Lo más interesante de la reunión del secretario de Estado, Colin Powell, con
el disidente cubano Oswaldo Payá esta semana en Washington no fue que se
trató del primer encuentro de su tipo a ese nivel, ni que Powell expresara
luego su ''admiración'' por el activista prodemocracia cubano.
Lo más interesante fue que Powell recibió con alfombra roja a un disidente
cubano que no apoya el embargo norteamericano a la isla, aboga por la
reconciliación nacional en Cuba, y es visto con escepticismo por los
sectores de línea más dura del exilio cubano de Miami.
A juzgar por lo que escuché de altos funcionarios del gobierno de Bush, la
reunión no supone ningún cambio en el apoyo del gobierno de Bush al embargo
comercial contra la isla. Sin embargo, refleja un cambio en la política
norteamericana: el gobierno de Bush está escuchando también a los dirigentes
prodemocráticos de la isla, en lugar de escuchar únicamente las voces de
Miami.
''Esto es un reconocimiento de que el cambio en Cuba va a venir desde dentro
de Cuba'', me dijo un funcionario bien situado en el gobierno de Bush, tras
el encuentro Powell-Payá. ``Es una señal visible del apoyo a la gente en
Cuba que está trabajando por un cambio rápido y pacífico hacia la
democracia''.
Otro funcionario, el vocero del Departamento de Estado, Charles Barclay, me
indicó que ``ha habido un cambio en el paisaje político en Cuba: estamos
viendo el surgimiento de una sociedad civil, que se concreta en iniciativas
como el Proyecto Varela y otros proyectos de otros disidentes cubanos''.
En cierto modo, la nueva tendencia del gobierno de Estados Unidos es un
reflejo de los cambios que se están dando en Miami. Cada vez más, los
exiliados ven su función como una de acompañamiento a los activistas
democráticos de Cuba, y no como una de salvadores de la patria.
Según una encuesta de la empresa Bendixen y Asociados, el 68 por ciento de
los exiliados cubanos en Miami apoyan el Proyecto Varela, que propone un
referéndum nacional en Cuba dentro de las leyes de la isla, para proponer
una apertura política. Sólo un 23 por ciento de los exiliados se oponen al
Proyecto Varela, aduciendo entre otras cosas que no garantiza un cambio
radical en Cuba.
''Eso es un cambio dramático respecto de hace cinco años, cuando la mayoría
del exilio cubano creía que la solución para la democracia en Cuba venía de
Miami'', afirma Sergio Bendixen. ``Hoy, los disidentes de la isla son vistos
como héroes por una gran mayoría de los exiliados''.
¿Qué ha pasado? Dos hechos importantes --el surgimiento de un movimiento
prodemocracia en Cuba, y la llegada de una nueva generación de exiliados a
Miami-- están cambiando rápidamente la política del exilio cubano.
Los organizadores del Proyecto Varela, aprovechando una cláusula en la
Constitución cubana que permite que las peticiones ciudadanas con al menos
10,000 firmas sean llevadas a la Asamblea Nacional, presentó el año pasado
11,000 firmas solicitando un referéndum nacional sobre si Cuba debería
permitir libertades civiles y elecciones libres.
Desde entonces, el Proyecto Varela ha reunido más de 30,000 firmas en Cuba.
Según grupos de derechos humanos, hoy en día hay más activistas
prodemocracia per cápita en Cuba que los existentes en la ex Unión Soviética
o Polonia.
Al mismo tiempo, el perfil demográfico de Miami ha cambiado
significativamente con la llegada de hasta 20,000 cubanos por año desde la
firma de un acuerdo migratorio entre Estados Unidos y Cuba en 1994. La
mayoría de los aproximadamente 250,000 cubanos que han llegado desde
entonces son jóvenes con familia y amigos en Cuba, que no quieren una
solución violenta al drama cubano.
La Fundación Nacional Cubano Americana, el mayor grupo de exiliados cubanos
en Miami, apoya el Proyecto Varela. El Consejo por la Libertad de Cuba, un
grupo de línea dura que se se abrió de la FNCA, ha tomado distancia del
proyecto de referéndum.
El mes pasado, Payá recibió el premio Sajarov del Parlamento Europeo --el
premio de derechos humanos más prestigioso de Europa-- y fue recibido por el
presidente español José María Aznar. El miércoles, se reunió con el papa
Juan Pablo II en el Vaticano.
Payá está en el camino correcto. La historia reciente --incluyendo el
referéndum de 1988 contra el dictador chileno Augusto Pinochet y las
elecciones de 1990 que derrocaron el gobierno sandinista nicaragüense--
muestra que en la mayoría de los casos, el mejor camino para derrocar una
dictadura ha sido aprovechando las rendijas legales existentes.
Mi humilde pronóstico: la política de Estados Unidos hacia Cuba, ya estén en
el poder republicanos o demócratas, tendrá cada vez más en cuenta las voces
provenientes de la isla. Como siempre debió haber sido el caso.