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REVELACIONES
DE UN ESPIA CUBANO
(I PARTE)
A
más de cuatro años de que fuera secuestrado
en la ciudad de México,
el ex oficial de contrainteligencia cubano
Pedro Aníbal Riera Escalante rompe el silencio
y habla en exclusiva con Contralínea desde La Habana, Cuba.
Riera Escalante narra su historia personal,
una historia de espionaje internacional que involucró
a funcionarios mexicanos del Cisen en una denuncia
ante un tribunal militar cubano
y que lo mantiene actualmente sujeto a libertad condicional.
Jorge Torres
Contralinea
México
Enero 2005
Archivos:
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
La Habana, Cuba. La sorpresa se dibujó en su rostro cuando
seis individuos se le abalanzaron y lo sujetaron violentamente.
Era un hombre acostumbrado a situaciones extremas, pero aquella
no estaba prevista. Lo revisaron con movimientos rápidos
y bruscos y lo obligaron a subir a la parte trasera de una Van color
crema, donde lo sentaron en el suelo, siempre atenazado por ambos
brazos. En la parte de atrás de la camioneta había
cuatro sujetos y en el asiento delantero tres. En total, el número
de agentes que participaron en el secuestro de Pedro Aníbal
Riera Escalante rebasaba los treinta.
Las medidas
de seguridad que instrumentaron los agentes de inteligencia mexicanos
para detenerlo aquel 3 de octubre de 2000, a las afueras del Sanborns,
ubicado en la avenida Cuauhtémoc, a una cuadra del Hospital
General de la ciudad de México, pudieran parecer excesivas,
pero los focos rojos se habían encendido en el cuartel general
del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen)
días antes de su detención, y la Dirección
de Contrainteligencia se había dado a la tarea de cazar a
uno de los más experimentados y temidos agentes cubanos que
han operado en suelo mexicano en tareas de inteligencia en los últimos
tiempos.
Su nombre ha
estado irremediablemente relacionado durante 25 años con
operativos encubiertos en contra de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA). Es un hombre respetado y temido por la eficacia de su trabajo.
Había logrado infiltrar a una de las agencias de inteligencia
más poderosas del mundo y reclutar a los informantes más
valiosos de la agencia norteamericana en suelo mexicano, para convertirlos
en agentes dobles.
Pero un error
de cálculo lo dejó a merced de los agentes del Cisen
aquella tarde del 3 de octubre de 2000.
Pedro Riera
Escalante fue traicionado por los servicios de inteligencia mexicanos.
Lo habían traicionado de una forma grotesca sus propios colegas,
con quienes había trabajado anteriormente y a quienes les
conocía sus más íntimos secretos.
Riera Escalante
había solicitado asilo político al gobierno mexicano
desde principios de septiembre de 2000, después de serias
fricciones con autoridades del régimen cubano. Riera contactó
con autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores
para formalizar su solicitud y fue remitido a la Secretaría
de Gobernación, en donde tomó el asunto el entonces
director de Contrainteligencia del Cisen, José Luis Valles,
quien fiel a su costumbre lo traicionó y le tendió
la trampa para detenerlo y expulsarlo del país.
Riera fue secuestrado
en el Distrito Federal y trasladado a Cuba, violentando tratados
internacionales firmados por México, como la Convención
de 1951 sobre el Estatuto de Refugiados, ratificada por el gobierno
en años recientes.
El escándalo
que desató el secuestro de Pedro Riera Escalante hace poco
más de cuatro años en México, conmocionó
a la opinión pública internacional, que censuró
la actitud del gobierno mexicano por haber violado los derechos
humanos del ex funcionario cubano. Human Rights Watch, el organismo
internacional de derechos humanos, condenó en un comunicado
al gobierno mexicano el 6 de octubre por la expulsión de
Riera y argumentó que su vida corría peligro en la
isla.
