de su Escuela.

Alberto, que muy pronto se había separado del BAA, fundó por su cuenta, en 1950, un pequeño grupo llamado Ballet Nacional, para estimular no solo a bailarines, sino a artistas del pincel y a compositores cubanos, a crear obras sobre temas nacionales. Este esfuerzo solo duraría dos años. Sin embargo, su labor en la Escuela de Pro-Arte prosiguió exitosamente, mientras perseveraba en su empeño de crear bailes sobre la idiosincrasia del cubano, mezclando la danza de escuela con ritmos populares folclóricos. La llegada de la TV a Cuba, abrió nueva fuente de trabajo para la farándula cubana, y tanto la pantalla chica, como las salas capitalinas de renombre, sirvieron para Alberto, en la década de los años 50, como talleres de prueba para lograr este propósito.

Entre sus producciones más famosas para la tele, pueden citarse "Rapsodia Negra", de Lecuona; "El Güije", y "Quimbisa", con música de Orlando Llerena, y "Maleficio", con música de Adolfo Guzmán, que hicieron de su segunda esposa, Elena del Cueto, una figura estelar. Otras viñetas populares, como "La Engañadora", primer cha-cha-cha-chá de Jorrín lanzado al mercado, lograría la fama para Sonia Calero, su intérprete, y tercera esposa del coreógrafo.

Pro-Arte, pilar del más alto exponente de la cultura universal, continuó su marcha triunfal hasta 1959, cuando el recién establecido régimen totalitario de Cuba, comenzó a llevar a cabo la destrucción sistemática de las instituciones que representaban gustos elevados.

Como primer golpe, el Banco Nacional, por disposición de su presidente, Ernesto "Ché" Guevara, negó a la organización el acceso a los dólares necesarios para abonar los honorarios de los artistas extranjeros bajo contrato. Seguidamente, el 31 de diciembre de 1960, el teatro Auditórium -llamado desde marzo de 1961, teatro Amadeo Roldán - ), y la casona colonial adjunta que albergaba las oficinas y la escuela de baile de la institución, fueron intervenidas por fuerzas de la milicia, y entregados a la Orquesta Sinfónica y a la directora del Ballet Nacional, respectivamente.

Gracias a la gentileza de la Sociedad Infantil de Bellas Artes (SIBA), Pro-Arte pudo subsistir trasladando el personal de la oficina, y la escuela de ballet, al local de esa organización, también situada en el Vedado. Las clases continuaron funcionando con las profesoras del Cueto, Finita Suárez Moré e Hilda Canosa - todas residiendo actualmente en el exilio --. A la misma vez, la directiva, con Dulce Ma. Blanco de Cárdenas a la cabeza, tratando mantener viva la chispa del buen arte en Cuba, concertaba actos culturales para sus asociados (reducidos de cinco mil, a quinientos, en 1961), en pequeñas salas teatrales de la capital, con artistas locales.

El último recital de ballet de la escuela tuvo lugar en la Sala Hubert de Blanck, el 5 de julio de 1961 - la falta de fondos lo haría imposible en el futuro --, y el último concierto, un programa de música cubana con la Coral de Alfredo Levy, se celebró el 23 de septiembre de l967, en el Lyceum y Lawn Tennis Club. Días después, Pro-Arte fue disuelto por decreto presidencial. Como triste acápite, en 1977, el antiguo teatro Auditórium fue destruido por un incendio, y después de muchos años de reconstrucción, abrió de nuevo sus puertas en 1999, con solo 800 asientos (donde antes sentaban 2,500).

Con el triunfo del castrismo, los cofres del tesoro nacional se abrieron de par en par para revivir el Ballet de Cuba, que cambió su nombre por Ballet Nacional de Cuba (BNdeC). El régimen no tardó en comprender la importancia que para el prestigio nacional podría significar en el extranjero el nombre de Alicia Alonso, de reconocimiento mundial, como representante de una compañía cubana, en un arte tan refinado como el ballet.

Y para la estrella (o "assoluta", como ahora es llamada), podría representar, por otra parte, gran poderío, y la posibilidad de perpetuarse en los escenarios o en la dirección de la compañía, hasta bien pasada la edad de la jubilación. A partir de 1959, la Academia de Ballet Alicia Alonso es llamada Escuela Cubana de Ballet.

Instalada en un principio en los terrenos del campo de golf del antiguo Country Club, con el nombre de Cubanacán, pocos años después, por el deterioro del edificio, las clases tuvieron que continuar en otros locales, entre estos, el antiguo estudio de la escuela de Pro-Arte, donde además, se construyó un nuevo salón de clases en la parte alta del inmueble. Hoy, bajo la dirección de la profesora Ramona de Sáa --quien desde la década del 50 ha sido alumna de Fernando Alonso y fue miembro del Ballet por largo tiempo - la Escuela está situada en un edificio recientemente reconstruido cerca del antiguo Paseo del Prado, donde la danza florece, y da esperanza de una vida mejor, al enorme alumnado que en ella estudia, al que guia una plantilla muy amplia de maestros/as.

