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A manera
de bíblica escritura de pared,
sobre las paredes palaciegas se subscribe ya
el epitafio de de los generales-empresarios
LAS REVELACIONES
DE FIDEL EL APOCRIFO
Pero mucho más revelador es un oscuro
pasaje
dirigidos a los mandos militares cubanos
-desde donde se sabe se incuba
un profundo y creciente malestar-
relacionado con el nombramiento
de un grupo de generales
a las principales posiciones
del Consejo de Estado,
acólitos todos ellos, de Rául Castro.
Por Joaquín
Bermúdez
Colaboración
Madrid
España
La Nueva Cuba
Abril 24, 2008
La última
"reflexión" publicada por la maquinaria mediática
del régimen de La Habana y atribuida como las anteriores,
a quien en vida política fuera Fidel Castro, merita obligada
atención y sobre todo requiere de segundas y terceras lecturas.
Se trata de torpe orfebrería, tallada a deshoras, en fin
de escritura de poco oficio, destinada al control de daños,
elaborada por el equipo de trabajo que opera a la sombra del ya
ruinoso secreto de estado y que asume la identidad del insepulto
pre-cadáver del ex dictador cubano.
Sin embargo estos "operativos" aficionados son desde hace
tiempo el hazmerreír hasta de los modestos servicios de inteligencia
de cualquier diminuto principado europeo.
¿Soprende acaso tan poca imaginación? Nunca se debiera
concluir un texto, que aunque espurio profesa ser auténtico,
con una sentencia tan reveladora: ¡Los vivos y los muertos lucharemos!
Nada, que desnuda, la técnica del Cid Campeador -utilizar
la momia del caudillo para ganarle docenas de batallas a los moros-
todo se transforma en una mediocre comedia de equivocaciones. Pero
nada de lo anterior, les hará desistir de un quehacer, que
por fallido, ya nadie toma en serio. Así están las
cosas en La Habana del raulismo.
Lo inusitado de esta "reflexión" es el juicio sumario
al que somete públicamente al ministro de educación
cubano,
tras señalarle delitos que no por descabellados e insólitos
dejan de ser sorprendentes: las verdaderas razones se esconden entre
los sísmicos tremores de los mismísimos cimientos
de un régimen agonizante.
Pero mucho más revelador es un oscuro pasaje dirigidos
a los mandos militares cubanos -desde donde se sabe se incuba un
profundo y creciente malestar- relacionado con los nombramientos
de un grupo de generales a las principales posiciones del Consejo
de Estado, acólitos todos ellos, de Rául Castro.
La "piñata" raulista no sólo es cuestionada
ya por los opositores y el cubano de a pie. A manera de bíblica
escritura de pared, sobre las paredes palaciegas se subscribe ya
el epitafio de de los generales-empresarios.
La carencia casi absoluta de autoridad del régimen sucesorio
les fuerza a invocar la autoridad del insepulto, con la manida y
gastada treta de llamar a capítulo a los anónimos,
temidos adversarios.
Una vez más se invoca la identidad del aterrorizador en jefe
de la semi-centenaria dictadura, con la esperanza de que hasta después
de muerto en vida, sea útil. No obstante, la eficacia del
remedo intimidador se extingue. Se les acabó su tiempo, y
ellos lo saben. La cuenta "progresiva" está en
marcha.
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