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CUBA
TRISTE ASIGNATURA
PENDIENTE
Por Pilar Rahola
El
País
España
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Abril 9, 2007
Mis dudas desaparecieron
cuando oí sus declaraciones en los informativos de Cuatro.
Reconozco que no estaba mucho por la labor de escribir sobre Cuba
y el viaje del ministro Moratinos. Quizá el cansancio que
produce la heterodoxia, a veces tan antipática en las filas
de la izquierda. Quizá el pesante silencio del pensamiento
crítico, desaparecido en combate desde hace tiempo. Quizá
el hecho de que a Moratinos ya le he dado mucho, convencida del
bajo nivel de la política exterior española. Por cierto,
me dicen que ya no es conocido con el mote de Desatinos, sino con
otro de mayor definición, Blablatinos... En fin. Pero cuando
oí a Julio Villarrubia, secretario general del Grupo Socialista
en el Congreso, hablando de Cuba, la adrenalina se me activó
por arte de estupefacción, y decidí que, una vez más,
algunos, ni que sea desde modestos e ignotos rincones del pensamiento
progresista, tendríamos que alzar la voz disidente. Villarrubia
usó todos los eufemismos del diccionario para no utilizar
la palabra dictadura, y sus dos frases más memorables fueron
éstas: "En Cuba hay una situación especial, complicada
y difícil" y "el Gobierno afronta las relaciones
con la isla con el objetivo de ayudar a que el pueblo cubano se
vaya abriendo y tenga una democracia más consolidada en el
futuro". Es decir, para el líder socialista, existe
democracia en Cuba, el atropello de las libertades fundamentales
sólo es una situación "especial" y darle
la manita a Raúl Castro y al resto de la nomenklatura, es
ayudar al pueblo cubano. Bienvenido Míster Marshall, en versión
Compay Segundo. ¿Cómo era su famoso Chan Chan?: "El
cariño que te tengo / Yo no lo puedo negar / Se me sale la
babita / Yo no lo puedo evitar". A partir de aquí, lo
de siempre, guirigay con la derecha, retórica sobre las bondades
de la bilateralidad con el régimen, pose de chulo pirulo
porque-la-izquierda-siempre-tiene-motivos-inteligentes-para-perpetrar-despropósitos,
y un jugueteo malvado con los conceptos de la libertad. Espectáculo
deplorable que, en situación normal, generaría un
debate de nivel, sino fuera porque la gran trituradora de la pelea
interpartidos, convierte en desechos demagógicos las grandes
ideas. Lo de Cuba, pues, ha quedado como una pelea de galifantes
entre la derecha de siempre y su cara de perro, y la izquierda de
siempre, bienintencionada, solidaria y cabal. En realidad, a todos
les interesa más jugar con el drama cubano, en función
de intereses económicos y políticos, que comprometerse
seriamente con él.
Cuba es una dura realidad que reprime personas, destruye derechos,
consagra élites corruptas, y envía al infierno las
viejas utopías
Sin embargo, retóricas al margen, lo de Cuba no es entrañable.
Lo de Cuba no es "especial". Lo de Cuba no es comprensible
y, sobre todo, lo de Cuba no tiene nada que ver con la democracia.
El hecho de que sea un régimen de izquierdas, nacido al albur
de ideas transformadoras que, en su momento, querían cambiar
la injusta realidad, no implica que años después,
con sus cárceles, sus represaliados políticos, sus
condenas a muerte, su corrupción estructural y su falta asfixiante
de libertad, se haya convertido en el ejemplo más rastrero
de una dictadura caduca, impermeable a los derechos fundamentales.
Desde una perspectiva de radical compromiso con la Carta Internacional
de Derechos Humanos -catecismo básico para poder ir honestamente
por el mundo-, Cuba no se aguanta por ningún lado. Y si hacemos
un alambicado circunloquio para intentar desviarnos de ese compromiso,
y convertir a Cuba en nuestra excepción razonable, lo único
que hacemos es traicionar esa Carta Internacional de Derechos Humanos.
En este sentido, el viaje de Moratinos es exactamente lo que parece:
un considerable e impresentable balón de oxígeno a
favor de un régimen tiránico que genera represión,
dolor y desespero. Que, además, Moratinos haya despreciado
públicamente a la oposición cubana, oposición
que vive en permanente estado de represión, es un gesto de
un impudor político sorprendente. De ninguna manera se aguanta,
ni el viaje, ni el desprecio a los opositores, ni los acuerdos con
Cuba -que no serán fácilmente sancionados por Bruselas-,
ni el simbolismo que todo ello representa. Peor aún, sólo
se aguanta si entendemos la política exterior española
como una improvisación permanente, sin otro escrúpulo
que vender el producto, ni otro objetivo que militar en el manual
del buen progre, versión adolescente Che Guevara. ¿En
nombre de qué principios democráticos podemos condenar
unas tiranías y mirar con ternura a otras?
El señor Villarrubia, ¿qué diccionario usa
cuando busca adjetivos para una situación de represión
política? Porque en mi diccionario no hay paliativos: Cuba
es una dictadura. Y darle apoyo político, enviar altos mandatarios
-cartita del Rey incluida-, cerrar acuerdos, despreciar a la oposición
y, encima, convertir la represión del régimen en una
pequeñez sin importancia, es una inmoralidad, a la par que
una traición a los principios de la libertad.
Estamos siempre en lo mismo, la doble moral. La izquierda, menos
estresada que la derecha en este tipo de cuestiones, se permite
unos márgenes muy abusivos con los derechos fundamentales.
Ya no se trata sólo de la amnesia que tiene respecto a sus
propias miserias históricas, sino de la mirada bifocal que
proyecta acerca de las miserias del presente. Por supuesto, hay
unas izquierdas más ruidosas y reaccionarias que otras, y
para muestra, la perla que me comentaban de la última asamblea
del Bloque Nacionalista Galego (BNG), cuyo tipo más aplaudido
fue un militante histórico que aseguró que, con todo
el dolor de su alma, lo mejor que podía pasar es que Irán
tuviera la bomba atómica y barriera a Israel del mapa.
Diría que más que reaccionaria, hay una izquierda
que se ha vuelto literalmente loca. Pero volviendo a los cauces
de la racionalidad, no es de recibo que un Gobierno que patrimonializa
el sentir progresista de una sociedad, arrastre ese patrimonio por
los barrizales de las dictaduras amigas. Cuba no es un mito adolescente.
Cuba es una dura realidad que reprime personas, destruye derechos,
consagra élites corruptas, y envía las viejas utopías
al infierno de las buenas intenciones. Cuba es una vergüenza.
El viaje de Moratinos es su epílogo.
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