Mientras las figuras más destacadas del mundo libre rinden homenaje a Oswaldo Payá Sardiñas una parte del exilio cubano le niega el reconocimiento que merece.
Paya fue ofendido por muchos en Miami y hasta el admirado periodista Jorge Ramos cuando lo entrevistó, le hizo unas preguntas impropias y ofensivas, a sabiendas que no podían ser contestadas sin comprometerlo.
Gracias a Fidel Castro el cubano se ha convertido en un animal herido y receloso y ve por doquier el engaño y la traición.
No importa que el Plan Varela haya logrado un extraordinario reconocimiento internacional, y que a través de Payá la aspiración democrática del pueblo cubano haya logrado tan abrumador respaldo, que fortalecerá el movimiento opositor interno, ni que miles de cubanos dentro de Cuba hayan perdido el miedo al firmar el Plan Varela, que es el único factor que mantiene a Fidel Castro en el poder.
Para los recelosos, el Plan Varela debe ser rechazado porque no plantea la eliminación del sistema comunista, porque reconoce la Constitución socialista, y desconoce al exilio. Esta conclusión simplista ignora la historia reciente y más aún desconoce el valor del espíritu humano.
Aunque rechazamos filosóficamente la Constitución socialista, tenemos que reconocer que es la ley establecida en nuestro país por el derecho que da la fuerza y por la cual se mantiene a nuestro pueblo
sojuzgado.
Utilizar esa Constitución como un medio de legitimizar un reclamo popular, no significa un endoso a la misma, sino meramente un método pragmático e inteligente para tratar de darle protección legal a todo aquél que desee cambios democráticos en la Isla y demostrar al mundo libre que el régimen cubano no respeta sus propias leyes cuando la voluntad popular pone en peligro su existencia. El Plan Varela no es la solución, sino un camino más hacia la solución.
La importancia del Plan Varela radica en su primer capitulo: Restablecimiento de la libertad de expresión y de reunión. Este capitulo hace al pueblo cubano soberano de su destino. Lo demás es
irrelevante. Hasta ahí llegará el Plan Varela.
Cuanto el sistema permita semejantes libertades dejará de ser totalitario y no podrá detener el camino hacia la democracia plena. Todo el andamiaje totalitario se caerá.
Gorbachev intentó democratizar el sistema para hacerlo más efectivo y sólo logró, sin buscarlo, no sólo el desplome del comunismo, si no la desintegración de la Unión Soviética y la posterior liberación de los países satélites de la Europa del Este.
El Plan Varela le recordó a Fidel Castro la Perestroika de Gorbachev; por eso movilizó a toda la población para reafirmar el carácter irrevocable de la revolución, olvidando lo que dijera Heráclito hace muchos siglos: sólo el cambio es permanente.
Por eso mientras controle el poder jamás aprobará ningún proyecto que pueda restablecer las libertades públicas. El Plan Varela debe continuar movilizando a la población y utilizar el respaldo internacional que ha recibido para vigorizar el discurso democrático.
Apoyamos el Plan Varela sin reservas como también a todos los otros grupos que buscan conducir a nuestro país hacia la democracia.
No existe ninguna contradicción entre la Asamblea de Martha Beatriz Roque y el Plan Varela de Payá.
Son métodos distintos con el mismo propósito. Acabar con esta pesadilla.