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EL PODEROSO CABALLERO,
LA DISIDENCIA Y CASTRO

Por Iria González-Rodiles *
Colaboración
Berna
Suiza
La Nueva Cuba
Abril 24, 2008
"Dice
el Comandante que 'esto' tiene que acabarse", asegura un agente
de la Policía Política cubana a un colega de la prensa
independiente, quien, a su vez, me transmite el mensaje intimidatorio
al-pie-de-la-letra, a solicitud del gendarme. Entiéndase
por 'esto', la prensa alternativa, la oposición, la disidencia.
Comprendí que "la orden de extinguirnos había
sido dada". Y así lo escribí, lo denuncié,
desde Cuba.
Aunque el hecho
data de los meses posteriores a la Primavera Negra del 2003, posee
absoluta vigencia: el oscurecimiento de la Primera Estación
Cubana, no ha terminado. No se trata, por lo tanto, de una efemérides
o un suceso ocasional, pasado, sino de un fenómeno permanente,
porque aún existe la privación de libertad por el
quehacer pacífico o el criterio distintos al oficial.
Bajo ese estado
de sitio sobre la conciencia ciudadana permanecen condenados, a
monumentales años de cárcel, prominentes miembros
de la oposición y la disidencia cubanas que fueron sometidos
a juicios sumarísimos, sin la mínima garantía
que proporciona un Estado de Derecho: eran considerados culpables
de antemano.
Pero Castro
lo sabe: ha fallado. Porque los tiempos son otros: cuando casi todos
escuchan. Y porque su mente resbala, como lo hizo su propio cuerpo
al revolcarse por el piso de la tribuna. Ya su paciente Enemigo
-y de todos nosotros, los mortales- no lo ronda; se ha posesionado
de él: la ancianidad achacosa.
El escándalo
de la andanada represiva contra la disidencia interna -pacífica,
en grado absoluto- ha revuelto el estómago al amplio espectro
político internacional, sin excluir la izquierda, siempre
tan defensora, simpatizante, fanática, del régimen
cubano. Mas ya era excesivo. "Hasta aquí ", han
dicho.
Sí, el
Comandante sabe que ha perdido buen terreno en el mundo oscureciendo
la primavera de la bella isla tropical, caribeña. Aunque
no sea la primera vez: en el 2003, como antes, durante décadas,
la represión siempre estuvo presente en el panorama nacional,
de forma expresa o furtiva, sutil o alardosa, pero entonces corrían
los tiempos del "cuando nadie escuchaba" y de la total
desinformación.
Y la mejor o
única manera de recuperar "lo perdido" y justificar
la escandalosa represión sería acusando a la disidencia
de ser agentes asalariados de la CIA, mercenarios a sueldo del tan
odiado -¿odiado?- imperialismo norteamericano, que ponían
en peligro la "soberanía y la independencia nacionales".
Suficiente, para "ablandar", al menos, a sus consentidores
amigos. Y para ellos -gobernantes e intelectuales izquierdistas-,
envió emisarios. No sé hasta qué punto y si
en realidad los embaucó de nuevo o si continuaron siendo
cómplices a ultranza.
Del dinero y
otros asuntos
Pero, ¿es
que Fidel Castro llegó al poder sin que mediara dinero alguno?
¿Falla su memoria o su mente ya desvaría? Y las armas,
los pertrechos de guerra, los suministros necesarios, la propaganda,
todos los recursos utilizados durante su contienda ¿de dónde
salieron? ¿Con qué se adquirían, sino con dinero?
¿No recaudaba fondos mediante la venta clandestina de bonos?
¿No aportaron dinero propio hasta quienes combatieron a su
lado? ¿No colaboró económicamente con Castro
el exilio cubano?
Según
los historiadores y expertos del tema, durante sus preparativos
de la expedición en México que, por supuesto, incluían
la compra de armamento, a Fidel Castro "el impulso final le
vino con cien mil dólares aportados por Prío (1),
de los cuales quince mil fueron dedicados a adquirir el yate Granma,
un viejo navío de recreo de veinte metros de eslora comprado
a un norteamericano". (2)
Así,
lo que es lícito para Fidel Castro -recibir dinero del exilio
cubano, de sus compatriotas- él lo decreta ilícito
para otros, aunque los demás no lo destinen a urdir y realizar
acciones armadas o terroristas.
