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LA
REVOLUCION
EN LOS ASUNTOS MILITARES:
LA DIMENSION DE LA INFORMACION
Fragmentos
Por Michael L. Brown
AFCEA
La Nueva Cuba
Mayo 25, 2006
En el futuro
previsible ninguna nación podría desarrollar una fuerza
armada tan eficaz como el ejército de Estados Unidos. Posiblemente,
pero teniendo en cuenta su dependencia en la tecnología existente,
¿puede Estados Unidos estar seguro de que sus armas serán
superiores a las de un adversario que quizá esté adquiriendo
la misma tecnología?. Debemos considerar específicamente:
* El acceso
universal al Sistema de Posicionamiento Mundial (GPS)
* La resolución
menor de lm de las imágenes satelitales comerciales.
* El alcance
universal con ancho de banda alto de las nuevas constelaciones de
comunicación satelital.
* La mayor disponibilidad
de tecnología de supercomputadoras.
* La voluntad
de Rusia, China y otros tantos países de vender armamento
de alta tecnología en el mercado mundial de armas.
* Los escasos
recursos que se necesitan para producir armas biológicas,
químicas y de información en la era moderna. Después
de todo, un vendedor de computadoras de Pakistán fue quien
diseñó el primer virus de computadoras "liberado
al ambiente".
* Los trabajos
iniciales referidos al impacto potencialmente revolucionario de
la nueva tecnología sobre la guerra se realizaron en la Unión
Soviética a comienzos de los años ochenta, no en Estados
Unidos.
Algunas autoridades
han sugerido que probablemente el enfrentamiento entre pares de
la Era de la Información -donde los dos bandos poseen fuerzas
iguales y un conocimiento exhaustivo del espacio de guerra- tenga
algunas de las características de una partida de ajedrez.
En este juego, normalmente quien gana es el mejor jugador. La implicación
que tiene esta línea de pensamiento es clara: debemos entrenar
a nuestros líderes en todos los niveles a fin de que comprendan
el combate en la Era de la Información mejor que sus oponentes.
Mientras que algunos cuestionarían la importancia de entrenar
y educar más y mejor a nuestros líderes militares,
la analogía con el ajedrez tiene un defecto, ya que en la
guerra "vale todo", y en el ajedrez se deben obedecer
las reglas. ¿Qué sucedería si fuera posible
colocar una pantalla entre su oponente y el tablero de tal manera
que le impida ver determinadas casillas? Si usted pudiera hacerlo,
podría ganar cómodamente y con muchas menos piezas.
¿Qué sucedería si fuera posible hacer que las
piezas del tablero parecieran estar en diferentes posiciones de
las que ocupan realmente, de tal forma que su oponente tenga una
visión errónea de la situación e intensidad
de la partida? ¿Qué pasaría si un jugador pudiera
mover las piezas lo más rápido posible, sin esperar
la respuesta de su oponente? Más allá de que vayan
claramente en contra de las reglas del ajedrez, estos esfuerzos
por impedir o distorsionar la visión que tiene el adversario
del espacio de guerra son flechas en el carcaj del guerrero de la
Era de la Información.
GUERRA DE
INFORMACION
Como resultado,
una de las cuestiones principales de la guerra en la Era de la Información
será el intento por controlar, quizá incluso por dominar,
el ámbito de la información. Ambas partes intentarán
reducir al adversario al equivalente de un poder de la Era Industrial,
eliminando su habilidad para recabar, procesar, almacenar y difundir
la información. Tratarán de impedir que el enemigo
goce de las ventajas de fuerza, tiempo y espacio que se generan
con la utilización de las modernas tecnologías de
información. Haciendo esto estarán intentando reducir
el espacio de guerra para que el oponente no pueda utilizar sus
sistemas de ataque de precisión de gran alcance; tratarán
de aumentar la cantidad de tiempo que tarda el enemigo en tomar
decisiones y ejecutar las operaciones; e intentarán impedirle
la utilización de misiles de crucero y municiones inteligentes
que se apoyan en los flujos de información, forzando al enemigo
a depender sólo de sus tanques, barcos y aviones, que son
todos vulnerables al ataque.
