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OSWALDO PAYA:
«CON ESTA REPRESION,
EL REGIMEN CASTRISTA EXPRESA
SU PROPIA DEBILIDAD MORAL Y POLITICA»
El disidente
cubano Oswaldo Payá,
candidato al Nobel de la Paz 2003
por su lucha por los derechos humanos en Cuba
Amadeus
Altafaj
AP
ABC
Madrid
España
La Nueva Cuba
Agosto 3, 2003
Oswaldo Payá
Sardiñas (La Habana, 1952) encarna la esperanza de un cambio
político pacífico en Cuba y desde Cuba. Pese a haber
sufrido el acoso de los esbirros del castrismo desde la adolescencia,
el presidente del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL)
no ha cejado nunca en sus esfuerzos por reconciliar a todos los
cubanos y recuperar los derechos fundamentales hoy pisoteados. El
Proyecto Varela, la recogida de firmas para promover un referéndum
en la isla, al amparo de la Ley Fundamental cubana, ha conseguido
que miles de cubanos superen el miedo a las represalias y representa
el mayor desafío lanzado desde el interior al régimen
totalitario hasta la fecha.
Su tesón
y su apología de la no violencia son reconocidos en todo
el mundo. El Parlamento Europeo le concedió en diciembre
pasado el Premio Sajarov a la libertad de espíritu y ha sido
recibido como el principal representante de la oposición
por personajes como Colin Powell, Vaclav Havel, José María
Aznar o el Papa Juan Pablo II. Ahora es promovido como candidato
al Premio Nobel de la Paz.
En los últimos
meses, sin embargo, la represión se ha exacerbado. En marzo
pasado, el régimen detuvo y condenó a penas de hasta
28 años de cárcel a 75 disidentes, periodistas e intelectuales.
Fidel Castro ha radicalizado más si cabe su discurso y ha
arremetido contra la Unión Europea y España, en particular,
irritado por la condena firme de las violaciones crecientes de los
derechos humanos.
Pese a la certeza
de que esta entrevista telefónica estaba siendo escuchada
por agentes del régimen, Payá mantuvo un discurso
conciliador pero firme y sin matices: la represión actual
demuestra la «debilidad moral y política» de
un régimen cuyos líderes se sienten «atrapados».
- ¿A
qué atribuye la escalada de represión a que se ha
lanzado el régimen castrista en los últimos seis meses?
- Hay que buscar
la causa primera en la propia contradicción que existe entre
el régimen y el pueblo. No tiene nada que ofrecer y hay una
necesidad vital de cambio y de apertura para la mayoría,
especialmente porque la pobreza crece, hay una minoría con
muchos privilegios, los nuevos ricos frente a una mayoría
con tantas necesidades. Y lo único que ofrecen es mantener
este poder totalitario sin ningún horizonte para el cubano,
que a veces lo busca lanzándose al mar. En medio de esta
contradicción, hay un movimiento cívico que va creciendo
y que tiene una expresión en el Proyecto Varela. Después
de entregar 11.000 firmas en mayo del año pasado, Cuba no
ha vuelto a ser la misma.
- ¿Fue
pues el Proyecto Varela el que precipitó esa reacción
virulenta?
- Sí,
porque aunque no se puede hablar de masividad, hallar a miles de
cubanos que quisieran firmarlo significaba que el ciudadano pierde
el miedo, o que por encima del miedo, que es el factor de dominación
que sustenta a este régimen, el ciudadano decía «yo
quiero cambios». Esta campaña del Proyecto Varela no
sólo ofrece esa vía de liberación personal
sino que aporta una verdadera solución pacífica, al
alcance de todos los cubanos. Y lo siguen diciendo, porque incluso
en medio de esta represión hay cubanos que siguen firmando.
Es una alternativa y el Gobierno no tiene ninguna, sólo prepara
la confrontación, un posible caos. Es la vía para
alcanzar los derechos de todos los ciudadanos, la salvación
de Cuba.
- ¿Cómo
han afectado las detenciones y condenas masivas a la oposición
en la isla?