Pero el secuestro
y la expulsión se habían consumado y de Pedro Riera
Escalante no se supo absolutamente nada, hasta finales de enero
de 2001, cuando se le ubicó recluido en Villa Marista, una
vieja construcción utilizada como cuartel de la seguridad
cubana.
Pedro Riera
Escalante fue acusado y condenado por tribunales militares cubanos
por haber salido de manera ilegal de Cuba, por haber falsificado
documentos y por cometer cohecho. Fue condenado a cinco años
de prisión, pero actualmente goza de libertad condicional
hasta el 6 de abril de 2005, fecha en que cumple su sentencia, pues
es un hombre reconocido por el gobierno de Fidel Castro.
A más
de cuatro años de su secuestro en México que
motivó una denuncia en tribunales militares cubanos en contra
de funcionarios de inteligencia y diplomáticos mexicanos,
Pedro Aníbal Riera Escalante rompe el silencio y denuncia
con lujo de detalles la traición del Cisen, los pormenores
de su detención y narra la experiencia de su reclusión.
La historia
Pedro Riera
Escalante ingresó a los servicios de inteligencia cubanos
cuando apenas contaba con 18 años, de la mano de su tío
Aníbal Escalante Dellundé, quien lo inició
en las acciones de inteligencia, y de su primo Fabián Escalante,
de quien recibe el cargo de alto funcionario del espionaje cubano
del régimen de Fidel Castro.
Riera asumió
sus responsabilidades como jefe de los servicios de la Dirección
General de Inteligencia Cubana en México, después
de más de 20 años de combatir las acciones encubiertas
de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en contra del gobierno
cubano.
Mi papel
en México durante los años anteriores estuvo relacionado
con el trabajo de enfrentamiento a la Agencia Central de Inteligencia.
Durante todo ese tiempo esa fue mi labor fundamental, encaminada
a proteger al país (Cuba) de los norteamericanos, explica
Riera Escalante reclinado en un sillón del hotel Habana Libre.
El oficial de
inteligencia se escudó tras la figura de cónsul de
la embajada cubana en México entre agosto de 1986 y diciembre
de 1991, para vulnerar las estructuras de la CIA en territorio mexicano.
Sin embargo,
la eficacia de su trabajo no impidió que a principios de
la década de los noventa, Riera Escalante mantuviera diferencias
con funcionarios cubanos, derivadas de algunas propuestas en torno
a trámites consulares que dificultaban la entrada y salida
de ciudadanos cubanos a la isla. Desde mi llegada a México
se discriminaba a los cubanos residentes en el país en cuanto
a sus trámites consulares y sus viajes a Cuba. Yo promoví
un permiso especial para los cubanos residentes en México
y fue autorizado para liberarlos de la necesidad y la obligación
de viajar a Cuba como turistas; podían viajar y quedarse
en sus casas con sus familias sin necesidad u obligación
de reservar y pagar un hotel, relata el ex funcionario cubano.
Sus propuestas
se aprobaron al más alto nivel y se empezaron a instrumentar
en 1991, dice Riera, pero en aquellos momentos lo que propuso fue
considerado prematuro y extraño. Esto fue interpretado
como que yo cuestionaba directivas de Cuba.
A su regreso
a la isla, en 1991, Pedro Riera Escalante fue cuestionado por un
alto jefe del Ministerio del Interior sobre las propuestas que había
hecho desde México en torno a las políticas consulares
del régimen. Yo le aclaré en aquella conversación
que no estaba cuestionando ninguna directiva, que simplemente estaba
proponiendo que se considerara la realidad y para beneficio del
gobierno y el pueblo cubano se adoptaran esas medidas.
El ahora ex
oficial de inteligencia tiene la certeza de que estas propuestas
estimularon un proceso de contrainteligencia interno
en su contra, situación que se agravó a raíz
de que su esposa Marta María Bosch Bermúdez, una ciudadana
cubana conocida como Mayté, enfermó de leucemia.