En el espacio
físico la lucha por obtener una ventaja de información
se librará con bombas y municiones, en el espacio cibernético
con piratas informáticos, y en el "espacio mental"
con operaciones engañosas y sicológicas. Ambas partes
tratarán de privar a sus oponentes de los recursos necesarios
para implementar el "Desgaste de Precisión", la
"Guerra OODA-Loop", las "Operaciones Coherentes",
el modelo bélico de Carden de adentro hacia afuera, o aún
los frutos de la guerra estratégica de información.
El conflicto en el espacio de la información requerirá
que las fuerzas aliadas no sólo sean capaces de atacar los
sistemas de información del enemigo, sino también
de defender sus propios sistemas.
Algunos sostienen
que en la guerra siempre ha sido importante la lucha por obtener
el mayor terreno de información y que atacar el sistema de
información de un enemigo no es nada nuevo. Pero tal argumento
es como sugerir que las armas nucleares no son más que grandes
explosivos, que los misiles teledirigidos no son más que
simples aviones no piloteados, o que los aeronautas de la Guerra
Civil conocían los principios y las implicaciones del control
del espacio aéreo sobre el campo de batalla. Aunque a un
cierto nivel de abstracción estos argumentos pueden ser correctos,
son también irrelevantes. La utilización, confianza
y consecuente dependencia de la información y sistemas de
información en los conflictos militares modernos ha generado
un nuevo ámbito para la competencia: el ámbito de
la información. En este contexto, la Guerra de Información
está convirtiéndose rápidamente en un nuevo
método de conflicto, en un medio nuevo con implicaciones
revolucionarias.
Soldados, marineros
y aviadores responsables han reconocido la naturaleza crítica
del nuevo espacio de información. El Almirante David E. Jeremiah,
ex Subjefe del Estado Mayor Conjunto, ha señalado que en
el futuro "la Dominación Mundial la alcanzarán
aquellos que comprendan con mayor claridad la función de
la información y del poder de conocimiento que fluye a partir
de ella." El Coronel James McLendon de la Fuerza Aérea
escribió que "la Guerra de Información agrega
una cuarta dimensión de guerra a las de aire, tierra y mar.
En esta nueva dimensión, debemos ocupar la delantera."
Y el General Ronald Fogleman, Jefe del Estado Mayor de la Fuerza
Aérea, ha sugerido que:
"...esta
explosión de información... señala que estamos
atravesando una nueva frontera. La información tiene una
influencia ascendente y trascendente, para nuestra sociedad y nuestras
fuerzas militares. De tal manera, considero que es apropiado denominar
a las operaciones de información como la quinta dimensión
de la guerra. Dominar este espectro de la información será
crítico para obtener el éxito militar en el futuro."
Por lo tanto
en el futuro, sin dudas las fuerzas militares dependerán
de la información mucho más que en el pasado. También
es evidente que en el futuro el conflicto en el espacio de información
-que los analistas han denominado "Guerra de Información"-
será un elemento fundamental en los conflictos militares.
Pero ¿qué es exactamente la Guerra de Información?
¿Qué implica? ¿Qué debemos pensar al
respecto?.
Al tratar de
comprender la Guerra de Información uno de los tantos problemas
que se nos presenta es la ausencia de una definición de aceptación
generalizada. Mientras que algunos sostienen que no se necesita
una definición exacta, Martin Libicki de la Universidad de
Defensa Nacional está en desacuerdo.
"Clarificar
las cuestiones es más que una sutileza académica.
Un aspecto de la guerra de información, defendido quizá
por un solo grupo, asume la función de todo el concepto,
por lo que su importancia pasa a ser demasiado exagerada.
Además,
una definición demasiado amplia hace imposible descubrir
cualquier otro tipo de hilo conceptual más que el obvio (que
la guerra de información implica información y guerra),
mientras que una definición más acotada podría
revelar algún otro. Asimismo, la inferencia poco confiable
que deriva de un conjunto inexacto lleva a la conclusión
de que Estados Unidos puede y debe asegurar su dominación
en la guerra de información, que goza actualmente en la guerra
aérea, como si estos dos ámbitos pudieran compararse."
La Guerra de
Información se ha convertido en víctima de cada uno
de los peligros que Libicki ha identificado. En el Ministerio de
Defensa hay quienes consideran que la Guerra de Información
no es más que lo que Libicki denomina "la guerra de
la piratería informática" y otros creen que es
sólo "una nueva forma de guerra psicológica."
Asimismo, algunos han señalado que debido a que la información
y las percepciones se encuentran en el corazón mismo del
conflicto militar, la guerra de información abarca todo.
