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LAS
LOCAS Y EL CHE

Por Zoe Valdés *
París
Francia
Para
El Mundo
Madrid
España
Infosearch:
Félix José Hernández
Jefe de Buró
París
Francia
La Nueva Cuba
Agosto 20, 2005
Mis mejores amigos son homosexuales. Mi hermano y mi hermana lo
son. Sin embargo, no tendría que empezar este artículo
aclarando mi posición si criticar ciertas posturas frívolas,
que no posiciones ideológicas de los homosexuales, no fuera
considerado en la actualidad políticamente incorrecto.
En las vacaciones
del verano pasado, me topé con varios muchachos con camisetas
que lucían la famosa imagen del Che, del fotógrafo
cubano Korda, aunque se dice que los derechos de autor los cobra
la dictadura castrista desde hace mucho rato. Me acerqué
a los jóvenes y pude percatarme de que a juzgar por sus conversaciones,
por el modo de moverse, en sus almas vibraba La Bayamesa, que es
una de las tantas formas poéticas que tenemos los cubanos
para describir los amaneramientos femeninos en los hombres.
Vivo en El Marais,
bohemio barrio parisino en cuyas casas se han instalado una buena
parte de la comunidad homosexual, masculina en su mayoría,
con su éxito de boutiques dedicadas al género. Intelectuales
burgueses, negociantes judíos, libreros y comerciantes culinarios
se asustan ante la invasión de tiendas chinas al por mayor,
de traiteurs asiáticos y del mundo nocturno homosexual; yo
no creo en la mezcolanza. Amo mi barrio con su mestizaje y su amalgama
de géneros, pero no puedo pasar por alto,que en las vidrieras
de ropa para mariposas (otro apodo poético para las locas)
se exhiben con demasiada frecuencia las camisetas con la imagen
del Che. El Che en todos los colores y a precios desorbitantes.
A principios
de año organicé una exposición de dibujos eróticos
de mi amigo, el pintor cubano Ramón Unzueta, en una de mis
librerías preferidas: Les Mots à la Bouche. Meses
más tarde firmaba ejemplares de mi novela Lobas de mar traducida
al francés en el mismo espacio. Le he tomado mucho cariño
al librero, Walter Alluch. Es un hombre alto, atento, servicial
y siempre que me aconseja un libro da en el blanco. Fue el caso
de La mauvaise vie de Fréderic Mitterrand, alguien a quien
admiro desde que hacía aquellos magníficos programas
de cine en la televisión francesa. La novela
autobiográfica de Fréderic Mitterrand es una joya
literaria y humana, y como me ha entrevistado en varias ocasiones
hemos podido conversar sobre Cuba. Su punto de vista es muy claro
en relación a la dictadura. Me fascina quedarme arrebujada
en un rincón de la librería o bajar y descubrir las
películas y los álbumes eróticos.
Vaya sorpresa
que me llevé cuando al puntear con el dedo los lomos de los
DVD encontré una película porno, filmada en Cuba,
y en cuya portada sonreía un joven cubano, encuero de la
cintura hacia abajo, mostrando sus partes más íntimas
-y ¡qué partes!- y cubierto el pecho, no podía
ser de otra manera, con una camiseta roja con
la figura del guerrillero, delineado en negro. Me dije: "Ahí
está, el hombre nuevo."
Hoy me he vuelto
a tropezar con una loquita asiática, mano partida a la cintura,
remeneo de caderas y tumbe lánguido de párpados; desde
luego, camiseta chea, que en Cuba quiere decir, ridícula.
No me pude contener. Le pregunté si sabía quién
era el Che. Sonrió tímidamente, no me contestó.
Al llegar a
casa llamé a un amigo homosexual. Me comenta que toda esta
"euforia maricona" (palabras suyas, él es cubano)
con el Che se desprende de la película de Walter Salles.
En el mes de mayo de 2004 se acababa de estrenar en el Festival
de Cannes la cinta Diarios de motocicleta, cuyo tema es el viaje
y descubrimiento personal del continente latinoamericano por dos
jóvenes argentinos montados en una vieja motocicleta, Ernesto
Guevara, de 23 años, estudiante de Medicina, y Alberto Granado,
de 29 años, bioquímico.
