La llamada Revolución cubana ha sido uno de los más grandes timos de la Historia contemporánea. Pretendo empezar por el principio y nada mejor para ello que referirme a la misma definición semántica de la palabra Revolución.
Según el diccionario de la lengua española:
Revolución: (1. revolutio, -ònis).f. Acción y efecto de revolver o revolverse. // 2. Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación. // 3.Por extensión, inquietud, alboroto, sedición. // 4. Conmoción y alteración de los humores. // 5. fig. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.
Partiendo de esta base semántica universalmente reconocida, las llamadas Revoluciones socialistas, comunistas o proletarias etc. Han hecho cátedra de sí mismas, apropiándose del término y transformándolo por arte de magia –de su magia mediática puede decirse- en calidad de progresistas, avanzada social, faro luminoso y hasta cañón de futuro, según sea el medio y la mayor o menor percepción del ridículo por parte del emisor.
Por eso no es raro que una tendencia iniciada muchos años antes de 1959, fuera prohijada por el nuevo grupo de poder en Cuba. Una revuelta que se destacó mucho más por su capacidad de autopromoción mediática y de negociación trapera, que de capacidad militar real –teniendo en cuenta al emputecido contrario-; no era de extrañar que se apropiara para sí de mecanismos probados, sobre todo si la alianza estratégica para el mantenimiento del poder-a-toda-costa se realizase con los totalitarios padres de la propaganda política masificada.
La conjunción de populismo, nacionalismo chovinista y oportunismo político, produjo un parto donde se desechó el feto y se acunó a la placenta.
El término Revolución era de viejo uso en la nación cubana, las guerras de independencia fueron bautizadas con ese nombre, la lucha contra Machado también –hasta Batista llamó a su movimiento del 4 de septiembre con ese calificativo- y en esencia todas se inscriben perfectamente en alguna de las definiciones semánticas del término. Sólo que esta última, la que padecemos desde hace más de cuatro decenios se auto proclamó LA REVOLUCIÓN, creando un ser subjetivo que cual espíritu divino flota sobre nuestras cabezas y se encuentra mas allá de todo cuestionamiento... o pretendía encontrarse, que una cosa es con guitarra y otra con violín.
Al margen de que la Historia no perdona y la caída del muro de Berlín abrió al gran público la posibilidad de husmear en los sacrosantos archivos de la Stassi, KGB y similares; al día de hoy la Teoría Marxista ya no es de encargo. Fue el propio Lenin quien afirmó en “Materialismo y empirocriticismo” que “... la práctica es el criterio último de la verdad...”.
No obstante, los profesionales del cuento –léase desde García Márquez, pasando por Saramago y Montalbán, hasta llegar al sub-comandante de opereta mexicano- siguen empeñados en referirse a la Revolución cubana en los mismos términos en que esta ha querido presentarse ante el mundo. A ninguno de ellos puede atribuírsele la ingenuidad de muchos ciudadanos de a pie de la aldea global, que queriendo creer, creen todos los cuentos de hadas que sobre sí misma cuenta la totalocracia cubana – no sé si la palabrita existe, pero me gusta-, mas bien son parte de los grandes fabuladores que han ayudado a la entronización del mito.
En nuestra Totalonia se han repetido hasta la saciedad viejos esquemas ya aplicados en estructuras sociales o estados de otras latitudes. Casi todas las enajenantes estructuras económicas del apartheid cubano, fueron en su momento moneda de cambio de los soviéticos y sus satélites.
Tuve la oportunidad de recorrer cinco repúblicas soviéticas a mediados de los ochenta y observador entrenado, saqué conclusiones evidentes a mis interrogantes socio-políticas. Casi simultáneamente visité algunos países capitalistas europeos y de otras latitudes. La tabla sincrónica entre derechos y deberes, bienestar y aportes, libertad y servidumbre, no daba lugar a dudas.
El mundo capitalista, seguía siendo el territorio de una competencia feroz, donde el individualismo hace del hombre su propio esclavo, pero donde a fuerza de reajustes sociales es posible encontrar mucha más justicia, prosperidad y derechos respetados que en otras partes del mundo que se auto declaran cuna del progreso social. La simple comparación es más que suficiente para alguien cuyo cerebro funcione con un mínimo de estructura analítica.
Comencé entonces a identificar diferentes mecanismos utilizados en el aparato de gobierno totalitario con una perspectiva histórica, es decir, intentando buscar símiles que sirvieran de antecedentes. Hasta el día de hoy no he cejado en el empeño. La conclusión es una; nada es nuevo bajo el sol, todo se repite, en diferentes épocas, latitudes y por supuesto con diferentes actores, pero todo ha sido ya visto; con una diferencia, los regímenes totalitarios en general y el cubano en particular gustan de mezclar en la coctelera social el aprendizaje del largo camino de la sociedad... y no precisamente para llegar al progreso social, sino para gobernar en nombre de este.
No en balde muchos de los padres de esta forma de gobierno, tenían profundos conocimientos prácticos de los mecanismos represivos y de gobernar utilizando mecanismos coactivos de la peor especie.