Como resultado de ello, casi no tiene significado. Finalmente, aunque
existen algunas analogías útiles entre la guerra aérea
y la Guerra de Información, en ciertas áreas la analogía
no es aplicable. Los espacios cibernético y perceptual no
son iguales al espacio aéreo; mientras que la "dominación"
puede tener sentido en uno de ellos, en el otro puede que no resulte
ser un objetivo factible o inclusive útil.
La clave para
comprender la Guerra de Información implica darse cuenta
de que la gente analiza el término "información"
de manera diferente. Para un comandante, la información es
aquello que le da el personal; para un ingeniero en sistemas, la
información es aquello que fluye dentro de los sistemas informáticos;
para un analista de la información, es el acceso al proceso
de información. Si no se tiene una comprensión generalizada
del término "información", la Guerra de
Información no significa más que lo que cada analista
en particular quiera que signifique. En lo que se transformará
en una obra fundamental para la discusión sobre la relación
existente entre la información por un lado, y el poder por
el otro, John Arquilla identifica varios significados distintos
asociados con la palabra "información", dos de
los cuales al menos, tienen sentido para los estudiantes de la RAM
en general, y la Guerra de Información en particular.
El significado
más antiguo y tradicional del término información
lo identifica simplemente como un mensaje. "Reducido a sus
características esenciales, considera la información
como un mensaje o señal inmaterial con un significado (o
al menos un contenido reconocible) y que puede transmitirse desde
un emisor a un receptor. Este tipo de información considerada
como mensaje es, por ejemplo, lo que los sensores transmiten a los
operadores, lo que el personal transmite a sus comandantes, o lo
que los comandantes transmiten a sus subordinados en términos
de órdenes o instrucciones. En base a mensajes provenientes
de éstas y otras tantas fuentes, los comandantes y los operadores
se formulan una visión de la situación y actúan
en consecuencia.
Al interferir
en estos mensajes, las fuerzas aliadas podrían influir en
las percepciones, y por lo tanto en las acciones de su adversario.
Las operaciones engañosas son, por supuesto, tan antiguas
como la guerra misma. Pero en una era en la que los comandantes
dependen tanto del flujo de información para tomar decisiones,
orientar sus armas, y comunicarse con sus fuerzas, las operaciones
engañosas podrían comenzar a ser mucho más
importantes de lo que lo fueron históricamente. La naturaleza
de las operaciones engañosas también ha cambiado en
la Era de la Información. En el pasado, las fuerzas que intentaban
engañar al enemigo debían crear una realidad para
que el enemigo la descubriera. Por ejemplo, esto sucedió
durante la Segunda Guerra Mundial cuando los Aliados construyeron
un ejército falso con tanques inflables y simularon un tráfico
de comunicaciones radiales. Sin embargo, el advenimiento de la Era
de la Información presenta nuevas oportunidades. En las bases
de información del enemigo, o en el flujo de información
entre un satélite y su estación terrestre. Existen
numerosos sitios que el talentoso guerrero de la información
podría agregar o quitar del sistema de información
del enemigo con el objeto de modificar la visión de la realidad
del adversario.
En un ámbito
rico en información, los comandantes no son los únicos
que toman decisiones. Los soldados toman decisiones todos los días,
por ejemplo, en cuanto a si deben permanecer en el lugar y luchar
o emprender la retirada. Lo hacen basados en sus percepciones: percepciones
sobre el mérito de su causa, la competencia de sus comandantes,
las actitudes de sus compañeros y otros cientos de factores.
Por supuesto, el objetivo de las operaciones psicológicas
es influir en estas percepciones modificando la información
que reciben los soldados de primera línea. Como lo demostró
la Guerra del Golfo, aún los panfletos pueden resultar una
valiosa fuente de operaciones psicológicas. Pero a medida
que los soldados de primera línea tengan acceso a más
y más fuentes de información, y a medida que esas
fuentes sean cada vez más y más vulnerables a ser
modificadas por el enemigo, las operaciones psicológicas
comenzarán a jugar un papel más importante en las
operaciones militares.
Un segundo
enfoque del término "información" se refiere
no al mensaje en sí mismo, sino al sistema a través
del cual se envían los mensajes. En lo que se ha convertido
en una obra clásica sobre la teoría de la información,
Norbert Weiner señala que "...la cantidad de información
de un sistema constituye la medida de su grado de organización".
