|
POR
SU IMPORTANCIA LA NUEVA CUBA
REPRODUCE ESTE ANALISIS
DESDE LA PERSPECIVA
DE UN ACADEMICO MARXISTA-LENINISTA
LAS "DERROTAS ESTRATEGICAS"
DE CHAVEZ Y MORALES
Y LA "CADA VEZ MAS PRECARIA
SITUACION EN CUBA"
TEXTO INTEGRO
"Chávez ha sufrido una derrota estratégica
en el referendo constitucional,
que junto con la derrota estratégica
del gobierno de Evo en Bolivia
y la cada vez más precaria situación en Cuba,
constituyen un panorama extremadamente grave
para las fuerzas progresistas de América Latina.
Es posible que los gobiernos de
Hugo Chávez y de Evo Morales
no sobrevivan los embates de la reacción
en el ańo 2008 y que el modelo cubano
se agote en el 2009-2010,
si no se toman medidas realistas de inmediato."
Por Heinz Dieterich
*
Diciembre 4, 2007
Infosearch:
Máximo Tomás
Dept.
de Investigaciones
La Nueva Cuba
Diciembre 4, 2007
Chávez
ha sufrido una derrota estratégica en el referendo constitucional,
que junto con la derrota estratégica del gobierno de Evo
en Bolivia y la cada vez más precaria situación
en Cuba, constituyen un panorama extremadamente grave para las
fuerzas progresistas de América Latina. Es posible que los
gobiernos de Hugo Chávez y de Evo Morales no sobrevivan los
embates de la reacción en el año 2008 y que el modelo
cubano se agote en el 2009-2010, si no se toman medidas realistas
de inmediato.
La derrota
del referendo debilita sustancialmente el poder del Presidente
en cuatro frentes de batalla:
a) Ante la oposición interna
b) Dentro de los aparatos del oficialismo, donde los delfines
de la Nueva Clase Política reorganizarán con urgencia
sus escenarios del Chavísmo sin Chávez
c) En la política internacional
d) En las Fuerzas Armadas. Lo último es fundamental si
tomamos en cuenta que hace tres meses hubo un conato de rebelión
en un Comando Regional (CORE) de la Guardia Nacional. |
Es un momento
difícil y doloroso para iniciar un análisis frío
de la derrota, pero no es posible posponerlo, por dos razones. Esta
es una guerra, y en toda guerra la derrota y confusión del
enemigo es el momento idóneo para liquidarlo con un golpe
decisivo. De la misma manera, la innecesaria y evitable derrota
en Venezuela es el producto del triunfalismo, del voluntarismo y
de la falta de debate crítico dentro y fuera del proceso.
La única manera de salvar el proceso ahora es la crítica
racional de las causas del descalabro y la comprensión realista
de las opciones de triunfo que quedan.
El sistema
de conducción oficial: razón principal de la derrota
La Asamblea
Nacional
La causa
principal de la derrota en Venezuela es el sistema vertical de conducción
del proceso bolivariano. Esto es evidente en sus tres instancias
formales, en las cuales el Presidente no tiene contrapeso alguno:
el parlamento, el gabinete y el partido. El parlamento (Asamblea
Nacional) es, esencialmente una caja de resonancia de la voluntad
presidencial donde los diputados, controlados por tres capataces,
dicen sí a todo lo que él plantea, aunque
sea inviable. La responsabilidad de esta situación reside
en parte considerable en los diputados oficialistas, que no quieren
perder sus prebendas.
El Partido
y el Gabinete
Lo mismo sucede
en el partido de Estado (V República, hoy PSUV) y en el gabinete.
La relación del Presidente con los ministros del gabinete
es bilateral, no colectiva. No asiste a las reuniones del gabinete,
donde, en consecuencia, las fracciones más poderosas de la
Nueva Clase Política (NCP) se las arreglan entre sí,
dentro de los lineamientos generales del Presidente y bajo su poder
de veto.
La fracción
dominante de la Nueva Clase Política ---cuyos tentáculos
van del control del aeropuerto de Caracas vía las influencias
en los servicios de inteligencia, en la Cancillería y en
los nombramientos de los generales de las FAN, hasta fuertes activos
económicos--- es la que encabeza el gobernador del estado
Miranda, Diosdado Cabello.