Pero sobre el
escabroso tema del dinero, fuentes fidedignas revelan mucho más:
"Entre fines de 1957 y mediados de 1958 la CIA, representada
en Santiago de Cuba por el vicecónsul Robert D. Wiecha, le
había entregado al Movimiento 26 de julio unos cincuenta
mil dólares mientras mantenía relaciones fluidas con
diversas vertientes de la oposición". (3)
Y el líder
máximo de ese movimiento insurgente era Fidel Castro, nadie
lo ignora. De modo que recaudar dinero con la ayuda de la CIA es
-de nuevo- lícito para Fidel Castro, pero no lo es para otros,
aunque el dinero recibido por los demás ni provenga de la
CIA, ni lo empleen en acciones violentas y armadas.
A Castro lo
justificaba su "lucha contra la dictadura batistiana";
a los disidentes, la imperiosa necesidad del restablecimiento de
la democracia, el estado de derecho y el respeto a los derechos
humanos en Cuba. (Para una, otra, señores. Y con toda razón,
porque cada uno de estos reclamos se han esfumado de la Isla por
más de medio siglo).
Pero si alguien
puede acusarse de poner en riesgo "la independencia y la soberanía"
de Cuba, ha sido, es, Fidel Castro. Entre otros incontables motivos
-tales como el protagonismo en las guerras de África y las
guerrilas en América Latina-, porque el subsidio de la Unión
Soviética sobrepasó, en el transcurso de treinta años,
la escandalosa cifra de "mil millones de dólares, según
la angustiada auditoría de la historiadora rusa Irina Zorina,
una cifra que multiplica por ocho el monto del Plan Marshall destinado
a reconstruir toda Europa después de la Segunda Guerra Mundial".
(4) (De la CIA a la KGB, de los EEUU a la URSS. ¡Cuánta
dialéctica marxista-leninista, señores!).
Aún más:
por dinero también Castro puso en peligro a la mismísima
Unión Soviética. Según los estudiosos del tema,
en la década de los '80 "el subsidio a Cuba ya andaba
en varios miles de millones de dólares anuales, mientras
la situación económica en la propia URSS se deterioraba
rápidamente en el frente financiero y en el de la producción
(...) El país involucionaba hacia el Tercer Mundo como consecuencia
de garrafales disparates económicos" (5), entre éstos,
la monumental subvención al régimen de La Habana,
agrego.
.
Con dinero o sin dinero, ¿se puede?
Pero aquí
no termina la historia de las malas andanzas del Poderoso Caballero
en la Cuba de hoy. A pesar de la escasez y de la pobreza que sufren
los cubanos, el régimen desvía e invierte cuantiosos
recursos en sus campañas políticas ideologizantes.
Tal es el caso de las llamadas tribunas abiertas, marchas del pueblo
combatiente, desfiles, concentraciones, mítines de repudio
y todo tipo de convocatoria masiva gubernamental, (perfectos instrumentos
para zombizar a los participantes, en tanto que la mente ociosa
y programada se conduce como un rebaño obediente, manipulable,
sin criterio propio).
Recuerdo un
artículo -que siento no tener a mano para citarlo textualmente,
escrito por la destacada opositora Martha Beatriz Roque y publicado
en un Boletín de la Asociación de Economistas Independientes,
con el cual colaboré por algún tiempo- donde se demostraba
el alto costo de las millones de banderitas de papel y de pulóveres,
que se elaboran para las constantes convocatorias, mientras faltan
cuadernos y uniformes para los escolares.
Otro tanto sucede
-explicaba Martha Beatriz- con la madera que se destina para la
construcción de tribunas a todo lo largo y ancho del país,
la energía eléctrica para la transmisión y
el alumbrado de los actos, además del gasto de combustible
para transportar a los participantes y las constantes interrupciones
de la jornada laboral, por sólo citar algunos ejemplos. Todo
esos recursos y muchos otros sólo se encuentran disponibles
para la ciudadanía de manera muy limitada e, incluso, hasta
le resultan casi inaccesibles.
Pero, totalitarista
al fin, el régimen cubano es Dueño de Todo y, como
tal, puede tomar de las arcas estatales, lo que estime conveniente
para sus campañas políticas robotizantes. Puede disponer
del dinero a su antojo, porque siempre estará justificado,
'debidamente autorizado'.
(Sí,
poderoso es el dinero; tanto, que el propio Don Francisco de Quevedo
y Villegas lo calificó de Don y de Caballero, a pesar de
condenarlo. Teóricamente, sólo el comunismo contempla
la desaparición del metal. Pero, hasta ahora, a Dios gracias
y para el bien de todos, no ha llegado esa etapa de la "sociedad
del futuro". Todo lo contrario: hasta las 'caricaturas' de
gobiernos comunistas que, por desgracia, aún existen en el
mundo actual, utilizan el dinero, y de qué mala manera).
