Alex Picarq
 
Evi Jimenez
 
 
 



NUMEROLOGÍA CASTRISTA








Por Eugenio Yáñez *
Colaboración
Miami
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Noviembre 30, 2005


Si a pesar del “criminal bloqueo imperialista” el Comandante en Jefe pudo anunciar que la economía cubana crecerá en este 2005 en 9%, hay que preguntarse para que necesita que le levanten ese embargo. Tal vez el levantamiento de ese “bloqueo”, de acuerdo a la numerología castrista, provocaría un crecimiento del 30 o el 40% de la economía cubana en un año, lo cual sería caótico para la estabilidad económica de la nación, pues resulta imposible asimilar tal crecimiento.

Los antiguos cabalísticos hebreos se hubieran sorprendido de la extraordinaria habilidad de Fidel Castro para presentar cifras que hacen crecer portentosamente la economía cubana cada año, y de su igual pericia para desaparecer cifras inconvenientes que no es bueno recordar. Aquel fabuloso “Ministerio de La Verdad”, en la obra “1984” de George Orwell, palidece ante la dialéctica-numerológica castrista.

Es sorprendente, además, que en un país como Cuba, donde las estadísticas serias son más escasas que el jabón de baño, en pleno mes de noviembre se tengan ya unas cifras tan alentadoras de los resultados del año que aún no termina, casi duplicando las de previas proyecciones de la CEPAL, que a su vez debe haberlas elaborado a partir de estadísticas oficiales del gobierno cubano.

Si bien el Comandante en Jefe nunca ha podido “convertir el revés en victoria”, como tan pomposamente proclamara en Julio de 1970 al clausurar el desastre de los Diez Millones, no cabe duda de su extraordinaria habilidad para crear números sorprendentes en la esfera de la economía, pomposamente sólidos y alentadores, cuyo único punto débil es que no tienen nada que ver con la realidad.

No fue casualidad que hace cerca de cuarenta años, en 1968, en medio de la “ofensiva revolucionaria”, se eliminaran las estadísticas y la contabilidad en las instituciones del gobierno y las empresas, y se sustituyeran posteriormente por un “sistema de registro económico” criollo que servía para todo menos para conocer la realidad.

La Zafra de los 10 Millones no fue la única cifra ostentosa anunciada en aquellos años en la propaganda oficial y en el discurso castrista. Se prometían también 12 millones de cabezas de ganado vacuno y 500 mil toneladas de pescado para el año mágico de 1970.

Nunca se cumplió nada, y hoy lo que queda de la zafra no llega a dos millones de toneladas de azúcar, las cabezas de ganado vacuno hambriento están por debajo de los dos millones, y la pesca no alcanza 100 mil toneladas. En números reales, los volúmenes productivos de la economía cubana de este año 2005, en azúcar, ganado vacuno y pesca son inferiores a los de la primera década independiente cubana a comienzos del siglo XX.

Si América Latina tuvo una “década perdida” en los noventa, el milagro castrista ha logrado un “siglo perdido” para nuestra Patria. Con el agravante de que en los primeros años del siglo pasado los cubanos no superaban los dos y medio millones de habitantes, y el país salía de una destructiva guerra de Independencia donde los factores de producción fueron minimizados y los cubanos diezmados por las bajas en combate, el hambre y las enfermedades.

La falsa estabilidad económica y el inexistente desarrollo del país entre 1960 y 1991 se debieron al subsidio soviético, superior a toda la ayuda del Plan Marshall de Estados Unidos a Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Tras toneladas de propaganda durante treinta años, la realidad del desarrollo socialista cubano y los famosos “logros de la revolución” tomaron en 1991 el eufemístico nombre de “período especial en tiempo de paz”: sin subsidios, la economía cubana no estaba entonces mejor ni más sólida que en 1959.

Ahora, tras estos trece años de “recuperación”, de acuerdo al Evangelio según Carlos Lage, la economía de Cuba, en sus renglones principales, está peor que la de la nación en tiempos de “generales y doctores” de la “república frustrada”, a pesar de que lo que más abundan son precisamente generales y doctores en estos tiempos.

Se habla de ahorro energético en una nación donde las interrupciones de electricidad en ocasiones alcanzan hasta doce horas diarias, de crecimiento del turismo cuando cada turista que entra al país cuesta más que el anterior, de revaluación de la moneda nacional cuando el país boquea sin el oxígeno de los dólares que llegan de remesas familiares, de exportación de servicios profesionales cuando los consultorios médicos y los hospitales del país se paralizan por la ausencia de médicos y enfermeras, sin hablar ya de equipos especializados, medicamentos o sábanas limpias.

Se piensa que porque Chávez regala el tesoro nacional a Fidel Castro en forma de cien mil barriles de petróleo diarios (entre otras cosas), la economía puede estar creciendo: no creció realmente cuando los soviéticos entregaban un millón de barriles diarios y más durante muchos años.

¿Cuáles son los principales renglones de la economía cubana de hoy, en lo que se refiere al elemento básico de obtención legal y legítima de moneda fuerte, del dinero real para el desarrollo y el funcionamiento de la economía?

(Para algún marxista nostálgico que pueda quedar por ahí, se trata de la reproducción simple y la reproducción ampliada del capital, algo que lo que no deben haber leído nada, pues corresponde a los capítulos finales del primer tomo, y normalmente esos marxistas no pasaron, si acaso, del primer capítulo).

Esos renglones son, en la actualidad, y sin orden de importancia:

1) Las remesas de dinero de cubanos en el exterior, enviadas en más del 90% por los cubanos de la “mafia de Miami”.

2) Los ingresos del turismo, que aunque alcanza casi dos millones de visitantes este año, muestra tal ineficiencia económica y administrativa que el costo en divisas de cada dólar obtenido crece continuamente, y el costo en moneda nacional es literalmente incalculable.

