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ESPÍAS,
INTELIGENCIA
Y UNIVERSIDADES
Por Eugenio Yáñez *
Colaboración
Miami
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Enero 13, 2006
La detención
y acusación del matrimonio Carlos y Elsa Álvarez,
profesores de Florida Internacional University (FIU), bajo acusaciones
de estar al servicio del gobierno cubano sin comunicarlo al gobierno
de Estados Unidos, ha desatado una vez más el avispero en
Miami, y puesto a FIU en una encrucijada.
Antes de decir
algo más, es bueno dejar claro dos conceptos fundamentales:
1.- Considerar
a cada acusado como inocente hasta que se demuestre su culpabilidad
ante un tribunal adecuado y con todas las garantías procesales
es un concepto medular de la libertad y el estado de derecho, y
vale para todos, aún en el caso de que los encartados hayan
sido acusados de espiar a favor de la tiranía castrista;
y
2.- El derecho
de cada persona a formarse opiniones políticas y expresarlas
libremente por cualquier medio sin temor a represalias de cualquier
tipo es un principio sagrado de la libertad y la democracia, y vale
para todos, aún en el caso de las personas que defienden
simpatizan, o ven con buenos ojos la tiranía castrista.
En otras palabras,
el matrimonio Álvarez puede tener las opiniones políticas
que desee, y es inocente hasta que los tribunales competentes decidan
en este caso. Por tanto, las opiniones personales que cada uno de
nosotros pueda tener con relación a este tema son irrelevantes
con respecto a los sagrados y supremos principios democráticos
de libertad de pensamiento y presunción de inocencia.
Ahora bien,
todos los que no somos el matrimonio Álvarez acusado tenemos
esos mismos derechos a realizar análisis políticos
y expresarnos libremente, a mirar todas las aristas del caso y llegar
a conclusiones, sin que ningún Big Brother tenga
que decirnos a qué conclusiones debemos llegar.
Y lo que está
sucediendo en FIU es para pensar y analizar detenidamente. No me
refiero a la tontería de considerar que porque dos profesores
de FIU estén acusados de colaborar con la tiranía,
todos los profesores de FIU, y la institución misma, son
simpatizantes del régimen cubano. Eso, además de insultante,
sería estúpido. Osama bin Laden tenía negocios
de construcción antes de dedicarse a la destrucción,
y eso no califica como terroristas a los constructores, ni siquiera
a los que se dedican a las demoliciones.
Pero llaman
la atención algunas reacciones que han surgido en la comunidad
de FIU inmediatamente después de conocerse la noticia de
la acusación y detención de los dos profesores.
El miércoles
11 de enero se hizo pública una declaración del Dr.
Modesto Maidique, rector de Florida Internacional University, donde
se señalan diversos puntos, entre ellos que ningún
estudiante viajó a Cuba con fondos públicos de FIU,
que no se produjeron gastos del matrimonio acusado que pudieran
contravenir las normas presupuestarias de FIU, que ningún
estudiante fue reclutado por los incriminados, que él personalmente
mantenía amistad con el matrimonio, y que si se comprobara
la culpabilidad de los detenidos sería una brecha en el prestigio
de la Universidad.
Con relación
a los dos primeros puntos, relativos a que ningún fondo de
FIU financió viajes de estudiantes a Cuba, y que no hubo
dinero de los contribuyentes para sufragar las presuntas actividades
delictivas de los profesores, esa rápida declaración
es comprensible, y con un apropiado sistema de contabilidad y finanzas,
como es lógico que exista en FIU, no debe sorprenderse nadie
que tan tajante declaración pueda emitirse a menos de cuarenta
y ocho horas de hacerse pública la detención, y que
sea absoluta y totalmente verificable.
No sucede lo
mismo con la prodigiosa declaración del Rector de que ningún
estudiante de FIU fue reclutado por el matrimonio. Según
la acusación de la Fiscalía Federal, el profesor Carlos
Álvarez trabajaba para los servicios cubanos al menos desde
1977, y su esposa al menos desde 1982, lo que significa 28 años
de trabajo para él y 23 para su esposa.
Mi experiencia
de profesor en diversas universidades durante catorce años
me enseña que en cada año escolar, sin estar en funciones
de agente de inteligencia, muy fácilmente un profesor puede
establecer relaciones profesionales directas con al menos cien estudiantes,
sin contar relaciones que surgen de eventos fuera de aulas, como
simposios, conferencias, tutorías, graduaciones, etc. En
28 años de trabajo serían unos 2,800 estudiantes para
Carlos Álvarez. Su esposa, actuando como trabajadora social,
y considerando cien casos por año, acumularía 2,300,
lo que hace un gran total de por lo menos 5,100 estudiantes en contacto
directo con el matrimonio acusado en todos estos años.
