LA NUEVA CUBA
 
  
 
 
 
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ANALISIS
EL FENOMENO PAYA EN LA ARENA INTERNACIONAL

Por Jorge Hernández Fonseca*
Brasil
Colaboración
La Nueva Cuba
Enero 11, 2002


El período pos-Guerra Fría se ha mostrado como una fase de acomodo para las políticas externas de los países grandes, propulsados fundamentalmente por el bloque europeo, que pudo adelantar su unión económica y comercial, extendiéndola al área monetaria, y cristalizando así un fenómeno positivo, socialmente unitario, políticamente pacífico, económicamente sólido y comercialmente envidiable, dando muestras de la viabilidad de un proyecto semejante.
Mientras tanto, Estados Unidos --que emergieron como la única gran potencia en ese mismo período-- no ha podido concretar su hegemonía en el campo político, motivado en parte por la falta de estrategia para unir sus vecinos --de mucho menor grado de desarrollo social, político y económico-- y en parte por la oposición discreta que la política exterior de una Europa unida le ha ofrecido internacionalmente, como contrapartida a esa hegemonía.
Cuba ha tenido un importante papel geopolítico en este juego. Ya desde la época franquista, Fidel Castro disfrutó de la inesperada solidaridad del Caudillo español --padre de la política europea de apoyo velado al dictador cubano-- que posteriormente se extendió a todo el Viejo Continente.
La estrategia era clara, la isla de Cuba era un puñal clavado en el corazón de la política exterior de Estados Unidos, el cual fue utilizado por los europeos en una doble dirección: primero, a través de la "solidaridad" de la sociedad europea con la lucha de un pueblo "heroico y pequeño" contra una potencia "hegemónica y ambiciosa", que les había impuesto un abusivo "embargo económico", dando abundante oxígeno y cordel a la intelectualidad izquierdista del viejo continente; y en segundo lugar, garantizando la libre entrada de sus empresas y capitales en semejante paraíso tropical, que como pocos, ofrecía una mano de obra barata --por no decir esclava-- en un terreno ausente de sus competidores norteamericanos.
Lo anterior explica la inconsecuencia aparente de la política exterior europea hacia Cuba, que si bien acciona al Dictador presionándolo para que ejecute cambios en su sistema político y social, paralelamente le ofrece créditos, ejecuta cuantiosas inversiones en infraestructura y explota la mano de obra cubana de la manera más oportunista que las circunstancias le permiten.

Estados Unidos por su parte, enfrentó a Fidel Castro desde sus inicios con políticas de apoyo a la oposición cubana, que tuvieron su final después del fracaso de la expedición armada de Bahía de Cochinos primero y de los acuerdos Kruschov-Kennedy un año después, quedando solamente la política de embargo, como tibio remanente de un pasado de enfrentamientos.
A partir de ese momento, la política norteamericana hacia Cuba se mantuvo en un impasse inexplicable, mientras el Dictador cubano agitaba el continente con su apoyo directo a las guerrillas --abundantemente promovidas desde la Isla-- mientras Europa comenzaba a venderle maquinarias y equipos especiales, disfrutando de un mercado libre de la competencia incómoda de los productores norteamericanos, tradicionales suministradores de Cuba.
De la venta de equipos y mercancías --después de la desaparición de la Unión Soviética-- Europa pasó a ser considerada por el Dictador cubano como su principal socio comercial, permitiendo inversiones estratégicas de miles de millones de dólares en los últimos 12 años, para constituirse en su principal aliado, detentor de la mayor parcela del capital extranjero.