Riera Escalante
regresó a Cuba a principios de diciembre de 1991, y en los
primeros meses de 1992 se desató una crisis por la enfermedad
de su esposa. Riera Escalante explica que se presentaron problemas
por los medicamentos que se le suministrarían, motivo por
el cual sale de Cuba en septiembre de ese mismo año para
atenderse con un especialista mexicano. Ella tenía
una autorización directa del ministro del Interior de Cuba
para un viaje con otros fines, de obtener donativos de medicamentos
en México y cuando se produce esa situación, dicho
permiso fue autorizado, recuerda Pedro Riera.
Relata que solicitó
viajar a México para acompañar a su esposa y que inicialmente
no se le concedió el permiso. Dice que se autorizó
hasta que el médico mexicano gestionó con el embajador
cubano la autorización del viaje.
Ya en México
Riera Escalante recibió un duro golpe después de que
falleciera su esposa a causa de la leucemia, el 8 de octubre de
1992. No obstante, de regreso a Cuba, fue duramente cuestionado
por autoridades de la isla. A pesar de que mi viaje había
sido aprobado por el Ministro del Interior, me llamaron del partido
y me cuestionaron por la forma como había resuelto el viaje,
recuerda el cubano.
Las fricciones
con las autoridades del gobierno cubano se agudizaron y Riera fue
separado del partido y fue acusado de salir de la isla sin autorización,
cosa que era falsa, dice Riera. Yo apelé
la decisión en cuanto a lo del partido y se decidió
restablecerme la condición de militante con una sanción
de un año, tiempo en el que me suspendieron los derechos
del Partido Cubano.
Posteriormente,
al ex funcionario de inteligencia le habían otorgado sus
derechos para trabajar y salir del país por cuestiones laborales.
Sin embargo, todo esto resultó ser una gran y absoluta
mentira, hecha con fines de contrainteligencia, dice. Querían
probar una presunta actividad, una supuesta traición.
Pedro Riera
Escalante asegura que las acciones de contrainteligencia emprendidas
en su contra fueron evidentes y las logró detectar. Supo
de información delicada a través de un amigo que había
sido reclutado para trabajar en su contra. El me pasa toda
la información y me habla del expediente mío que le
habían enseñado.
En 1994 Riera
intentó viajar a México y le negaron el permiso. Lo
citaron en el Ministerio del Interior y le informaron que tenía
que esperar cinco años para viajar. Me preguntan que
si estoy de acuerdo con esa decisión y yo digo que no estoy
de acuerdo. Me preguntan que por qué y yo digo que no estoy
de acuerdo porque esas regulaciones significan desconfianza y yo
no he dado ningún motivo para que se desconfíe de
mí, porque no he cometido ningún acto de deslealtad
ni de traición en contra del gobierno cubano.
No obstante,
la desconfianza por parte del gobierno cubano persistió y
los operativos de contrainteligencia se volvieron cada vez más
molestos para Riera. En 1999, mediante un agente extranjero que
reclutó la seguridad cubana, se intentó seguirle los
pasos. El colmo era que el informante trabajaba para Riera Escalante
en los negocios que había emprendido en Cuba y lo habían
reclutado para que lo traicionara. Riera se percató de la
situación y llamó al jefe de control interno de la
inteligencia cubana y amenazó con emprender una denuncia
por difamación. Y es que el extranjero tenía preparada
ya una acusación en contra de Riera Escalante, en el sentido
de que el ex oficial le había proporcionado información
siendo miembro activo de la inteligencia cubana, lo que significaba
espionaje y traición.
Estaban
utilizando a este individuo, que era agente de la seguridad cubana,
para conformar un caso que fue neutralizado en aquel momento por
mi reacción, recuerda Pedro Riera.
Fue aquel incidente
el que motivó que Riera Escalante decidiera salir de Cuba.
Esto ocurrió en febrero de 1999 y en octubre ya preparaba
las condiciones para abandonar de manera clandestina la isla, haciendo
gala de los métodos de contraespionaje cubano.