La declaración
del señor Rector de la Universidad, de que ningún
estudiante fue reclutado por el matrimonio, peca de ingenua y precipitada.
Está apostando demasiado fuerte y ni siquiera cubre sus espaldas
con la condicional de hasta donde hemos podido conocer hasta
el momento
, o no se han encontrado evidencias
de que
.
La misma autoridad
que le confiere su condición de Rector para haber aseverado
tan terminantemente lo relativo a los gastos de fondos públicos
de FIU en este caso, y que resulta contundente, no lo califica para
una declaración que corresponde al ámbito de la Contrainteligencia,
la Fiscalía y el FBI, que con seguridad no lo dirían,
si llegaran a expresarlo, como dice la declaración pública
del Rector de FIU, sino con un lenguaje más mesurado y comedido,
algo así como no se ha podido conocer hasta ahora
o no hay evidencias de que
Personalmente
considero que el matrimonio Álvarez, con relación
a los estudiantes de FIU, y como una elemental medida de protección,
no deben haberse concentrado mucho en el reclutamiento directo de
estudiantes, aunque no puede descartarse, y más que esas
funciones de reclutamiento, deben haber tenido funciones como agentes
indicadores, desarrollando caracterizaciones psicológicas
de estudiantes que en el futuro serían parte importante de
la élite de sus respectivos países, en condición
de funcionarios públicos, gerentes, editores, periodistas,
dirigentes de asociaciones profesionales, comerciales y sociales,
líderes de organizaciones y agrupaciones, o hasta ocupando
cargos electos de gobierno.
Aquellos, por
ejemplo, que se graduaron en los años ochenta, con más
de quince años de haber terminado una carrera en una prestigiosa
institución como FIU, o un Master o un Doctorado, con un
perfecto dominio del idioma inglés, ¿qué cargos
pueden estar ocupando hoy en Buenos Aires, Sao Paulo, Lima, Santiago,
Montevideo, San José, Monterrey, Bogotá o Caracas?
¿O en Campinas, Barquisimeto, Barranquilla, Mendoza, Valparaíso,
Asunción o Cochabamba?
Sin desmeritar
ninguna ocupación o actividad laboral, no es muy probable
que aquellos estudiantes de entonces hoy sean vendedores de periódicos,
limpiabotas, carniceros o jardineros en sus países.
Y junto a su
honroso diploma de FIU llevaban también, sin saberlo, un
perfil psicológico enviado para la Dirección General
de Inteligencia, en Línea y A, Vedado, La Habana, por los
compañeros agentes David y Débora
desde FIU. Perfiles psicológicos que no fueron destruidos
ni desechados en la DGI, y que en su momento pueden haber sido parte
muy importante de la información disponible para intentar
el reclutamiento de esos ex-alumnos en sus respectivos países.
No aseguro que
haya sido así, ni dispongo de la información necesaria
para hacerlo, por lo que lo planteo como hipótesis. ¿Qué
información puede manejar el Rector de FIU para aseverar
tan categóricamente que ningún estudiante haya sido
reclutado por los acusados, a menos de cuarenta y ocho horas de
hacerse pública la detención y la acusación?
Otro aspecto
interesante, que no se limita al Rector, es la declaración
de un grupo de profesores sobre la amistad que les une con el matrimonio
Álvarez, y hasta parece existir un comité para recolectar
fondos para ayudar a la defensa de los acusados.
Es cierto que
los hermanos los manda Dios, pero los amigos los escoge uno. No
hay que cuestionar a nadie su amistad con los encartados, y en definitiva,
los verdaderos amigos se conocen en los momentos difíciles,
no cuando alguien se gana la lotería. Así que el hecho
de que estos presuntos espías cuentan con numerosos amigos
ni es nada sorprendente ni implica a sus amigos en nada incorrecto.
Lo interesante,
hablando del tema de los encartados, la psicología, es que
tenemos amigos porque vemos en ellos determinadas características
que nos resultan comunes, o les reconocemos cualidades que admiramos,
o nos simpatizan por alguna razón, o les agradecemos determinado
gesto o conducta en un momento duro para nosotros, o muchas razones
más. Esto es parte de la condición humana.
Repito que al
matrimonio Carlos y Elsa Álvarez debemos considerarlo inocente,
a pesar de su declaración de culpabilidad, hasta que un tribunal
competente dictamine. Pero en caso de ser hallados culpables, ¿a
que nos estaríamos enfrentando?