Pero quienes
se oponen, quienes disienten, no poseen nada. No cuentan con ninguna
fuente económica para hacer su labor opositora al régimen
o divulgar sus proyectos políticos. Aún más,
por su condición de disidentes, se les cierran todas las
puertas de la sociedad cubana de hoy. Tienen que recurrir, como
históricamente se ha hecho en la Isla, al exilio cubano,
a los amigos y simpatizantes, a las organizaciones no gubernamentales
de la esfera internacional.
Ahora, viendo
las cosas como son, ¿qué actividad humana se realiza
sin dinero? Porque el dinero rige toda la vida del mundo actual,
está presente en todas transacciones de nuestros tiempos
y surgió desde los albores de la civilización.
Pero cobrar
un sueldo, recibir ciertas prebendas (viajes, autos, casas, que
no están al alcance de todos los ciudadanos), como pago por
la docilidad de someterse a un guión -como sucede dentro
del mundo de la oficialidad, de los incondicionales a la dictadura-,
es una cosa. Y recibir una asignación mínima para
la sobrevivencia dentro de una sociedad hostil y cerrada, y contar
con una ayuda que proporcione cierta independencia económica
respecto al Dueño de Todo, para poder expresarse y obrar
libremente -como es el caso de la disidencia- es otra cosa. Ésa
es la diferencia fundamental entre el oficialismo y la disidencia.
Cuanto haga
el Poder será considerado como "políticamente
correcto"; cuanto haga la Oposición, como "políticamente
incorrecto". ¿Por qué considerar uno legal y
el otro no? De nuevo, lo que es lícito para Fidel Castro
es ilícito para los demás, aunque sólo intenten
un cambio sin el empleo de la violencia.
Así las cosas, Castro intentó remendar la imagen personal
antes de su "retiro" del poder. Poco logró: la
Unión Europea mantuvo las sanciones aplicadas desde aquella
oscura primavera cubana y, quizás, la izquierda nunca le
perdone el error garrafal que añadió otra marca, otra
mancha, a los zurdos... por la tanta zurdera. Pero, por encima de
todo, su brillante inteligencia muestra un evidente cancaneo, porque
ni siquiera logró extinguir el movimiento de opositores y
disidentes. Alto precio ha pagado el régimen cubano por el
'gorilazo' del 2003, inútilmente.
Calculó
mal. Sí, lo sabe. Él, que se consideraba invencible,
"a winner", campeón de Una Gran Contienda, siempre
ileso, aunque "metiera la pata... hasta las narices",
cuando aquel, su "Divino Tesoro" -también- se tornó
su Enemigo: la juventud.
Tal vez, porque
vencer la vejez no es asunto fácil. Cuentan las Enseñanzas
de Don Juan que para lograrlo deben vencerse primero el miedo, la
claridad de mente y el poder. Pero, quien se obsesiona con el poder
no logra vencer la vejez, ni alcanzar el pleno Conocimiento, hasta
los máximos límites permisibles a la especie humana.
Y él se quedó ahí, enfermizamente enamorado
del Poder.
Durante la etapa
republicana de la Isla (cuánto ha llovido), Don Fernando
Ortiz solicitó a todos los cubanos, sin excepción:
"Renazca la paz en Cuba a toda costa, aceptemos sin anacrónicas
patrioterías las soluciones que política y socialmente
se imponen a nuestro terrible problema". (6)
Parece que todavía
su voz resuena, con más fuerza que nunca -en todos los confines
de nuestra tierra natal y del mundo, por donde andamos dispersos
nosotros, los cubanos-, reclamándonos no pasar por alto la
magnífica posibilidad de que Cuba cambie, para el bien de
todos.
Notas y fuentes:
(1) Carlos Prío
Socarrás, presidente elegido en las urnas por el pueblo cubano
y desplazado del poder manu militari, por el General Fulgencio Batista
Zaldívar, el 10 marzo de 1952. Exiliado en Miami con posterioridad
al golpe de estado batistiano. (Nota de la autora).
(2,3,4,5) Viaje
al corazón de Cuba, de Carlos Alberto Montaner, Plaza &
Janés Editores, Barcelona, 1999.
(6) Entre cubanos,
psicología tropical, de Don Fernando Ortiz, Editorial Ciencias
sociales, La Habana, 1987.
*
Iria González-Rodiles, es periodista independiente. Fundadora de la
Agencia CubaPress. Escribe para la prensa alternativa desde 1995.
Sus artículos y crónicas han sido publicados en diferentes medios
tales como en las páginas WEB de la SIP (Sociedad Interamericana de
Prensa), CubaFreePress, Nueva Prensa Cubana, Cubaicei.org del Instituto
de Economistas Indepiendientes, RSF (Reporteros sin Fronteras) y en
revistas como la Hispano Cubana y Nueva Prensa Cubana.
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