FRENTE A USTEDES,

LA VIAJERA TERMINAL:
CRONICAS SUIZO-CUBANAS

Introducción

 Prefiero más que llegar,

pensar que ya voy llegando,

andar por andar, andando,

caminar por caminar (*).

Por Iria González-Rodiles *
Colaboración
Berna
Suiza

La Nueva Cuba
Octubre 3, 2008


 

Entre poemas y canciones va la Viajera Terminal, porque poetas y músicos andantes –cual encarnaciones del Caballero de la Triste Figura y de los Caballeros Templarios—,  nos acompañan por los enigmáticos derroteros de la vida, siempre.

 

Así sucede porque Hombre y Arte son inseparables. El arte es un gran descubridor: imagina, interpreta, refleja, lo íntimo y lo expuesto, lo vivido y lo por vivir, de toda la Humanidad peregrina. De tal modo, en las obras que conforman la Historia del Arte –del mundo—, descubrimos nuestras propias impresiones, recuerdos, anhelos y sentimientos...nuestros sueños en el antes, el ahora, el después, el más allá...en lo hipotético.

 

Por eso, nos apropiamos –me apropio— de la obra de los creadores; las hago mías, porque su acompañamiento embellece y hará más comprensibles las crónicas de la Viajera Terminal que, a veces, reflejan la crudeza de los infortunios vividos, inseparables del avatar humano en su paso por la Tierra.

 

Y puesto que el auténtico arte eleva, pule y distingue al hombre dentro del reino animal, es noble tarea difundirlo en todo momento. Lo que degrada o embota no es arte, aunque algunos se empeñen en nombrarlo de igual modo. De ahí que las citas de poemas y canciones, escogidas por mí, provienen de auténticas  figuras de la creación musical y literaria mundiales.

 

Con algunos creadores contemporáneos, tuve un trato directo –de trabajo o amistad—, en etapas anteriores de mis andanzas. Uno de ellos, cierta vez, me escribió en una carta, desde la prisión: “No desconfíes de mí, créeme, pues los poetas antes fuimos profetas: pronto te irás de Cuba”. Él,  cautivo, me enviaba augurios de libertad. Indirectamente, me sugería partir, cuando la primavera se tornó negra en Cuba con pronósticos de convertirse en un invierno tenebroso, largo, como nunca antes en la Isla.

 

                                                 Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

                                                 Es la hora de partir. ¡Oh abandonado! (1)

 

La profecía del bardo –encarcelado, triste— se cumplió: vivo el destierro político desde hace casi un lustro que me parece un siglo, despojada de lo que más amo en mi vida: la compañía de mi familia y el sonido de mis pasos, deambulando por las calles y recovecos de la tierra natal. Ambos insustituibles, aunque el aspecto  paradisiaco de un mundo nuevo, agradable, abierto,  prometedor, se presente como la alternativa conveniente, aconsejable al menos, ante un peligro cuya magnitud y consecuencias nos resultan ignotos e imprevisibles.

 

                                                   Ay seguir el camino que se aleja de todo,

                                                   donde no esté atajando la angustia, la muerte,

                                                   el invierno

                                                   con sus ojos abiertos entre el rocío (2 ) 

 

Y aquí estoy, aplicando –contra los embates del camino— la útil enseñanza militar que me forjara desde mi juventud temprana: “¡Vista al frente, pecho erguido, frente alta! ¡Firme! ”. Pero, ahora y desde hace mucho tiempo, descubriéndome como el Guerrero de la Luz que, según Paulo Coelho (3), todos somos sin saberlo:

                                               

                                                    Tantas veces me mataron,

                                                     tantas veces me morí,

                                                     y, sin embargo, estoy aquí

                                                     resucitando.(3)

                                                    

Pese a todo, y a causa de la Gracia y de las supuestas  desgracias derramadas en mi ruta –llena de laberintos y encrucijadas—,  esta viajera terminal, sin adarga ni adalid, ha “andado muchos caminos y abierto muchas veredas” (4), para ahora contarlo en estas crónicas inesperadas.

 

                                                    Gracias doy a la desgracia

                                                    y a la mano con puñal       

                                                    porque me mató tan mal,

                                                    que seguí cantando. (3)

 

Mis Crónicas suizo-cubanas no intentan establecer comparaciones entre Cuba y Suiza –aunque  lo aparenten— porque los dos países son incomparables, dadas las abismales diferencias que existen entre ambos, en todos los sentidos. 

