MICHAELSEN:
MAESTRO DE LA TEMPORALIDAD VISUAL
Por Ricardo Pau-Llosa*
Director
Sección de Artes y Plástica
La Nueva Cuba
Julio 12, 2002
Las diversas preocupaciones y temas sobre los cuales ha sido construida la identidad modernista cubana en las artes visuales encuentran una coyuntura inusual, quizás única,
 El Mambo King. Oleo sobre tela [18” x 24”] | en la obra de un artista: Eduardo Michaelsen. Estas tradiciones están arraigadas en tres esquemas tropológicos: el deseo basado en la metáfora de suspender la conciencia cotidiana de la temporalidad, el deseo basado en la metonimia de representar la acción y la tranformación, y la combinación de éstos y otros tropos (la ironía, la hipérbole, la sinécdoque) para imbuir el espacio pictórico y escultórico con un sentido de la teatralidad, por el cual la obra se presenta como un mundo propio y completo en sí. Mientras que estas corrientes tropológicas operan en gran parte del arte latinoamericano, en Cuba pueden ser identificadas por el uso de ciertos símbolos e imágenes recurrentes.
Pintores cuyas obras se basan en la metáfora (e.g., Amelia Peláez, Emilio Sánchez) tienden a vincular imágenes arquitectónicas con la memoria u otras facultades de la conciencia.
 Interior Colonial Barroco. Oleo sobre tela [18” x 24”] | Otros artistas dentro de esta tradición (e.g., Wifredo Lam, Carlos Alfonzo) yuxtaponen la figura humana con imágenes derivadas de la flora, la fauna, o ambas. Los metonomistas, o bien transfieren características entre el paisaje o medio-ambiente y elementos anatómicos (e.g., Agustín Fernández, Rafael Soriano) o configuran imágenes individuales que evocan la acción, bien sea en términos físicos (e.g., Carlos Enríquez, Humberto Castro) o conceptuales (e.g., Rolando López Dirube, Arturo Cuenca).
La sensibilidad teatral juega con diversos tropos para evocar la substitución de la obra por el mundo real de experiencias compartidas y por el mundo privado del sueño y la memoria.
 Guantanamera. Oleo sobre tela [18” x 24”] | Obras que pueden ubicarse dentro de la teatralidad se presentan como sueños compartidos, el parámetro universal de la conciencia para aquéllos que las están aprehendiendo. Maestros dentro de esta tradición incluyen a Mario Carreño, Maria Brito, José Bedia, y Eduardo Michaelsen. Pero ninguno puede ser situado tan fácil y lúcidamente entre los poetas cubanos de la metáfora y la metonimia, al igual que entre sus dramaturgos visuales, como Michaelsen.
El genio más ignorado del arte cubano, quizás del arte latinoamericano, Michaelsen, el artífice de la metáfora, une esquemas mitológicos e históricos en una imagen o en una escena imaginaria.
 Mariel 1980-2000. Oleo sobre tela [16” x 20”] | Elementos romanos paganos, cristianos occidentales, católicos españoles, y afro-cubanos se juntan en sus pinturas para dramatizar el proceso del sincretismo y no simplemente celebrar sus connotados efectos. Es como si Michaelsen nos estaría situando en los mismos orígnes de una sensibilidad espiritual que une creencias con la necesidad de creer en diferentes, e inclusive irreconciliables concepciones de lo divino. Redescubre la poética de la espiritualidad, esas reconfiguraciones inconscientes de los elementos de un mito que de rigor anteceden nuestra entrega a una creencia. Los seres humanos tienen que, secretamente, definir esas narrativas, símbolos, e íconos, los cuales luego proclaman les han descendido del cielo por acto de revelación. De este modo, los jardines de delicias que pinta Michaelsen se hacen aun más terrenales porque están habitados por deidades y otros seres mágicos e inmortales que son los hijos imaginarios de nuestra lucha colectiva en contra de la promesa de la extinción.
Michaelsen, el metonomista, aprehende la dinámica de la reflexión, la pasión igualmente irresistible de la mente de hacer que experiencias, sitios, escenas, vidas, y relatos se entretejen de forma coherente.
 El Místico. Oleo sobre tela [16” x 20”] | Los laberintos líricos de Michaelsen, construidos de líneas e imágenes, generan visiones en las que objetos que por casualidad comparten el mismo universo pictórico--pecera, ventana, jardín, cielo, lámpara, mesa, cortina, piso de losas--afirman, a la vez, lo extraño de su encuentro y el impulso implacable de unirse en la mente. El idiosincrático sentido de la línea que posee Michaelsen representa un salto más allá del uso de la línea en las obras de Peláez y Lam, pues Michaelsen pone la línea en la pintura al servico de un sintaxis poético y cognoscitivo y no la emplea sólamente como agente definitorio de las formas o como indicador de cómo entran en acción las formas entre sí.
Michaelsen, el maestro de la teatralidad visual, usa estos y otros tropos para cargar las escenas con la energía de rimas complejas entre formas e imágenes, las cuales parecen sencillas. El ave y su jaula riman con el espejo, la ventana con el diván, la planta con las figuras humanas.
 El Rapto de la Jinetera. Oleo sobre tela [16” x 20”] | La Habana se convierte en plaza de pueblito, el malecón en un balcón. Escenas enteras de la memoria y la historia son barajadas, y así se reflejan entre sí en las más audaces intersecciones. La flor en el búcaro es apresada en el espejo, pero también contrasta con las pautas y diseños que ha inspirado--en losas, medio-puntos, o vitrales coloniales. De ahí llegamos a la expansión esencial, sobrecogedora, y de proyección épica de estas escenas teatrales, estas ofrendas tejidas de un mundo forjado de la continuidad entre sus elementos y el sujeto que lo está aprehendiendo. Esta expansión es evidenciada por el vínculo entre interiores y exteriores, el cual se basa en el mismo diálogo que une la memora con las experiencias inmediatas, la naturaleza con la figura humana, y la esperanza con divinidades imaginadas.
Todo esto lo logra Michaelsen con un lenguaje visual que aparenta ser “naive” y logrado sin escuela, pero en realidad se trata de un sabio natural. Cualquier intento de comprender el arte cubano sin entender la pintura de Eduardo Michaelsen está condenado al fracaso.
*Ricardo Pau-Llosa ha publicado extensamente sobre arte, especialmente el de
Latinoamérica. Es autor de importantes estudios sobre Olga de Amaral,
Fernando de Szyszlo, Rafael Soriano, entre otros artistas. Ademas, ha
servido de curador para dos Bienalas de Lima entre otras exposiciones. Ha
publicado poesía y cuentos en inglés. Su quinto poemario, THE MASTERY
IMPULSE, lo publicará próximamente la editorial de la Universidad Carnegie
Mellon en Pittsburgh.
Ricardo Pau-Llosa has published widely on art, especially that of Latin
America. He has authored major studies on Olga de Amaral, Fernando de
Szyszlo, Rafael Soriano, among other artists. He has also served as curator
to two Lima Biennials and other exhibitions. He publishes poetry and short
fiction in English. His fifth book, THE MASTERY IMPULSE, is forthcoming
from Carnegie Mellon University Press, Pittsburgh.
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