- Indiscutiblemente,
el golpe ha sido muy duro. Solamente antes de esta ola de detenciones
de marzo, entre diciembre y enero detuvieron alrededor de diez dirigentes
del MCL. En total, hay más de 50 dirigentes del Proyecto
Varela detenidos hoy. Pero por primera vez, hay un movimiento que
está extendido por todo el país. La esperanza del
cambio no está en lo que Gobierno quiera o no quiera. Con
esta represión, el Gobierno lo que está expresando
es la agudización de la contradicción y su propia
debilidad moral y política. Creo, sin arrogancia, que esta
campaña es imparable, nosotros no vamos a parar lo que entendemos
es una esperanza para Cuba. Y lo hacemos sin odio, buscando la concordia
entre los cubanos en un entorno de libertad, de diálogo y
de Derecho. La opresión nunca trae la paz. La vía
pacífica no es sólo un método, es la meta.
Es importante para América Latina y para el mundo, porque
si en Cuba se produce un cambio pacífico, será una
aportación al mundo entero, ya que nuestro país ha
sido un escenario de confrontación, a veces artificial o
forzado, entre este y oeste, norte y sur, entre un antes y un después.
- Pero Castro
sigue viviendo en esa lógica de la Guerra Fría, en
la que ustedes representan el papel del enemigo interior. Y al enemigo
se le combate.
- Es un desafío
para nosotros avanzar sin esa violencia y sin enfrentamientos, sin
la victoria de unos sobre otros, para alcanzar una sociedad donde
todos tengan un lugar y unos derechos. No se trata de ponernos de
acuerdo sobre una ideología sino que todo ser humano tiene
derecho a un lugar digno en la sociedad. Éste ha sido un
régimen de exclusión. Hay millones de cubanos que
tuvieron esperanza en un determinado momento en lo que fue la Revolución
y ha habido cosas positivas. No es un problema de maniqueísmo,
de dividir Cuba entre buenos y malos, sino de integrar todo lo positivo.
- La Unión
Europea se ha convertido en nuevo objeto de las iras de Castro porque
condena las violaciones de derechos humanos y pone condiciones a
su ayuda. ¿Es constructivo ese papel? ¿qué
espera la disidencia cubana de los europeos?
-Durante muchos
años, algunos, erróneamente, pensaban que la solución
del problema cubano o estaba en la muerte de Fidel Castro, lo que
llamábamos el «fatalismo biológico», o
en la intervención de Estados Unidos. Ya se lo dije recientemente
al propio Colin Powell: la solución está entre cubanos,
pacíficamente, y hay que «desamericanizar» la
visión de la solución al problema cubano, que no corresponde
a los Estados Unidos sino a los cubanos. En esa misma lógica
pienso que es forzado y artificial el tratar de dar una visión
europeizada del problema cubano. Europa, al apoyar el proyecto Varela,
al llamar la atención sobre la violación de los derechos
humanos, y al no aceptar una vez más como un hecho consumado
que puede coexistir con una relación normal esta represión,
estos encarcelamientos masivos, Europa está siendo coherente
con esa posición común que dice que debe haber una
apertura en Cuba y deben respetarse los derechos de los cubanos.
Eso es respeto a nuestra autodeterminación. Nadie puede decir
que se está esperando una intervención de España
en Cuba, que Europa quiere colonizar Cuba, eso no lo cree ningún
cubano. Al darme el premio Sajarov y al apoyarnos de esta manera,
Europa está diciendo que en Cuba hay millones de cubanos
que tienen derecho a los derechos. No pedimos que nadie asuma nuestro
papel pero sí la solidaridad política con el pueblo
de Cuba por la liberación de los prisioneros de la «primavera
de Cuba» y el apoyo, hoy más que nunca, a esta campaña
cívica del Proyecto Varela, que es el camino pacífico.
- Y que acata
la Ley...
-Debemos ir
de la ley a la ley. No porque la ley actual sea buena sino porque
queremos iniciar una nueva etapa donde el poder no esté por
encima de la ley y por encima del ciudadano, como ha ocurrido en
Cuba en las últimas décadas y porque la violencia
siempre ha traido más injusticias y más violencia.
Queremos una etapa definitiva de reconciliación, libertad
y concordia.