Durante todo este proceso - económico y comercial --el dictador reeditó su historia de país agredido y "bloqueado", filosofía que se ajustaba a los patrones europeos de "estar ayudando a Cuba en sus dificultades frente a los norteamericanos", aspecto que encajó en las tradicionales posiciones de la izquierda europea, permitiéndole hacer una "oposición ética" a la política norteamericana hacia Cuba, basada en postulados tan solidarios cuanto hipócritas.
Por su parte y hasta el presente --después de 44 años-- Estados Unidos no ha presentado todavía una política coherente hacia los problemas de la Cuba actual --sólo medidas circunstanciales, aisladas e inconexas, siempre bajo presión del exilio-- mientras Europa, después de su irrupción en la economía cubana, comienza a dar cartas importantes en el contexto político interno de la Isla --encabezada por España-- que en ese papel disfruta la dulce venganza por el Tratado de París que Estados Unidos le obligó a firmar a finales del siglo XIX, cuando tuvo que cederla para que finalmente "la Perla de su Corona" fuera independiente.
Hasta este momento, los esfuerzos de la oposición cubana se vieron --y en la óptica oportunista del Viejo Continente --como un intento de Estados Unidos por retomar su control sobre la Isla, aspecto reforzado por la propaganda castrista que siempre acusó a sus opositores (pacíficos o no) de "agentes de la CIA norteamericana". La ejemplar lucha del pueblo cubano no era escuchada, mientras la Izquierda y el capital europeo se solidarizaban con la Dictadura.

Así las cosas, surge dentro de Cuba un Proyecto que propone, dentro del esquema actual, dar libertades adicionales a los cubanos, en fase con las mejores tradiciones europeas de libertad, igualdad y fraternidad, a las que Fidel Castro se ha opuesto por todos los medios y en todos los frentes, razones por las que resulta inviable la continuación del apoyo europeo a la verdadera masacre que lleva a cabo el dictador cubano internamente contra su pueblo.

A despecho de las verdaderas intenciones del Proyecto Varela y sus proponentes, es importante no cometer la ingenuidad de analizar las actividades internacionales --promovidas por Europa-- que se realizan en torno al mismo, pensando que finalmente el Viejo Continente se preocupa por nuestros derechos, sin tener en cuenta el verdadero contexto en que estas actividades están inscritas, sobre todo ahora, que al período de "transición" dentro de Cuba se le han dado múltiples connotaciones y que el dictador cubano está pronto para "el viaje final".
El Premio Sájarov concedido al patriota cubano Oswaldo Payá está inscrito en la política europea de hacer valer para Cuba un proceso de transición donde sus intereses actuales sean preservados; lo anterior no resta valor, ni al patriota cubano, ni al Premio que acaba de recibir, por el peso que ambos poseen en la lucha por hacer luz sobre el real problema cubano, oculto por tanto tiempo a la mirada internacional, tirándolo definitivamente del contexto Cuba-Estados Unidos, para ponerlo --como bien dijera Payá-- en su verdadero contexto gobierno-pueblo.

Es importante decir, que hubiera sido materialmente imposible que Estados Unidos, a pesar de estar geográficamente más cerca de la Isla, hubiera podido propiciar un proceso semejante, con la resonancia y la aceptación que ha tenido el Proyecto Varela y la actividad que ha desplegado en pocos días su líder Oswaldo Payá. Existe demasiada polarización del conflicto cubano-norteamericano, como para que Estados Unidos hubiera promovido -creíblemente-- un proceso semejante y en esto el Viejo Continente ha jugado un papel inestimable.
Europa sin quererlo, persiguiendo sus intereses económicos en Cuba, nos ha dado una tribuna que necesariamente tenemos ahora que aprovechar para enfocar la realidad de nuestro drama y decir al mundo --dejando de lado la disputa táctica en torno al Proyecto Varela-- nuestra verdad, que es totalmente equidistante de cualquier foco que no sea el de la libertad de Cuba.
La invitación del Departamento de Estado norteamericano ajeno a este proceso, para que Payá lo visitase recientemente, es un síntoma inequívoco de la reacción norteamericana ante este importante acontecimiento, despertando de un golpe a la realidad de la Isla, Ojalá que los analistas del Departamento de Estado sepan descubrir en esta grave fisura del cuerpo de la dictadura castrista --provocada por Payá, su Proyecto y los esfuerzos europeos-- un factor aprovechable para la estructuración de una política norteamericana inteligente, aliada o no al Viejo Continente, en este contexto --prometedor y decisivo-- de la lucha del pueblo cubano.

