miércoles 16.may 2012

Actualizado:07:14:03 PM GMT

Titulares:

El Extraño Aroma de los Gladiolos

Imprimir
abel-germanMayo ha comenzado con una noticia que, si se mira de pasada, pudiera pensarse se refiere en verdad a un paso de avance para la normalización en el tratamiento del régimen cubano al problema que le plantean las marchas dominicales de las Damas de Blanco. Lo dicen el cardenal Jaime Ortega; algunas de las propias mujeres del grupo; y la prensa internacional. ¿Pero realmente es así? El titular del Nuevo Herald reza: "Gobierno autoriza marchas de las Damas de Blanco". Es decir, desde ahora, y gracias a la mediación de la Iglesia, esas marchas podrán hacerse sin interferencias. Ni siquiera precisarán del permiso que les exigían y que, de haberlo pedido, seguramente les habrían negado.

La información también recuerda que las marchas hasta ahora se hacían bajo un fuerte hostigamiento por "partidarios del régimen", y que en las tres últimas jornadas dominicales simplemente fueron impedidas.

Así que esa decisión gubernamental, que el cardenal califica como un "buen gesto'' y un ''paso novedoso'', parece un "buen gesto" y (tal vez) "un paso novedoso". Pero sólo lo parece. Personalmente tengo mis dudas.

La mediación de la Iglesia, tanto en este apartado como en el de la huelga de hambre de Fariñas, está bien. Que la Iglesia intervenga en estos asuntos "terrenales" puede ser útil. Aunque definir el grado de esa utilidad sea otra cosa. Incluso a veces una "cosa" un tanto complicada. ¿Útil en qué sentido? ¿Para quién? He ahí el intríngulis.

Confieso sin embargo que, en este caso, después de tantas imágenes atroces, la imagen de las Damas de Blanco con los gladiolos en alto frente al templo de Santa Rita y periodistas de AFP, me tranquiliza. La imagen de esa Quinta Avenida desierta, recorrida sólo por esas mujeres de blanco con gladiolos en las manos, después de haberla visto llena de turbas violentas, empujones, injurias, golpes y rostros descompuestos en contraposición a la admirable serenidad de las Damas; esa imagen tan distinta, reconforta. Y llama a la reflexión.

Lo primero: el cardenal hace un añadido inquietante. Según la agencia EFE declaró: "Me dijeron que por lo menos durante el mes de mayo (podrán desfilar) y que veríamos después si todo había marchado bien y no había habido nada extraño''.

¿Qué es para Raúl y Fidel Castro "marchar bien"? ¿Qué es "extraño" para estos personajes y sus cómplices? ¿Qué significan ese "por lo menos durante" y "después"?

Todo sugiere que el señor Ortega no capta la contradicción. Un "buen gesto" y "un paso novedoso" apoyados sobre semejante base, ¿puede considerarse "bueno" y "novedoso" realmente sin pecar, como mínimo, de ingenuidad? Quizá sí, visto en la perspectiva de los intereses específicos de la Iglesia, que esta vez se ha sentido "escuchada", pero no tanto en la de los de la lucha por la democratización de Cuba. Ni siquiera en la perspectiva de la que libran las propias Damas de Blanco.

"Es una pequeña victoria gracias a la tenacidad, la perseverancia, la razón y sobre todo al amor, porque aquí ha triunfado el amor por nuestros familiares. Si no quieren más caminatas que los liberen, o de lo contrario nos tendrán que seguir reprimiendo, nos llevarán presas'', declaró Laura Pollán, portavoz del grupo. Y es ahí, en la necesidad de ese desafío, donde se encuentra el quid de lo que quiero decir.

En eso, y en el hecho, muy grave y muy absurdo, de que el régimen las acuse de "punta de lanza'' de una campaña de Estados Unidos para desestabilizar a la revolución, recrudecida tras la muerte el 23 de febrero de Orlando Zapata luego de casi tres meses en huelga de hambre y el ayuno que desde entonces mantiene Fariñas.
Así visto, ¿cabe esperar que el régimen extienda esa promesa más allá del plazo sugerido?

Por otro lado, hagámonos esta otra pregunta: ¿es que el régimen ha jugado alguna vez con otra dinámica? ¿Acaso no ha sido él quien ha marcado los tiempos, incluso en su diferendo con EE UU? ¿Acaso no tiene el tejido legal necesario para operar los mandos a su antojo sin salirse de su infame Constitución?

Si se observa con cierto cuidado es fácil apreciar la semejanza de su modus operandi con una técnica básica de pesca con caña. Recordemos al famoso personaje de Hemingway: En un momento de su lucha contra el pez que tenía ensartado, Santiago se dice: "Debo aguantarlo todo lo posible y darle sedal cuando lo necesite". Piénsese, por favor, en esa imagen terrible.

