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DESOBEDIENCIA
CIVIL
Por Luis
Alberto Ramírez *
Colaboración
La Nueva Cuba
Octubre 27, 2005
"En este
mar de contiendas, ha emergido un principio brillante: el derecho
a creer en lo que uno escoja".
La tolerancia
es un buen camino sobre el cual edificar buenas relaciones humanas.
Cuando observamos las guerras y sus matanzas, el terrorismo en cualquiera
de sus manifestaciones, las tiranías y los sufrimientos de
los que las padecen, a lo largo de toda la historia del hombre,
y en estos tiempos modernos y "civilizados", podemos darnos
cuenta que la intolerancia es una actividad muy en contra de toda
supervivencia.
Ser tolerantes
no significa que uno no pueda expresar sus propias opiniones, creencias
religiosas o ideas políticas. Ahora, esto si significa que
el tratar de minar o atacar las opiniones, las creencias religiosas
o ideas políticas de otros, siempre será un atajo
excelente hacia meternos en dificultades.
Casi todos conocemos
cual ha sido el nivel de tolerancia de Castro y su tiranía:
Ninguno. Sus dificultades nacionales e internacionales han sido
debidas en gran parte a su intolerancia. La mayoría de sus
fracasos a lo largo de todos estos años, aparte de la incompetencia,
ignorancia en vuelta o a las aberraciones que lo han dominado toda
su vida, se deben también a su intolerancia.
Intolerancia,
intolerancia, intolerancia: "Una opinión diferente a
la de él, una acusación falsa". "Una súplica
por los derechos humanos, más violaciones a los derechos
humanos como respuesta". "Un pedido de justicia para todos,
oídos sordos ante sus injusticias". "Con la revolución
todo. Sin la revolución nada". Intolerancia, intolerancia,
intolerancia.
¿Qué
hacer entonces?
Lo sepamos o
no lo sepamos, mucho se ha intentado y se intenta en poner fin a
esta demente intolerancia. Lo comprendamos o no lo comprendamos,
hacerle la oposición a esta tiranía siempre ha venido
acompañado de más violencia. No importado si estos
intentos de parar esta intolerancia hayan sido por la vía
de las armas o por la pacifica, el resultado siempre ha sido el
mismo: "Un ataque salvaje y brutal bajo la influencia de su
símbolo de terror bañado en sangre inocente".
Nuestra historia en los últimos casi medio siglo esta llena
de tales muertes.
¿Qué podemos hacer los cubanos ante tanta intolerancia
y sangre inocente derramada?
Podemos predicar
la no violencia. Podemos pregonar que somos y actuamos pacíficamente.
Podemos denunciar las violaciones a los derechos humanos y pedir
se respeten los mismos. Podemos abogar por la libertad de los miles
de presos de conciencia que languidecen en las prisiones castristas.
Podemos seguir asistiendo a cuanto foro o cumbre internacional se
realice y seguir llevando la palabra. Podemos continuar escribiendo
sobre la intolerancia del castrismo eternamente. Podemos hasta practicar
la filosofía de poner la otra mejilla.
También
podemos continuar creyendo que muy pronto nuestros viejos amigos
los "yankee", nos harán el favor de mandar a sus
marines para salvarnos
Incluso, podemos creer en el cuento
de la "bella durmiente", que en esta nueva versión
a la cubana trata sobre un sueño que tienen algunas organizaciones
opositoras dentro y fuera del terruño; en el que un día
saldrá del templo "todopoderoso" del gobierno cubano
un enviado divino que le dará un besito en la frente para
que despierte al movimiento "opositor" elegido por ellos;
y juntos de la mano pongan en marcha alguna extraña transición
confeccionada en los más oscuros sótanos de su policía
política.
¿Cómo
combatir el símbolo de terror castrista de manera eficiente?
Se que se habla
de desobediencia civil. Ahora, no sé lo que esta idea signifique
para las personas envueltas en el conflicto cubano. Pero para mi
esta idea es el arma más eficaz, el mejor balance entre el
uso de la inteligencia y la fuerza que podamos utilizar. Es a mí
entender, el método de lucha más efectivo que tenemos
al alcance de nuestras posibilidades y el método donde tendríamos
la menor cantidad de perdidas materiales y humanas.
Podemos ejercer
nuestro derecho a realizar acciones de desobediencia civil en beneficio
de la libertad total de nuestro pueblo.
Esta bien que
continuemos predicando la no violencia, demandando la libertad de
nuestros presos de conciencia, el cese de la pena de muerte y todas
estas cosas necesarias y cuerdas que nos hacen dignos de la raza
humana y grandes entre los hombres y mujeres de buena voluntad.
Pero acompañemos estas predicas con acciones de desobediencia
civil también.
¿Qué
nos cuesta intentar?
Es verdad que
para Cuba ya es hora. Pero también ya es hora para que las
organizaciones opositoras dentro y fuera dejen a un lado la política
e intenten la razón. También ya es hora para que las
organizaciones opositoras del exilio y de Cuba trabajen juntas en
un plan maestro coordinado: "Un plan de desobediencia civil".
Tirando piedras al azar y por nuestra cuenta, no es la forma correcta
de ganar esta lucha por nuestra libertad total.
Nosotros podemos
alzar nuestras voces de advertencia. Nosotros podemos alzar nuestra
voz de protesta y de denuncia ante los abusos existentes. Podemos
coordinar, recomendar a nuestro pueblo que de forma masiva le retiren
su apoyo al gobierno. Pero debemos de organizarnos. Podemos causar
una verdadera reforma si nos organizamos en un plan de desobediencia
civil.
¿Qué
consecuencias hay en el uso de este método de la desobediencia
civil?
La gente no
tiene que salir a la calle a que le disparen o para que sean apaleados
por las brigadas de respuesta rápida. No, el pueblo puede
simplemente retirarle toda su cooperación al gobierno no
produciendo lo que tengan que producir en sus unidades de trabajo
por ejemplo. Eso sería una acción de desobediencia
civil. Las personas simplemente asisten a sus trabajos pero no hacen
nada más. No critican, no hablan, van a sus trabajos y no
hacen nada. Pero hay que organizarlos.
Este es un proyecto
en que toda organización opositora debería de estar
pensando en este momento: Organizar y comunicar acciones de desobediencia
civil. Ese es el plan. Ese es el mejor camino para lograr devolverle
a Cuba un verdadero gobierno que sea benigno, diseñado y
dirigido para todos por igual.
El camino a
la felicidad es difícil de transitar cuando está ensombrecido
por la opresión de una tiranía. Después de
todo, somos las personas y sus verdaderos líderes de opinión
quienes sudamos, peleamos y sangramos por nuestro país; un
gobierno no puede sangrar, ni siquiera puede sonreír. Es
tan sólo una idea que tienen los hombres. Es la persona individual
quien está viva: tú. Y tú puedes contribuir
en esta lucha ejerciendo tú derecho a la desobediencia civil.
*
Luis Alberto Ramírez es un cubano exiliado que vive
en Puerto Rico. Ramírez es Coordinador General de la Fundación
Cuba Nación, radicada en San Juan Puerto Rico.
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