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EL
PROYECTO VARELA
"Pero
no estamos aquí para censurar
a nuestros hermanos en desdicha,
porque el valor que necesitan...
para soportar es más
que el para esquivarla necesitamos nosotros;
no estamos aquí para suponer en ellos,
con necia arrogancia, la falta de virtudes
que sean nuestro patrimonio exclusivo..."
José Martí
Editorial
La Nueva Cuba
Mayo 28, 2002
Nuestro deber
es expresar lo que pensamos con honradez, fruto de reflexión, no
oscura, ni aviesa. No movidos en el corazón de una emboscada intención,
fraguada en torpezas, ni fruto de malintenciones ni mezquindades.
No nos anima espíritu alguno de censura, ni hablamos desde nuestras
pasiones, ni obnubilados o arrastrados por la obsecación simplista.
Eso sí, podemos estar equivocados en una hora que muy bien muchos
consideran ya de claras y evidentes visiones; una hora de navegar
tras una fulgurante nave insignia que dicen está rumbo al puerto
seguro de la salvación nacional; una hora de caminar por trayectorias
de esperanza tal, que no dejan lugar a vacilaciones. Quizás estamos
errados profundamente cuando la hora es sólo la de avanzar brazo
con brazo, tras un proyecto que dice ser definitorio y contar ya
con el voto de confianza de la mayoría de los cubanos.
En La Nueva Cuba hemos defendido desde sus inicios, el derecho de
los cubanos que concibieron el proyecto Varela a diseminarlo, proponerlo
y desarrollarlo. No dudamos de las buenas intenciones de sus proponentes,
ni de la honestidad de sus esfuerzos.
Hemos seguido de cerca las informaciones en torno a las enormes
dificultades que han tenido que vencer, a las presiones de la Dictadura
para hacerlo fracasar. Y continuaremos haciéndolo.
Igualmente nos hemos abstenido hasta hoy de expresar nuestras opiniones
sobre el proyecto porque considerábamos que era importante que dentro
de Cuba esos cubanos pudieran llevar a cabo su esfuerzo sin prejuicios
ni cuestionamientos inoportunos.
Ahora que el Proyecto Varela no es más una proposición, sino un
hecho, una realidad política, es importante que participemos a nuestros
compatriotas nuestros criterios e interrogantes acerca de la naturaleza
de esa propuesta y sus posibles consecuencias, desde nuestra perspectiva,
y sobre los procesos políticos que pudiera gestar, influir o poner
en marcha en nuestra Patria.
Los proponentes del Proyecto Varela han optado como punto de partida
de su gestión de cambio para Cuba el marco de la "legalidad" y la
"institucionalidad" del régimen, o sea la de la Constitución de
1976 (con ligeras modificaciones en 1992).
La sustancia de la propuesta del Proyecto Varela no es nueva. Sus
raíces y descendencia conceptual pueden ser trazados con los primeros
intentos de diálogo por ciertos sectores del exilio cubano (1978-1979)
y posteriormente las tesis más recientes -nunca plasmadas en algún
esfuerzo sistemático, ni formal- de algunos sectores de la disidencia
en Cuba -como el Comité Cubano de Derechos Humanos y Reconciliación
Nacional de Elizardo Sánchez Santa Cruz- en que se pedía un diálogo
presidido por Fidel Castro, o el de la propuesta de transición (1997)
del Partido Solidaridad Democrática (PSD) al V congreso del Partido
Comunista de Cuba en la que se proponía un proceso de transición
con Fidel Castro como Jefe de las fuerzas armadas cubanas.
Todas esas propuestas, proyectos o iniciativas tienen en común la
búsqueda de una transición dentro del marco de la legitimidad creada
por el régimen, dentro de sus leyes, de las instituciones que creara
y con sus dirigentes, funcionarios que no han recibido un mandato
del pueblo soberano a través de un proceso electoral legítimo.
Sentimos no compartir la emoción que embarga a otros compatriotas
ante una propuesta que consideramos remedo y no fórmula. La Nueva
Cuba no apoya el Proyecto Varela.
No vamos a entrar a discutir otras particularidades del proyecto
en su letra o espíritu, como la exclusión de una amnistía para aquellos
que la dictadura ha calificado de perpetrar hechos violentos, cubanos
juzgados por un sistema judicial que es sólo una extensión de los
poderes absolutos que ejerce Fidel Castro, o aquella otra que aceptaría
de facto la hechura del régimen de dos clases de cubanos, los que
viven en el exterior privados arbitrariamente de derechos y lo que
están dentro de la Isla.
