Para el PC, la gran incógnita era saber a qué sector entregarían su apoyo los cubanos. Por ello, en julio de 1987 una alarmada Gladys Marín instruyó a una pequeña comitiva para que informara personalmente a Fidel Castro en La Habana.
Los enviados llevaban una carta de Luis Corvalán: el máximo dirigente hablaba del “enorme dolor” que el quiebre provocaba, tildaba a los rebeldes de “revolucionarios equivocados” y manifestaba que aún era posible “recuperarlos”, para lo cual esperaba la ayuda cubana (8).
A fin de no ser detectados por los autónomos, los emisarios del PC utilizaron un intrincado itinerario: Buenos Aires, Praga, Madrid y finalmente Cuba. Entre sus ropas, uno de los viajeros llevaba una gran cantidad de microfilmes, con todos los documentos donde el grupo escindido planteaba su postura. Otro dirigente llevaba la carta de Corvalán, pero en un aeropuerto europeo decidió romperla y aprendérsela de memoria, para no correr riesgos.
El 26 de julio de 1987 el grupo llegó a La Habana. Debido a las celebraciones por el aniversario de la revolución cubana, tuvieron que esperar un par de días para ser recibidos por Castro.
Pese al alto nivel de secreto con que habían realizado el viaje, muy pronto los emisarios comprobaron que los autónomos conocían perfectamente sus pasos, al igual que todas las desesperadas maniobras del PC para aislarlos. Gracias a sus contactos en La Habana, uno de los emisarios supo que Raúl Pellegrín había llegado varios días antes y que ya se había entrevistado con Castro para pedirle su apoyo. Lo mismo había hecho “Salvador”, Sergio Apablaza, líder natural de los oficiales formados en La Habana y partidario de los autónomos, quien por entonces estaba establecido en la isla.
El 28 de julio de 1987 Fidel y Manuel Piñeiro recibieron por fin a los hombres del PC en el Palacio de la Revolución. Eran cerca de las 12.30 de la noche. Cuando los chilenos ingresaron al despacho, Castro estaba mirando hacia la pared y les daba la espalda. Vestía su clásico uniforme verde oliva y tenía su quepis en la cabeza. Un solo elemento desentonaba: en vez de botas militares, calzaba hawaianas. “Nos explicó que con las botas se había desollado un tobillo” (9).
Dando por sentado que estaba en conocimiento de las amenazas entre cada bando, Castro comentó que había estado muy preocupado por la seguridad del grupo durante el viaje, por lo que dijo alegrarse de verlos. En referencia a los autónomos, dictaminó: “Ellos son muy jóvenes y tienen un deseo demasiado vehemente por hacer la revolución. Para nosotros son como nuestros hijos. Esta pugna es lo más doloroso que nos ha pasado” (10).
“Ellos son muy jóvenes y tienen un deseo demasiado vehemente por hacer la revolución. Para nosotros son como nuestros hijos. Esta pugna es lo más doloroso que nos ha pasado”, comentó Castro ante la división del FPMR.
La Habana, también dividida
Días antes, Castro había recibido a María Maluenda, la madre del sociólogo José Manuel Parada, uno de los tres comunistas brutalmente degollados por agentes del régimen chileno en marzo de 1985. La mujer había viajado a La Habana para solicitar al líder cubano que ayudara a detener la aventura armada del FPMR.
Aunque es imposible saber si lo hizo tomando en cuenta esta petición, Castro señaló a los enviados del PC que la postura de La Habana sobre Chile había sufrido un vuelco radical: tomando en cuenta los fracasos de Carrizal Bajo y el atentado les reconoció que la acción del FPMR ya no tenía sentido. A su juicio, lo que tenía que hacer el PC era inscribirse en los registros y enfrentar a Pinochet junto al resto de la oposición en el plebiscito de 1988 (11).
“Atentaría contra las más básicas leyes de la sicología pedirle una salida revolucionaria al pueblo chileno”, recalcó, siendo respaldado en estas últimas palabras por el intrépido “Barbarroja” Piñeiro, su más cercano colaborador, también presente.
El mensaje no caería en el vacío: siete meses antes del plebiscito, en marzo de 1988, el PC fue el último de los partidos chilenos en llamar a su militancia a inscribirse en los registros electorales (12).
Pero lo cierto es que el gobierno cubano estaba lejos de tener una postura única al respecto. Apenas se produjo el quiebre del FPMR, sus organismos habían tomado partido en favor de uno y otro grupo. “La Cancillería y el Ministerio de Defensa apoyaban al FPMR-PC, pero Tropas Especiales y el Departamento América se jugaron a fondo por el FPMR-Autónomo”, reconoce un diplomático socialista que vivió por años en La Habana. En una conversación posterior con uno de los enviados por Gladys Marín, el propio “Barbarroja” tuvo una frase decidora: “Tal cual como el Frente, nosotros también estamos divididos” (13).
