Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

ESPÍAS, INTELIGENCIA
Y UNIVERSIDADES







Por Eugenio Yáñez *
Colaboración
Miami
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Enero 13, 2006


La detención y acusación del matrimonio Carlos y Elsa Álvarez, profesores de Florida Internacional University (FIU), bajo acusaciones de estar al servicio del gobierno cubano sin comunicarlo al gobierno de Estados Unidos, ha desatado una vez más el avispero en Miami, y puesto a FIU en una encrucijada.

Antes de decir algo más, es bueno dejar claro dos conceptos fundamentales:

1.- Considerar a cada acusado como inocente hasta que se demuestre su culpabilidad ante un tribunal adecuado y con todas las garantías procesales es un concepto medular de la libertad y el estado de derecho, y vale para todos, aún en el caso de que los encartados hayan sido acusados de espiar a favor de la tiranía castrista; y

2.- El derecho de cada persona a formarse opiniones políticas y expresarlas libremente por cualquier medio sin temor a represalias de cualquier tipo es un principio sagrado de la libertad y la democracia, y vale para todos, aún en el caso de las personas que defienden simpatizan, o ven con buenos ojos la tiranía castrista.

En otras palabras, el matrimonio Álvarez puede tener las opiniones políticas que desee, y es inocente hasta que los tribunales competentes decidan en este caso. Por tanto, las opiniones personales que cada uno de nosotros pueda tener con relación a este tema son irrelevantes con respecto a los sagrados y supremos principios democráticos de libertad de pensamiento y presunción de inocencia.

Ahora bien, todos los que no somos el matrimonio Álvarez acusado tenemos esos mismos derechos a realizar análisis políticos y expresarnos libremente, a mirar todas las aristas del caso y llegar a conclusiones, sin que ningún “Big Brother” tenga que decirnos a qué conclusiones debemos llegar.

Y lo que está sucediendo en FIU es para pensar y analizar detenidamente. No me refiero a la tontería de considerar que porque dos profesores de FIU estén acusados de colaborar con la tiranía, todos los profesores de FIU, y la institución misma, son simpatizantes del régimen cubano. Eso, además de insultante, sería estúpido. Osama bin Laden tenía negocios de construcción antes de dedicarse a la destrucción, y eso no califica como terroristas a los constructores, ni siquiera a los que se dedican a las demoliciones.

Pero llaman la atención algunas reacciones que han surgido en la comunidad de FIU inmediatamente después de conocerse la noticia de la acusación y detención de los dos profesores.

El miércoles 11 de enero se hizo pública una declaración del Dr. Modesto Maidique, rector de Florida Internacional University, donde se señalan diversos puntos, entre ellos que ningún estudiante viajó a Cuba con fondos públicos de FIU, que no se produjeron gastos del matrimonio acusado que pudieran contravenir las normas presupuestarias de FIU, que ningún estudiante fue reclutado por los incriminados, que él personalmente mantenía amistad con el matrimonio, y que si se comprobara la culpabilidad de los detenidos sería una brecha en el prestigio de la Universidad.

Con relación a los dos primeros puntos, relativos a que ningún fondo de FIU financió viajes de estudiantes a Cuba, y que no hubo dinero de los contribuyentes para sufragar las presuntas actividades delictivas de los profesores, esa rápida declaración es comprensible, y con un apropiado sistema de contabilidad y finanzas, como es lógico que exista en FIU, no debe sorprenderse nadie que tan tajante declaración pueda emitirse a menos de cuarenta y ocho horas de hacerse pública la detención, y que sea absoluta y totalmente verificable.

No sucede lo mismo con la prodigiosa declaración del Rector de que ningún estudiante de FIU fue reclutado por el matrimonio. Según la acusación de la Fiscalía Federal, el profesor Carlos Álvarez trabajaba para los servicios cubanos al menos desde 1977, y su esposa al menos desde 1982, lo que significa 28 años de trabajo para él y 23 para su esposa.

Mi experiencia de profesor en diversas universidades durante catorce años me enseña que en cada año escolar, sin estar en funciones de agente de inteligencia, muy fácilmente un profesor puede establecer relaciones profesionales directas con al menos cien estudiantes, sin contar relaciones que surgen de eventos fuera de aulas, como simposios, conferencias, tutorías, graduaciones, etc. En 28 años de trabajo serían unos 2,800 estudiantes para Carlos Álvarez. Su esposa, actuando como trabajadora social, y considerando cien casos por año, acumularía 2,300, lo que hace un gran total de por lo menos 5,100 estudiantes en contacto directo con el matrimonio acusado en todos estos años.