Como lo señalan Arquilla y Ronfeldt, otros analistas han
seguido este enfoque comparando la "información con
la organización, el orden, y la estructura". De acuerdo
con este punto de vista, el contenido de un determinado mensaje
es menos importante que el medio a través del cual se transmite
el mensaje. Si existe una estructura de información para
que el mensaje pase a través de ella, entonces existe una
organización. Si no existe la estructura, no existe ninguna
organización, y en realidad reina la entropía.
Para demostrar
cómo se aplica este enfoque de la información a la
Guerra de Información, imaginemos el organigrama estándar
de cualquier organización, ya sea una empresa comercial,
una burocracia civil o una fuerza militar. Las líneas que
conectan los diferentes casilleros representan los flujos de información.
El personal utiliza estas líneas para comunicarse con otras
áreas de personal y con sus directores o comandantes; los
líderes las utilizan para comunicarse tanto con sus subordinados
como con sus superiores, etc. Ahora imaginemos por un instante que
estas líneas -estos canales de comunicación- son interrumpidas.
La cohesión de la organización comienza a desgastarse
y su habilidad para responder de manera coordinada disminuye. En
efecto, si uno pudiera detener el flujo de toda la información,
la organización como entidad dejaría de existir. Si
dentro de una suborganización nadie puede comunicarse con
sus pares, superiores o subordinados, reinará la confusión.
Al interferir
deliberadamente en los flujos de información, el guerrero
de la información puede degradar la cohesión de organizaciones
enemigas e impedir que los comandantes enemigos coordinen sus fuerzas.
Las fuerzas aliadas pueden concentrarse en un elemento enemigo por
vez, sabiendo que el adversario no puede enviar refuerzos. En varios
sentidos, esta fue la técnica que las fuerzas de la Coalición
utilizaron durante la Guerra del Golfo. Debido a que los Aliados
habían negado, degradado, destruido e interrumpido con éxito
los canales de información de Iraq, los comandantes enemigos
no podían recibir informes o instrucciones de los cuarteles
superiores, no podían recibir informes de sus unidades de
primera línea, ni tampoco podían dirigir las acciones
de sus fuerzas delanteras. En síntesis, debido a la ausencia
de flujos de información entre las unidades de Iraq, las
fuerzas de Bagdad de primera línea no constituían
un ejército. Eran, por el contrario, unidades individuales
vulnerables a ser destruidas en su totalidad.
Para conocer
a su adversario, las organizaciones de inteligencia pueden utilizar
tanto la noción de información-mensaje como la de
información-medio. Interceptando mensajes, la inteligencia
aliada puede aportar gran información acerca de las capacidades
e intenciones del enemigo. Reconociendo la importancia de la información
como medio, las organizaciones de inteligencia pueden identificar
la posición de las fuerzas enemigas y conocer los métodos
de guerra del enemigo. Ambas funciones han jugado un significativo
papel en la guerra. En un ámbito rico en información,
serán aún más importantes. Mientras que la
Comunidad de Inteligencia se opone generalmente a agrupar este tipo
de información bajo el nombre de "guerra de información",
el aprovechamiento de los flujos de información del enemigo
debe ser parte integral de la Guerra de Información por diversas
razones prácticas.
En una guerra
de información no sería funcional atacar un cuartel
cuyas frecuencias hayan sido descubiertas, sus códigos descifrados,
y sus líneas telefónicas intervenidas. Este fue siempre
un problema potencial en la guerra, pero con una campaña
dirigida íntegramente a influir en las capacidades de información
del enemigo, el peligro es mucho mayor en un ambiente en el cual
se esté librando la Guerra de Información. Los operadores
y oficiales de inteligencia necesitan planear juntos la campaña.
No sólo el oficial de inteligencia debe intentar preservar
sus fuentes más provechosas, sino que además el operador
debe ser capaz de ayudar a la fuerza de inteligencia, eliminando
ciertos medios de comunicación, forzando al enemigo a utilizar
canales que las fuerzas aliadas puedan monitorear con mayor facilidad.
Durante la Guerra del Golfo, las fuerzas aliadas hicieron todo lo
posible para destruir las líneas terrestres que unían
Bagdad con el frente de batalla. El objetivo era forzar al Alto
Mando iraquí a utilizar las ondas aéreas donde Estados
Unidos podía monitorear el tráfico de un lado a otro.
Por lo tanto,
en cierta medida existen tres tipos de Guerra de Información.