Los amigos no
eran lo que parecían, sino todo lo contrario: su cara, sus
convicciones, sus principios y su moral no era lo que se veía,
sino todo lo contrario. No es que no fueran decentes, de conducta
familiar y social adecuada, trabajadores, buenos amigos ante las
dificultades de otros. No se trata de la técnica totalitaria
de desacreditar al adversario, no es necesario restarle las cualidades
que tuvieran.
Pero allá
adentro en lo más hondo de sí mismos eran toda una
falsedad, una mentira, un engaño, viviendo como ciudadanos
americanos libres, disfrutando de las bendiciones de la democracia
americana y del confort de la nación más rica del
planeta, pero siendo a la vez asalariados del odio y de la decadencia,
del fracaso y la desesperanza, de la mentira y la traición,
de los que quieren destruirnos, a todos nosotros, incluidos los
detenidos. Castro, como Roma, paga a sus traidores, pero los desprecia.
Y en el plano
estrictamente profesional, independientemente de la ideología
política que cada cual profese, izquierda o derecha, arriba
o abajo, no es ético en lo absoluto que un profesional que
por razones de su trabajo deba conocer información privada
de sus pacientes, clientes, asociados, alumnos, suministradores,
se dedique a darla a conocer a instituciones ajenas a las actividades
profesionales que permiten obtener esa información.
Darla a conocer
a partes ajenas, sea por dinero, convicciones políticas,
presiones o por cualquier otra vía, darla a conocer a un
gobierno enemigo o amigo, o a vendedores, suministradores, asociados,
familiares, amigos o vecinos, es una falta de profesionalidad y
de ética y decencia que desmerita tanto al que la disemina
como al que la recibe, y puede constituir delito grave.
Tanto si se
comprueba la culpabilidad de los presuntos espías como si
quedan absueltos de cargos, es cuestión de sus amigos, una
vez conocidos muchos otros aspectos del perfil psicológico
de los acusados, determinar si continúan manteniendo esa
amistad inalterable o si deben ajustarla a las nuevas realidades,
pero eso es cuestión estrictamente personal y nada tiene
que ver con cargos y acusaciones, ni mantener esa amistad supone
complicidades con nada.
Pero no hay
movilizaciones ni actividades de apoyo que puedan influir en el
desarrollo del proceso judicial, ante una acusación de la
Fiscalía Federal. El debido proceso funciona
de ambas partes, para acusados y acusadores, y no importa si el
juicio se celebra en Miami o en Alaska. De ser hallados culpables,
corresponde a la tiranía cubana determinar si ahora tendrá
Siete Héroes prisioneros del Imperio o se queda
con los cinco actuales de la Red Avispa.
Finalmente,
es evidente que, de ser hallados los Álvarez culpables en
este escándalo de espionaje, FIU recibirá un duro
golpe. No por una presunta culpabilidad de la institución,
que no puede ser responsabilizada por un par de miserables que hayan
trabajado en esa entidad por varias décadas mientras servían
a la vez tan bochornosamente a la nefasta tiranía castrista,
ni porque algunas mentes calenturientas griten que FIU es una cueva
de izquierdistas, comunistoides o terroristas. Eso es absurdo y
falso y, en cierto sentido, castrismo al revés.
Sin embargo,
resulta evidente que en temas tan sensibles como las ciencias sociales,
los profesores cubanos y la temática de Cuba, es necesario
ser mucho más cuidadosos y alertas en la selección,
evaluación y análisis de profesores, currículos
y temas de investigación. No se puede olvidar que todas las
Universidades en todo el mundo son un objetivo priorizado de los
servicios de inteligencia, y mucho más las universidades
de carácter internacional.
No se trata
de desarrollar la paranoia universitaria o convertir a FIU en una
dependencia del FBI ni crear un aparato para contrainteligencia
dentro de sus estructuras, ni mucho menos violar las libertades
individuales y los derechos constitucionales de sus profesores,
empleados y alumnos. Estados Unidos, afortunadamente, y mucho más
después de los ataques terroristas de Septiembre del 2001,
cuenta con las estructuras, recursos, técnica y personal
calificados para proteger esta gran nación. Pero hay que
desechar la candidez.
FIU seguirá
siendo, como ha sido hasta ahora, una fuente de formación
de profesionales altamente capacitados y honestos, y un puntal en
la defensa de los valores y principios de esta gran nación.
Este escandaloso
caso de espionaje debe servirnos de alerta a todos, dentro y fuera
de FIU. Aunque es cierto que una golondrina no hace verano, casi
siempre las golondrinas aparecen normalmente al final de la primavera.
* Eugenio
Yáñez
es analista, economista y un especialista en la realidad cubana.
Ha publicado varios libros y junto a Juan Benemelis es autor de
"Secreto
de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro"
(Benya Publishers, Miami, mayo de 2005).
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