CUBA
E ISRAEL
Dos
Experiencias Diferentes
Por Pedro Corzo *
Miami
Florida
E.U.
Columnista
La Nueva Cuba
Noviembre 5, 2009
Entre Israel y Cuba,
tanto en geografía como en historia hay muy pocas similitudes.
En términos geográficos las diferencias no pueden ser
mayores y en la historia común no existen particularidades que
los aproximen.
Sin embargo, en
lo que respecta a los pueblos si hay vivencias y experiencias que aunque
padecidas o protagonizadas en períodos distintos de la historia
tienden a crear una cierta analogía.
Muchos cubanos le
atribuyen a su nación particularidades de pueblo elegido, (no
se por quien); también no falta quienes le confieren a la isla
singularidades teosóficas, (puntos en la geografía relacionado
con una supuesta magia de las pirámides, etc.) y a otros les
he escuchado decir que Cuba es una parte emergida de la Antártida
y de ahí la importancia que tiene para el mundo y... por supuesto
no están ausentes quienes dicen que la solidaridad y la audacia
empresarial del cubano es una replica tropical de la de los judíos.
Están los
que plantean que el afán del cubano de retornar a su país
por muchos años que lleven residiendo en el exterior, (el año
que viene en La Habana), manifiesta que entre el nativo y su tierra
hay una singularidad relacional que trasciende el vínculo regular
que sostenemos con el suelo donde emitimos nuestra primera queja.
Es evidente que
el cubano tiene un sentido de nación que trasciende lo meramente
territorial.La nación es para el cubano un universo de hábitos,
costumbres y tradiciones que transitan por la comida y la música
sin excluir las singularidades del lenguaje.
La cubanía
puede prescindir del suelo físico y del conocimiento del paisaje
porque lo que realmente identifica al cubano como tal es la singularidad
de su practica existencial, la atipicidad de su conducta y un orgullo
de tribu que no cesa de manifestarse ni aun en aquellos que repudian
su origen. En ese aspecto las semejanzas con el pueblo hebreo son indiscutibles
por lo palpables
Pero misticismo
a un lado si quiero referirme a aspectos relacionados con el segundo
párrafo de este artículo.
Cuba e Israel han
estado sometidos por igual a la voluntad de poderes imperiales. Han
sido encrucijada y meta del quehacer humano y catalizadores de cambios
sociopolíticos que trascienden sus humildes fronteras.
Pero curiosamente
la relación de estos dos países con las potencias imperiales
no se han producido únicamente en un plano dependiente ya que
han sido capaces de involucrarlas en sus asuntos domésticos tanto
para lograr objetivos internos, cómo para asumir posiciones protagónicas
en el ámbito internacional que no habrían ocupado por
sus propios medios.
Los proyectos hegemónicos
no son ajenos a ninguno de los dos pueblos:
Israel desarrolló
su influencia sobre un área de notable extensión en la
antigüedad y en la actualidad pretende conservar o incrementar
esa influencia adecuándola a las normas contemporáneas
de la civilización.
De la vocación
hegemónica de Cuba se puede escribir mucho. Su territorio fue
punto clave en la conquista de Méjico y en la posterior conquista
y colonización de toda América. Criollos participaron
en la penetración española en los hoy Estados Unidos y
muy particularmente en la Florida, y es una verdad histórica
que Cuba y los cubanos auxiliaron en alguna medida a los independentistas
de las nación de las barras y las estrellas.
Las pretensiones
hegemónicas cubanas no aparecen con el castrismo pues, en la
república prerrevolucionaria fueron varios los incidentes con
poderes extranjeros que no le eran afectos a los líderes isleños
del momento.
En una opinión,
y esto podría estudiarse con mayor dedicación para una
mas adecuada evaluación, la vocación imperial del castrismo
es la exégesis de un sentimiento latente en todo el liderazgo
nacional cubano y en consecuencia no es casualidad que el último
ejercito colonialista de habla hispana lo haya creado y desarrollado
el gobierno de la Habana.
Ese ejercito imperial,
también mercenario porque era patrocinado por una potencia extranjera
no solo en términos logísticos sino también ideológicos,
partía de Cuba y estaba integrado por cubanos.
