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ESA GAVIOTA DE VUELO
INTERMINABLE
Félix Luis Viera *
México, DF
México
Colaboración
La Nueva Cuba
Mayo 18, 2008
Con Después
de la gaviota José Lorenzo Fuentes escribió un libro
de cuentos "para siempre", si es que hay obras de arte
que puedan recibir este dictamen. Leí, a medias o tal vez
a unos tres cuartos, lo confieso, este libro -que fuera publicado
en 1968 luego de que recibiera mención de honor en el concurso
Casa de las Américas de ese año- que me prestara alguien,
de cuyo nombre no quiero acordarme, en los albores de la década
de 1970.
Hoy, gracias
a Ediciones Iduna y cuarenta años después de su edición
príncipe, puedo leerlo íntegramente y aquel impacto,
aquella impronta de una lectura apresurada, que entonces me estremecieran,
toman ahora plena conciencia de juicio. Es decir, lo que ya otros
han afirmado antes: una obra clave de la literatura cubana, un manojo
de cuentos que, en la medida en que pasan los años, se mantiene
imperturbable mirándonos desde esa cima adonde la pátina
del tiempo no puede llegar.
Ya se ha afirmado,
desde Bécquer, que toda obra de la imaginación tiene
un punto de contacto con la realidad. Al decir "obra de la
imaginación" debe entenderse, específicamente,
aquella que el autor encausa, en alguna medida, fuera de los límites
de lo que llamamos "realidad" y, en el caso de Después
de la gaviota, tenemos que hay ese contrapunteo entre lo real y
lo onírico que, si bien no resulta un descubrimiento, sí
ambos conceptos están trabados de manera tan sólida,
tan meridiana, que resulta uno de los atributos más atractivos
del libro en cuestión. Creo que esto mereciera un estudio
aparte que aportaría otro toque sobre la magnificencia de
este libro.
Quizás,
como muchos aseveran, la maestría se adquiera; tal vez sea
algo innato que, como todo lo innato, necesita en una u otra medida
del desarrollo propio de un "oficio". Me arriesgo a exponer
que los textos de Después de la gaviota están escritos,
sobre todo, a partir de la intuición, de ese mandato avasallador
que proviene más del espíritu creador que de las ecuaciones
cerebrales. Sin embargo, y he ahí lo que pareciera una contradicción,
la utilización de las técnicas narrativas son algo
de lo más encomiable de esta obra. Pero ahí tienen:
las técnicas narrativas, por más que muchos críticos
y autores traten de encasillarlas, de definirlas, son también
la consecuencia del olfato creador, que las va exprimiendo, adulterando,
acoplándolas con los ojos medio cerrados, diríamos.
Y ése creo que es el caso de José Lorenzo en este
conjunto de cuentos.
Hoy en día
el cuento es un género de poca demanda, ya lo sabemos; la
novela sigue siendo el más atendido por editores, lectores
y por los propios autores. Mi humilde conclusión es que la
novela continúa la saga y eso apresa al lector; de modo que
para que un libro de cuentos soslaye esa tendencia de un lector
promedio de negarse a terminar una historia para verse obligado
a empezar la lectura de otra, debe ser, el libro de cuentos, decía,
"adictivo". Después de la gaviota es adictivo,
no es posible soltarlo luego que damos el primer paso en ese mundo
donde el autor nos tira de un sitio a otro y burla o sobrepasa constantemente
nuestra capacidad de asombro cuando ya creíamos que ésta
había llegado al límite.
José
Lorenzo Fuentes nos cita locaciones que podemos ubicar en uno u
otro sitio de Cuba, pero que de pronto nos damos cuenta de que resultan
sólo un trampolín para lanzarnos hacia el vuelo mayor,
hacia el dominio de lo indominable: lo Absoluto.
Mucho se ha hablado de la economía de medios necesaria para
lograr un buen texto narrativo, aun en ocasiones se ha tratado este
asunto de manera hueca y en demasía. Invito al lector para
que compruebe que esta condición está lograda de una
forma milimétrica en el libro que nos ocupa. José
Lorenzo trabaja, como debe ser, no sólo la palabra, sino,
con una precisión fuera de serie, los silencios, es decir,
esas palabras que no han sido escritas. Y es esto, entre otras razones,
lo que proporciona un encuadre casi perfecto en la exposición
de la trama.
Ignoro cuánto
se habrá tratado el aspecto de la descripción en Después
de la Gaviota, convoco a un estudio minucioso de ésta y se
verá, con mucha más profundidad que mediante una lectura
típica, que la impresionante concisión en el factor
descriptivo está apoyado en la inserción de la metáfora,
de un decir metafórico que se inserta como daga en su estuche,
que no se aparta ni un ápice del objeto o el proceder aludido
en la descripción. Y esto, lo sabemos, no es fácil:
describir es uno de los elementos más difíciles para
un narrador, aun cuando éste fuera uno de sus recursos más
sólidos por naturaleza. En Después de la gaviota nos
encontramos, aquí y allá, la sublimidad de una metáfora
sorprendente que, con sólo dos o tres trazos, nos delinea
como en un tiro de flash de qué se trata lo que el narrador
quiere mostrarnos.
Otro factor
que debemos destacar en este libro es que sabiamente se aparta -o
se apartó, hace cuarenta años- de ese rígido
concepto de que el cuento debe ser algo que viaja en un solo sentido,
una sola vía para narrarnos un anécdota "finita".