 

Pero, de forma natural, la memoria humana se asemeja, por describirlo de algún modo, a La máquina del tiempo de H.G.Wells (5):  se retrotrae con frecuencia y enlaza situaciones anteriores con el instante en que se vive. Mucho más cuando existe una conexión afectiva intrínseca, entre el presente y el pasado. Y más aún, cuando la categoría de ‘lo pasado’ sigue siendo ‘el presente’, aunque se halle muy lejos, desde el punto de vista geográfico.

 

Las Crónicas suizo-cubanas son como la continuidad de mi primer libro, El Paraíso castrado (6), que fue escrito dentro de Cuba y publicado, en versión para la red, gracias a las Asociaciones de Intelectuales Barcelona Radical. Pero con una gran diferencia entre ambos: en Cuba, yo permanecía estática, como en una jaula; en Suiza, me desplazo, viajo, dentro y fuera del país helvético.

 

Por eso son, como lo indica el título, crónicas de viaje, en una etapa de mi vida que se aproxima cada vez más a ese ‘final countdown’ de todo peregrino por este Valle de Lágrimas que, aunque así llamen al mundo porque no pocas veces mueve al llanto, siempre resulta hermosa e interesante la vida en este paradisiaco planeta.

 

                                                      I see skies of blue and clouds of white,

                                                      the bright blessed day, the dark sacred night,

                                                      and I think to myself, what a wonderful world. (7)

 

Otra diferencia –entre el Paraíso castrado y la Viajera terminal— radica en el modo de referirme a la problemática cubana. Como podrán apreciar los ciberlectores cuando, poco a poco, se publiquen parte de las crónicas de mi nuevo libro, el discernimiento se dirige más hacia  lo humano, lo social, lo íntimo. Pero,  irremediablemente, también aluden lo político, porque en Cuba todo está manoseado por la desgraciada política impuesta, sin excluir lo que ésta no debe tocar al no corresponderle. 

 

Estas ‘nuevas formas’ de tratar el atolladero cubano obedecen a tres demandas esenciales. En primer lugar, para que el mensaje del conflicto cubano logre mayor receptividad y comprensión en destinatarios de pensamientos tan diversos como la Naturaleza misma. En segundo lugar, porque rechazo los estancamientos, me aburren las repeticiones. Y, en tercer lugar, diría como los jóvenes de mi época: ‘para descargar el saco’, porque lo que no se expresa, lo que se contiene –según afirman los especialistas del alma— daña, enferma, por acumulación y estalla por el peso excesivo.                                                    

                                                     Vamos, decime, contame,

                                                     todo lo que a vos te está pasando ahora,

                                                     porque si no cuando está el alma sola, llora. (8)

                                                   

Sufrir es más que gozar, es verdaderamente vivir”, sentenció un insuperable poeta y escritor, José Julián Martí y Pérez (9), por demás, Apóstol de la Independencia de Cuba. Supongo que Martí expresa, mediante esta sentencia, la imposibilidad de separar el sufrimiento y la vida. Pero, ¿por qué compara Martí el sufrimiento con el gozo? Tal vez, porque el gozo no requiere valerse de la  fortaleza espiritual, de la ecuanimidad, de la paciencia, indispensables para ser capaces de asumir, de soportar, el inevitable sufrimiento al que nos vemos expuestos en la vida no pocas veces. O porque el gozo exclusivo, conduce a la vacuidad.

 

De acuerdo a la máxima “todos los extremos son perjuciales”, quizás el estado perfecto sea un equilibrio entre el gozo y el sufrimiento; lograrlo, ya es tema aparte. Pero la tendencia natural del ser humano es la búsqueda de la felicidad, aunque no siempre la alcance debido a situaciones difíciles de superar, aunque no imposibles. Tan complicado asunto me remonta a Cuba y al tatuaje de una vecina del barrio habanero Santos Suárez.  En su brazo leí, cual epitafio: “Sufro y callo”.

