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CHAVEZ Y SU FASCISMO
DEL SIGLO XXI

Editorial
La Nueva Cuba
Noviembre 12, 2007
Ya nadie se llama a engaños, en lo que se refiere a las insaciables
ambiciones del ex coronel golpista Hugo Chávez Frías.
Su agenda y sus motivaciones se nos presentan más que transparentes.
No se lidia aquí con un hombre de luces, ni de ideas, ni
siquiera de ideología, sino con un teniente coronel, militarote,
hombre brutal, ignorante, mediocre, iletrado, pero poseído,
al que una coyuntura política ha permitido hacerse del poder.
Definirlo con más precisión, aún tomará
algo de tiempo. Aunque hay en Chávez una reminiscencia del
tradicional caudillo o del gorila militar latinoamericano, Chávez
es un hombre "retro", un hombre de inicios del siglo pasado.
En suma que Hugo Chávez está más cerca de un
capo mafioso menor, de la pandilla del gánster Alberto Capone,
con una mezcla de rufián fascista de primera fila de la década
de los años veinte. Sin embargo nos vemos forzados a confesar
que se avisora en él algo de la arrogancia, la pose y los
manerismos de una especie de Mussolini descendido a su mínima
expresión.
Todos sabemos lo que ansía con militante impaciencia y nos
conmueve y atemoriza contemplar cómo su irrefrenable instinto
predatorio lleva a Venezuela en vertiginosa carrera hacia el abismo
de una posible guerra civil y fraticida. O quizás hacia algo
aún mucho peor.
El final de la democracia en Venezuela se sellará el próximo
dos de diciembre, "casualmente" un aniversario más
del desembarco del Granma, que abriera el camino para la dictadura
cubana de casi medio siglo, la más antigua del planeta.
A Hugo Chávez y sus co-conspiradores no se les detendrá
con la participación en las urnas, no se les detendrá
con la abstención. No se les detendrá con manifestaciones
de protesta, ni con huelgas generales. Tampoco se les detendrá
con llamados a que respeten la constitución, las instituciones,
o a la tolerancia, ni con llamados a que se respeten los derechos
de los ciudadanos. No se les detendrá con sabotages, bombas,
ni con la lucha urbana clandestina, ni con alzamientos en las montañas.
Mucho menos depositen sus esperanzas en ser auxiliados por otras
naciones. Interpreten la escritura en la pared; miremos el ejemplo
de lo que experimentó Cuba.
Se trata de un método de hacerse del poder y de retenerlo
por décadas, nada tiene que ver con administrar un país
en busca del bien público, ni con plasmar sueños de
Bolívar o Martí y mucho menos con mejorar las condiciones
de vida de los pobres en Venezuela.
Pero entiéndase que las ambiciones de Chávez y sus
audaces cómplices -un puñado de gente, mezcla de hombres
y mujeres resentidos unos, corruptos otros- , no se limitarán
a Venezuela.
No debemos subestimar sus intenciones.
En Venezuela pulverizarán la autoestima de la nación
hasta reducir a todos sus ciudadanos a la más absoluta indefensión,
de manera de que inermes, sean despojados de toda condición
humana. Sus valores serán reemplazados por la amoral "ética
contextual" de un campo de concentración y consistirán
de técnicas de mínima supervivencia. Perdida su dignidad,
despojados de sus bienes, aniquilada la voluntad de ser nación,
serán esclavizados. Los que aún se resistan perecerán,
serán encarcelados, declarados no-personas, o escaparán
a donde puedan, mientras otros países les acepten...
Venezuela merece un mejor destino. Pero nuestro pesimismo es honesto,
tan sólido como nuestro pesar. También existen los
milagros.
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