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LOS
CRIMENES CONTRA LA INFANCIA
DEL CASTROFASCISMO
Por Máximo Tomás
Redacción
Infosearch:
José F. Sánchez
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Enero 28, 2006
Todo el sistema
cubano de educación está estructurado en servir el
propósito de convertir a los niños en instrumentos
cuya lealtad absoluta no será a su padres, ni a su familia,
ni siquiera a la tierra que los vio nacer, sino al Caudillo que
ha gobernado a Cuba por casi medio siglo y que demanda irrestricta,
constante y perpetua obediencia tal y como se plasma en la clásica
consigna: "Donde quiera, donde sea y para lo que sea: ¡Comandante
en Jefe Ordene!".
Se trata de formar a los niños, desde la más tierna
infancia, en el credo cheguevarista: “El odio como factor de
lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de
las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva,
violenta, selectiva y fría máquina de matar” (Mensaje a la Tricontinental,
abril 1967).
Por décadas, los niños cubanos ha sido forzados a
participar en los pogroms orquestado por la tiranía y a los
que llama "actos de repudio". Los mismos se dirigen contra
adultos e incluso contra sus propios compañeritos de escuela.
Los niños cubanos han sido testigos de la violencia ejercida
por las turbas contra quienes se atrevan a disentir o se opongan
al dictador vitalicio de Cuba.
Por supuesto, ninguna organización internacional afiliada
a las Naciones Unidas, o de aquellas preocupadas por la infancia
jamás han denunciado los crímenes del Castrofascismo
contra la Infancia.
En estos días, la maquinaria mediática de propaganda
de la dictadura más antigua del planeta ha publicado un reportaje
que permite conocer -aunque sea sólo parcialmente- la magnitud
monstruosa de uno de los rararamente analizados e inadvertidos crímenes
de la tiranía castro-fascista: la manipulación y utilización
política de la niñez en Cuba.
Así describe
uno de los amanuenses del régimen a uno de estos niños,
víctimas de la más denigrante de las explotaciones
y manipulaciones emocionales:
"Su voz suena apagada, ronca, como la de una persona de mucha
más edad. Pero en realidad tiene solo diez años. Se
llama Leonel Montoro Rodríguez y estudia el quinto grado
en la escuela capitalina Antonio Bachiller y Morales.
Leonel es
uno de los tantos niños que en la madrugada de este martes
tomaron por asalto la Tribuna Antiimperialista José Martí,
para desde allí animar la marcha con consignas que corearon
miles de participantes.
'Es la segunda
vez que hago de arengador, pero en esta perdí la voz. Me
emocioné mucho. Imagínese, mientras más la
gente cantaba las consignas, más gritaba yo para que no se
perdiera la emotividad', explica el niño.
'Es una tarea
difícil. Uno sabe que si no tiene la chispa encendida
todo el tiempo, posiblemente la gente desfile en silencio, y así
la marcha no sería lo mismo, manifiesta Leonel."
El Castrismo
no es un movimiento ideológico, sino un método de
control poblacional, que no sólo se limita a ser extremadamente
efectivo; carece absolutamente de alma, Hablamos de lo que se trata,
hablamos de una excelente caja de herramientas de control político
y social.
Aunque durante décadas el discurso oficial en la Isla declaró
su credo como marxista-lenninista, incluso muchos de los propios
comunistas ortodoxos se han apresurado a poner distancia suficiente
del "experimento cubano". Basta una autopsia mínima
de su estructura sustancial; lo forense revela una inescrupulosa
amoralidad ideológica y una deslealtad a los principios que
tácticamente dice adoptar; se trata de un fenómeno
único que raya en lo inverosímil.
En realidad el Castrismo es un modelo híbrido de totalitarismo,
más cercano al fascismo que al maoismo o al estalinismo.
El lenguaje, los métodos de control poblacional, la utilización
del terror sistemático, pero dosificado, la intensa, histriónica
escenografía y coreografía de sus mecanismos de propaganda,
sus consignas, el aguzado pragmatismo de sus estrategias y tácticas
y su sorprendente capacidad de supervivencia y adaptación,
le permiten una extraordinaria flexibilidad.
Esa "flexibilidad" se hace posible gracias a su divorcio
absoluto de toda línea dogmática, que se manifiesta
en la facilidad conque le vemos asociarse tanto al capitalismo transnacional
y globalista, como encabezar la Internacional Globalista del Terror,
preconizar la guerra asimétrica, servir de madriguera a la
ETA y al IRA, lanzar una campaña "contra el terrorismo",
vincularse a los narcotraficantes, lavar su dinero, entrenar a la
narco-guerrilla, y en la década de los años 80, lanzar
napalm sobre los guerrilleros marxistas en Eritrea y custodiar los
pozos petroleros de la Chevron durante la guerra de Angola.
Y prosigue el reportaje de la maquinaria mediática sobre
la participación de los niños cubanos en las tareas
asignadas por el régimen:
"Otra joven que desde horas bien tempranas de este martes subió
hasta la tribuna para estimular el fervor de los capitalinos durante
su desfile, fue Gabriela Castellanos Lemus, estudiante de la Escuela
Secundaria José Miguel Pérez Pérez.
Desde
las cuatro de la mañana estábamos listos para empezar
a cumplir la encomienda, dice Gabriela, de 14 años de edad."
A simple
vista se nota que el sol fue implacable con el rostro de Patricia
Flechilla Frómeta. Su voz también suena irregular.
Pero no hay que preocuparse. Está acostumbrada a estos trajines.
Tiene 15 años y ha participado en más de 20 Tribunas
Antiimperialistas y varias marchas similares a la de este martes
24 de enero.
Se
puede decir que eres una veterana en estos desfiles. Cuéntame
qué viste de especial en este. ¿Qué se siente
al tener la responsabilidad de anunciar las consignas en una marcha
tan importante?
Nuestra
misión es entusiasmar a los manifestantes a corear las consignas
concebidas y algunas que se nos ocurran. Los cubanos somos
muy entusiastas. Basta con que uno diga una frase con energía,
y cientos la repiten rápidamente como si fuera un número
musical ensayado mil veces.
Hasta aquí el reportaje, que habla por sí mismo.
Separados de sus familias por la obediencia al régimen, se
espera que la única lealtad de estos niños se deba
al Caudillo y sus agendas de turno.
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