La Guerra de Información de Tipo I consiste en manejar las
percepciones del enemigo mediante operaciones engañosas,
operaciones psicológicas, lo que el Estado Mayor Conjunto
denomina "Proyección de la Verdad", y diversas
otras técnicas. Al mismo tiempo, uno debe protegerse de los
esfuerzos del enemigo por manejar las percepciones. Incluso un adversario
como Saddam Hussein consiguió efectuar algunos golpes maestros
engañosos contra las fuerzas de la Coalición durante
la Tormenta del Desierto. La Guerra de Información de Tipo
II consiste en negar, destruir, degradar o distorsionar los flujos
de información del enemigo con el objeto de desbaratar sus
organizaciones y limitar su habilidad para coordinar las operaciones.
Este tipo de guerra de información puede librarse utilizando
bombas y municiones para destruir los cuarteles y los centros de
comunicaciones, con perturbadores electrónicos y otros instrumentos
de guerra electrónicos que sirvan para interrumpir el flujo
de información, con "hackers" que puedan ingresar
en los sistemas de información o insertar códigos
maliciosos en las redes, o cualquier otra clase de técnicas
diseñadas con el objeto de negar información o funciones
de información a quienes lo necesiten. La Guerra de Información
de Tipo III reúne información aprovechando la utilización
del enemigo de sus sistemas de información. Sin embargo,
proteger los sistemas de información de las fuerzas aliadas
del aprovechamiento de otras organizaciones de inteligencia puede
ser un desafío mucho mayor.
Aunque casi
todas las naciones poseen alguna capacidad para conducir la Guerra
de Información, el enfrentamiento con un "par de la
información" emergente puede ser sumamente complicado.
En un ámbito en el que un adversario posea una capacidad
de sensores, procesamiento y comunicación similar a la de
Estados Unidos, la habilidad para conducir la Guerra de Información
de Tipo I -manipular la percepción del espacio de guerra
del enemigo- será fundamentalmente crítica. El éxito
en la Guerra de Información de Tipo I permitirá que
las fuerzas aliadas se movilicen en el espacio de guerra sin ser
vistas, posiblitando la conducción de operaciones engañosas,
y sembrando confusión a nivel general. Aunque las tecnologías
y los nuevos sistemas militares serán importantes en este
esfuerzo, también pueden ser necesarios nuevos conceptos
operacionales que permitan una mayor dispersión y alienten
medidas engañosas tanto a nivel táctico como operacional
y estratégico. Pero así como estas técnicas
defensivas serán cada vez más y más importantes,
también lo será la habilidad para "ver a través"
de los esfuerzos engañosos del enemigo. Quien resulte vencedor
en esta contienda entre "quienes ocultan" y "quienes
encuentran", adquirirá una extraordinaria ventaja en
el futuro espacio de guerra.
De manera similar,
en el ámbito de información emergente, probablemente
los competidores emprenderán operaciones psicológicas
mucho más sofisticadas que en el pasado. Por ejemplo, los
oponentes de Estados Unidos podrán acceder, a través
de la CNN y otras organizaciones internacionales de noticias, a
alguna de las tecnologías de comunicaciones mejores del mundo.
Podrán transmitir información y mensajes al frente
civil estadounidense, como así también a los soldados,
marineros, aviadores y marines de "primera línea"
con la velocidad de la luz. Desprovistas de la habilidad para responder
a estos mensajes, o de algún tipo de "capacidad de operaciones
contra-psicológicas", las fuerzas de Estados Unidos
pueden ser muy vulnerables a esta clase de ataque. Aún cuando
el adversario no pueda ejecutar una operación capaz de influenciar
a los combatientes de Estados Unidos, quizá pueda lograr
todavía un mayor impacto atacando las percepciones en el
CONOS mismo. Por cierto, varios oponentes han señalado que
consideran que las percepciones públicas son el Talón
de Aquiles de Estados Unidos. La habilidad para ejecutar las operaciones
de la Guerra de Información de Tipo I -tanto de manera ofensiva
como defensiva- será la clave fundamental de las operaciones
militares en el futuro.
