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PAYA EXIGE
A OTROS
LO QUE EL NO HACE
Por Lázaro
González Valdés
Colaboración
La Nueva Cuba
Diciembre 13, 2005
El presidente del Movimiento Cristiano Liberación (MCL),
Oswaldo Payá, acusa a círculos poderosos del
exilio -a los cuales no identifica- de silenciar las denuncias
de violaciones de los derechos humanos que hace el MCL o de tener
tímidas reacciones cuando se producen esas demandas
(1).
Este nuevo sismo con que Payá reaparece en los titulares
de algunos medios de prensa impone recordar la fecha del 24 de febrero
de 1996 cuando él y otros disidentes que integraban el Grupo
de los Siete (o G7 como también ellos se autodenominaron)
se negaron a participar en el programa de desobediencia civil desarrollado
por Concilio Cubano postergándolo indefinidamente con la
falsedad de que sólo era un compás de espera
hasta que las circunstancias fueran favorables. Mientras esta
tímidadeclaración era publicada en algunos
medios de prensa, más de cien activistas arrestados gritaban
desde sus calabozos Concilio Cubano seguirá adelante
a cualquier precio.
¿Cómo calificar esa actuación de Payá
y demás integrantes del G7? Ellos aseguran que hicieron lo
correcto. Algunos consideran que fue cobardía. Otros hablan
de eventual colaboración con el G2. De momento me limito
a opinar que ellos son los principales causantes del fracaso de
Concilio Cubano. Lo demás se sabrá en su momento.
Payá nunca ha participado en actos de protesta contra el
régimen castrista. No estuvo en los actos de desobediencia
civil en torno a los juicios efectuados al opositor Reinaldo Alfaro
García, al periodista Mario Viera o al activista Lázaro
Constantín Durán. Tampoco se vio a Payá ni
a los otros del G7 cerca del Parque Butari en ninguna de las convocatorias
hechas por Migdalia Rosado, Rolando Muñoz Yyobre y Oscar
Elías Biscet a nombre de la Fundación Lawton de Derechos
Humanos. Ni siquiera pudo ayunar un par de horas en Tamarindo 34,
y ahora tampoco marcha junto a las Damas de Blanco pero sí
coge tribuna a costa de los familiares presos de esas mujeres repitiendo
hasta la saciedad que la generalidad de ellos son parte del proyecto
Varela que él dirige.
Para posar frente a las cámaras de los reporteros extranjeros
(parece como si odiara a los periodistas independientes porque casi
nunca responde a sus solicitudes) o para hablar por emisoras de
radio y televisión de cualquier país Payá siempre
está dispuesto de la misma forma que lo está para
exhibirse en los salones de las embajadas que lo invitan cuando
celebran actividades culturales. Pero cuando hay que jugarse la
libertad o la vida yendo a esas protestas públicas que tanto
desagradan a la policía política Payá no se
acerca ni al cantío de un gallo como diría el guajiro
de Tumba Cuatro.
Sin embargo este disidente de bajas expectativas, minimalista
en grado extremo, que no apoya a sus compatriotas en actos de desobediencia
civil, que le zafó el cuerpo al Concilio Cubano y se prestó
para frustrarlo cuando vio que no pudo convertirlo en otro panfleto
inútil e incoherente como los que él suele redactar
para desgracia de nuestra causa de liberación, le exige a
otros que reaccionen como él no es capaz de reaccionar.
No tengo problemas personales con los gradualistas pero sí
diferencias ideológicas. Lo cortés no quita lo valiente
como decía mi abuela Ñica. Por ejemplo Manuel Cuesta
Morúa es también un disidente minimalista, que puede
o no gustarnos la manera en que él cree se puede llegar a
la democracia en Cuba, pero se le vio aguantar los maltratos de
las turbas castristas en el juicio del periodista Viera donde se
mantuvo solidario hasta las últimas consecuencias de ese
evento. Confirmo la actuación de Morúa.
Pero Payá sólo apoya a Payá o a quien él
pueda sacarle provecho para exaltar su imagen de mega disidente
en primer plano con fondo de imagen religiosa. Por tanto, al no
ocupar ese primer lugar que él cree merecer, se siente mal
retribuido y causa otro terremoto de exigencias. Es su forma de
expresar haz lo que yo digo, no lo que yo hago.
Los asuntos relacionados con Payá son más divulgados
que los referentes a cualquier prisionero político. Poniendo
el nombre de este disidente en los buscadores de Internet Googlie
y Yahoo se obtienen 113 mil y 148 mil sitios publicados. Si se conviene
en que sólo el uno por ciento de esos sitios tienen que ver
exactamente con Payá tendremos que hay mil 130 y mil 480
entre los dos buscadores para un total de dos mil 610 notas electrónicas
relacionadas con él.
Si repetimos esta operación, pongamos por caso, con Francisco
Chaviano a quien torturan en el presidio político desde 1994
hallaremos 16 mil 700 y 10 mil 500 documentos electrónicos
en Googlie y Yahoo. Usando el mismo método del uno por ciento
tendremos 167 y 105 que suman 272 notas.
Por simple regla de tres se confirma que Chaviano, estando preso
injustamente, recibe menos del 11 por ciento de la cobertura noticiosa
que recibe Payá sin estar preso, sin haber sido ni siquiera
desempleado.
¿De qué se queja Payá? ¿Quiere ser la
estrella única del universo disidente?
Ya sé lo que contestará. Si contesta porque él
si es experto en guardar silencio. Recordemos que hizo mutis por
Concilio Cubano. Dirá que este escrito es la nueva maniobra
en contra de él y aliñará su versión
con otras falacias sin presentar pruebas igual que hizo cuando acusó
a la Asamblea de estar penetrada por agentes castristas y no probó
nada. Pero no se trata del G2 sino de los hechos expuestos anteriormente,
de la conducta propia de Payá, de su exigencia para que otros
hagan lo que él no hace. De esto se trata. Si estoy equivocado
que presente sus argumentos, que ejerza su derecho a la réplica.
Los demócratas no tienen por que temerle a esta sangre maravillosa
de la democracia que es el debate público. Espero por la
respuesta de Payá.
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