Tras 43 años de férrea dictadura totalitaria creemos que la oposición
al régimen está lo suficientemente madura como para ser capaz de
proponer alternativas mucho más claras y decisivas, sin medias tintas,
alternativas justas y de largo alcance, no sietemesinas, ni mediatizadas.
El pueblo de Cuba merece mucho más de nosotros tras casi medio siglo
de dictadura.
Ahora precisamente que el régimen se encuentra más aislado que nunca
políticamente, cuando incluso no sólo la Unión Europea, pero los
países de latinoamérica han alcanzado cierto nivel de consenso con
relación a la naturaleza anti-democrática y represiva de la dictadura
más antigua del planeta y que el mundo vive bajo un nuevo clima
tras los atentados del 11 de septiembre, un clima que cada día tendrá
menos permisividad con las pandillas terroristas en la clandestinidad
o en el poder, nos parece que el pueblo cubano dentro y fuera de
la Isla mecere mucho más de su liderazgo en busca de un cambio.
¿Por qué no demandar, exigir un referendum de un Sí un No como se
le forzara a la dictadura de Pinochet? ¿Por qué no un referendum
sobre la abrogación de la Constitución del 1976 y una nueva Constituyente?
El Proyecto Varela es un buen paso porque ha sido el primero que
ha movido a cubanos en número considerable a romper la barrera del
temor y de una manera pública y manifiesta estampar su firma en
una petición de disención con el régimen. Es un buen paso, pero
es un paso corto, breve y timorato. Nuestra nación merece más de
todos nosotros.
Aunque no fuese esa la intención de los proponentes del proyecto
Varela el mismo no es uno que se pondría en marcha bajo Fidel Castro,
no será para el inmediato presente, sino para la Cuba de sus herederos
políticos tras la desaparición del Déspota.
El Proyecto Varela propone una Cuba dentro de la "legalidad" del
régimen, una Cuba en la que los herederos del Castrismo se sentirían
complacidos. Una Cuba en la que los nuevos capitalistas de la piñata
del régimen conservarían sus fortunas e inversiones atrincherados
como están en las corporaciones mixtas con los inversionistas extranjeros.
Una Cuba en la que una minoría de privilegiados generalotes y coroneles
del gigantesco y casi invisible imperio de Gaesa asegurarían y solidificarían
sus posiciones financieras sin amenaza alguna de auditorías o rendiciones
de cuenta. Una Cuba negociada en un lento proceso que permitiría
tiempo suficiente a los herederos políticos del despotismo como
para enquistarse en las estructuras políticas y económicas de la
nueva Cuba.
Así, un reducido, pero importante grupo de culpables no sólo evadirían
su responsabilidades ante la nación que han usufructuado bajo el
amparo del aparato represivo y las bayonetas, sino que se constituirían
en legítima fuerza política.
La Cuba de la transición dentro de la institucionalidad del régimen
también se aviene a los intereses de los rapaces y amorales inversionistas
extranjeros -los mismos que han cohabitado con el apartheid turístico,
con la ausencia de sindicalismo libre- que temen que un gobierno
elegido por los desheredados cubanos -nuestro pueblo impedido de
invertir en su propia Patria, de crear empresas y poner en marcha
ideas y negocios propios- termine con sus aspiraciones de hacer
de Cuba una subproletarizada nación tercermundista.
El resto del escenario político-social de una Cuba pactada con los
herederos políticos del experimento totalitario en Cuba, autoconfesos
cómplices de la tiranía, puede ser delineado de una manera lógica
y racional. No sería difícil envisionarla. Esa no es la Cuba por
la que luchamos.
Nunca hemos creído en una Cuba en la que sus hijos se dividan en
cubanos de primera y de segunda clase. Somos un solo pueblo. Pero
eso no nos exonera de responsabilidades pues al mismo tiempo se
hará necesario un mensaje ético para las nuevas generaciones. Será
imperativo demandar responsabilidades de los principales cómplices
de tantas injusticias, privaciones y crímenes físicos y morales.
Fidel Castro no se ha sostenido sólo en el poder. Ha requerido de
la amoralidad e impiedad de sus estrechos colaboradores para mantener
sometido a nuestro pueblo.
Nuestra nación tiene que autoexaminarse, reflexionar sobre esta
época y con valentía identificar los males que nos condujeron a
tan angustioso período de nuestra historia y lo perpetuaron por
décadas.
La Cuba del proyecto Varela, no es la solución a los problemas de
la Isla. Esa Cuba propuesta, nacería disminuida y complaciente,
moralmente y de hecho comprometida con quienes no pueden tener cabida
en posiciones de poder o responsabilidad en una sociedad de hombres
y mujeres libres.
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