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CUBA EN EL RECUERDO

Por el Dr. Alberto de Castro Gillespie.
Editor Roberto A. Solera

Por Helio E. Nardo*
Crítica de Libros
Abril 23, 2001
La Nueva Cuba


Este pequeño y bello libro (128 páginas con ilustraciones), las memorias de Alberto de Castro Gillespie es una singular contribución a la bibliografía que sobre Cuba se enriquece cada día en el exilio.

Con toda sencillez el Dr. Castro, que fue dentista en Artemisa, provincia de Pinar del Río, durante muchos años, nos traza todos los accidentes e incidentes de su familia, y al relatarlos nos deja una ligera pero efectiva descripción de varios aspectos de la vida en Cuba como colonia de España, la Guerra de Independencia y sus repercusiones, la Guerra Hispano-Americana y la ocupación de la isla por Estados Unidos, de 1898 a 1902, así como la inauguración de la República en l902 y de muchos de los problemas de Cuba republicana.

Toda la narración se mantiene fuera de lo formal y el lector se da cuenta de que lo que ha querido dejarnos el autor es el testimonio de cómo los acontecimientos actuaban en el seno de su familia, reflejando con delicadeza las condiciones sociales de existencia de los cubanos en las distintas épocas.

A mí, personalmente, me ha emocionado la lectura del capítulo "Los Bautista”, con referencia a Juan, Félix y Francisco.

Uno de estos Bautistas, Juan Bautista Quintana, fue mi maestro de cuarto y quinto grado, y durante muchos años Director de lo que después denominarían como "Centro Escolar". Su nombre --de seguro- es recordado por muchos de los que fueron sus alumuos y también por sus colegas.

Juan Bautista Quintana, al que la gente en Artemisa conocía como “el maestro Quintana” haciendo de su primer apellido un segundo nombre, fue maestro singular. Era un "habilitado”, es decir, no había estudiado educación en ningún centro oficial de enseñanza. Tampoco era "cubano por nacimiento, pues era natural de Islas Canarias. Fue un verdadero autodidacta.

Cuando la ocupación norteamericana de la Isla confrontó el desastre que había dejado la Guerra de Independencia, tuvo que organizar el país, desde sus cimientos.

Como no había en cada pueblo más que unas cuantas escuelas, la mayoría privadas, el gobierno del Gral. Leonard Wood, que gobernó Cuba de 1898 a 1902, acometió sus trabajos en salubridad, obras públicas, finanzas y educación con energía singular.

En educacion, como no había maestros disponibles para los miles de escuelas que fueron creadas inmediatamente por el gobierno de Wood se acudió a buscar a toda persona que tuviera una preparación básica en gramática, aritmética etc. la que era sometida a un exámen. Si lo pasaba, era "habilitada” como maestro y comenzaba a trabajar de inmediato. Estos maestros habilitados fueron aceptados hasta que fueron creadas las Escuelas Normales para Maestros, una en cada provincia.

Juan Bautista Quintana, “maestro habilitado", era una luminaria. Lector impenitente, nos llevaba a las clases asuntos que no estaban en los programas de los cursos. Recuerdo todavía cuando nos enseñó en quinto grado, a determinar la longitud y latitud, en grados, minutos y segundos.

El Dr. Castro no era solamente el mejor dentista del pueblo. Además, tenía una buena preparación musical. Contribuyó a la creación de una revista que se tituló ALBA. En esta publicación estaba asociado a un español que residía en Artemisa nombrado Ramón Sánchez Póo. Este Sanchez Póo, era un escritor “chapado a la antigua”, lo que reflejaba en sus títulos: "No era un guerrero, hablaba”; ”No era un jerifalco, discutia”. Nosotros, los jóvenes de aquella época, nos burlábamos de ese tipo de literatura.

El esfuerzo como editor que ha hecho Roberto A. Solera, es más que loable. De no ser por su diligencia, todos esos trazos de las distintas épocas que vivió el pueblo de Cuba, se hubieran perdido. Y testimonios como éste del Dr. Castro Gillespie cobran importancia para que otros entiendan y comprendan las dificultades y problemas que el pueblo de Cuba debió afrontar.

No sólo de los sesudos trabajos de los expertos se puede conocer lo que ha ocurrido en un país. También lo que nos cuenta la gente en su diario vivir, es importante.

Para eso, para entender y comprender la Cuba que fue, el bello volúmen que ha dejado escrito el dentista Alberto de Castro Gillespie cobra importancia. A la luz de la verdad verdadera, que es la que cuenta gente que vivió en determinado periodo de paz o de convulsión social.



*Helio E. Nardo es abogado cubano exiliado y ex bibliotecario de la Biblioteca John F. Kennedy, Hialeah. Vivió gran parte de su vida en Artemisa, Pinar del Río..


(1) Autor de: "Cuba en el Recuerdo", Editorial Término, 2000





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