DESCIFRANDO
EL PENSAMIENTO ACTUAL
DEL RÉGIMEN CUBANO









Por Abel German *
Columnista
España
La Nueva Cuba
Febrero 28, 2009



 

 
Una vez más Fidel Castro se desdice. Después de haber anunciado lo contrario viene e interfiere en el gobierno a cuya cabeza situó a su hermano. Este desmentido lleva título: DESCIFRANDO EL PENSAMIENTO DEL NUEVO PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS [1], y lo fecha el 29 de enero de 2009, a las 6:17 p.m. (Puntillosa precisión de data, por cierto, sólo explicable como una, otra, de sus manías; o si con ello quisiera remarcar la cada vez más dudosa circunstancia de su sobrevivencia.)

El título mismo es significativo. El autor, que no siendo otra cosa que abogado que apenas ejerció, y, sobre todo, político autoritario que sí ha ejercido, y en demasía, ha usurpado, entre otras muchas cosas, las funciones de médico, meteorólogo, economista, educador, sociólogo, etc.; y ahora va y, a juzgar por la pretensión de este título, se nos descuelga como psicoanalista. Así visto, casi supera a cualquier genio del Renacimiento. Pero no nos dejemos engañar: no estamos en el Renacimiento ni el personaje en cuestión es un Leonardo de Vinci moderno. Ni siquiera —pese a su incuestionable significación histórica— de la política. Incluso su discurso “humanista” está en contradicción flagrante con la afirmación de los valores de una masa oprimida y manipulada que caracterizan a su régimen y que, por lo demás, nada tienen que ver (dichos valores) con la afirmación de los del individuo que sí preocupó a los talentos de aquella época.

Claro, tampoco el artículo de marras es precisamente psicoanalítico. Se trata de un panfleto más sobre lo mismo, con los mismos presupuestos y, lo peor, con la misma perversa intención. Si alguna peculiaridad puede atribuírsele, en todo caso es ajena al texto en sí mismo. Me refiero al conjunto de circunstancias en el que se incrusta.

El autor comienza por justificarse, y para ello utiliza un argumento que, si fuese esgrimido en serio, resultaría incomprensible en un Jefe de Estado. Y más en éste. Se refiere al hecho de que Obama, dentro de una lógica que en principio no tiene nada de sorprendente, haya advertido que antes de decidir la devolución de la Base Naval de Guantánamo a Cuba (y cito) “debía sopesar, en primer término, si afectaba o no en lo más mínimo, la capacidad defensiva de Estados Unidos”. Una vez sentada esta premisa añade otra que, sin duda, es la que más le saca de sus fácilmente rebasables casillas. Textualmente: “Añadía de inmediato (Obama), que respecto a la devolución a Cuba del territorio ocupado por la misma, debía considerar bajo qué concesiones la parte cubana accedería a esa solución”. Consideración que glosa enseguida del siguiente modo: “…lo cual equivale a la exigencia de un cambio en su sistema político, un precio contra el cual Cuba ha luchado durante medio siglo.”

A continuación todo vuelve a ser, como siempre, previsible. Previsible pero revelador. Con su habitual arrogancia exige al presidente que todavía debe de andar medio extraviado por los pasillos de la Casa Blanca, que devuelva la base sin condición alguna. Y como sabe que eso difícilmente ocurrirá así sin más, lo pre-incrimina (precisamente él, que una gran viga tiene en su ojo) de “soberbia” y “abuso de poder”.

Y de ahí pasa a juzgar su posición sobre Israel, para afirmar enseguida con irritante ironía que “nuestro amigo Obama” comparte y compartirá el genocidio contra los palestinos. Algo que significa lo que significa y que, naturalmente, omite una parte importante de la historia.

Pero eso no es todo. El miércoles 4 de febrero vuelve a la palestra. El título: “LAS CONTRADICCIONES ENTRE LA POLÍTICA DE OBAMA Y LA ÉTICA” [2] . Sin entrar en detalles, esta vez se limita a formularle preguntas al nuevo presidente. Con ellas pretende demostrar que Obama no puede, sin faltar a la ética, prometer cosas que el sistema capitalista, por su naturaleza, no le permitirá cumplir. Aunque algunos de esos interrogantes, como aquellos que se refieren a la política seguida por los presidentes que lo anteceden, desde Eisenhower hasta el último Bush, son pura digresión. Lo importante de este segundo artículo (si algo importante tiene) es que continúa hurgando en el mismo barro. Y estoy seguro de que con el mismo propósito.

