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LA HISTORIA INEDITA DE LOS AÑOS VERDE OLIVO (PARTE II)

UNA INVITACION A LA GUERRA (CAPITULO 1)

“Estos sí que tienen cojones”, fue la reacción de Fidel Castro tras reunirse con medio centenar de chilenos entrenados en las Fuerzas Armadas Revolucionarias a fines de 1978, a quienes les ofreció ir a combatir a Nicaragua. Con esta invitación, los hombres del PC calmarían la inquietud que se anidaba entre sus filas, descorazonadas por no poder ir a combatir a Chile.

Por Javier Ortega
Santiago de Chile
Diario La Tercera
Chile
COPESA Chile - Derechos reservados
Abril 29, 2001


En 1978, tres años después de que en Cuba se iniciara el plan de formación militar para jóvenes exiliados chilenos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cundía el desánimo entre los uniformados del PC. Pese a la generosa oferta de Fidel Castro de entrenarlos en los institutos militares de la isla para crear “un nuevo ejército democrático para Chile”, la desazón de no poder ir a combatir contra Pinochet había hecho mella incluso entre los líderes de estos jóvenes. El propio “Salvador” -Sergio Galvarino Apablaza, futuro jefe máximo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez-, barajaba en esa época la posibilidad de abandonar las filas. Otros tantos ya habían expresado sus deseos de cursar su baja, relata un ex comunista formado en Cuba.

Sin embargo, un acontecimiento internacional se convertiría en la “válvula de escape” para las fuerzas chilenas del PC. A fines de 1978, Fidel Castro necesitaba reforzar la ofensiva sandinista contra Somoza con oficiales calificados. La Habana había jugado un papel crucial en la insurrección -financió y entrenó a los tres grupos que formaban el Frente Sandinista de Liberación Nacional, creado a sus instancias-, pero no podía enviar un contingente cubano para no provocar una fuerte reacción de Estados Unidos.

Limitado a proporcionar abastecimiento logístico, Castro movilizó a una serie de “voluntarios” latinoamericanos controlados por Cuba. Nicaragua era un trofeo muy preciado por el líder cubano, ya que estaba en vías de convertirse en el único país latinoamericano -después de Cuba- donde mostraba la viabilidad de que la izquierda llegara al poder por la vía de las armas.

El “no” que marcó al MIR

El primer pensamiento de Castro fue “invitar” al MIR chileno para ir a luchar en tierra nicaragüense. De todos los movimientos procrastristas de América Latina, este grupo siempre había sido considerado el hijo predilecto de La Habana.

Nacidos bajo el influjo de la revolución cubana, los miristas cumplían con todos los requisitos pedidos por La Habana a sus seguidores: arrojo, radicalismo y lealtad irrestricta a la senda revolucionaria castrista. El MIR adoptó su bandera rojinegra en homenaje al Movimiento 26 de Julio cubano y durante la UP había compartido todas las tesis de La Habana respecto de que no existía la senda pacífica hacia el socialismo. Después del 11 de septiembre habían optado por una fiera -y suicida- resistencia armada, echando mano a “los fierros” tal como dictaba la manera cubana. Los líderes del movimiento chileno cumplían con el prototipo del revolucionario romántico acuñado por Fidel y el Che Guevara en la Sierra Maestra: brillantes, ilustrados y bien parecidos. En La Habana eran conocidos como la vanguardia “más sexy de América Latina”, según recoge el escritor mexicano Jorge Castañeda en su obra (1).

Por ello, cuando el movimiento decretó un “repliegue táctico” tras la muerte de Miguel Enríquez en 1974, la isla recibió con los brazos abiertos a los diezmados cuadros que llegaron desde Chile. Los miristas comenzaron a preparar su vuelta al país en la llamada Operación Retorno en 1980 (ver recuadro) bajo los atentos ojos cubanos que pusieron a su disposición los centros de adiestramiento guerrilleros de Punto Cero y en la Cordillera de los Organos, en la zona occidental de la isla, relata el escritor Norberto Fuentes (2).

Fue entonces cuando el propio Fidel le planteó a la cúpula mirista en Cuba que fueran a combatir a Nicaragua. Sin embargo, según relata un ex combatiente chileno, Castro recibió un balde de agua fría en el encuentro. “Nuestros cuadros se están preparando para ir a luchar a Chile y no a Nicaragua”, fue la respuesta de sus interlocutores, al rechazar la invitación del comandante cubano. La postura del MIR se comentaría profusamente en los círculos de la nomenclatura cubana, siendo considerada una afrenta para Castro.

El episodio marcaría el inicio del declive de la influencia del MIR en Cuba y, por ende, en su lucha contra el régimen militar chileno. “En ese momento se quebró la confianza entre los seguidores de Miguel Enríquez y La Habana”, afirma un ex frentista que se enteró de los hechos por boca de los propios cubanos.

1 Castañeda, Jorge. La Utopía Desarmada, Editorial Ariel, S.A. 1995

2 Entrevista a Norberto Fuentes, escritor cubano vinculado a los servicios de seguridad de Fidel Castro hasta su salida de la isla en 1994. Miami, 10 de febrero de 2001.





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