VIAJERA TERMINAL: Crónica suizo-cubana (XIV)

BERNA, MEINE LIEBE…LA HABANA, MI AMOR

No soy de parte alguna; a parte alguna voy.
No hay reclamos. Es mi castigo lindo el que persiste.

Otros fragmentos, Ángel Escobar (1)

 





Por Iria González-Rodiles *
Columnista
Berna
Suiza

La Nueva Cuba
Septiembre 5, 2009



Una ciudad se conoce caminándola; paso a paso, se descubre. Puede que sus habitantes ignoren al viajero, no lo acojan nunca, pero la ciudad, con todos sus riesgos e incógnitas subyacentes, siempre se halla abierta al caminante, como a la espera de ser descubierta, conquistada... Mas, una ciudad sólo se conquista amándola. Porque la ciudad es como una persona: tiene sus secretos, costumbres, caprichos. Posee su personalidad, sus encantos, fortalezas y debilidades, virtudes y defectos.

Dal rumore del mondo
Dalla giostra degli attimi
Dalle pelle e dal profondo
Dai miei sbagli soliti (...)
Volevo dirti che ti amo (2)

Pero, sólo cuando la ciudad comienza a intercambiar recuerdos con el viajero, por los momentos vividos en aquellos lugares donde él deambula o reposa, puede asegurarse entonces que la ciudad ha comenzado a admitir al extraño, al margen del rechazo o la acogida de los habitantes. No importa. Y Berna es una ciudad amable:

Irgendwann wird die Morgenröte kommen,
Und ich schreibe dir indessen,
Um dir zu sagen: Ich liebe dich (3)


"Soy arquitecto y sé que toda ciudad es así, como usted dice", me comenta un joven -que se parece a Harry Potter-, de origen turco, pero casi suizo, porque arribó al país helvético cuando era muy pequeño: aquí se hizo hombre y arquitecto. Quizás debido a esa doble experiencia -la emigración, la arquitectura-, aprueba y comprende mi modo de percibir, de relacionarme, con la
ciudad. Y, como persona, tal vez también haya experimentado que, en el transcurso de esa relación, va surgiendo una especie de complicidad, acercamiento, identificación, de revelaciones, entre la ciudad y el viajero. Y yo siento a Berna como si fuera mi cómplice:

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo,
y en la calle, codo a codo,
somos mucho más que dos. (4)

Alguien describió la arquitectura como música congelada. (Cierto, la arquitectura puede transmitir sensaciones, movimiento; por demás, nada en el mundo que nos rodea es realmente estático). Y, para mí, esa melodía arquitectónica guarda el ambiente espiritual de cualquier ciudad, el eco y la vibración de historias pasadas y actuales acontecimientos; registra y conserva las voces, las inquietudes e ideas, las vivencias de sus habitantes y peregrinos de todos los tiempos. De ahí, una ciudad puede despertarle al viajero, e incluso, a sus propios residentes, agrado o incomodidad, rechazo o atracción, en dependencia de lo que perciban acumulado en el entorno y en las perspectivas de cambio, de evolución.

Para mí, un símbolo de la Berna que cambia y atrae, se halla en esa encrucijada céntrica, donde los viajeros arriban desde cualquier lugar o parten hacia todas las direcciones posibles: al antiguo, inmenso y sólido paradero de concreto, ubicado frente al Bahnhof (5), lo sustituyó otro de mayor monumentalidad, de líneas modernas, con techo ondulado, transparente, de apariencia ligera; mientras, en la multitud que allí transita, también se aprecia cómo el amor tiende dulces trampas a los suizos: los enreda y esposa con gente de otras nacionalidades y razas, originando una mezcla que renueva la actual población suiza.

C'est que je sais ce que je veux
Et que je t'aime
C'est que je crois aux jour heureux
Et que je t'aime (6)

Pero Berna no puede ser descrita por ningún cronista sin referirse a su límpido, zigzagueante río Aare -cual si danzara el Baile del Vientre-, donde se lanzan a las aguas los bañistas, los perros, las barcas, los suicidas y las penas...