Por otra parte, existe dentro de Estados Unidos una tendencia pragmática creciente (también de intereses comerciales) para cambiar la política tradicional de embargo a Cuba, que tiene como base recuperar el terreno perdido frente a Europa, pero que también trabaja a espaldas del sufrido pueblo cubano.
Este grupo de poder, en cierto sentido, también se siente inclinado (y ya comenzaron a trabajar) a promover en la Isla un cambio moderado, más en fase con los objetivos limitados que se ha trazado el Viejo Continente para la Isla y que implica compromisos inaceptables con la Dictadura que por 44 años ha oprimido el país. ¡Mucho ojo!

La acogida casi unánime que el Proyecto de Payá ha tenido en Europa, debemos analizarla en el contexto de los intereses europeos en la Isla, más que como un repentino ataque de altruismo que los políticos del Viejo Continente han contraído por la lectura del documento.
De igual manera y en algún momento de este proceso que ahora se inicia, el gobierno de Estados Unidos tomará posición ante a este nuevo fenómeno. Es el deber de la comunidad cubana exiliada, sugerir a la Administración norteamericana su apoyo en la lucha por la libertad incondicional de los cubanos de dentro y fuera de la Isla, libres de injerencias foráneas.
El análisis anterior explica la reacción contraria al Proyecto Varela de una buena parte del exilio tradicional, que siempre ejerció una fuerte influencia en la Casa Blanca y que propugnó, durante años una línea inflexible en la lucha contra la dictadura de Fidel Castro --estratégicamente en fase con los intereses económicos norteamericanos dentro de la Isla-- que pasaron ahora a ser administrados por europeos, aprovechándose de la debilidad económica del Dictador.
Adicionalmente, este enfoque explica también las causas del tratamiento diferenciado que la Dictadura dispensa a sus opositores, según éstos sean apoyados (o no) por naciones del Viejo Continente --en sociedad con la Dictadura-- más que por sospechas de trabajar a las ordenes directas del Dictador, como se ha dejado entrever malintencionadamente.

Es incuestionable que el mundo está dividido en bloques políticos diversos, que si bien no son adversarios irreconciliables, los intereses deciden sus acciones muy por encima de principios libertarios, supuestamente sagrados. El exilio por su parte, tiene el deber de saber el camino que pisa, de manera de posibilitar dar los pasos en la dirección que conduzca a la aceleración del proceso de cambios en el seno de la sociedad cubana, sea presionado por Europa --defendiendo sus intereses actuales (proceso que ya comenzó de una manera positiva para la causa cubana)-- sea por Estados Unidos --defendiendo sus intereses antiguos-- (proceso que está por verse si se concreta de alguna manera positiva para el pueblo cubano).

En cualquier caso, lo importante es el objetivo sagrado de la libertad de Cuba; después, ¡ya veremos!



*Antonio Jorge Hernández Fonseca Manzanillo, Cuba, 1943 Ingeniero Mecánico de la Universidad de la Habana, donde además ejerció como profesor y Vice-Director Docente de Ingeniería Mecánica en la CUJAE.

Fue jefe técnico y Director de la empresa que diseña maquinaria para la industria y la agricultura azucarera, trabajando en Suecia, Francia, Alemania, Rusia y Brasil en proyectos de desarrollo.

Ex profesor del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI), de La Habana Cuba. Dirigió el área de Desarrollo de Maquinarias de la Oficina Nacional de Diseño Industrial, ONDI, donde propuso y construyó el Tren-bús, para el transporte urbano de la Habana, del que nació "El Camello", ómnibus gigante que circula por las calles habaneras.

Ha sido profesor invitado en Universidades de México, Argentina, Uruguay y Brasil, donde alcanzó los títulos de Mestre en Ingeniería y de Doctor en Ingeniería.

Es profesor de la Universidad del Estado del Pará, UEPA, y de la Universidad Federal del Pará, UFPA, siendo además consultor de la Federación de las Industrias del Estado del Pará, FIEPA.

Es autor del libro "CIUDADANO DE SEGUNDA" publicado por Cubacollectibles.com. Reside actualmente en Belém, Estado del Pará, Brasil.


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