- ¿Cuál
es su modelo de transición? ¿Quizás los países
de Europa oriental o incluso España?
- Hay una experiencia
muy rica en España, con la que tenemos un gran vínculo
y mucho en común espiritualmente. No queremos importar su
modelo de transición. Pero sí hemos aprendido mucho
y nos hemos inspirado. También en Praga y Bratislava, donde
nos encontramos pueblos que vivieron una dictadura idéntica
a la nuestra, con sus matices. En Cuba se da una situación
de altísima tensión, como en un avión secuestrado.
Lo más importante es cuando los ciudadanos empiezan a perder
el miedo y cuando esta voluntad de cambios empieza a generalizarse,
entonces se produce el cambio pacífico. En España
se produjo más que por un modelo porque la inmensa mayoría
de los españoles tuvieron la voluntad de mirar hacia el futuro,
no de ponerse de acuerdo sobre el pasado. En la Europa ex comunista,
el proceso fue lento pero el desenlace muy rápido y, excepto
en Rumanía, sin violencia. La cultura del miedo, como ocurre
en Cuba, les hacía creer que el cambio era muy difícil
y muy lejano y sin embargo lo lograron. Ayuda mucho a nuestra esperanza
poder constatar cómo los pueblos encontraron su propio camino
y lograron el cambio.
- ¿Cómo
ha influido en su actividad política y en la vida diaria
el reconocimiento internacional? ¿Le respetan más,
le teme el régimen castrista o ha incrementado el acoso?
- Ambas cosas.
Hablar de temor sería una arrogancia por mi parte. Sí
hay más admiración y respeto. Hay muchos cubanos que
han conocido el Proyecto Varela o mi nombre. Sí hay acoso,
tengo la presión permanente de la Seguridad del Estado, intervienen
en cada detalle de mi vida, en una simple reparación en mi
casa o en los estudios de mis hijos, a los que el régimen
sólo ofrece estudiar el curso pre-universitario en un internado,
pese a que tienen problemas de salud. Tengo unos señores
delante de mi casa que apuntan cada matrícula de coche que
se detiene. Y antes que en ABC, esta entrevista ya está grabada
en otro lugar. Es muy duro, porque afecta toda mi vida, la de mi
esposa, mis hijos y mis amigos, pero no hay odio por nuestra parte.
Va a hacer tres años que falleció mi madre. Padecía
de un cáncer en fase terminal y mis hermanos pidieron permiso
para regresar a Cuba y el Gobierno de Fidel Castro les negó
la posibilidad de verla antes de morir sólo por ser familia
de un disidente, fue un castigo cruel.
- Aunque
bajo vigilancia permanente, sigue en libertad. Otros opositores,
cada día más, desfallecen en las cárceles.
- Están
en un situación muy difícil, en celdas individuales,
alejados a centenares de kilómetros de sus familias, con
visitas cada tres meses y a veces enfermos, como es el caso de José
Daniel Ferrer, un joven líder del Proyecto Varela encarcelado
en Pinar del Río y que tiene un pequeño tumor en el
pecho y le han negado la atención médica. Para nosotros
es el problema número uno y hacemos un llamamiento a la solidaridad.
- ¿Tiene
indicios de que alguien en las élites busque un recambio
desde el régimen? ¿Les han contactado, sondeado?
- No tenemos
contactos institucionales ni estamos en movimientos conspirativos.
Pero ellos están atrapados y la mayoría de cubanos
estamos convencidos de que hasta en el mismo Gobierno, como seres
humanos, como cubanos y padres y madres de familia, quisieran este
cambio pacífico. Por eso nuestro mensaje es también
para ellos y decimos que este cambio debemos hacerlo entre todos
los cubanos y cubanos son también los que están en
el Gobierno. Ése puede ser un factor pero no esperamos el
cambio por una inicativa del régimen, porque su lenguaje
va en sentido completamente contrario. Quizás nos esperen
momentos muy duros pero no perdemos la esperanza. Sabemos que la
inmensa mayoría de los cubanos, quizás los que están
escuchando esta conversación, quisieran estos cambios pacíficos
y entre cubanos.
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