Cuando Castro tomó posesión de Cuba, los cubanos mejor preparados huyeron progresivamente; entre éstos se encontraban profesores universitarios, maestros y médicos. Así que tanto la sanidad como la educación se hundieron en un pozo. Las escuelas y la Universidad de La Habana perdieron primero a los mejores profesores, y conforme la economía se degradaba, material pedagógico y de enseñanza básicos. En los hospitales, a la fuga masiva de cerebros se unió la carencia de material básico en quirófanos y consultas. El castrismo convirtió escuelas, colegios y hospitales en bananeras checas: el caso de Orlando Zapata, desnudo, herido y torturado, ni es el primero ni será el último.
La desinformación revolucionaria se basa en las debilidades humanas, cuanto más sórdidas mejor. Y vía Cuba algunos han pasado de la Internacional Socialista a la Internacional pederasta. Con Castro, no pocos escritores, periodistas, políticos e intelectuales satisfacen al mismo tiempo sus ansias revolucionarias y sus calenturas sexuales. No pasa sólo allí: existe una relación directa entre la defensa que determinadas élites hacen de algunas dictaduras y la perversión sexual que éstas les ofrecen y de la que se aprovechan. Ocurre con algunas dictaduras árabes. Muy cercanas.
Óscar Elía Mañú
La Gaceta
España