El sistema presidencial
de dominación del gabinete, que se basa en la sustitución
de la negociación en bloque por la negociación bilateral,
y el reconocimiento de su poder de veto, se fundamentaba en
dos elementos: el oportunismo material y de poder de los ministros
---la Venezuela bolivariana es, probablemente, la única democracia
burguesa, donde nunca ha renunciado un ministro--- y la conciencia
compartida, de que la única garantía del poder
era la popularidad del Presidente. Al menos la segunda premisa está
ahora en tela de juicio.
La ventaja de
este sistema para el Presidente era la discrecionalidad del poder
y una cierta distancia de los casos de corrupción, ineptitud
de los ministros y falta de seriedad en los debates del gabinete.
Estando ausente, nada de eso era responsabilidad directa suya.
Sucedían cosas, como cuando un ministro de finanzas entró
a la sesión y dijo: Tengo tantos y tantos miles de
millones de bolívares. Presenten sus propuestas. Están
autorizadas de antemano.
El precio político
que pagó el Presidente por ese sistema de conducción
fue la falta de información sobre la realidad, y el relleno
del gabinete y de su entorno en Miraflores, de oportunistas de la
NCP que, aunque muchas veces ineptos para los cargos escogidos,
garantizaban el control burocrático del proceso, mas no la
cercanía al pueblo. Un anillo adicional que le filtra la
realidad es el del sistema de Miraflores, donde, por ejemplo, los
inspectores que él puede enviar para investigar un problema,
pasan por el cuello de botella del Ministerio de la Presidencia.
Algo semejante pasaba con los análisis de la Sala situacional
del Palacio donde, además, pasaron por el control de unos
jóvenes asesores extranjeros (españoles,
franceses), sin experiencia ni nivel político, pero con muy
sabrosos sueldos.
Esa situación
cortesana se reprodujo a nivel internacional, generándose
un circuito internacional de aplaudidores intelectuales individuales,
alimentados con premios culturales absurdos de 150.000 y 100.000
dólares, y colectivos, como algunas páginas web de
izquierda, que suprimen o marginan todo debate crítico
sobre el desarrollo de los procesos progresistas en Venezuela, Cuba
y Bolivia.
Las señales
de advertencia: los idus de marzo
El producto
que se le pretendía vender a la ciudadanía,
la reforma constitucional, era deficiente; de hecho, tan deficiente
que solo se logró convencer a una cuarta parte del electorado.
Había cláusulas tácticas absurdas, como la
ampliación del período presidencial de seis a siete
años; elementos económicamente inviables como la jornada
de seis horas y propuestas estructurales, como la refundación
del Estado sobre consejos comunales, cuya implementación
presuponía la existencia de una dictadura revolucionaria
en Venezuela, para la cual no hay condición alguna. En
toda la historia latinoamericana solo ha habido dos dictaduras revolucionarias:
la cubana, desde 1960 hasta mediados de los años setenta,
y la del Dr. Gaspar Francia en el Paraguay del siglo pasado.
La reforma constitucional
era un producto del exceso de confianza del oficialismo que creía
que con la popularidad del Presidente ---quien, inclusive en una
fase crucial del proceso, se ausentó durante una semana del
país---, y los fuertes aumentos salariales a médicos,
maestros y otros sectores sociales, con abundantes aguinaldos, el
regalo de la jornada de seis horas y el ambiente navideño,
iba a pasar.
Con todo, las
advertencias de un posible fracaso de esta innecesaria y arriesgada
batalla, estaban a la vista: el proceso electoral de diciembre
2006, donde el Presidente, contra su propia proclamación,
no consiguió 10 millones de votos, sino solo 7.3 millones;
la incapacidad del poder presidencial de integrar a todas las fracciones
de la coalición gubernamental en el nuevo partido oficial,
el PSUV; la prolongada incapacidad del gobierno de convertir a Telesur
en un poder televisivo real y, finalmente, la subestimación
del costo político de una pérdida de la alianza con
el General Baduel, que, a todas luces, era evitable.
Crisis de
vida o muerte, en el 2008
La primera posibilidad
institucional de que la derecha sustituya al gobierno del Presidente
Chávez, se da en enero del 2010, a través del referendo
revocatorio. Pero, Washington no esperará tanto tiempo.
En la guerra se da la batalla decisiva cuando el enemigo está
derrotado y en confusión. Es decir, Washington tratará
de dar golpes decisivos a partir de este momento en los flancos
débiles de la revolución nacionalista-desarrollista
latinoamericana, para convertir la batalla ganada en una guerra
ganada.