Dime, ¿qué tiras al agua?
Un público desconsuelo
y una secreta esperanza (...)
Silencios, muchos silencios,
Desgracias, muchas desgracias... ( 7)

Berna, meine liebe, partida por su río, enlazada con puentes y tranvías; unida, en los corazones de su gente. Berna, mon amour, con sus techos de tejas rojas, iglesias y torres con relojes que, en constante campaneo, advierten el transcurso del tiempo, la obra, la vida, su término. Berna, amore mio, con su ritmo muy propio, de ambiguas apariencias: estresada y apacible; ágil y lenta; moderna y antigua; accesible y cerrada, tímida y resuelta, frágil y dura, campestre y citadina... Inexplicable versatilidad que me identifica a mí misma.

Ils mes egls ein mias plemas,
mias vestas il pupi,
tenta ein las mias larmas,
pia scriv 'jeu cun bargir. (8)

Berna, mia carezzia, con su punto más elevado y concurrido -el Gurten-, donde mejor se contempla la hermosa vista de los Alpes en la lejanía y de toda la ciudad que, contradictoriamente, se siente más cercana allá, en la altura, a distancia.

Non! Rien de rien.
Non! Je ne regrette rien.
Ni le bien qu'on ma'fait,
Ni le mal, tout ça m'est bien égal ! (9)

Berna, mi amor, donde el funcionamiento del antiquísimo reloj -el Zytglogge- deslumbra a los visitantes y la monumental cavidad granalera del antiguo Kornhaus ha sido transformada en un lujoso bar-restaurante... Curiosa conversión, que se repite en el centro comercial -repleto de vidrieras colmadas de mercancías-, ubicado a todo lo largo del Marktgasse y del Spitalgasse, en incontables calles: junto a los comercios de la superficie con laberínticos pasillos, se hallan también los sótanos, integrados a la profunda actividad económica citadina. A saber, en Berna el mercado funciona hasta en el espacio subterráneo de la ciudad.

Aunque llamada 'el campo' por otras ciudades de Suiza -Ginebra, la internacional; Zürich, la económica-, Berna es la capital del país helvético, su centro político. Y aquí, frente al Bundeshaus -sede del gobierno-, en la plaza de similar nombre, se observa cierta extraña conjunción entre poder y pueblo, en una "fuente" moderna, distinta: del espacioso pavimento de esta plaza brotan limpios, rectos y alternos chorros de agua, donde los niños se bañan y juegan, donde la gente toda se moja y se tiende al sol. Impropio, tal vez, pero mejor que los aires impostados de frialdad, dureza y estiramiento. La Bundesplatz también ha sido, es, testigo de otras escenas menos conciliadoras: manifestaciones populares, sindicaleras o partidistas, de protesta, reclamos o apoyo, pacíficas o violentas, de nacionales o extranjeros. (Aunque no esté previsto, imagino que abrir todos los chorros de agua al unísono podría calmar agresividades).

Seguía su cuento
la fuente serena;
borrada la historia,
contaba la pena. (10)

Y Berna, como toda ciudad, habla con un lenguaje propio, en el conjunto de sonidos que emite al unísono: el graznido de los cuervos en cualquier estación del año; el canto de los pájaros originarios o migratorios; el murmullo de sus inmensos árboles, danzando al viento, esparcidos por toda la ciudad; el runrún de sus voces suizo-alemanas, alemanas, de otras lenguas; el ruido de sus tranvías, su tránsito, sus campanas; el rítmico y estridente taconeo de la gente; la gama de instrumentos musicales tocados al aire libre, interpretando obras del mundo entero; el arrullo de sus enamorados; la fuerte corriente del río; la bulliciosa granizada; el suave descenso de la nieve y la lluvia... Una bella sinfonía, con infinitas variaciones, compuesta por la ciudad viviente:

Y siempre que te escucha el caminante
sueña escuchar un aire de su tierra. (11)