Después de la gaviota nos despega constantemente de lo que
parecía el asunto principal y único del cuento y enriquece
las anécdotas con más y más personajes, breves
subtemas, meandros, afluentes inesperadas, sin que por ello el sentido
de totalidad o de universo cerrado mengüe en ningún
momento; nos lleva , nos hace regirar, subir, caer, nos trae al
principio y de nuevo a lo que creemos que es el final pero que finalmente
no lo es, nos cierra un ciclo tempo-espacial, como en el cuento
que da título al libro, precisamente cuando pensábamos
que la narración iría por otro camino. O sea, la sorpresa,
pero la sorpresa caída como al natural, sin rebuscamientos,
sin "jalones de pelo". Para lograr esto es poco lo que
se necesita: maestría.
Ahora vamos
por partes, o por cuentos.
"Después
de la gaviota". La muestra quizás suprema de la intensidad
que recorre todo el libro, y de la evolución narrativa a
partir de lo que suponemos intrascendente hasta alcanzar un contenido
de dimensiones insuperables. Rapto de la imaginación, ímpetu
del cuentista nato.
"Tareas
de salvamento". El mejor ejemplo de algo tan notorio en toda
la obra: el movimiento del tiempo y el espacio, ensamblados de manera
casi imperceptible y a la vez contundente. Asimismo, clímax
de lo onírico basado en lo que llaman "doble personalidad"
"¿Te
das cuenta?". Acercamiento, más que en otros cuentos
del libro, a lo que llamamos "real"; exposición
del Yo cultural de un segmento de la idiosincrasia cubana (del varón)
de la mitad del pasado siglo. La línea central del asunto:
la Obsesión, trabajada a punta de aguja.
"La sombrilla
de guinga". El más "abstracto" de todos, la
elucubración se sobrepone y el mensaje, el misterio más
bien, queda abierto de manera casuística en correspondencia
con el lector que fuere.
"Ya sin
color". El cruce de sueños (aparentemente fisiológicos)
resulta un recurso sobresaliente que el autor maneja a la perfección
y hace que el texto marque todo su presupuesto de modo sintetizado,
lo cual no hubiera sido posible si se hubiesen utilizado otros planos
narrativos u otros recursos "técnicos". Asimismo,
un alegato a favor de la vida.
"Señor
García". Más que el erotismo, el sexo en función
de una reflexión que tiende a lo universal; además,
una buena cuota de existencialismo, del hombre incapacitado para
romper con su Yo, tal como un maldecido.
"En la
página siete". La síntesis (no la cortedad) expuesta
tal vez en su mayor esplendor en toda la obra. El concepto de lo
Absurdo cobra una dimensión muy cercana a lo real, valga
la aparente paradoja, en una especie de liza entre Suicidio versus
Vida, o quizás entre Vida versus Muerte en Vida.
"Patas
de conejo". El único cuento en que se utiliza, si bien
solo al comienzo, la narración mediante la tercera persona
convencional, lo cual se aplica con mucho acierto en lo que se refiere
a la intensidad. Asimismo, este cuento rasa la novela y es el exponente
más notorio de la capacidad del autor para despegar desde
una trama que parecía ya establecida, hasta un entretejido
de locaciones y sucesos que cuajan en una historia multifacética
abordada fundamentalmente por medio de la fragmentación y
la retrospectiva, sin que en ningún momento decaiga la tensión.
Otro elemento descollante es el suspense.
José
Lorenzo Fuentes es un hombre que, no obstante sus alcances literarios,
se destaca por su humildad, como corresponde a un creador de ley.
Su estoicismo se puso a prueba en más de una ocasión
cuando en su tierra natal fue preterido por la oficialidad y la
"jerarquía cultural" -y aun por algunos de sus
colegas y contemporáneos-; cuando fue borrado del mapa literario
de Cuba; cuando intentaron hacernos creer que, simplemente, no existía.
Una ingenuidad propia de los regímenes totalitarios. El autor
de Después de gaviota sufrió tres años de prisión
en la Cuba socialista como consecuencia de su postura contestataria.
Posteriormente, se incorporó al Movimiento por los Derechos
Humanos hasta que abandonó Cuba en 1992. Hoy, exiliado en
Miami, acaba de cumplir 80 años de edad sin abandonar la
lozanía del espíritu, y alejado del rencor que otro
podría guardar para quienes lo hirieron con fina saña.
Debemos agradecer
a Ediciones Iduna esta reedición, cuarenta años después
de su primera aparición, de Después de la gaviota.
Una edición hermosa -si bien empañada por algunas
erratas, algunas pícaras, otras de fácil evidencia-
que cuenta con un suculento prólogo de Amir Valle, un excelente
diseño de portada de Gloria Lorenzo y hasta con un muestrario
de las opiniones que sobre el libro han vertido varios escritores
de una y otra generación. En fin, honor para quien honor
merece.
*
Félix Luis Viera Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara,
Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía
sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*,
1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones
Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas),
Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas
de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de
cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En
el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras
Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras
Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de
Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión,
Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba),
Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la
noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana,
1997. Reediciones 2003 y 2005). El Premio de la Crítica es el mayor
reconocimiento que recibe un libro en Cuba. Su libro de cuentos
Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura
de su país. Varias de sus creaciones han sido traducidas a diversos
idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba
y en el extranjero. En su país natal recibió diversas distinciones
por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista
Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones
de la cultura. Su más reciente novela, Un ciervo herido -que aborda
el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares
de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados
establecidos en Cuba en la década de 1960-, ha recibido un notable
reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en
España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses
estuvo entre los libros más vendidos en Miami y recientemente ha
sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo.
En Italia ha sido objeto de un notable reconocimiento de la crítica
especializada, así como de los lectores. Recientemente ha concluido
su novela El corazón del rey, que refleja los primeros pasos de
la instauración del socialismo en Cuba, en la década del 60, y actualmente
trabaja en el poemario La patria es una naranja, inspirado en la
añoranza de su tierra natal y en sus vivencias en México, donde
radica desde 1995. En México, ha colaborado en diversos periódicos
con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general,
ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha
desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas.
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