Autorizar las marchas durante el mes de mayo para ver qué pasa, ¿no es un modo de dar sedal? ¿No es como tratar de confundir y cansar al pez llamado "opinión pública", Damas de Blanco, prensa internacional y organismos y estados que observan el pulso actual con mirada severa? ¿No es también un modo de "descansar" del propio régimen? Y utilizar la mediación de la Iglesia, ¿no es hacerlo sin humillarse? O sea, que existe además ese agravante: la posibilidad de que el régimen pueda estar utilizando a la Iglesia para blanquear su imagen y, de paso, ganar fuerzas.

De modo que la "pesca" continúa en los términos que conocemos desde los primeros tiempos de este duro y largo medio siglo de experimento fidelista. Ni más ni menos.

Pero mis dudas no sólo se refieren al efecto de la mediación del cardenal Ortega. También observo con cierta perplejidad el tratamiento que, como siempre, se le suele dar a lo que sucede en Cuba y que, mediante pequeños datos y términos que se deslizan subrepticiamente en el relato, envía mensajes equivocados.

Un ejemplo: Si volvemos a la información que comento, observaremos que se insiste en aplicar el término "partidarios del régimen" a las turbas empleadas para hostigar a las Damas de Blanco y, en general, a los opositores: Las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida que forman miembros de los CDR, la Unión de Jóvenes Comunistas y policías de civil.

Ahora bien, todos esos "partidarios del régimen", ¿realmente son "partidarios del régimen"? Así dicho, ¿no parece que se trata, como el régimen quiere hacer creer, de grupos espontáneos que, indignados por las pretensiones de los opositores, les salen al paso para impedir que sirvan impunemente a los intereses del "imperialismo" en las calles "de Fidel y Raúl Castro"? ¿No da la sensación de que se habla del "pueblo indignado" enfrentándose a "mercenarios" y "traidores"?

Y no es eso. Definitivamente no. Hay que decirlo tantas veces como sea necesario: esos grupos no son el pueblo ni representan indignación popular alguna; esos grupos son organizados por el régimen, movilizados por el régimen y "obligados" por el régimen. Obedecen órdenes; siguen un programa... se rigen por una línea de acción que se genera en las oficinas de la Policía Política y se extiende a través de las vías mencionadas: los CDR, la UJC, la propia policía.

¿Hace falta alguna prueba? Aparte de que esas brigadas no son secretas, hay una evidencia que podemos extraer del caso que comento: la forma instantánea de la "solución". Si la Iglesia medió sólo con las autoridades del régimen; es decir, sin tener en cuenta para nada al "pueblo indignado", ¿cómo explicar que, de pronto, sin transición alguna, la Quinta Avenida estuviese expedita el primer domingo de mayo? ¿Cómo explicar la instantaneidad de esa reacción? ¿Cómo, si no se diese la circunstancia de que "pueblo indignado" y "régimen" es la misma cosa? En el peor sentido, claro. Es decir, no en el de que el régimen es el Gobierno del Pueblo, como se dice en su discurso, sino en el de que éste secuestra su identidad (la del pueblo) y la utiliza como excusa.

Todos los que hemos vivido en la Cuba profunda y medio secreta del castrismo, lo sabemos. Sabemos que esa turba, como la masa que desfiló el 1º de mayo, son tan sólo reflejos de la represión existente. O, lo que es igual, del miedo, de la desinformación, del control, del chantaje que conforman, en conjunto, el mecanismo con que el régimen ejerce el poder absoluto. Sabemos que esa turba (como esa masa) es su correa de trasmisión, tal como lo es el hijo pequeño para el padre autoritario, los soldados para el mal oficial y los esclavos para el amo.

Todos los que hemos tenido esa difícil experiencia sabemos que muchos de los que participan en esos llamados actos de repudio se "repudian" más a sí mismos por lo que hacen que a la víctima "repudiada". Que incluso muchas veces lo que expresan como repudio es en realidad admiración encubierta. Un simple desplazamiento de significados (y de conductas) que procede de la "doble moral" impuesta por la ley de la sobrevivencia que rige el país. Sobre todo hoy, cuando ya la coartada ideológica se ha disuelto en las paradojas de la realidad, y el desencanto es un producto autóctono.

Así pues, no nos engañemos: la paz que presuntamente acompañará las marchas de las Damas de Blanco este mes, es tan sólo la paz de una tregua. O (para insistir en la imagen) un momento de distensión del sedal. El olfato del régimen, extremadamente selectivo y habituado a sus propios olores, no aceptará así como así el extraño aroma de los gladiolos.

 

 


Abel German (Morón, 1951). Escritor y periodista cubano. Ha publicado "El día siguiente de mi infancia" (Editorial Letras Cubanas); "Cubo de Rucbick" (Editorial Unión) y "Curiosidades" (Ediciones Extramuros). También ha publicado poemas en revistas culturales cubanas, mexicanas y colombianas, así como en antologías de México y Cuba. Trabajó en la Agencia de prensa independiente "Cuba Press" desde su fundación como editor y articulista, colaborando, entre otros, con Radio Martí, Cuba Free Press, Cubanet y Revista HC de la Fundación Hispano Cubana. Actualmente se encuentra exiliado en España.