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LA HISTORIA INEDITA DE LOS AÑOS VERDE OLIVO (PARTE III)
EL EXILIO VIP
Pese a que los dirigentes chilenos que
aterrizaron en Berlín Oriental tuvieron
un nivel de vida muy superior al de los
militantes, la desilusión de la vida
socialista terminó por fraccionar su
unidad.
Por Javier Ortega
Santiago de Chile
Diario La Tercera
Chile
COPESA Chile - Derechos reservados
Mayo 6, 2001
El puñado de dirigentes políticos que fue
autorizado a permanecer en Berlín gozó de
prerrogativas distintas al resto de los exiliados.
Los ex jerarcas de la UP recibían del Estado
vivienda, automóvil y un salario que incluía
fondos para sus viajes al exterior. Mientras la
mayoría de chilenos en Alemania vivía en uniformes edificios en altura, el secretario
general del PS, Carlos Altamirano, ocupaba un moderno departamento de 3 a 4
dormitorios (1).
Este selecto club, encargado de rearticular al “movimiento popular que derribaría a la
dictadura”, incluía, entre otros, a los dirigentes Manuel Cantero (PC), Alejandro Toro
(PC), Hernán del Canto (PS) y Juan Carlos Concha (Mapu OC). También aterrizaron en
Berlín otras figuras de menor perfil político como Ricardo Núñez -actual presidente del
PS- que en ese entonces se desempeñaba como secretario político de Carlos Altamirano.
Un exiliado de esa época recuerda que “Núñez nunca habló en actos públicos ni utilizó
“chapas” como los camaradas con misiones delicadas. Más que un dirigente, era un
funcionario”.
Para el gobierno alemán, el fracaso de Allende había sido un hito tan importante y
doloroso, que a las cúpulas chilenas se les permitió hacer trabajo político, algo vetado
para todos los extranjeros. Los únicos partidos chilenos reconocidos oficialmente por el
Partido Socialista Unificado Alemán (PSUA) eran el PS, el PC y el Mapu OC, lo que les
daba derecho a tener sede en la capital. Años después se agregó a esta lista el Partido
Radical, en gran parte por la amistad que unía a su líder, Anselmo Sule, con Erich
Honecker.
Los más reconocidos eran los comunistas, lo que encendía las envidias socialistas.
Mientras el PS y Mapu OC eran catalogados como “partidos demócratas revolucionarios”,
el PC alcanzaba la distinción máxima: la del “partido obrero”, llamado a ser la
vanguardia de la revolución inevitable.
Grieta en el exilio
Pese a ello, ni el PC se libró de las críticas detrás de la Cortina de Hierro cuando se
referían a la inoperancia de los chilenos a la hora de defender la revolución. “Castro será
un loco, pero ha sabido defender su revolución”, comentaba el directivo de la Academia
de Ciencias de la URSS, José Grigulevich. Los alemanes orientales compartían
plenamente el análisis del “hermano mayor” (2).
Tanto estos reproches como la desilusión y los cuestionamientos que despertó la vida
socialista, golpearon fuertemente al PS y al Mapu OC hasta trizar su unidad. Mientras un
sector de la izquierda se plegó férreamente a las directrices del Kremlin, y terminó
adhiriendo a la vía armada, otros se arrimaron a las democracias occidentales y optaron
por la renovación. Para ese entonces, incluso en el monolítico PC existía el debate
respecto a la insurreción, aunque aún “a nivel muy soterrado”, reconoce el ex dirigente
del Mapu OC, Carlos Bau (3).
Un ex dirigente calcula que a fines de 1976 “comenzaron a llover” las invitaciones a
encuentros internacionales de la órbita socialista, lo que también contribuyó a radicalizar
las posturas de los “duros”. Según un testigo, la comunista Gladys Marín y el socialista
Camilo Escalona eran los más asiduos concurrentes a estos encuentros.
El quiebre del PS fue el signo más evidente de la profunda grieta que el exilio abrió entre
los chilenos. Ya a principios de 1974, Carlos Altamirano le había advertido a Honecker:
“Bajo las actuales circunstancias no es posible una resistencia armada en Chile. En
general, la vía armada es inviable en América Latina; es un fenómeno que ha sido
artificialmente inflado por los cubanos” (4).
Resistiéndose al empeño alemán de acercar a su colectividad a las posturas “duras” del
PC, Altamirano terminó, en 1978, saliendo con una facción del partido -Erich Schnake y
Ricardo Núñez, entre otros- hacia Europa Occidental, donde iniciaron un proceso de
renovación. Los mapucistas Enrique Correa y Jaime Estévez seguirían el mismo camino.
Describiendo esos años, el ex Mapu OC y actual senador PS Jaime Gazmuri -otro
renovado- cuenta en sus memorias que la izquierda “dura” decía que los renovados
habían cambiado el grito de ‘Patria o muerte’ por ‘Patria o heridos leves’ ” (5).
La invasión soviética en Afganistán, en 1979, fue otro hecho que contribuyó a distanciar
a los dos mundos que coexistían en la izquierda. Mientras el PC y el PS-Almeyda
apoyaron firmemente la invasión, los socialistas de Altamirano y el Mapu OC la
rechazaron.
El giro hacia la izquierda de los partidos en el exilio ya en 1978 era evidente. “Nos
estábamos acercando demasiado a las ideas prosoviéticas”, afirma el socialista Erich
Schnake (6).
La fracción más dura del exilio, que permaneció en la RDA, terminaría plegándose a la
vía insurreccional del PC y al Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Parte importante de
este sector radical serían conformado por aquellos jóvenes que habían sido enviados por
el partido a las escuelas de cuadros alemanas, donde aprendieron marxismo y técnicas
militares. El tema será abordado en el próximo capítulo.
1
Los documentos secretos de Honecker sobre Chile. Revista Qué Pasa, 16 de
mayo de 1998
2
Rodríguez Elizondo, José. Crisis y Renovación de las Izquierdas. Santiago,
Editorial Andrés Bello, 1995. 407 págs.
3
Entrevista al ex dirigente Mapu OC y sobreviviente de la Caravana de la Muerte
Carlos Bau. Valparaíso, agosto del 2000
4
Los documentos secretos de Honecker sobre Chile. Revista Qué Pasa, 16 de
mayo de 1998.
5
Gazmuri, Jaime. El Sol y la Bruma. Santiago, Antártica Quebecor S.A, 2000. 417
pgs.
6
Entrevista al fundador del PPD, Erich Schnake. Santiago, agosto del 2000.
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