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OPINA BARTRA SOBRE TRANSICION EN CUBA
Afirma el antropólogo Roger Bartra que actualmente no hay en Cuba muchas señales de apertura política
(Texto leído en la Feria del Libro de Guadalajara, el domingo pasado, en la presentación de la revista Letras Libres dedicada a Cuba).
Por Roger Bartra
Grupo Reforma
Guadalajara, México
Reforma
México
La Nueva Cuba
Diciembre 5, 2002
1. Desde una perspectiva democrática y socialista, la pregunta fundamental ante la situación cubana actual es la siguiente: ¿cómo será la transición a la democracia? La respuesta de Carlos Franqui es inquietante: "Nadie sabe ni el cómo ni el cuándo del fin del castrismo". Pero está convencido de que el final se aproxima velozmente.
2 Yo tengo mis dudas en cuanto a esta velocidad. Desde que el comandante mandó a parar, la parálisis cubana ha sido una de las peculiaridades más alarmantes del régimen. Hay muchas explicaciones de este fenómeno político. Quiero sólo destacar una de ellas, que permite comprender cómo, más de 10 años después de la transición democrática en Europa central y en Rusia, el régimen autoritario cubano sigue en pie.
Me parece que Cuba y Estados Unidos han llegado a una rara y perversa simbiosis: el bloqueo fortalece y legitima al régimen castrista y, a su vez, la presencia de un sistema dictatorial simbólicamente amenazador en el Caribe --junto con otras dictaduras en el mundo, como la de Sadam Hussein-- contribuye a legitimar el sistema político de EU. Yo he definido este tipo de situaciones como envueltas en redes imaginarias del poder político.
3. ¿Qué alternativas de transición están a la vista? Podemos imaginar una vía al estilo centroeuropeo y ruso, transiciones relativamente aterciopeladas y pacíficas en las que se llega a economías capitalistas de mercado y, al mismo tiempo, a una condición de pluralismo democrático. Otra alternativa sería la vía china: una economía de mercado cada vez más capitalista, pero sin democracia. Jesús Díaz se refiere a una vía mexicana...
4. ¿Qué es una vía mexicana? El problema principal, dice Jesús Díaz, es la ausencia de una tradición democrática en el contexto de un larguísimo periodo autoritario. La ventaja de Cuba es que hay "un millón de cubanos en posición de poder en pleno territorio norteamericano". El escenario óptimo es que la burguesía cubana de Miami y la élite política de La Habana logren un acuerdo para la transición. Se podría seguir una vía mexicana en el sentido de que Cuba mantendría su independencia y no sería engullida políticamente por EU, pero se integraría como México en un área comercial privilegiada.
5. Andrés Oppenheimer es optimista y cree que ha habido cambios sustanciales en la comunidad cubana de Miami. Ahora habría condiciones favorables para un acuerdo con el Gobierno cubano. Es de destacar el hecho, mostrado por una encuesta, de que casi el 80 por ciento de los entrevistados cubanos de Miami prefiere una transición gradual y pacífica a la democracia. Al parecer, los cubanos de Miami han dejado de ser un grupo intransigente aferrado al pasado.
6. ¿Pero qué sucede en La Habana? ¿Se está terminando allí la intolerancia? Al respecto hay menos optimismo. Montaner pone su esperanza en el número creciente de voces de la izquierda (y no sólo de conservadores y liberales) que en todo el mundo critican al régimen castrista. Díaz mantiene en el fondo la esperanza en la sensatez de la clase política cubana en el poder. Vladimiro Roca también cree en la posibilidad de un cambio gradual y pacífico, impulsado por fuerzas internas.
7. Pero cuando Antonio Elorza se refiere al poder de Fidel Castro y sus máscaras, las esperanzas se marchitan. El cesarismo comunista y la esquizofrenia pragmática parecen indicar que hoy en día no hay motivos para ser optimistas. En este punto las esperanzas de todos se topan con un muro, envejecido pero durísimo y aparentemente indestructible.
8. Algunos dirán que el Muro de Berlín también parecía muy sólido y sin embargo se derrumbó. Recordemos que el antiguo régimen en los países socialistas de Europa, en la URSS y en China se vino abajo (o cambió sustancialmente) gracias a procesos internos que erosionaron el sistema. En casi todos los casos, los viejos dirigentes carismáticos y autoritarios ya habían pasado a mejor vida, cosa que no ha ocurrido en Cuba. La inquietante excepción fue Ceausescu en Rumania. La ineficiencia, la corrupción, el mercado paralelo y el estancamiento habían debilitado al sistema político, lo que también ocurre en la isla caribeña. El fantasma de una economía mercantil maligna y de un enemigo dedicado a sabotear al socialismo ya no espantaba a nadie. El anticomunismo practicado por diversas agencias de las grandes potencias había demostrado su incapacidad de subvertir el orden. De hecho, las agresiones externas contribuyeron a fortalecer el rígido orden impulsado por las tradiciones stalinistas y marxista-leninistas. Y sin embargo era inevitable que el sistema se desmoronase, pues los mecanismos internos de legitimación eran ya inoperantes.
9. Muchos creen en la inevitabilidad de la transición a la democracia en Cuba, basados en este mismo tipo de consideraciones. Sin embargo, pareciera que allí los fantasmas de Stalin, Mao, Kim Il Sung y demás se han reunido en una sola persona. El peso de esta tradición es enorme. Pero ya son visibles algunas señales de lo que he llamado la vía china, sobre todo desde 1994: los mercados se han ampliado, hay tolerancia con respecto a la corrupción en sus diversas formas (incluyendo la prostitución), sectores de intelectuales y artistas pueden salir y regresar a la isla con cierta facilidad, se permitió la visita del Papa en 1998, las inversiones extranjeras son bienvenidas en algunas ramas, el turismo ha aumentado, la dolarización se ha disparado. Hay también indicios de una vía de terciopelo: cerca de 11 mil ciudadanos cubanos han apoyado el proyecto Varela, que pide un referéndum. Estoy seguro de que estos ciudadanos que han tenido el coraje de apoyar públicamente la transición democrática son la punta de un iceberg.
10. Lo que se ha llamado una vía mexicana de transición (podría también llamarse latinoamericana) implica esencialmente cambios más políticos que económicos, pues siempre ha dominado aquí la economía capitalista. En América Latina era urgente la liquidación de las dictaduras que tachonaban el continente. Por lo que se refiere a México, durante los últimos años se produjo un cambio importante de un sector de la élite priísta, que acabó aceptando las reformas democráticas. Al mismo tiempo, sectores claves de la administración política en EU comprendieron que ya no podían seguir apoyando al corrupto sistema autoritario.
11. El equivalente en Cuba de esta vía mexicana requiere, en primer lugar, que el Gobierno de Washington levante el bloqueo, con el apoyo de los cubanos de Miami. En segundo lugar, que la élite castrista acepte una reforma democrática que permita la pluralidad y la libre competencia de diversos partidos y corrientes. Parece una vía utópica, pues el Gobierno de Bush prefiere en Cuba un Gobierno simbólicamente agresivo, pero totalmente inofensivo, a una difícil y potencialmente tormentosa transición que sobrecargue una agenda totalmente orientada a combatir el terrorismo impulsado por el fundamentalismo musulmán. En Cuba tampoco hay muchas señales de apertura política. Pero grandes cambios históricos pueden ocurrir sorpresivamente y colocar a todos los actores en un escenario incómodo y difícil.
(Texto leído en la Feria del Libro de Guadalajara, el domingo pasado, en la presentación de la revista Letras Libres dedicada a Cuba).
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