La estructura de gobierno de esta pretendida revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, - que cuando de timar se trata, le da igual utilizar hasta la fraseología de los padres de la patria americana- tiene amplias raíces en prácticas feudales e inquisitoriales.
Desde la antigüedad eran conocidos los sistemas coactivos aplicados al enemigo, la población conquistada e incluso a los aliados temporales. Sin embargo fue durante la Edad Media europea, que tales mecanismos pasaron a constituirse en política de estado, refrendada no sólo por la práctica sino también de jure. Fueron los francos, -concretamente Carlomagno-, quienes implantaron el más amplio sistema de rehenes en territorio occidental.
En el Portal de Navarra –al que puede accederse junto a otros sólo tecleando en INTERNET las palabras Carlomagno + rehenes- puede leerse:
“Historia de Navarra y Pamplona hasta el 905
...Los Annales q.d. Einhardi hablan en este caso de una aceptación clara por parte de Sulayman y de Abu Taur, al afirmar que ambos aceptaron constituirse en rehenes, así como también otros sarracenos (presumiblemente de su séquito) y con todos ellos volvieron los francos a Pamplona...”
El añejo sistema Carolingio consistía esencialmente en tomar rehenes entre enemigos y aliados, que pagarían severamente cualquier ataque digresión o incumplimiento tributario.
Los japoneses, a pesar de llegar a las estructuras feudales con un atraso de siglos en referencia al medioevo europeo, llegaron por sí mismos a la aplicación de coacción similar –entiéndase que la sinonimia de esta palabra la vincula en una de sus acepciones al término chantaje- como puede verificarse tecleando igualmente las palabras Japón medieval + rehenes, para obtener entre otras la siguiente cita:
“...En el siglo XVII, el clan Tokugawa consolidó su supremacía en todo el país. Desde la ciudad-castillo de Yedo (Tokio), el shogunado de los Tokugawa administró Japón hasta 1867. Un cuidadoso reparto de las tierras entre sus familiares y jefes locales le aseguró el control de las mayores ciudades (Kyoto, Osaka y Nagasaki) y de las principales minas.
Los jefes locales ocupaban la mitad del tiempo en atender al shogun y debían dejar a sus familiares como rehenes cuando volvían a sus dominios. Convertidos en burócratas militares, los samurai encabezaban un sistema de cuatro clases, seguido por los campesinos, artesanos y comerciantes. Aunque despreciados, los últimos eran esenciales en la vida urbana...”
Se pueden citar numerosas culturas represivas donde el sistema de rehenes se estableció como moneda de cambio en las relaciones de explotación - dominación.
Resulta extraordinariamente curioso que una de las primeras medidas que toman los regímenes comunistas cuando conquistan el poder es cerrar sus fronteras, ante todo a sus nacionales, para terminar siempre manteniendo la familia dividida y pagando tributos.
Sólo que en esta época a la tributación se le denomina “remesa familiar”. Son de sobra conocidos los casos de opositores, disidentes o sencillamente de “desertores” -según la propia terminología en uso por el gobierno cubano- a los que se les castiga con la separación familiar y que conste que el concepto no me lo he inventado, en múltiples oportunidades ha sido la terminología utilizada por los oficiales de las oficinas de inmigración cubanas.
Y todo eso en nombre del progreso social que tanto defienden los plumíferos de ese gran sainete bufo que es la defensa de lo indefendible.
Cuando una población está dispuesta a dejar en masa su tierra natal, no existe estado capaz de controlar el tremendo desequilibrio demográfico que eso representaría, salvo claro está, que suprima la causa de la estampida, es decir, se suprima a sí mismo como estado. Cosa por demás inusual, salvo rarísimos y excepcionales casos históricos.
Por ello necesita mantener controlados dentro de sus fronteras a los recién convertidos siervos y la utilización de las válvulas de escape, tienen dos objetivos claros, deshacerse de los más obstinados y potencialmente peligrosos a la vez que crear un sistema de tributación conveniente mediante la retención de las familias en el país. No importa que la tributación esté encubierta por una supuesta transacción mercantil de compraventa, si a la larga desde los bancos que reciben el dinero, hasta las tiendas minoristas que terminan por recaudarlo son parte de las estructuras del estado chantajista.
Los mismos que hoy defienden a ese timo llamado Revolución cubana, se rasgarían las ropas si algo similar sucediese en algún estado portador de signo ideológico contrario e incluso le denominarían con razón asignándole el epíteto de mafioso. Cosa que no hacen en este caso, donde queda demostrado que intelectuales progres o de cualquier otra denominación que defienden la malformación cubana, son portadores en sí mismos de una aberración post-moderna, es decir, la de vivir como un burgués –según su propia terminología- disfrutar de las ventajas de la democracia burguesa y por supuesto no estar dispuestos a perder esas ventajas; mientras que al pueblo cubano le exigen en nombre de no se sabe qué ideales que sigan viviendo como unos pringados proletarios bajo una férrea dictadura tramposa.