La operación
para salir de Cuba de manera clandestina involucró a personal
del aeropuerto José Martí, que fueron reclutados por
Riera en una limpia operación de inteligencia que concluyó
el 23 de octubre de 1999, fecha en que logró salir de la
isla con un pasaporte falso. Logré salir en un vuelo
de Aerocaribe hacia Cancún, mediante una operación
de inteligencia, recuerda.
Clandestino
en México
Para entonces,
octubre de 1999, Pedro Aníbal Riera Escalante ya había
contraído nupcias por segunda ocasión con la mexicana
María del Socorro Yáñez Vega, de quien se divorció
el 24 de septiembre de 2004.
A su llegada
a Cancún, el ex oficial de inteligencia cubano se comunicó
con su esposa y le informó que viajaría a la ciudad
de México inmediatamente. Ya en México intentó
sin éxito regularizar su situación migratoria.
El primer contacto
fue con el cónsul Roberto Rodríguez, en la primera
semana de noviembre de 1999, a quien le informó que había
entrado de manera ilegal a México y que solicitaba su ayuda
para regularizar su situación. Rodríguez le respondió
que tenía que comunicarse con el delegado de la Secretaría
de Gobernación en Washington. Finalmente la gestión
no tuvo resultados.
Semanas después,
Riera Escalante detectó llamadas sospechosas y percibió
indicios de vigilancia en su contra. Había cometido un grave
error cuando estableció contacto con el cónsul Roberto
Rodríguez, a quien le proporcionó el número
telefónico de la casa en la que se encontraba.
Ante los movimientos
sospechosos en torno a Riera, en la segunda semana de diciembre
el ex agente de inteligencia cubano decide dejarle un recado a su
esposa, en el cual le comunica que no había condiciones de
seguridad y que pasaría a la clandestinidad para proteger
su vida. Mi vida estaba en peligro, porque al mismo tiempo
en Cuba comenzó una investigación a fondo para indagar
dónde estaba yo. Riera recuerda que detuvieron a algunas
personas que lo habían ayudado a salir de la isla y que la
presión era brutal para obtener información. A
partir de ahí se desata una persecución implacable,
dice Riera.
Decido
pasar a la clandestinidad y entro en contacto con funcionarios de
la embajada norteamericana en México para tratar de obtener
refugio político en Estados Unidos. Esto se dilata durante
varios meses. Ante la ausencia de una respuesta, decido viajar a
República Dominicana, donde tenía un amigo y a donde
hago dos viajes para explorar la situación antes de asentarme,
cuenta el ex agente cubano a cinco años de distancia en una
habitación del piso 23 del hotel Habana Libre.
Asegura que
en el segundo viaje a República Dominicana, efectuado a fines
de agosto de 2000, se encontró aparentemente de manera casual
con tres oficiales de la inteligencia cubana. En el momento
en que estamos estacionando el carro los veo a lo lejos y me voy
del lugar. Eso me demostró que estaba bajo control de los
cubanos en Dominicana. Aparentemente la medida no era para secuestrarme,
sino para hacerme sentir inseguro.
De regreso en
México, Pedro Riera decidió reactivar los acercamientos
con autoridades mexicanas para solicitar asilo político.
Primero contactó a Edelmiro Castellanos, un periodista cubano
radicado en México que lo ayudó a entablar comunicación
con la Secretaría de Relaciones Exteriores.
En Relaciones
Exteriores hablaron con Pedro Tamayo, secretario de la entonces
canciller Rosario Green. Tamayo tuvo una actitud muy receptiva.
Me dijo que de inmediato iba a pasar un cable cifrado a Rosario
Green, que estaba en Naciones Unidas, en la Asamblea General de
la ONU. La respuesta fue que nos entrevistáramos con Carlos
de Icaza, el subsecretario de América Latina y AsiaPacífico.