A pesar de los éxitos que la danza clásica en Cuba reclama para sí desde 1959, la escuela cubana de ballet - una mezcla de la técnica norteamericana y soviética, con algún vestigio de la italiana --, no ha producido ningún coreógrafo de reconocimiento mundial, a excepción de Alberto Méndez, ya jubilado. Merece la pena mencionar aquí que ninguno de sus trabajos aparece en el presente en el repertorio del BNdeC.

El afán por aprender danza clásica en Cuba no es de extrañar, ya que pertenecer a ese ambiente artístico, no es solo motivo de ilusión para quien lo practica, sino que significa una vida más atractiva que la de los otros ciudadanos de la infeliz isla caribeña. Por sobre todo, significa el boleto para evadir la triste y miserable situación que impera en el país.

La simbiosis del matrimonio Alonso y el castrismo quedó consolidada al crearse, con la anuencia de ambos. el primer comité Pro-Defensa de la Revolución, en el local de la Escuela Provincial de Ballet, el 14 de mayo de 1960 (Órbita del Ballet Nacional de Cuba/1948-1978, Miguel Cabrera, Editorial Orbe, Ciudad de La Habana, 1978). Esto representa una contradicción a las declaraciones hechas por la Alonso, cuando de paso por Caracas, Venezuela, durante los días finales de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, afirmó a la prensa, "Para mí Batista, Grau, Prio Socarrás y Castro significan igual cosa…." (El Nacional, Maiquetía, 30 de octubre de 1958).

En 1974, los Alonso se divorciaron y por resultado, Fernando fue marginado y enviado a dirigir la compañía local de Camagüey. Por su parte, la colaboración de Alicia con el régimen marxista-leninista de Cuba continuuó dando frutos hasta el presente. Ya sea como bailarina, como directora del BNdeC, o como coreógrafa, el férreo control del ballet en la isla, desde ese año de 1974 está en sus manos. Actualmente gravita entre Cuba y España, donde ha establecido un Instituto Superior de Danza en Madrid, que lleva su nombre y organiza cursos adscritos a la Universidad Rey Juan Carlos I. Últimamente también ostenta el título de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.

El BNdeC se presenta asiduamente en el dilapidado Teatro García Lorca (del cual los bailarines se quejan por los huecos que aparecen en el piso del escenario), del antiguo Centro Gallego (hoy Gran Teatro de La Habana). Además, la compañía organiza festivales de ballet cada dos años, y con frecuencia lleva a cabo giras por el extranjero, que terminan con la desaparición de los bailarines que se arriesgan a escapar, solicitando un asilo político que les permita continuar sus carreras libremente. Sin embargo, el exilio no es el camino que todos los bailarines escogen para vivir fuera del país. Hay otros que salen con la bendición de la Alonso, y pasan varios meses en el extranjero, hasta que una vez desaparezcan del "radar" administrativo, quedan permanentemente fuera de Cuba. A estos últimos la suspicacia de sus coterráneos los identifica como "los quedados", o "bailando con el enemigo"..

¿Qué motiva la continua fuga de bailarines cubanos? No todos explican los motivos, aunque es fácil deducir que la represión artística existente. y los bajos salarios que devengan sean las mayores. Hasta el presente, hay alrededor de cuarenta bailarines que han solicitado y obtenido asilo político, comenzando con los diez primeros desertores en 1966, que se asilaron en París, creando la primera crisis política de la dictadura cubana. El número de los "quedados", por otra parte, pasa de treinta y cinco. Sin embargo, entre ese grupo, hay unos más privilegiados que otros, estos últimos pueden visitar Cuba cuantas veces lo deseen, si como explica un artículo (que traducimos): "….deben pagar el 10% de impuesto sobre sus ganancias al BNdeC, para mantenerse a bien con la compañía. Mientras cumplan con esta regla, los bailarines pueden ir y venir de Cuba como les plazca" (Dance Magazíne , Letters from Havana, Neil Okrent, abril de 1998).

La dinastía Alonso perdió su primer miembro recientemente: Alberto Alonso falleció inesperadamente el pasado 31 de diciembre en Gainesville, donde residía desde obtener asilo político en EE.UU. en 1993, y donde trabajaba como maitre y coreógrafo en Santa Fe Community Collage. Fernando Alonso vive retirado en Cuba, aunque se aviene a prestar servicios cada vez que son solicitados. Alicia Alonso continúa rigiendo con mano de hierro la compañía nacional, mientras a la misma vez procura que su nombre siempre sea noticia en cualquier parte del mundo, y aparezca prominentemente en los programas que la compañía presenta, lo que no sucede ni con los que montan las obras, ni con los bailarines que actúan en ellas.

Deseamos de todo corazón que al finalizar una era, porque todo en la vida termina un día, la antorcha del ballet en Cuba sea llevada adelante por una nueva generación de bailarines, ajenos a la política, y por lo tanto, libres para seguir sus carreras igual en su patria que en el extranjero, como lo están haciendo desde 1991 sus contrafiguras del antiguo bloque soviético.


 



 

 

 

 

 

 

 


 

 


 

 


 

 

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