Escuchar un aire de la tierra natal, sí, pero un aire con olor a democracia, es un sueño -aunque, afortunadamente, tengamos diversidad de pensamiento y opinión- de casi todos nosotros, los cubanos de buena voluntad que andamos dispersos por el mundo. Y en Berna, como en cualquier lugar del Planeta donde me encuentre, guardo en mi corazón a mi Habana. No sólo porque residí en la capital la mayor parte de mi vida, sino porque la sé cautiva, como toda la Isla. Y yo, también tengo otro sueño: percibir aires de progreso, de un nuevo desarrollo ascendente, extraviado durante medio siglo. Porque esa ciudad -amada, aunque ruinosa, sucia, pestilente, oscura, pordiosera- ya "logró sobrecumplir" medio siglo de abandono: en nada se parece a lo que antes fue. Ahora, hace rato, es una ciudad perdida en un tiempo de descalabros y deterioros, una ciudad muerta aunque viva, o mejor, malviva. Porque La Habana, la verdadera Habana, ya no existe.

En el Mar de las Antillas,
que también Caribe llaman,
triste como la más triste
navega Cuba en el mapa. (12)


En otros tiempos ya lejanos, la ciudad, la Isla, no se reducía a lugares-vidrieras para el turismo extranjero, o a ciertos límites parcialmente restaurados en el casco histórico de La Habana Vieja. La ciudad de La Habana, entera, emergía próspera, alegre, luminosa, bohemia, para extranjeros y nativos. Tal vez su nombre, a fuerza de acumular recuerdos y tradiciones, pujanzas y florecimientos, aventuras y amoríos, aún conserva lo que un turista italiano, con pasión, dijera: "La Habana, La Habana, maravillosa Habana...es que hasta el nombre suena como mágico, encantador". Ahhh, ¡si la hubiese conocido antes! Ya no es ni la sombra de lo que fue; ni siquiera, una malograda caricatura.

Bajo el sol que la persigue,
y el viento que la rechaza,
cantando a lágrima viva
navega Cuba en su mapa (13)

No, no es lo mismo andar, conocer, La Habana barriotera -La Habana marginal, ya mayoritaria-sumergirse en sus zambullos, ciudadelas y ruinosos recovecos, que contemplarla desde la altura de los bares-restaurantes La Torre del Focsa o El Turquino del Hotel Habana Libre (cuyo nombre evoca al Cubalibre, trago que la perspicacia criolla popular llama de la risita o de la mentirita). Incluso, no se percibe de igual forma La Habana si se contempla desde ciertos puntos menos elevados, pero igualmente selectos, como Castillo del Morro o el Cristo de la bahía habanera (14). Desde estos lugares turísticos, surge la falacia de otra Habana: en la lejanía, se convierte en una ciudad de ensueño, porque la suciedad, la fetidez, la miseria, la indigencia, la degradación humana y material, se tornan imperceptibles. Allá, en la distancia, se descubre la silueta habanera que esboza un pasado muerto y guarda la somera esperanza de una resurreción.

Reina del manto hacia fuera
Del manto adentro, vasalla,
Triste como la más triste,
Navega Cuba en su mapa (15)


Pero también existen ojos de cubanos que no quieren ver, cual si fueran extranjeros, o que, dada su corta edad, no conocieron a La Habana con su belleza y esplendor originales. Cierta vez, me transportaba en uno de esos viejos autos norteamericanos, con más de medio siglo en sus carrocerías y que aún andan por las calles habaneras gracias a la inventiva de sus dueños. Estas auténticas piezas museables, convertidas en taxis colectivos, a diez pesos por persona, no sólo resultan un alivio dentro del desastroso transporte urbano sino, también, una carrocería móvil con reuniones a bordo, fuera del control gubernamental. Y si se toma en cuenta las miles de personas que transportan cada día estos anacronismos rodantes, podemos deducir cómo anda el verdadero "estado de opinión ciudadana".