Al día
siguiente nos recibe el licenciado Icaza y le planteo de una manera
muy clara e inequívoca lo mismo que le había planteado
al licenciado Tamayo: refugio político debido a la persecución
de que era objeto. Icaza tiene una respuesta que me sorprende; me
dice que en México no hay asilo político. Riera
recuerda que lo cuestionó molesto y desconcertado. ¿Cómo
me dice que en México no hay asilo político. México
no está suscrito a la convención de asilo territorial;
en la Ley de Población no está la categoría
de asilo o refugiado político?
Ante mi
respuesta se sorprende un poco, recapacita y dice: bueno,
yo no quise decir que México no da asilo político,
sino que nosotros, en la Secretaría de Relaciones Exteriores,
no somos los que podemos dar el asilo político'.
Pedro Riera
le solicitó al funcionario manejar aquella situación
en la más absoluta reserva, y le pidió que no se le
informara ni al gobierno ni a la embajada cubana sobre su situación.
Le dije que la inteligencia cubana tenía gente en todas
partes aquí en México.
La respuesta
del funcionario mexicano fue hacer una llamada y establecer contacto
con la Secretaría de Gobernación. El asunto era sumamente
delicado y no podían dejar cabos sueltos, así que
el caso Riera Escalante llegó hasta el cuartel general del
Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).
Tratándose
de un caso que involucraba a un ex oficial de inteligencia extranjero,
el encargado directo de atenderlo fue el director de Contrainteligencia
del Cisen, José Luis Valles, quien esa misma tarde se entrevistó
con Riera y Castellanos en el restaurante Vips, cercano al Metro
Chabacano. Ese mismo día en la tarde se produce la
primera entrevista con José Luis Valles, en medio de un operativo
de alrededor de 30 agentes del Cisen, recuerda Pedro Riera.
Valles se presentó
como director del Area Política de Gobernación, y
de entrada tensó el ambiente aquella tarde de principios
de septiembre.
Nosotros
ya lo identificamos; sabemos quien es soltó Valles
ante un Pedro Riera azorado que percibió la hostilidad.
¿Qué
es lo que quiere plantear? preguntó Valles.
Como
ya se lo expresé a Pedro Tamayo y al licenciado Icaza, deseo
solicitar asilo político respondió Riera.
¿Cómo
entró a México? preguntó Valles enérgico.
Esa pregunta
no se la voy a responder porque no estoy aquí para explicar
cómo entré a México. Usted está tratando
de empezar un interrogatorio policiaco conmigo, sobre un presunto
delito común, y yo estoy pidiendo asilo político.
Yo no estoy obligado a hablar de eso y no voy a hablar de eso respondió
al tiempo que miraba a Castellanos. Me parece que no tenemos
nada de que hablar aquí soltó Riera mientras
con un gesto indicaba que se levantaría de la mesa.
El director
de Contrainteligencia del Cisen se percató de su torpeza
e intentó rescatar la conversación.
Vamos
a pasar a otro tema dijo Valles acorralado. Pero fue inútil.
El 3 de octubre
se produce la segunda entrevista entre Pedro Riera Escalante y José
Luis Valles. En esta ocasión fue en el Sanborns de avenida
Cuauhtémoc, cercano al Metro Hospital General.
Lo interesante
de esto es que la entrevista con el señor José Luis
Valles se hizo sobre la base de dos condiciones. Una, que no se
me detuviera ni se me devolviera a Cuba, y dos, que el lugar de
la entrevista debía ser público, recuerda Pedro
Riera.
No obstante,
el experimentado agente de inteligencia cubano cayó en la
trampa que le había tendido el director de Contrainteligencia
mexicano José Luis Valles. Y aquella tarde de octubre se
consumó la traición.
Ya se
aprobó otorgarle el asilo político; tenga mucho cuidado
y manténgase en contacto le dijo Valles a Riera aquella
tarde, simulando un feliz arreglo en favor del cubano.