La declaración del señor Rector de la Universidad, de que ningún estudiante fue reclutado por el matrimonio, peca de ingenua y precipitada. Está apostando demasiado fuerte y ni siquiera cubre sus espaldas con la condicional de “hasta donde hemos podido conocer hasta el momento…”, o “no se han encontrado evidencias de que…”.

La misma autoridad que le confiere su condición de Rector para haber aseverado tan terminantemente lo relativo a los gastos de fondos públicos de FIU en este caso, y que resulta contundente, no lo califica para una declaración que corresponde al ámbito de la Contrainteligencia, la Fiscalía y el FBI, que con seguridad no lo dirían, si llegaran a expresarlo, como dice la declaración pública del Rector de FIU, sino con un lenguaje más mesurado y comedido, algo así como “no se ha podido conocer hasta ahora…” o “no hay evidencias de que…”

Personalmente considero que el matrimonio Álvarez, con relación a los estudiantes de FIU, y como una elemental medida de protección, no deben haberse concentrado mucho en el reclutamiento directo de estudiantes, aunque no puede descartarse, y más que esas funciones de reclutamiento, deben haber tenido funciones como “agentes indicadores”, desarrollando caracterizaciones psicológicas de estudiantes que en el futuro serían parte importante de la élite de sus respectivos países, en condición de funcionarios públicos, gerentes, editores, periodistas, dirigentes de asociaciones profesionales, comerciales y sociales, líderes de organizaciones y agrupaciones, o hasta ocupando cargos electos de gobierno.

Aquellos, por ejemplo, que se graduaron en los años ochenta, con más de quince años de haber terminado una carrera en una prestigiosa institución como FIU, o un Master o un Doctorado, con un perfecto dominio del idioma inglés, ¿qué cargos pueden estar ocupando hoy en Buenos Aires, Sao Paulo, Lima, Santiago, Montevideo, San José, Monterrey, Bogotá o Caracas? ¿O en Campinas, Barquisimeto, Barranquilla, Mendoza, Valparaíso, Asunción o Cochabamba?

Sin desmeritar ninguna ocupación o actividad laboral, no es muy probable que aquellos estudiantes de entonces hoy sean vendedores de periódicos, limpiabotas, carniceros o jardineros en sus países.

Y junto a su honroso diploma de FIU llevaban también, sin saberlo, un perfil psicológico enviado para la Dirección General de Inteligencia, en Línea y A, Vedado, La Habana, por los compañeros agentes “David” y “Débora” desde FIU. Perfiles psicológicos que no fueron destruidos ni desechados en la DGI, y que en su momento pueden haber sido parte muy importante de la información disponible para intentar el reclutamiento de esos ex-alumnos en sus respectivos países.

No aseguro que haya sido así, ni dispongo de la información necesaria para hacerlo, por lo que lo planteo como hipótesis. ¿Qué información puede manejar el Rector de FIU para aseverar tan categóricamente que ningún estudiante haya sido reclutado por los acusados, a menos de cuarenta y ocho horas de hacerse pública la detención y la acusación?

Otro aspecto interesante, que no se limita al Rector, es la declaración de un grupo de profesores sobre la amistad que les une con el matrimonio Álvarez, y hasta parece existir un comité para recolectar fondos para ayudar a la defensa de los acusados.

Es cierto que los hermanos los manda Dios, pero los amigos los escoge uno. No hay que cuestionar a nadie su amistad con los encartados, y en definitiva, los verdaderos amigos se conocen en los momentos difíciles, no cuando alguien se gana la lotería. Así que el hecho de que estos presuntos espías cuentan con numerosos amigos ni es nada sorprendente ni implica a sus amigos en nada incorrecto.

Lo interesante, hablando del tema de los encartados, la psicología, es que tenemos amigos porque vemos en ellos determinadas características que nos resultan comunes, o les reconocemos cualidades que admiramos, o nos simpatizan por alguna razón, o les agradecemos determinado gesto o conducta en un momento duro para nosotros, o muchas razones más. Esto es parte de la condición humana.

Repito que al matrimonio Carlos y Elsa Álvarez debemos considerarlo inocente, a pesar de su declaración de culpabilidad, hasta que un tribunal competente dictamine. Pero en caso de ser hallados culpables, ¿a que nos estaríamos enfrentando?