3) Los ingresos de las empresas controladas por los militares, agrupadas en el holding conocido como “GAESA”.

4) Ingresos de exportaciones tradicionales y empresas “mixtas”, que existen en un número cada vez menor debido a las continuas restricciones y dificultades que el gobierno impone.

5) La “exportación” de servicios profesionales (médicos, maestros, entrenadores y “segurosos” en función de “apoyo” a esos profesionales).

6) Los subsidios solidarios de Hugo Chávez.

Haciendo números a “grosso modo” en la cuenta corriente, se calculan ingresos de unos 800 millones de dólares en las remesas del exterior, 2 mil millones del turismo, mil millones de “GAESA”, tal vez 400 millones (con buena cara) de las exportaciones tradicionales, quizás 400 millones de la “exportación” de profesionales, y tal vez hasta 500 millones de “donación” adicional chavista: eso hace un total de unos 5,100 millones de dólares al año; en el mejor de los casos no llega a cinco mil quinientos millones.

No se trata de un ingreso neto, pues aquí hay que deducir los costos del turismo, de las operaciones de “GAESA”, de la producción y exportación de productos tradicionales (tabaco, bebidas, níquel y otros). Un número extremadamente optimista podría referirse a cuatro mil millones de ingreso neto.

Considerando el estado catastrófico de la infraestructura productiva cubana, la falta de piezas de repuesto y de materias primas, así como el caos en la producción agropecuaria y alimenticia, la construcción, la educación y la salud pública, las telecomunicaciones, la industria ligera y la mecánica, así como todos los desastrosos sistemas de administración y gestión, en Cuba hoy prácticamente es necesario importar casi todos los insumos fundamentales y productos de consumo, así como bienes de capital.

Aún sin pagar la deuda externa, cosa que viene sucediendo hace tiempo, esos hipotéticos cuatro mil millones de ingreso neto del gobierno cubano no alcanzan para satisfacer las necesidades mínimas de la población, ni aún en los niveles de subsistencia en que se mantienen desde hace muchos años.

No se construyen nuevas viviendas en cantidad suficiente para las necesidades, no se instalan teléfonos ni líneas eléctricas ni se construyen acueductos ni alcantarillados, no se invierte en las ramas que propiciarían elevar los niveles de vida de la población ni se modifican los sistemas de gestión que realmente estimulen la productividad y los resultados económicos.

Cualquier habitante cubano en esta situación, incluidos taínos, siboneyes y hasta los guanahatabeyes, comprendería que es necesario estimular la producción y buscar nuevas fuentes de creación de riquezas para transformar la tendencia negativa de la economía en todos estos años.

Cualquier cubano menos uno: el que nos quiere hacer creer que con más centralización, medidas “contra la corrupción” y “trabajadores sociales” se van a resolver los problemas; el mismo que dijo en los sesenta que la producción se organizaría en las “brigadas comunistas” y en los ochenta con los “contingentes”; el que sustituye mediocres gerentes con generales que podrán haber tenido resultados en la guerra, pero que ignoran que “un país no se gobierna como se manda un campamento”.

La Ministra de Auditoría y Control del gobierno cubano informa que la contabilidad de las empresas es un desastre y que hasta en el 8% de los centros inspeccionados se pueden esconder actividades delictivas. En el restante 92% no es que no haya problemas, sino que no se conocen; es difícil inventariar gallinas si los zorros son los contadores.

Así nos dicen que la economía cubana crecerá en un 9% en el 2005, y que todos los problemas se resolverán con centralización, represión y conciencia: es decir, más de lo mismo, pero esta vez mucho más.

Los economistas y contadores, ya una vez enviados a trabajar de carpinteros, choferes y empleados en tiendas de vestir y bodegas en la primera “revolución cultural” de los años sesenta, y despectivamente tildados de “tecnócratas” y cesanteados durante la segunda “revolución cultural” en los años ochenta, han sido de nuevo llamados a congreso y se les pide su aporte a esta “nueva” etapa de la vieja historia.

Estos profesionales no deben confundirse y pensar que “ahora sí…”: se les llama a apoyar decisiones ya tomadas, y a sugerir y proponer como implementarlas mejor, es decir, de acuerdo a los criterios del Comandante en Jefe. Si algunos de estos economistas y contadores intentan, en serio, buscar y proponer soluciones reales y responsables a la interminable crisis económica cubana, aun dentro de ese esperpento teórico llamado “proyecto cubano”, veremos muy pronto la tercera “revolución cultural” con el Comandante en Jefe dirigiendo la barrida.

En ese Congreso, el Ministro Presidente del Banco, a pesar de ser una persona muy bien preparada, y con muchísima experiencia, delineó las bases conceptuales de la actividad económica para acometer esta “nueva” etapa de la vieja historia: pero no puede ser más que la música acompañante a la comparsa del Comandante, que ya diseñó la coreografía y escribió la música (variaciones sobre un mismo tema).

Ni la centralización, el ahorro o la represión pueden resolver lo que solo depende de una economía descentralizada, iniciativas, gestión eficiente y administración en serio, algo que ha faltado en Cuba por más de cuarenta años.

Considerar que el ahorro sacará al país de la crisis es como pensar que el ahorro de aspirinas curará a un enfermo de cáncer terminal.

Si la consigna estratégica del gobierno cubano para esta etapa de “recuperación” económica fue definida como “Ahorro o Muerte”, debió haber tenido su colofón:

“Ahorro o Muerte. Valga la redundancia”.


* Eugenio Yáñez es analista, economista y un especialista en la realidad cubana. Ha publicado varios libros y junto a Juan Benemelis es autor de "Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro" (Benya Publishers, Miami, mayo de 2005).

 

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