Estos militares
no actuaba en aras de la sobre vivencia nacional sino en la expansión
de un proyecto de hegemonía mundial en el que la isla era un
factor por estar involucrado el liderazgo nacional que estaba consciente
de que su sobre vivencia era proporcional a su capacidad de crear crisis
y que tales acciones le conferirían a la isla una condición
de potencia política y militar muy superiores a los que le corresponden
por sus potenciales económicos y humanos.
También es
interesante hacer notar que Israel y Cuba han sido pioneros en la tarea
de promocionar modelos políticos y culturales, con todo lo que
se deriva de ellos, en áreas geopolíticas que son históricamente
adversas a los mismos.
La nación
judía es promotora de la democracia y el estado de derecho, y
defensora de las libertades civiles y religiosas en un área donde
la norma se sitúa entre el absolutismo y la dictadura militar,
en un espacio geográfico y cultural donde la autoridad se funda
o se organiza en cuarteles-iglesias, por lo tanto Israel, sin ser un
estado perfecto, es una herejía socio-política en el llamado
Medio Oriente.
Cuba sin duda alguna
es también un centro herético en América. En la
isla los derechos son conculcados de manera sistemática e institucional.
La dictadura en su manifestación más atroz, el totalitarismo,
rige los destinos del país y de su gente. Un individuo y su séquito
imponen características casi teológicas al mandato que
detentan, al extremo que en Cuba puede considerarse que hay una trinidad
en funciones porque un hombre sintetiza la nación y el estado
y se abroga facultades de características inapelables.
En América,
el gobierno de la isla con su barbarie institucionalizada confronta
con la perfectible democracia que se esta enraizando hasta en los cuarteles
del nuevo continente y aunque en este hemisferio el concepto del poder
es diametralmente opuesto a la sacralidad que le atribuyen muchos de
los vecinos de Israel, el gobierno cubano en predios americanos si magnetiza
el suyo con esas condiciones.
A pesar de una similar
posición hereje en relación al entorno entre Israel y
Cuba hay sólidas y profundas diferencias en la filosofía
de gobernar.
Israel es un país
que ha confrontado cuatro grandes contiendas bélicas desde su
fundación y numerosos conflictos militares que aunque no se califiquen
como guerras no han dejado de ser experiencias traumáticas y
costosas en vidas y recursos. Es una nación que sufre acoso permanente
por parte de sus vecinos, que ha estado sometida a verdaderos aislamientos
internacionales y donde el terrorismo se manifiesta cruel y regularmente,
y como si todo esto fuera poco, el estado israelí alberga dentro
de sus fronteras a centenares de miles de personas que repudian al estado
nacional judío
Sin embargo, a pesar
del acoso y la inestabilidad real en el aspecto interno y externo el
gobierno de Jerusalén a diferencia del de Cuba asume una conducta
que garantiza las libertades religiosas, de expresión, económicas
y de movimiento; permite la existencia de partidos políticos
aunque estos rivalicen con el estado, produce elecciones periódicas
totalmente transparente y ningún liderazgo, incluyendo el de
los fundadores del moderno estado israelí, es omnipotente y menos
aun, sintetiza con su voluntad y sus acciones la conciencia de la nación
como lamentablemente ocurre en Cuba.
En la isla la situación
es opuesta a la de Israel. El régimen pretexta, ya que la represión
nunca puede estar justificada, la ausencia de libertades ciudadanas
con el argumento de que su singularidad política es objeto de
agresión por parte de los Estados Unidos.
Entre el gobierno
israelí y el cubano existen sólidas diferencias pero estas
se manifiestan con particularidad en el concepto y uso del poder; Israel,
a pesar de sus serias crisis militares y políticas es un estado
de corte occidental y el de La Habana en contraposición se ha
transformado en un sultanato con su propia teología del poder
que es capaz de crear demonios para no dejar de amenazar con un implacable
infierno.
*
Ex prisionero político. Periodista e investigador. Conduce un programa
de televisión sobre temas internacionales. Residió en Venezuela 12 años
y posteriormente viajó a Estados Unidos donde vive actualmente. Presidente
y fundador del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo.
Ha publicado cinco libros sobre la historia reciente de Cuba; entre ellos
Perfiles del Poder, Guevara Misionero de la Violencia y Cuba: Cronologia
de la lucha contra el Totalitarismo. Ha producido varios documentales
como "Guevara Anatomia de un Mito", "Boitel: Muriendo a Plazo" y "Yo,
los he visto Partir".
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