Otro aspecto a tener en cuenta es la aplicación de la experiencia represiva por parte de este tipo de sistema. En eso sí han tenido un sentido histórico superlativo. La mezcla ecléctica de castigos físicos y psicológicos, ha superado con mucho en finura, sistematicidad y taimada crueldad a sus antecesores históricos, cuyos más representativos adalides pueden encontrarse en los sistemas de coacción aplicados por la Santa Inquisición.
Son sobradamente conocidos estos métodos, divulgados por cierto de manera profusa por los estudiosos del llamado ateísmo científico, extraordinariamente divulgado en la etapa soviética.
El sistema tiene un solo objetivo; alejar mediante el miedo la posibilidad del cuestionamiento legítimo sobre la autoridad o los dogmas del que coacta pues no persigue que el miedo convenza, -eso sabe que es imposible-, sólo aspira a que venza. El convencimiento vendrá por la vía de la educación y la propaganda reiterativa, si no efectiva con la generación adulta, sí con la nueva generación. En el supuesto que a lo largo de los años, la antaño nueva generación abre los ojos, poco importa; ya habrá aprendido a temer y la generación que le siga, asistirá a las mismas escuelas y recibirá el mismo bombardeo promocional, para formar en su mente una realidad virtual, nada vinculada al mundo que le circunda. En ese sentido el sistema se considera eterno, hace planes para los próximos cientos de años, algo así como el milenio que duraría el III Reich.
Es un círculo vicioso, perfectamente descrito desde que los primeros renacentistas comenzaron a preocuparse por la realidad social de su tiempo y llevado a cotas inimaginables en la época contemporánea por todos los estados totalitarios que en el mundo han sido.
Es una enfermedad del intelecto, tremendamente contagiosa porque se basa en la exacerbación de los aspectos más sórdidos de la condición humana –la envidia, la traición, la intolerancia, la exclusión, el nacionalismo chauvinista, el clasismo y la prepotencia- encubiertos tras los divinos ropajes de la justicia, la solidaridad, la igualdad social, la hermandad y anclado en una supuesta concepción científica del mundo.
Justo el que alguna vez en su vida ha hecho ciencia, es decir, haya trabajado en algún proceso de investigación científica, -con resultados positivos o no-; sabe que el primer principio del pensamiento científico es duda, el segundo verifica, el tercero duda de la verificación.
Sin embargo la payasada intelectualoide que significa dar carácter dogmático a unas conclusiones filosóficas a las que denominan ciencia –debo recordar que la Filosofía no puede reconocerse a sí misma como ciencia porque sencillamente no lo es, ya que cae dentro del campo especulativo- convierte a estos supuestos Mesías de la nueva era en unos oráculos del nuevo dogma.
De la misma forma que la población tendía durante la Edad Media a aceptar por válidas cualesquiera interpretaciones que los sacerdotes hicieran de un texto sagrado escrito en lengua muerta; en la época contemporánea la calidad de ciencia adjudicada a concepciones sociales elevó a dogma la interpretación oficial que supuestos científicos hacían de los textos sagrados, vale decir los textos de los creadores de la nueva doctrina. No en balde en todas las universidades cubanas de los ochenta, las cátedras de marxismo-leninismo eran conocidas a soto voce como “ la Santa Sede”.
Claro está que esta base dogmática facilitada por los antecesores europeos y a veces asiáticos de la Revolución, se convierte en papel mojado junto a los escombros del Muro de Berlín.
Eso crea la necesidad y le da la oportunidad al Gran Ególatra -que cual espíritu de Dios posee infinitos nombres y que este me perdone por la comparación- ; de crearse su propia teoría, sólo que esta mas bien debe denominarse verborrería. Ya Bulté en sus conferencias allá por los años finales de los setenta en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, argumentaba algo que ha sido una realidad en Cuba desde 1959, pero que alcanzaría connotaciones de inframundo según se acelera la cuesta abajo del engendro; ¡la palabra del Tirano concebida como fuente de Derecho!
No creo que la sociedad cubana resista otro error cuando pueda hablarse de post castrismo, por eso es también importante el estudio de las transiciones a la democracia en otros países del orbe, a ver si somos capaces de incorporar todo lo útil para nuestro empeño, al menos con la misma eficiencia que la dictadura se ha empleado en aplicar las experiencias anteriores de sus maestros; para demoler el trabajo de las generaciones que le antecedieron en la Nación cubana.
De no ser así corremos el riesgo cierto de repetir la historia de miseria y destrucción de Haití, que durante 200 años se ha mantenido en el último lugar de desarrollo en América –con grandes probabilidades en los mundiales- como fruto de una Revolución... por cierto ahora mismo es el único país que nos supera en miseria en todo el continente. He ahí el resultado del experimento cubano que defienden algunos millonarios que gustan de escribir libros, periódicos, transportar libros y hasta cantar. ¡Todo, absolutamente todo ya ha sido visto bajo el sol!