Raúl Castro quiere ser el hombre del siglo XXI en Cuba. O quizás busca estar entre las 100 personas más influyentes del mundo en la revista Time Magazine. Para ello se ha pronunciado recientemente a favor de una reforma migratoria en un país donde viajar suele ser casi imposible. Sin muchos detalles ni fijar plazos, el presidente anunció en el VII periodo de sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional, una metamorfosis en el complicado aparato migratorio.
Es bien sabido que los cubanos para salir de la isla necesitan un permiso de salida, conocido como tarjeta blanca, el cual es manipulado por el represivo cuerpo de seguridad del estado.
Este dispone a su antojo, quien, cuando y cuantos pueden viajar. Son incontables los ciudadanos cubanos que actualmente tienen retenida su tarjeta blanca. La mayoría de ellos son activistas de derechos humanos perseguidos y chantajeados por ese autoritario cuerpo. Pero, Raúl advirtió que toda resistencia contra la reforma migratoria sería inútil.
Quizás con esta tesis se levante la archiconocida prohibición de viajar sobre la famosa bloguera Yoanis Sánchez. También es posible que las oficinas de Inmigración y Extranjería suspendan la restricción de viajes a Eriberto Liranza, dirigente juvenil opositor que fue invitado por el gobierno de Lituania a ofrecer una conferencia sobre los jóvenes cubanos.
Pero todo lo escrito son meras suposiciones. Hasta ahora la historia y los hechos demuestran lo contrario. Tan acostumbrados como estamos los cubanos a que nos den las cosas a buchitos, seguro que la dichosas reformas tendrán sus límites e inconvenientes.
Dice Raúl que no tiene apuros. Tampoco es amigo de los cambios bruscos. Pero el tiempo le juega una mala pasada y solamente tiene diez años para lograr lo que promete. Entre ellos, el vaso de leche que aun esperamos.
Tal vez sea por eso que muchos de mis paisanos se muestren escépticos. De tantas promesas vanas, la fe se volvió agua de jicotea.
No se necesita enajenar a la nación con discursos encantadores, ni enamorarla con palabras tentadoras. Todo el problema de la isla radica en su sistema inoperante. Medio siglo es la prueba más fehaciente de que no vale una actualización. Al igual que un antivirus, sino funciona, lo mejor es cambiarlo.
¿Sera sincero el General cuando habla de cambios y reformas? ¿O simplemente desea ganar el tiempo necesario?
"A mí no me eligieron para instaurar el capitalismo, sino para continuar y perfeccionar el socialismo", refiere el menor de los Castro. Y el socialismo cubano, evidentemente, no ha dado resultado.
Los incontables errores que muchas veces pronuncia y que dan al traste con todo lo que tanto habla, no son más que la política equivocada, desde los inicios del triunfo revolucionario, de su hermano mayor.
Esperemos a que lleven a cabo las reformas migratorias enérgicamente defendidas por el presidente. Verán como nuevamente nos decepcionan.
Todo es cuestión de cómo se mire el panorama. Alarcón lo ve peligroso. El piensa que puede haber una congestión en los cielos si se permite volar a todo el mundo. Por mi parte, definitivamente tengo problemas de relatividad. Veo el vaso medio vacío.
Adolfo Pablo Borrazá Chaple, Villa Clara, 1977. En 2006 ingresó al Partido Republicano de Cuba (PRC), formo parte del grupo de trabajo de la Comision Martiana. En abril de 2009 fue expulsado de la Universidad de La Habana, donde cursaba el primer año de Psicología. Pasó el curso para periodistas impartido por Florida International University.
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