Mi amigo me
explica que un número importante de homosexuales interpretaron
que el Che era loca no de carroza, de motocicleta porque
lo interpretaba Gael García Bernal, quien al mismo tiempo
estrenaba personaje de loca en la película de Pedro Almodóvar
La mala educación.
El azar concurrente
lezamiano resulta delicioso. Con lo que odiaba el argentino a los
homosexuales, con lo que los persiguió en Cuba, y ahora resulta
que ha pasado de ser el héroe de mayo del 68 a mártir
del Orgullo Gay. Curioso. El personaje más homofóbico
que ha parido la Historia de las revoluciones es adorado por ese
público de consumidores de fanatismos de izquierdas. Lamentable.
Voy a poner
un ejemplo publicado en el diario El Nuevo Herald digital el 28
de diciembre de 1997: Cómo asesinaba el Che. Su autor es
Pierre San Martin (pseudónimo).
Eran los
últimos días del año 1959; en aquella celda
oscura y fría 16 presos dormían en el suelo y los
otros 16 restantes estábamos parados para que ellos pudieran
acostarse, pero nadie pensaba en esto, nuestro único pensamiento
era que estábamos vivos y eso era lo importante; vivíamos
hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo sin saber que depararía
el siguiente.
Fue como una
hora antes del cambio de turno cuando el crujiente sonido de la
puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a
una persona más al ya aglomerado calabozo. De momento, con
la oscuridad, no pudimos percatarnos que apenas era un muchachito
de 12 ó 14 años a lo sumo, nuestro nuevo compañero
de encierro.
'¿Y tú
que hiciste?', preguntamos casi al unísono.
Con la cara
ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo:
'Por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo,
lo asesinaron los muy hijos de perra.'
Todos nos miramos
como tal vez buscando la respuesta de consuelo para el muchacho,
pero no la teníamos. Eran demasiados nuestros propios problemas.
Habían pasado dos o tres días en que no se fusilaba
y cada día teníamos más esperanzas en que todo
aquello acabara. Los fusilamientos son inmisericordes, te quitan
la vida cuando más necesitas de ella para ti y para los tuyos,
sin contar con tus protestas o anhelos de vida.
Nuestra alegría
no duró mucho más cuando la puerta se abrió.
Llamaron a 10, entre ellos al muchacho que había llegado
último; nos habíamos equivocado, pues a los que llamaban
nunca más los volvíamos a ver.
¿Cómo
era posible quitarle la vida a un niño de esta forma; sería
que estábamos equivocados y nos iban a soltar? Cerca del
paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba
de un lado al otro el abominable Che Guevara.
Dio la orden
de traer al muchacho primero y lo mandó a arrodillarse delante
del paredón. Todos gritamos que no hiciera ese crimen, y
nos ofrecimos en su lugar.
El muchacho
desobedeció la orden, con una valentía sin nombre
le respondió al infame personaje: 'Si me has de matar, tendrás
que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los
cobardes, de rodillas'.
Caminando por
detrás del muchacho, le respondió el Che: 'Xon que
vos sos un pibe valiente'...
Desenfundando
su pistola le dio un tiro en la nuca que casi le cercenó
el cuello.
Todos gritamos:
asesinos, cobardes, miserables y tantas otras cosas más.
Se volteó hacia las ventanas de donde salían los gritos
y vació el peine de la pistola. No sé cuántos
mató o hirió. De esta horrible pesadilla, de la cual
nunca logramos despertar, pudimos darnos cuenta después,
en la clínica del estudiante del hospital Calixto García,
adonde nos habían llevado heridos. Por cuánto tiempo,
no lo sabríamos, pero una cosa sí estaba clara, nuestra
única baraja era la de escapar, única esperanza de
superviviencia.
Cito en toda
su integridad el testimonio con la esperanza de que la comunidad
homosexual, con quien me identifico y de quien soy solidaria, entienda
que llevar la imagen del Ché como moda, constituye un insulto
para muchas de sus víctimas, entre las que se encontraron
grandes escritores homosexuales cubanos: Virgilio Piñeira
y Reinaldo Arenas. Sin contar los niños que han crecido traumatizados
con el famoso lema como tarea vital: Seremos como el Che . O sea
guerrilleros y terroristas.
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Zoe Valdés, escritora cubana exiliada en París,
Francia. Autora de numerosas obras y galardonada con prestigiosos
premios literarios internacionales. |