Aunque el debate
entre los partidarios de la Guerra de Información se centra
con frecuencia en el efecto potencial que tienen sobre un adversario
las capacidades ofensivas de Estados Unidos del Tipo II, quizá
sea más importante el impacto de los ataques enemigos en
la Infraestructura Defensiva de Información. A medida que
las fuerzas militares de Estados Unidos dependan más y más
del flujo de información, las fuerzas aliadas serán
cada vez más vulnerables a un intento enemigo por interferir
en ese flujo de información mediante la negación,
destrucción, degradación, o distensión de algunos
de sus segmentos. Teniendo en cuenta la existencia de una importante
cantidad de información fluyendo a través de redes
no aseguradas, un armamento de avance cada vez más dependiente
de los flujos de información del CONOS, fuerzas que dependen
de sistemas de recopilación de información procesada
y centralizada, y logísticas dependientes del funcionamiento
continuo de la Red Pública Civil, el Ministerio de Defensa
debe controlar la vulnerabilidad no sólo de las redes, sino
también de la fuerza que se propone enviar en caso de riesgo.
Interrumpiendo estos flujos de información, un adversario
podría poner en peligro a las fuerzas de Estados Unidos antes
de que éstas hayan podido siquiera disparar.
En general,
los analistas consideran que la habilidad del enemigo para llevar
adelante la Guerra de Información de Tipo II a nivel táctico
y operacional se basa en la utilización de perturbadores
u otras técnicas de guerra electrónica, y en la destrucción
física de cuarteles y otros centros de comunicaciones. Se
han tenido muy poco en cuenta los efectos que podría tener
un intento por interrumpir los flujos de información a nivel
estratégico-militar. Sin embargo, no existe seguridad alguna
de que un enemigo permita a Estados Unidos mantener un "santuario
de información" en la zona continental de Estados Unidos.
Ciertamente, algunos analistas han sugerido que, "Una clara
implicación de la guerra en el 2015 es que casi cualquier
enemigo intentará degradar los sistemas de información
de Estados Unidos." Al atacar la Infraestructura Nacional de
Información, no sólo un enemigo podría privar
al ejército de Estados Unidos de su utilización, sino
que además un ataque exitoso también podría
dañar severamente la economía de Estados Unidos y
sacudir su organización politica.
En tiempos
de guerra, la Guerra de Información de Tipo III puede resultar
crítica para el éxito, tal como quedó demostrado
durante la Guerra del Golfo. Diversos medios técnicos nacionales
de Estados Unidos para recabar información, el RC135 Rivet
Joint, y varios otros sistemas ELINT fueron cruciales para el éxito
de los Aliados. Pero el aprovechamiento de los flujos de información
no se limita sólo a los tiempos de guerra. Esto sucede todos
los dias, ya que Estados Unidos y otros organismos de inteligencia
extranjeros tratan de conocer las capacidades militares de otros,
su organización de guerra y sus propósitos. Ni tampoco
ocurre siempre dentro del dominio militar. La penetración
extranjera en las redes que contienen información sobre investigación
y desarrollo de empresas estadounidenses puede ser de estratégica
utilidad para los adversarios, así como también las
bases de datos que contienen información sobre los esfuerzos
en materia de mercado internacional y planes futuros de fijación
de precios de contratistas de defensa.
Aunque la Guerra
de Información de Tipo I, Tipo II y Tipo III es crítica
para las fuerzas militares que actúan en tiempos de conflicto
en un ámbito rico en información, puede tener lugar
a lo largo del espectro de operaciones, que va desde la competencia
diaria en tiempos de paz, hasta todo tipo de operaciones excepto
la guerra ("Operations Other Than War" -OOTW-), o los
conflictos militares propiamente dichos. En el dominio militar,
puede generar actividad en los tres niveles de guerra: táctico,
operacional y estratégico. A medida que Estados Unidos y
otros ejércitos dependan más y más de los sistemas
de información, se volverán cada vez más vulnerables.
Puede ser cierto que mientras en la actualidad la guerra de información
es un accesorio útil en la conducción de las operaciones
militares, en el futuro será condición sine gua non
de la guerra: una nación sin capacidad de Guerra de Información
será una nación sin capacidad militar.
Por supuesto,
además de ello, la Guerra de Información puede apuntar
también a sistemas a nivel nacional que no estén conectados
directamente con el ejército, tales como la opinión
pública, la infraestructura nacional de información,
u organizaciones comerciales con nuevas investigaciones de alta
tecnología en sus bases de datos.
En primer lugar,
está claro que la Guerra de Información no se limitará
al dominio militar. Asi como el poderío aéreo sometió
al territorio de los beligerantes a la destrucción desde
el aire, la Guerra de Información somete a paises al ataque
a través del espacio perceptual y el espacio cibernético.