 

Rubia, de extrema delgadez, poseía una buena cantidad de descendientes de igual sello fisonómico. Todos vivían arrinconados al fondo de la casa –ubicada en la calle Lacret, próxima a la avenida Mayía Rodríguez— dentro de la única y reducida parte de la vivienda que aún contaba con un pedazo del techo: el resto se había desplomado, conservando en pie sólo las vetustas paredes, con sus ventanas corroídas y rejas herrumbrosas. 

 

Desde lo alto, la vieja casona parecía un laberinto dantesco, miserable. Todos sus habitantes poseían el cariz personal que delata la pobreza extrema. Pero al rostro de mi rubia vecina se le añadía una acentuada expresión de desdicha y derrota, junto a la hosquedad –casi fanfarrona— de su conducta: una coraza, como víctima de la mala hora que vivía junto a su progenie, despreciada por la gente, o al menos, excluida de la sociedad.

 

Yo asociaba a la pobre mujer, su familia, su casa, su desgracia, con algunos versos de León Felipe, cantados por Serrat:

                                                     Va cargado de amargura,

                                                     Que allí encontró sepultura

                                                     Su amoroso batallar (10)

 

Casi resulta imposible evitar el sufrimiento, pero callar, no. Y no sólo porque envenena el alma, la existencia.  Aunque no me atraen los dibujos cutáneos, yo, en su lugar, me hubiese tatuado otro letrero: Sufro, pero no me callo. Por eso, desde hace años, a diferencia  de mi vecina, me descubro en la letra de esta chacarella:

 

                                                     Hay que sacarlo todo afuera

                                                     como la primavera,

                                                    nadie quiere que adentro algo se muera.

                                                    Ahora, mirándose a los ojos,

                                                    sacar lo que se pueda afuera,

                                                    para que adentro nazcan

                                                    cosas nuevas, nuevas, nuevas...

                                                    Nuevas. (8)

 

Y, aunque no pueda mirarlos a todos ustedes, frente a frente, por las leyes físicas que rigen en el espacio y el tiempo para nosotros, los mortales, en este mundo nuestro, al menos intento sacar a flote todo lo que pueda colaborar al renacimiento de una vida nueva en Cuba, en nosotros los cubanos y en todos los peregrinos que se dispongan a andar, por los derroteros de la vida, junto a las crónicas suizo-cubanas de ésta, su viajera terminal.

 

 

Iria González-Rodiles

Berna, octubre  2, día de los Santos Ángeles Custodios,

Año del Señor  2008

 

 

(*) Andar por Andar. Canción. Alberto Cortez (Rancul, La Pampa, Argentina, marzo 11 de 1940).

(1) La canción desesperada. Pablo Neruda (Parral, Chile, 1904-1973).

(2) Los veinte poemas. XI. Pablo Neruda.

(3) La Cigarra. Canción interpretada por Mercedes Sosa (San Miguel  de  Tucumán, Argentina, 9 de julio, 1935).

(4) El Viajero. II.  Antonio Machado (Sevilla, España, 1875-1939).

(5) La máquina del tiempo. Hebert George Wells (Bromley, Kent, Inglaterra, septiembre 21 de 1866-Londres, agosto 13 de 1946).

(6) El Paraíso castrado. Ernestina Rosell/Iria González-Rodiles (Guantánamo, Cuba, mayo 24 de 1943).

(7) What a wonderful world. Louis Amstrong. (New Orleans, Los Ángeles, Estados Unidos, agosto 4 de 1901-New York City, julio 6 de 1971).

(8) Soy pan, soy paz, soy más. Chacarella de Piero José, cantada por Mercedes Sosa.

(9) José Julián Martí y Pérez (La Habana, Cuba, Enero 28 de 18..-Dos Ríos mayo 19 de 18..)

(10) Vencidos. León Felipe. Versos cantados por Joan Manuel Serrat (Barcelona, España, diciembre 27 de 1943).




* Iria González-Rodiles, es periodista independiente. Fundadora de la Agencia CubaPress. Escribe para la prensa alternativa desde 1995. Sus artículos y crónicas han sido publicados en diferentes medios tales como en las páginas WEB de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), CubaFreePress, Nueva Prensa Cubana, Cubaicei.org del Instituto de Economistas Indepiendientes, RSF (Reporteros sin Fronteras) y en revistas como la Hispano Cubana y Nueva Prensa Cubana.


 




 

 


 





 





 

 

 

 

 











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