El primer
gobierno que caería en este escenario, es el de Evo en Bolivia,
porque allá Washington ha logrado construir una situación
muy cercana al jaque mate. En Venezuela, el detonante será,
además de la subversión oligárquica-imperial,
la crisis económica que golpeará con fuerza en
el 2008, si el gobierno no toma medidas de urgencia de inmediato.
El oficialismo
ha convertido en tabú el debate macroeconómico.
Sin embargo, cualquier economista puede inferir desde los equilibrios
funcionales necesarios para la economía de mercado, dónde
va a estallar el problema. La inflación, ya de por sí
alrededor del 18%, recibirá un nuevo auge con la inyección
adicional de capacidad adquisitiva (liquidez) por el fin de año
y requerirá después un enfriamiento considerable,
que será aprovechado por la oposición. Los precios
administrativos (definidos por el Estado) y regulaciones para los
alimentos básicos, las divisas internacionales y el consumo
interno de la energía, distorsionan cada vez más las
relaciones de oferta y demanda y vuelven incontrolable a la economía,
causando mercados negros, corrupción, burocracia y desabastecimientos.
La idea de sustituir
la inversión externa por la inversión del Estado,
en lugar de controlarla, nace, al igual que las excesivas regulaciones
e irreales precios administrativos de una sobreestimación
del poder del Estado frente a las fuerzas del mercado. La economía
venezolana sigue siendo una economía de mercado capitalista
y su superestructura sigue siendo la de una democracia burguesa,
y esto determina las opciones reales que tiene la política
económica de Miraflores. La voluntad del cambio revolucionario
y el deseo de ayudar a los pobres, no logra contrarrestar esas realidades
objetivas, tal como experimentaron Mao en el gran salto adelante
y Fidel en la zafra de las 10 millones de toneladas. El voluntarismo
tiene sus límites objetivos.
¿Cómo
evitar la destrucción del gobierno?
La derrota
del referendo debilita sustancialmente el poder del Presidente en
cuatro frentes de batalla: a) ante la oposición interna;
b) dentro de los aparatos del oficialismo, donde los delfines de
la Nueva Clase Política reorganizarán con urgencia
sus escenarios del Chavísmo sin Chávez;
c) en la política internacional y, d) en las Fuerzas Armadas.
Lo último es fundamental si tomamos en cuenta que hace tres
meses hubo un conato de rebelión en un Comando Regional (CORE)
de la Guardia Nacional.
Para evitar
que esta derrota se convierta en el Waterloo del Presidente, es
imprescindible que renueva el sistema de conducción del bolivarianismo
a nivel del partido, del Estado y del parlamento y que se construyan
instancias que se atrevan a debatirle sus propuestas. Estas instancias
tienen que ser pluralistas, para ser funcionales, abarcando un amplio
espectro político, desde el General Alberto Mueller Rojas,
militar jacobino; el General Raúl Isaías Baduel,
representante del centro político; los partidos y
sindicatos obreros de la izquierda que están naciendo; el
Socialismo científico del Siglo XXI y los movimientos sociales,
entre otros sectores, que no sean fascistas.
Hugo Chávez
es necesario para la continuación del proceso, pero sólo
tendrá futuro, si se abre a instancias colectivas de conducción.
Si no, destruirá el proceso que ha ayudado a construir, porque
no solo es cierto, que la Revolución devora a sus hijos,
sino también que los líderes revolucionarios, cuando
se convierten en conductores unilaterales, devoran a la Revolución.
La previsibilidad
de la política
En agosto del
2005 advertí sobre los peligros de la Nueva Clase Política
para la revolución (Venezuela: diez Tésis sobre
la Nueva Clase Política), y en julio del 2006, sobre
la previsible contraofensiva oligárquica-imperial: mientras
los cinco pilares de poder de la oligarquía: el económico,
el militar, el eclesiástico, el mediático y el imperialismo
estadounidense-europeo siguen intactos, la guerra no ha terminado.
Y de hecho, una fuerte contraofensiva oligárquica-imperial
puede esperarse a partir de 2008/9.
Esa ofensiva
contrarrevolucionaria ha llegado. Y las fuerzas de la liberación
están mal preparadas para derrotarla. Es necesario un gran
esfuerzo inmediato, para no perder la guerra.
* Heinz Dieterich,
académico marxista-leninista alemán residente en México,
muy cercano al dictador vitalicio Fidel Castro y al coronel golpista
Hugo Chávez Frías.
|