Los amigos no eran lo que parecían, sino todo lo contrario: su cara, sus convicciones, sus principios y su moral no era lo que se veía, sino todo lo contrario. No es que no fueran decentes, de conducta familiar y social adecuada, trabajadores, buenos amigos ante las dificultades de otros. No se trata de la técnica totalitaria de desacreditar al adversario, no es necesario restarle las cualidades que tuvieran.

Pero allá adentro en lo más hondo de sí mismos eran toda una falsedad, una mentira, un engaño, viviendo como ciudadanos americanos libres, disfrutando de las bendiciones de la democracia americana y del confort de la nación más rica del planeta, pero siendo a la vez asalariados del odio y de la decadencia, del fracaso y la desesperanza, de la mentira y la traición, de los que quieren destruirnos, a todos nosotros, incluidos los detenidos. Castro, como Roma, paga a sus traidores, pero los desprecia.

Y en el plano estrictamente profesional, independientemente de la ideología política que cada cual profese, izquierda o derecha, arriba o abajo, no es ético en lo absoluto que un profesional que por razones de su trabajo deba conocer información privada de sus pacientes, clientes, asociados, alumnos, suministradores, se dedique a darla a conocer a instituciones ajenas a las actividades profesionales que permiten obtener esa información.

Darla a conocer a partes ajenas, sea por dinero, convicciones políticas, presiones o por cualquier otra vía, darla a conocer a un gobierno enemigo o amigo, o a vendedores, suministradores, asociados, familiares, amigos o vecinos, es una falta de profesionalidad y de ética y decencia que desmerita tanto al que la disemina como al que la recibe, y puede constituir delito grave.

Tanto si se comprueba la culpabilidad de los presuntos espías como si quedan absueltos de cargos, es cuestión de sus amigos, una vez conocidos muchos otros aspectos del “perfil psicológico” de los acusados, determinar si continúan manteniendo esa amistad inalterable o si deben ajustarla a las nuevas realidades, pero eso es cuestión estrictamente personal y nada tiene que ver con cargos y acusaciones, ni mantener esa amistad supone complicidades con nada.

Pero no hay movilizaciones ni actividades de apoyo que puedan influir en el desarrollo del proceso judicial, ante una acusación de la Fiscalía Federal. El “debido proceso” funciona de ambas partes, para acusados y acusadores, y no importa si el juicio se celebra en Miami o en Alaska. De ser hallados culpables, corresponde a la tiranía cubana determinar si ahora tendrá “Siete Héroes prisioneros del Imperio” o se queda con los cinco actuales de la Red Avispa.

Finalmente, es evidente que, de ser hallados los Álvarez culpables en este escándalo de espionaje, FIU recibirá un duro golpe. No por una presunta culpabilidad de la institución, que no puede ser responsabilizada por un par de miserables que hayan trabajado en esa entidad por varias décadas mientras servían a la vez tan bochornosamente a la nefasta tiranía castrista, ni porque algunas mentes calenturientas griten que FIU es una cueva de izquierdistas, comunistoides o terroristas. Eso es absurdo y falso y, en cierto sentido, castrismo al revés.

Sin embargo, resulta evidente que en temas tan sensibles como las ciencias sociales, los profesores cubanos y la temática de Cuba, es necesario ser mucho más cuidadosos y alertas en la selección, evaluación y análisis de profesores, currículos y temas de investigación. No se puede olvidar que todas las Universidades en todo el mundo son un objetivo priorizado de los servicios de inteligencia, y mucho más las universidades de carácter internacional.

No se trata de desarrollar la paranoia universitaria o convertir a FIU en una dependencia del FBI ni crear un aparato para contrainteligencia dentro de sus estructuras, ni mucho menos violar las libertades individuales y los derechos constitucionales de sus profesores, empleados y alumnos. Estados Unidos, afortunadamente, y mucho más después de los ataques terroristas de Septiembre del 2001, cuenta con las estructuras, recursos, técnica y personal calificados para proteger esta gran nación. Pero hay que desechar la candidez.

FIU seguirá siendo, como ha sido hasta ahora, una fuente de formación de profesionales altamente capacitados y honestos, y un puntal en la defensa de los valores y principios de esta gran nación.

Este escandaloso caso de espionaje debe servirnos de alerta a todos, dentro y fuera de FIU. Aunque es cierto que una golondrina no hace verano, casi siempre las golondrinas aparecen normalmente al final de la primavera.


* Eugenio Yáñez es analista, economista y un especialista en la realidad cubana. Ha publicado varios libros y junto a Juan Benemelis es autor de "Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro" (Benya Publishers, Miami, mayo de 2005).

 

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