Ha muerto uno de los más grandes cineastas
cubanos de todos los tiempos.
La frase puede parecer desmedida, pero en la obra fílmica de Nicolás Guillén Landrián, fallecido
ayer en Miami a los 65 años, se combinan como en ninguna otra la revelación de una sociedad y una
época en Cuba con la excelencia cinematográfica y la imaginación más fecunda.
Guillén Landrián murió a consecuencia de complicaciones derivadas de un tumor maligno en el páncreas
diagnosticado en mayo pasado. Había nacido en Camagüey en 1938, hijo de Adelina Landrián Montejo
y Francisco Esteban Guillén Batista, hermano del poeta Nicolás Guillén.
Mientras cortometrajes como Coffea Arabiga (1968) resumen todas las audacias formales del cine
experimental de los años 60 con una asombrosa coherencia temática, Ociel del Toa (1965) eleva a
planos de refinado lirismo visual la vida de un joven campesino del oriente cubano prescindiendo
de los diálogos, con el auxilio de textos intercalados que dejan a los sonidos naturales el
protagonismo de la banda sonora.
"Guillén es un apellido aragonés que significa 'aquél a quien su virtud sirve de protección''',
declaró su viuda, Grettel Alfonso Fuentes, que vino con el cineasta de La Habana a Miami el 30
de noviembre de 1989. "Me hizo muy feliz; ya lo extraño mucho".
Luego de la larga censura a que fueron sometidos en Cuba, sus documentales están empezando a
ser descubiertos con asombro por jóvenes cineastas en la Isla y el Exilio. En Miami hizo su
última obra, Inside Downtown, presentada en el Auditorio del recinto Wolfson del Miami-Dade
College por Alejandro Ríos, quien organizó un homenaje a su obra en el Teatro Tower en noviembre
del año pasado.
Allí también se exhibieron sus pinturas, que nunca dejó de hacer en Cuba y en Miami.
Luis García Mesa, hoy camarógrafo de Telemundo, hizo la fotografía de Taller de Línea y 18,
Expo Maquinaria Pabellón Cuba --nunca exhibido-- y otros cortos de Guillén Landrián cuando ambos
estaban en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), donde el documentalista
trabajó desde 1961 hasta 1971.
"Tenía una imaginación tan alucinante que no se podía con él", afirmó García Mesa. "Para hacer
el documental sobre maquinarias le puso una armadura medieval a una muchacha que era modelo y la
filmó caminando por el Castillo de La Punta".
La mayoría de sus documentales, recordó, tenían 25 pistas de sonido cuando a lo sumo se usaban
cuatro o cinco.
"Nicolasito no creía en revolución ni en nada", aseguró García Mesa. "Creía solamente en él, y
no estaba muy seguro tampoco".
Además de su viuda, le sobreviven sus hijos, Nicolás Francisco Guillén y Elvira Valdés; la esposa
del primero, María Chryssofaki, y el esposo de Valdés, Many Salazar.
Al cierre de esta edición no se había determinado dónde serán las honras fúnebres.
jevora@herald.com