Los ataques al espacio nacional de información tendrán
el doble efecto de desgastar las capacidades militares y de atacar
la voluntad nacional. Una nación cuyo sistema bancario haya
sido amenazado de manera creíble, o cuyo sistema financiero
se haya derrumbado, puede no estar dispuesta a perseguir objetivos
estratégicos en el exterior. Si el ejército es o no
responsable de la defensa del espacio nacional de información
es motivo de debate, un debate que debe realizarse lo antes posible.
En este momento, nadie es responsable.
En segundo
lugar, respecto de la Guerra de Información, los analistas
deben incluir en cada una de las celdas individuales tanto las capacidades
como las vuinerabilidades de una nación. Mientras que puede
ser más fácil y más consistente con el carácter
militar organizar la conducción de una Guerra de Información
ofensiva, es mucho más importante tener la capacidad para
defender el espacio de información propio. En tanto que seria
posible encargar a las Fuerzas Armadas la protección de todos
los nuevos sistemas de información que están desarrollando,
sería claramente imposible proteger, sin que ello demandara
un gasto de miles de millones de dólares, aquellos sistemas
legales que tendrá la nación durante los próximos
treinta o cuarenta años. Como resultado, las fuerzas militares
de Estados Unidos deberán modificar su manera de negociar
-sus conceptos operacionales- para reducir las vulnerabilidades.
Tercero, aunque
se haga referencia únicamente a la Guerra de Información
a nivel nacional, las fuerzas subnacionales -incluyendo grupos terroristas-
ya emplean técnicas ordinarias de la Guerra de Información.
Si desarrollaran un enfoque más sofisticado de la materia,
su impacto sobre la nación sería desproporcionado
en relación con el número de hombres.
Por último,
una advertencia. Un sofisticado ataque de información de
Tipo I contra la voluntad nacional de Estados Unidos afectaría
las percepciones dentro del ejército. Por lo tanto, la matriz
de la Guerra de Información no es una panacea. Está
designada principalmente para demostrar la extensión de la
guerra de información como así también para
suprimir las zonas de combate que no correspondan.
CONCLUSIONES
Parece claro
que la combinación de nuevas tecnologías y los sistemas
militares desarrollados a partir de ellas han modificado profundamente
el espacio de guerra. Reconociendo estos cambios, los analistas
han propuesto una cantidad de conceptos operacionales alternativos
tanto a nivel estratégico como a nivel operacional de la
guerra. Sin embargo, cada uno de estos conceptos operacionales y
muchos otros que todavía no han sido analizados, dependen
de la posesión de una ventaja de información sobre
el adversario. Creer que todos los futuros adversarios de Estados
Unidos les permitirán actuar sin problemas en el espacio
de información -que no desarrollarán sus propias capacidades
de información, o que no emplearán técnicas
ofensivas para luchar por el control del espacio de información-
es un camino muy peligroso. No debería dudarse de que los
futuros adversarios desarrollarán capacidades militares de
información y sistemas de sistemas que competirán
con los de Estados Unidos. No debería dudarse de que los
componentes del sistema de sistemas emergente serán objetivos
de la Guerra de Información ofensiva. Los futuros adversarios
lucharán por obtener el control del espacio de información
en el teatro de operaciones, como así también en Estados
Unidos. Este combate tendrá lugar en el espacio físico,
en el espacio cibernético y en el espacio perceptual. El
objetivo de ambas partes será obtener una ventaja de información
que puedan utilizar como medio eficaz para lograr beneficios estratégicos.
Asi como las
fuerzas armadas de Estados Unidos analizan las implicancias de la
venidera RAM, es importantísimo que reconozcan el papel que
desempeñará la información en la guerra futura.
Las fuerzas armadas deben desarrollar conceptos operacionales y
estructuras organizativas que les permitan no sólo ser capaces
de luchar a fin de obtener la superioridad en este nuevo ámbito,
sino también poseer la habilidad suficiente para combatir
en ese ámbito, tomando ventaja de los errores que el enemigo
cometa en el espacio de información y aprovechando las victorias
de las fuerzas aliadas. Para alcanzar este objetivo, deben buscar
detenidamente métodos para librar la guerra de información,
pero también para aprovechar las ventajas obtenidas por los
guerreros de información.
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