“No los abandonaremos”
El apoyo que estaban prestando sectores del gobierno cubano a los frentistas escindidos preocupaba sobremanera al PC, cuya dirigencia veía como última carta la intervención del propio Castro para poner fin a ese peligro. De hecho, una de las principales tareas encomendadas por Gladys Marín al grupo era denunciar a Castro la cooperación de altos oficiales de su Ministerio del Interior al FPMR-Autónomo.
Los enviados tenían antecedentes concretos al respecto. “Comandante -le explicó uno de los chilenos-, la gente de Tropas Especiales y su jefe, el general Alejandro Ronda, los apoya, les da dinero y financia sus bases en Argentina”. Castro sonrió y los acompañó a la puerta. Antes de despedirse, zanjó el conflictivo punto aseverando al dirigente comunista de nombre político “Ernesto Contreras”: “En esta isla no se hace nada sin que yo lo sepa” (14). El encuentro con Castro fue una de las últimas misiones en el exterior de Contreras, quien colaboró con esta investigación aclarando que mencionaría hechos, pero no nombres de implicados salvo los públicos.
Otro asistente a aquella reunión avala que esas fueron las últimas palabras de Castro. Sin embargo, también recuerda que el líder cubano recalcó que su discrepancia con el camino elegido por el FPMR Autónomo no significaba que los abandonaría a su suerte. “No vamos a dejar solos a esos muchachos”, dijo alzando la voz en un momento de la cita (15).
El peso de esta frase cobraría vigencia en años posteriores, cuando el grupo frentista más irreductible era acosado por todos los flancos tras asesinar al senador UDI Jaime Guzmán. Pese a que ese atentado marcó la sentencia de muerte del FPMR, ninguno de los que lo decidieron está hoy tras las rejas. Sobre su actual paradero, todas las pistas se pierden en Cuba. Aparentemente, Fidel Castro cumplió con su promesa.
TORRES SILVA EN LA MIRA
La división del FPMR no fue obstáculo para que ni uno ni otro bando dejara de planificar acciones armadas. Sobre todo, si se trataba de eliminar a uno de sus enemigos más aborrecidos: el fiscal militar Fernando Torres Silva, a cargo de las investigaciones sobre Carrizal Bajo, el atentado a Pinochet y el secuestro del comandante del Ejército Carlos Carreño.
Según un ex frentista hoy establecido en Europa, hasta un año después de la división hubo una verdadera competencia entre ambos grupos por ajusticiar a Torres Silva. Al contrario de lo que se podría creer, en esta carrera el FPMR-PC llevó siempre la delantera. De su obra fueron las dos frustradas acciones para acabar con la vida del alto oficial.
El primer intento de ajusticiar a Torres Silva se realizó el 27 de mayo de 1988. Cuando el vehículo marca Ford del fiscal circulaba por Eleodoro Yáñez con Los Leones, dos hombres en una moto le adosaron magnéticamente una bomba a control remoto en un costado. Como el conductor del coronel alcanzó a percatarse y maniobró hasta desprenderse del artefacto, los frentistas huyeron sin accionarlo.
El azar salvó a Torres Silva en el segundo intento hasta hoy desconocido, realizado en la segunda mitad de 1988. Los frentistas se habían percatado de que cada vez que llegaba a su domicilio, el uniformado bajaba del coche y caminaba unos metros hasta su casa. “Era una oportunidad de oro para matarlo. Sólo teníamos que contar con un nutrido fuego de fusilería y listo”, explica un ex combatiente (16).
El mismo día en que los hombres encargados de la acción lo aguardaban a metros de su casa, sin embargo, Torres Silva ingresó a su garaje sin bajar del automóvil. Aunque el FPMR-PC llegó a confeccionar otros dos planes en su contra, nunca se pusieron en marcha, ya que luego del plebiscito de 1988 el PC paulatinamente desmovilizó al aparato militar que aún continuaba bajo su alero.
8 Serie de 12 entrevistas al ex dirigente del PC de nombre político Ernesto Contreras. Santiago, septiembre 2000 a enero 2001.
9 Ibid...entrevistas a Ernesto Contreras...
10 Ibid... entrevistas a Ernesto Contreras...
11 Ibid... entrevista a “Carlos”...
12 Corvalán, Luis. De lo Vivido y lo Peleado. Pág 313.
13 Ibid.. entrevistas a Ernesto Contreras.
14 Ibid.. entrevistas a Ernesto Contreras
15 Ibid... entrevista a “Carlos”...
16 Entrevista a ex frentista formado como oficial en el Ejército búlgaro y radicado hoy en Europa