Durante mi viaje, el deprimente panorama arquitectónico de la ciudad, que se desliza siempre a través de las ventanillas, provocó los habituales comentarios críticos entre los pasajeros. Uno de ellos reprendió al resto: "Es normal. Todo se deteriora y se pone viejo. Hasta nosotros, los seres humanos". Pero la mayoría de los viajeros ripostó que sólo la reparación y el mantenimiento sistemáticos hubiesen evitado este calamitoso estado de la capital cubana. De hecho, la restauración del casco histórico de La Habana Vieja surgió, a modo de ejemplo, durante el debate móvil: edificaciones citadinas que datan del tiempo de la colonia española en la Isla, constituyen verdaderos tesoros arquitectónicos recuperados -al menos, en apariencia y en interés del turismo extranjero, portador de moneda dura-, pese a que también sufrieron el abandono durante décadas. Ahora yo podría enriquecer aquella polémica con otro argumento: la antiquísima arquitectura Suiza que, a pesar de los siglos, se mantiene en forma, impecable, gracias al cuidado y la atención que le dispensan. Sí, me agrada y alimenta la imagen positiva que el paisaje citadino de Berna me regala cada día, pero, a la par, -contradictoria al fin, como todo Géminis-, me entristece la memoria de mi Habana gris, empobrecida y ruinosa.

No soy de aquí, ni soy de allá,
no tengo edad, ni porvenir,
y ser feliz es mi color,
de identidad. (16)

Si a Berna no se le conoce sin darse un chapuzón en el Aare, a La Habana tampoco, si, al menos, no se ha caminado por El Malecón, ese muro extendido, entre mar y ciudad, desde el interior de la bahía habanera -frente a La Cabaña y el Morro- hasta el mar abierto, y que finaliza en La Puntilla, donde desemboca el contaminado río Almendares. Allí, en sus extensos muros, se hallan latentes otros universos, ajenos al mundo oficial impuesto:

"El hospitalario y democrático Malecón habanero acoge en su regazo tanto quehacer humano como estrellas hay en la noche cubana: encuentros amorosos, madrugadas de bohemias parrandas, siestas veraniegas, sueños nocturnos, tertulias poéticas, nupcias libres o legales, confesiones etílicas, pesca, campo y pista, paseos familiares, baños intrépidos, negocios sucios y todo lo que ni usted ni yo podemos imaginar, visible o invisible" (17).

Pero también han tenido, tienen, lugar otros sucesos extraordinarios, exclusivos, como aquella inolvidable aparición de un cetáceo: "la ballena removió el tedioso ambiente capitalino: abrió el espíritu de sus pobladores hacia la grandeza y la inmensidad del mundo que nos rodea, más allá del Malecón habanero, de las fronteras de esta isla cautiva" (18). O como la estampida en masa de balseros en busca de sueños sin visas, ni tarjetas blancas, ni sometimientos.

Sales a la calle y te vas al muro,
donde siempre hay alguien, donde empieza el mar (...)
Luna, algo está sucediendo, estoy sitiendo que esta vez,
me están dejando solo, al menos solo, como la noche.
Sigues caminando y llegas al muro, donde acaban todos,
donde empieza el mar. (19)

Berna, puedo repetírtelo en las cuatro lenguas que habla tu pueblo: meine liebe, amore mio, mon amour, mi'amur. Sí, te amo. Puedo amarte a ti, a Ginebra, a Locarno, a Sierre, a Bangkok, a Hanoi, a Praga, a Singapore, a Moscú, a Beiging, a Montreal, a todas las ciudades por donde alguna vez he transitado, porque durante mi estancia en cada uno de estos lugares, me he descubierto como lo que soy, al modo descrito por mi hijo Greco y otros jóvenes latinos emigrantes: soy un ciudadano del mundo.

Lost in this world
I get lost in your eyes
And when the lights go down
I am the only one (20)

Mas ninguna de esas ciudades desplaza a mi amor primero: La Habana... ni a Varadero y la Cumbre de Matanzas, ni a Punta Gorda de Cienfuegos, ni al Cobre de Santiago, ni siquiera al Guaso de Guantánamo, de donde partí a los dos años de edad. Y si un día regreso allá, a mi Isla, te llevaré en mi corazón, Berna preciosa, te extrañaré infinitamente y sé -muy bien lo sé- que sentada en el Malecón, frente al mar abierto, mis ojos se nublarán por ti, igual que ante el recuerdo de mi Habana, cuando "a las orillas del río Aare me senté y lloré" (*), implorando, como en los versos de Thomas Stearns Eliot: (...) y espíritu del río, espíritu del mar, no me hagan sufrir la separación / y permitan que mi llanto llegue a Ustedes. (21)