Cuando
salí de ese restaurante recuerda Riera, alrededor
de 30 efectivos de la seguridad mexicana se abalanzaron contra mí
y violentamente me obligaron a subir a una Van y me condujeron a
la estación migratoria de las Agujas, y en menos de doce
horas, a la mañana siguiente, sin oficio de expulsión
y sin darme la oportunidad de acudir a las leyes mexicanas, se me
montó en un avión de Mexicana rumbo a Cuba, escoltado
por un agente de seguridad, y fui entregado a la seguridad del Estado
cubano.
Durante varias
semanas, a Pedro Aníbal Riera Escalante, el experimentado
cazador de espías norteamericanos, se lo tragó la
tierra. La opinión pública supo de su paradero hasta
finales de enero de 2001. Se encontraba recluido en Villa Marista,
purgando una condena de cinco años de cárcel.
Pedro Riera
estuvo tres años y dos meses preso, hasta que logró
la libertad condicional el 19 de diciembre de 2003. La libertad
condicional me correspondía a los dos años y medio
y me la dieron un año y dos meses después, se
queja Riera Escalante.
En Villa Marista
estuvo 126 días y de ahí fue trasladado a la prisión
de Guanajay. Ahí estuvo recluido en un área especial
donde están básicamente presos políticos
militares o personas que fueron funcionarios del Estado, dice
Riera.
El área
especial cuenta el cubano es una prisión dentro
de otra prisión; para llegar a la primera celda en donde
estuve, había que atravesar doce puertas. El patio donde
se toma el sol está enrejado y todo eso dentro de otra prisión
que tiene un cordón armado de guardias. Ahí hay condiciones
de contrainteligencia muy hostiles, porque hay en los salones micrófonos
y cámaras de video. Hay un uso activo de agentes informantes
entre los presos, personas que reclutan para informar, aunque el
trato directo de los guardias es muy respetuoso, muy correcto.
De la prisión
de Guanajay, Riera es trasladado el 7 de febrero de 2003 a un campamento
donde estaría rodeado de delincuentes comunes durante casi
un año. Entonces, las posibilidades de un incidente
con cualquier preso se multiplicaron, recuerda Pedro Riera.
Durante el juicio
entre Pedro Riera Escalante y las autoridades cubanas ante un tribunal
militar, salieron a relucir los nombres de funcionarios mexicanos
que violentaron los derechos humanos del cubano y pusieron en peligro
su vida.
Entre otros,
Riera denunció ante un tribunal militar cubano al ex director
de Contrainteligencia mexicano, José Luis Valles, quien actualmente
se desempeña como delegado del Cisen en Morelos, después
de ser el responsable del encuentro entre el empresario argentino
Carlos Ahumada, el senador panista Diego Fernández de Cevallos
y funcionarios de la PGR para conspirar en contra del jefe de gobierno
capitalino Andrès Manuel López Obrador.
Actualmente,
a punto de concluir su condena el próximo 6 de abril, Pedro
Aníbal Riera Escalante no descarta la posibilidad de demandar
al gobierno mexicano por el secuestro que sufrió en octubre
de 2000. Debo evaluar correctamente dónde y en qué
forma presentar la demanda, revela Riera Escalante.
Aunque lo que
más le importa en estos momentos es conseguir del gobierno
de Vicente Fox lo que no consiguió en el sexenio de Ernesto
Zedillo: el asilo político. Lo más importante
ahora es que se repare la injusticia cometida, por lo cual solicito
al gobierno de Fox que interceda ante el gobierno cubano para que
se me autorice la salida y se me dé legítimamente
la condición de refugiado.
El próximo
6 de abril se cumple la sentencia que le impuso un tribunal militar
a Pedro Riera Escalante en Cuba; no obstante, el ex funcionario
de inteligencia se mantiene escéptico ante su situación,
y recuerda lo que le dijo un instructor hace algunos años:
Por el momento es esto, pero hay otras cosas que aunque no
podemos probar, si queremos podemos probar, entonces, si usted se
dedica a hacer algún tipo de actividad o posición
política en el país, las cosas van a ser diferentes
y eso le puede costar la vida.
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