Por supuesto, no pretendo juzgar la razón o sinrazón de estas ideas; ya se ha hecho ampliamente en los últimos días. Lo que pretendo es contextualizar esta arremetida (sí, arremetida, aunque al anciano dictador le parezca un término inapropiado y considere que quienes lo utilizamos nos estamos “rasgando las vestiduras”).

Lo que pretendo es interpretar, sí, su trasfondo; qué persigue realmente el viejo y enfermo dictador y el sector de la dictadura que aún representa. Con otras palabras: descifrar en lo posible la fase actual del pensamiento del régimen cubano.

Para empezar fijemos este dato: Cuando Fidel Castro (o quien sea que lo haga por él) escribía el primero de estos textos, Obama sólo llevaba en La Casa Blanca diez días. ¡Diez días exactos! Esto —minutos más, minutos menos— nos sugiere algún que otro interrogante de cierto valor. Si el régimen realmente quisiera negociar un acercamiento respetuoso entre los dos países, ¿no es demasiado prematuro? ¿No debería, como mínimo, dejar las objeciones para esa hipotética mesa de negociaciones? ¿O al menos para cuando se negociase (si es que ello llega a ocurrir algún día) la negociación? Porque hasta donde sé sólo se han enviado señales  “indirectas” sobre la cerca. Y no siempre con palomas.

Por lo demás, Obama ―con independencia de los indicios que puedan darnos, por ejemplo, esas declaraciones―, ha ocupado la Oficina Oval con evidente interés en cambiar las cosas. Entre otras, ha ordenado el cierre de la prisión de Guantánamo; ha firmado una ley por la igualdad; también ha rubricado edictos que prohíben lo que ya estaba prohibido pero que se ha violado, como es la utilización de de la tortura; y el domingo 1º de febrero anunció que en los próximos doce meses “un número sustancial” de efectivos dejará Irak.

Aún así es seguro que las expectativas que Obama ha despertado son excesivas y que, por lo mismo, producirán no pocas decepciones. Sobre todo en la izquierda desgastada que continúa cautiva en la mitología (y mitomanía) del “progresismo” del siglo XX. Sobre todo en esa izquierda “pintereana” que se mantiene irremediablemente ensimismada en su “verdad” y en sus tabúes. En esa izquierda que, haciendo abstracción de su enorme propio fracaso, se haya además erróneamente envalentonada por la actual crisis financiera que sacude al mundo.

Pero, sea como sea, eso no es lo que debiera preocupar a un gobierno responsable en la Cuba de hoy. Un gobierno responsable buscaría aprovechar la inercia del envión programático de Barack Obama y, más allá de esos indicios, intentaría reconducir la situación hacia un cauce más razonable. Después los hechos hablarían.

Entonces, ¿qué fin, o qué fines, pueden tener unas intervenciones como las que acaba de hacer Fidel Castro?
Es un hecho: Durante los últimos cincuenta años este señor ha incitado y utilizado para su beneficio (para beneficio de su política) la confrontación con EEUU. Y EEUU, alentado por la natural arrogancia que hasta ahora le ha conferido su poder real, ha caído (durante esos cincuenta años) en la trampa. Si había alguna duda, el propio Fidel Castro acaba de aclarárnosla.

Y, al margen de las declaraciones un tanto ambiguas que les hemos escuchado, Raúl Castro y su vieja guardia —el sector de la dictadura que Fidel Castro aún representa—, siguen con lealtad la línea invariable del moribundo dictador. Aunque su discurso hasta ahora ha sido menos cáustico que el de su hermano, es obvio que se acerca más a la perversa política de las trincheras que éste defiende que a la de la mesa de negociaciones que convendría. Al menos los pasos que da sólo pueden conducir a eso. ¿Qué son si no los convenios firmados precisamente ahora con Rusia, donde se incluyen nuevos créditos —es decir, nuevas deudas para la ya demasiado endeudada Cuba— y (muy significativo) nuevos acuerdos militares? Si esos convenios militares se consolidan, ¿cómo podría interpretarlos si no la administración de Obama?  ¿Es que pueden sugerir otra cosa que no sea una provocación más cercana a la Guerra Fría que a los tiempos actuales? Y si es así (y lo es) ¿podría considerar la devolución de la base naval de Guantánamo en los términos que el viejo líder exige? ¿Y qué decir de las relaciones —igualmente de dependencia; igualmente provocadoras— que el régimen mantiene con los gobiernos populistas de América Latina, especialmente con el de Venezuela? Los vasos comunicantes se comunican. Y los trazos de las arrugas de los ancianos que aún deciden el destino de Cuba, dibujan el mismo mapa.