(*) By the water of Leman I sat down and wept, versos del poema El sermón del fuego
de Thomas Stearns Eliot ("Me senté a las orillas del Leman y lloré": Eliot se refiere al
Lac Léman, de Suiza, cuyos datos aparecen en mi crónica viajera Cinco años... Cinque
Terre). Similar es el título de una bella novela del escritor brasileño, Paulo Coelho:
A las orillas del río Piedra me senté y lloré. Ambos escritores hacen referencia a la
Santa Biblia: el Salmo 137,1, Jerusalén, no te olvidaré, canto de los judíos exiliados
a su añorada tierra: "Al borde de los ríos de Babilonia, nos sentábamos y aún
llorábamos, acordándonos de Sion".


(1) Ángel Escobar (Guantánamo, Cuba, Marzo 3, 1957-Febrero de 1997). Poema de su libro
Cuando salí de La Habana.
(2) Desde el rumor del mundo/desde la alegría de los momentos/desde la piel y desde lo
profundo/desde mis errores cotidianos/quiero decirte que te amo. Canción Volevo dirti
che ti amo. Laura Pausini.
(3) "Vendrá luego la aurora/y yo mientras tanto te escribo/ para decirte que te amo"...Poema La
carta en el camino, de Pablo Neruda (Chile, Julio 12, 1904-Septiembre 23, 1973).
(4) Te quiero. Poema de Mario Benedetti (Uruguay, Sept 14, 1920-Mayo 19, 2009).
(5) Bahnhof: Terminal de Trenes.
(6) "Lo que yo sé/lo que yo deseo/y que yo te amo./Lo que yo creo/de los días felices/y que
yo te amo". Canción Et que je t'aime. Charles Aznavour (París, Mayo 22, 1924).
(7) Canción Y tú, ¿qué tiras al agua? Alberto Cortez, (Rancul, La Pampa, Argentina, marzo 11
de 1940).
(8) Mis ojos son mi pluma /mis mejillas, el papel /la tinta, mis lágrimas /de esa forma te escribo/
mientras lloro. Canción de Despedida, de la cultura romache.
(9) "¡No! Nada de nada/¡No! Yo no lamento nada/Ni del bien que me han hecho/ni del mal,
¡todo eso me da igual! Canción Non, je ne regrette rien. Edith Piaf (París,Diciembre 19,1015-
Octubre 10, 1963).
(10) El Viajero. VIII. Antonio Machado. (España, Sevilla, 1875-1939).
(11) Guitarra del mesón. Antonio Machado.
(12, 13 y 15) Un largo lagarto verde. Nicolás Guillén (Cuba, Camagüey, 1902- La Habana-
1989).
(14) Obra de la escultora Gilma Maderas (Cuba, Pinar del Río, Septiembre 18, 1915-La Habana,
Febrero 21, 2000).
(16) No soy de aquí, ni soy de allá. Alberto Cortez.
(17) Se busca, crónica del libro El Paraíso Castrado, de Iria González-Rodiles, publicado en una
breve versión digital por www.barcelonaradical.net/descargas
(18) Se equivocó la ballena. Del libro El Paraíso Castrado. (Ídem).
(19) Canción. Grupo cubano Moneda Dura
(20) "Perdida en este mundo/me pierdo en tus ojos/y cuando las luces caen/yo soy la única sola".
Canción Lost. Anouk.
(21) Miércoles de Ceniza, versos finales: And spirit of the river, spirit of the sea/suffer me not to
be separated/and let my cry come unto Thee. Thomas Stearns Eliot (St. Louis, EEUU 1888-
1965, naturalizado ciudadano inglés en 1927).



* Iria González-Rodiles, es periodista independiente. Fundadora de la Agencia CubaPress. Escribe para la prensa alternativa desde 1995. Sus artículos y crónicas han sido publicados en diferentes medios tales como en las páginas WEB de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), CubaFreePress, Nueva Prensa Cubana, Cubaicei.org del Instituto de Economistas Indepiendientes, RSF (Reporteros sin Fronteras) y en revistas como la Hispano Cubana y Nueva Prensa Cubana.

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