Y lo peor: ésa es únicamente la parte visible del iceberg. Debajo de las aguas turbias de esta política turbia está el enorme afán de eternizar la dictadura tal y como es y, si fuera posible, continuar, aunque por otros medios, influyendo en la propagación de su modelo. Ambas cosas, como he dicho, forman una sola y tétrica masa. Y para que ese iceberg no se derrita con el cambio del clima político en el nuevo siglo, es indispensable que la hostilidad del poderoso enemigo del norte no cese. Sin esa hostilidad, ¿cómo se justificarían las trincheras, las mordazas y las cárceles? Y sin trincheras, mordazas y cárceles, ¿cómo s podría imponer a millones de personas un espécimen social semejante?

Pero ya no todo es tan homogéneo. Hay síntomas de fragilidad en esa línea de pensamiento y de acción del régimen. Sirva a modo de ejemplo lo siguiente: cuatro días después de que se publicase el primer texto firmado por Fidel Castro (esto es, el lunes 2 de febrero), el Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular Ricardo Alarcón sostenía prácticamente lo contrario. Decía de Obama que es “muy inteligente”, que “da la impresión de ser un hombre honesto” y que “su carrera política es impecable”. Si bien matizaba: “el problema es que no se le puede pedir demasiado”. Matización que sí, es realismo puro, pero también un guiño. Un guiño a la posición del anciano y de los ancianos que lo siguen. Allí todos guiñan así, por si acaso.

CONCLUSIÓN


Durante medio siglo Fidel Castro ha marcado los ritmos y la tendencia de las relaciones entre los dos países y ha logrado, sin excepción alguna, que aparezcan como una amenaza. Como una convincente y necesaria amenaza. La amenaza externa que toda dictadura requiere para justificarse. Y que ahora, ante la perspectiva de que ese pretexto desaparezca, el viejo dictador y sus seguidores con sus artríticas manos comienzan a desenvolver los viejos hilos con que han manipulado esas relaciones.

Sin embargo, las cosas deben de estar cambiando. Por fuerza. O estaríamos ante la violación de todas las leyes naturales, históricas y sociológicas conocidas. El viejo líder de este experimento desquiciado ha tocado techo y se desbarranca sin que se vea por ningún lado un sustituto capaz de sostener realmente las riendas. Él mismo, con su megalomanía, se encargó siempre de impedirlo. En Cuba pues no hay un Stalin suficiente para relevar al Lenin que desaparece, ni tampoco la etapa del proceso “revolucionario” global es la misma, ni la época tiene nada que ver con aquélla, en la cual el sueño aún estaba intacto. En Cuba lo que hay, aparte de un enorme cansancio, es una segmentación que asoma, si bien tímidamente, en el “pensamiento” actual del régimen donde, por otra parte, Fidel Castro ya no dice la última palabra.

Esa segmentación puede ser una buena baza. Que se le saque partido o no depende de la pericia del jugador contrario. Esperemos que Obama la tenga.



[1] CubaDebate, 30.01.2009

[2] CubaDebate 04.02.2009

 

 

 


* Abel German (Morón, 1951). Escritor y periodista cubano. Ha publicado "El día siguiente de mi infancia" (Editorial Letras Cubanas); "Cubo de Rucbick" (Editorial Unión) y "Curiosidades" (Ediciones Extramuros). También ha publicado poemas en revistas culturales cubanas, mexicanas y colombianas, así como en antologías de México y Cuba. Trabajó en la Agencia de prensa independiente "Cuba Press" desde su fundación como editor y articulista, colaborando, entre otros, con Radio Martí, Cuba Free Press, Cubanet y Revista HC de la Fundación Hispano Cubana. Actualmente se encuentra exiliado en España.

     Fuente Proyecto Sukhoi T-60s -

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